lunes, 12 de enero de 2026

4. II Domingo del TO Jn 1, 29-34 (18- 01-2026)


Invitados a dar testimonio del Espíritu de Jesús con audacia, valentía y coherencia

II Domingo TO (18-01-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

Al día siguiente Juan vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel. Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios (Juan 1, 29-34)

El domingo pasado anotábamos que el evangelio de Juan no relata el bautismo de Jesús como lo hacen los evangelios sinópticos. Pero en este pasaje se nos presenta a Juan el Bautista dando testimonio de Jesús y aludiendo a los hechos que conocemos por los otros evangelistas. En primer lugar, según este evangelio, Juan el Bautista al ver acercarse a Jesús le da un título cristológico: “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Posiblemente la referencia al cordero empieza a mostrar el cambio que se está dando. De los corderos inmolados en el templo de Jerusalén, pasamos al único cordero que se ofrece una sola vez para siempre y sus frutos de vida llegan a todos indefinidamente. También puede hacer referencia al “siervo sufriente de Isaías”, porque Jesús correrá la misma suerte de tantos justos que no son escuchados sino, por el contrario, asesinados como a un cordero para sacarlos del camino. Los exégetas también dan otras interpretaciones sobre esta referencia al cordero, pero lo que nos interesa, es ir reconociendo la misión dada a Jesús y su forma de llevarla a cabo. Al referirse al cordero que quita el pecado del mundo, amplía la mirada a ese pecado estructural que trae como consecuencia la injusticia social. No hay que olvidar que el mensaje de Jesús va mucho más allá de intimismos y pecados personales. A Dios le interesa un mundo justo y en paz que solo se logra con personas capaces de transformarse y de transformar su realidad. Sin estos dos movimientos, no estamos en línea del reino de Dios anunciado por Jesús.



En segundo lugar, Juan también reconoce la preexistencia de Jesús: “el que existía antes que yo”. En otras ocasiones hemos dicho que el evangelio de Juan es mucho más teológico que los sinópticos, con lo cual, ya no solo se ve a la persona histórica de Jesús sino su significado salvador para la humanidad. Jesús es el mismo Hijo de Dios que existía desde el princípio.

Finalmente, Juan el Bautista aclarará la diferencia entre el bautismo que él ofrece, un bautismo de agua que solo tiene la misión de anunciar al que ha de venir a bautizar con Espíritu. Y es, en este momento, que el Bautista testifica la escena del descenso de la paloma desde el cielo y cómo se posó sobre el mismo Jesús. A partir de ahora lo que vale es el bautismo en el Espíritu, un bautismo que siendo de conversión -porque implica cambio- no se centra en el castigo sino en la vida de Dios que el mismo Jesús nos comunica.

Ya no contamos más con Juan el Bautista para que dé testimonio de Jesús. Ahora somos nosotros los llamados a ser testigos del Hijo de Dios, de su misión, del Espíritu que nos regala para vivir su misma misión en el aquí y ahora de nuestra historia. Es, por tanto, un evangelio que nos invita a dar testimonio con audacia, valentía y coherencia. Pidamos saber hacerlo para que muchos otros puedan reconocer a Jesús quién sigue derramando su Espíritu, a través de nuestro testimonio.


lunes, 5 de enero de 2026

3 Bautismo del Señor Mt 3, 13 17 11 01 2026

BAUTISMO DEL SEÑOR

Jesús inicia su misión como Hijo de Dios

(11-01-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se resistía diciendo: Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le respondió: Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena. Ante esto Juan aceptó. Después de ser bautizado, Jesús salió del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él; se oyó una voz del cielo que decía: Éste es mi Hijo querido, en quien me complazco (Mateo 3, 13-17).



fiesta del bautismo de Jesús señala el comienzo de su vida pública. El texto nos permite ver la dificultad que, tal vez, tuvo la primera comunidad sobre este hecho ya que son legítimas dos preguntas: ¿cómo Jesús se va a bautizar con Juan si él es mayor que Juan? Y ¿de qué se va a convertir Jesús si él es Hijo de Dios? Precisamente por esta dificultad, Mateo presenta a Juan Bautista resistiéndose a bautizarlo y reconociendo que es él quien necesita el bautismo. Hay que saber que Marcos no tiene estos versículos de la resistencia de Juan a bautizarlo, Lucas no presenta quién bautiza a Jesús y el evangelio de Juan no tiene relato del bautismo. Precisamente esa diferencia en los evangelistas nos ayuda a concluir que Jesús debió bautizarse y causó controversia con este hecho. De todas maneras, este signo marca el inicio de su vida pública que, ya sabemos, no será fácil, pero una vida pública respaldada por Dios, con las palabras que se escuchan cuando se abren los cielos: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco”.

Si en el evangelio de Marcos la voz que se oye se dirige directamente a Jesús, en el evangelio de Mateo las palabras son dirigidas a todos los que debían estar allí. De esa manera se hace más explícita la misión que Jesús va a comenzar y se afirma quién es él y cómo Dios respalda esa misión.

Ahora somos nosotros los que escuchamos este relato y hemos de preguntarnos a qué nos invita. En primer lugar, conviene recoger ese gesto de conversión que expresa el bautismo. Jesús lo realiza no porque tenga pecados, pero si porque su predicación implica una conversión, un camino distinto a lo que los profetas de Israel habían señalado. Jesús va enfatizar un cambio del castigo predicado por Juan Bautista a la misericordia incondicional del reino. De ahí que sea preciso entender por dónde irá el camino de Jesús para disponernos a seguirle. En segundo lugar, el texto nos invita a proclamar no a un profeta sino al mismo Hijo de Dios entre nosotros. Y esta es la gran diferencia. Profetas seguirán surgiendo, pero el profeta Jesús no es uno más, es el mismo Hijo de Dios.

Seguiremos el ciclo litúrgico y la misión de Jesús se irá desplegando en sus diversos aspectos. En ese camino muchos irán abandonando el seguimiento. La invitación para nosotros es a mantener la fidelidad a la misión que él mismo Hijo de Dios realizará entre nosotros.

 

jueves, 1 de enero de 2026

2. II Domingo de Navidad Jn 1, 1-18 (4 01 2026)

II DOMINGO DE NAVIDAD

Y la Palabra se hizo carne entre nosotros

(4-01-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 


Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella existía al principio junto a Dios. Todo existió por medio de ella, y sin ella nada existió de cuanto existe.  En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; la luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino un testigo de la luz. La luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo. En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a los que la recibieron, a los que creen en ella, los hizo capaces de ser hijos de Dios: ellos no han nacido de la sangre ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad. Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo. De su plenitud hemos recibido todos: gracia tras gracia. Porque la ley se promulgó por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad se realizaron por Jesús el Mesías. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, Dios, que estaba al lado del Padre. Él nos lo dio a conocer (Juan 1, 1-18)

En este segundo domingo de navidad se nos vuelve a proclamar la salvación que llega en Jesús, pero con un lenguaje totalmente distinto al lenguaje narrativo de Lucas. En el evangelio de Juan, mucho más teológico y permeado por categorías griegas, se nos va a anunciar el Logos o “palabra” -otro título cristológico dado a Jesús-, una palabra que es creadora porque con ella se hizo todo lo creado, pero también una palabra que se hace carne y se quedó entre nosotros.

El evangelio también se refiere a Juan el Bautista, como aquel que dio testimonio de Jesús, siendo muy consciente de que él no era la luz sino su testigo. Sabe que Jesús existió antes que él, procediendo de él todas las gracias. Pero como todo profeta, conoce que muchos acogen, pero también muchos rechazan. Y no es la excepción en el caso de Jesús. Él vino a los suyos y muchos no lo recibieron. Pero a los que le recibieron les dio su misma vida de Hijo de Dios, haciéndolos Hijos de Dios en Él.

El texto también señala la diferencia entre la ley promulgada por Moisés y la gracia y verdad que llegan con Jesús. Y es a este, precisamente, al que Juan Bautista va a anunciar. Jesús es el Mesías esperado, el único que ha visto a Dios y, por lo tanto, quién nos lo puede dar a conocer.

De alguna manera el evangelio de hoy nos llama a continuar la tarea iniciada por Juan el Bautista para testificar esa Palabra que, hecha carne, nos permite acercarnos al misterio de Dios mismo. Dios se ha metido en nuestra historia para hacernos partícipes de la misma historia de Dios, concediéndonos la filiación divina.

En otras palabras, la navidad no terminó el 25 de diciembre. Ella sigue presente en la medida que el Hijo de Dios vive entre nosotros, creando y recreando el bien y la bondad en la historia humana tan llena de vicisitudes y retrocesos. Los que dijimos recibir al Señor en la noche de navidad estamos llamados a testimoniar su presencia, dándole espacio y tiempo en el aquí y ahora que vivimos.

domingo, 28 de diciembre de 2025

1. Santa María Madre de Dios Lc 2, 16-21 (1 01 2016)



SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Como María, recibir con atención y compromiso al Hijo de Dios

(1-01-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Pero María conservaba y meditaba todo en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado. Al octavo día, al tiempo de circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido (Lucas 2, 16-21).


Comenzamos el año con la fiesta de Santa María, Madre de Dios. Este es el primer título que se le va a dar a María, título más cristológico que mariológico. Es decir, lo que se quiere mostrar es que Jesús es Hijo de Dios y no tanto que María es un ser extraordinario. Y, precisamente por esto, el relato que hoy nos ofrece Lucas está situado en el pesebre y quien va a reconocer al Mesías prometido en ese niño que acaba de nacer, son los pastores. Ellos, personas humildes, sin reconocimiento social, han sido los destinatarios privilegiados de la revelación divina y han sabido responder. Este relato también es para nosotros, preguntándonos si sabremos reconocer que Dios se ha hecho ser humano, compartiendo nuestra suerte o preferiremos fijarnos en situaciones extraordinarias donde, con mucha certeza, no encontraremos al Dios revelado en Jesús.

Situados en el misterio cristológico que se nos revela -Jesús es Hijo de Dios- el texto pasa a hablar de María diciendo que ella “conservaba y meditaba todo esto en su corazón”. Estas palabras hemos de reinterpretarlas para no imaginarnos a una María callada, pasiva, sumisa, obediente, sin iniciativa, ni protagonismo. Estas palabras reflejan más bien la agudeza de María para descubrir el misterio de Dios que se revela en ella y precisamente su meditación muestra la profundidad de su vida, la seriedad con que asume su papel en la historia de salvación, su capacidad de comprometerse. Todo esto se revelará en la vida pública de su Hijo, haciéndose discípula del reino.

Los pastores muestran su recepción del misterio que se les ha revelado con las alabanzas que realizan por todo lo que han visto y oído. Ahora bien, lo que vieron fue un niño en un pesebre y oyeron una palabra que les anunció que ese niño era el Mesías. Lo maravilloso es que ellos creyeron y así lo testificaron.

El texto termina mostrando a José y María llevando al niño a circuncidarlo y a ponerle el nombre que les había indicado el ángel, es decir, cumpliendo la ley judía, como cualquier otro niño. La encarnación del Hijo de Dios ha sido real en la historia humana con las prácticas y tradiciones culturales y religiosas de su época. En esa humanidad concreta, situada en el espacio y el tiempo, se continuará realizando la salvación de Dios para su pueblo.

Que, en esta solemnidad de María, Madre de Dios, también nosotros acojamos de manera consciente, activa y comprometida la salvación que creemos, llegó con ese niño del pesebre y sigue presente a través de nuestras vidas.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Sagrada Familia Mt 2, 13-15.19-23 (28-12-2025)

Construir también la familia del reino

SAGRADA FAMILIA (28-12-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

Cuando se fueron, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.  Se levantó, todavía de noche, tomó al niño y a su madre y partió hacia Egipto, donde residió hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que anunció el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo. A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a Israel, pues han muerto los que atentaban contra la vida del niño. Se levantó, tomó al niño y a su madre y se volvió a Israel. Pero, al enterarse que Arquelao había sucedido a su padre Herodes como rey de Judea, tuvo miedo de ir allí. Y avisado en sueños, se retiró a la provincia de Galilea y se estableció en una población llamada Nazaret, para que se cumpliera lo anunciado por los profetas: será llamado Nazareno (Mateo 2, 13-15.19-23).



La liturgia nos propone la celebración de la Sagrada Familia y, por eso, el evangelio de Mateo se refiere a la familia de José, María y el Niño. Recordemos que el evangelista Mateo escribe a los judíos y por eso le interesa mostrar que se cumple lo anunciado por los profetas. En esta ocasión la profecía se refiere a "de Egipto llamé a mi hijo" y "será llamado nazareno". No hay que entender esas profecías como una historia predeterminada por Dios en la que los seres humanos son marionetas a las que Dios conduce a su capricho. Lo que significa es mostrar la continuidad del plan salvífico de Dios con la humanidad que se va concretando en los acontecimientos históricos.

Mateo acude a los sueños como mediación de la voluntad de Dios para José y su familia. Esto nos hace recordar a José el menor de los hijos de Jacob, al cual Dios también le revela su voluntad a través de los sueños. En el caso de José, en un sueño es alertado del peligro que corre el niño con Herodes y por eso huye hacia Egipto. En otro sueño, el ángel del Señor le dice que puede volver a Israel porque ya murió Herodes, con lo cual cesó el peligro para Jesús. Pero, una vez más, cuando se entera de que subió al trono Arquelao hijo de Herodes, siente miedo y es avisado en sueños para que vaya a Nazaret, donde sabemos Jesús vivirá hasta que comience su misión.

El texto es breve, situado en los llamados relatos de la Infancia, transmitiendo muy pocos datos, solamente aquellos que lo vayan vinculando a lugares que sirven para explicar su procedencia y las situaciones que tuvo que vivir desde niño. Como toda persona humana, cuenta con una familia que será su horizonte vital para crecer y, más adelante, desarrollar su misión. No tenemos más datos sobre la sagrada familia. José desaparece de la escena igual que María y solo será en la vida pública donde la referencia a su madre cobra alguna notoriedad, aunque muy escasa. Y será en la cruz donde María vuelva a aparecer como destinataria de la confianza de su Hijo frente a los discípulos que le han seguido. La familia del reino, de la que María sin duda participa, va más allá de los vínculos de sangre y se instaura con la fraternidad/sororidad vivida alrededor de la proclamación de la Buena Noticia.

En esta celebración de la sagrada familia es bueno agradecer la encarnación de Jesús con todas las circunstancias humanas de necesidad de una familia, pero también, trabajar por constituir la familia del reino, donde nadie está excluido y todos se sienten y se tratan como hijos e hijas del mismo Dios Padre/Madre. Está es la familia querida por Dios, sin descartar la necesidad de contextos familiares para crecer y madurar adecuadamente. De todas maneras, es importante no olvidar que no siempre la familia está constituida de padre, madre e hijos, sino de abuelas, tías, primos y tantas y otros tipos de familia, sin los cuales resulta muy difícil constituirnos como seres humanos íntegros y responsables de nuestros actos.  

lunes, 22 de diciembre de 2025

Navidad Lc 2, 1 14 (24-12-2025)


Acoger al Niño del pesebre y quedarnos a su lado

NATIVIDAD DEL SEÑOR (24-12-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

Por entonces se promulgó un decreto del emperador Augusto que ordenaba a todo el mundo inscribirse en un censo. Éste fue el primer censo, realizado siendo Quirino gobernador de Siria. Acudían todos a inscribirse, cada uno en su ciudad. José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la Ciudad de David en Judea, llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David–, a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Estando ellos allí, le llegó la hora del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. Había unos pastores en la zona que cuidaban por turnos los rebaños a la intemperie. Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos sintieron un gran temor. El ángel les dijo: –No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Al ángel, en ese momento, se le juntó otra gran cantidad de ángeles, que alababan a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los hombres amados por él! (Lucas 2, 1-14).




Este evangelio corresponde al de la noche del 24. Es un texto muy conocido y muy sencillo donde Lucas nos relata el nacimiento de Jesús. Comienza con el Decreto del emperador Augusto que obliga a todas las personas a ir empadronarse en su ciudad de origen. Así justifica el viaje de José y María a Belén, ciudad de David, donde nacerá Jesús. Llega la hora del parto y María tuvo que tener a Jesús en un pesebre porque no encontraron posada. Los únicos que parecen enterarse de tal nacimiento son los pastores que cuidaban sus rebaños a la intemperie. A ellos se les aparece un ángel, causándoles mucho temor. Pero el ángel les invita a no temer y les da la buena noticia de la llegada del Mesías y Señor. La señal que les permitirá reconocerlo es la del niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Los ángeles continúan alabando a Dios y proclamando la paz para los seres humanos amados por él.

Año tras año leemos este pasaje, hacemos los pesebres recreando estas circunstancias y la pregunta que surge, una vez más, es qué tanto entendemos este misterio central de nuestra fe y qué tanto la celebración que hacemos se corresponde con este acontecimiento. Sobre el primer aspecto, si entendiéramos que Dios se hace carne en Jesús, tendríamos otra actitud frente a todo lo humano. Jesús lo asumió en su encarnación y, por tanto, el lugar privilegiado para encontrarle y amarle es en esta realidad. Sin embargo, muchas personas siguen buscando a Dios en los templos o en los ritos, despreciando a los seres humanos concretos y, en especial, a los pobres. El Niño Jesús nace en la periferia de la ciudad, despojado de toda comodidad material y el hecho de que sean los pastores los primeros destinatarios de esa buena noticia, nos habla de la lógica de nuestro Dios. En su venida no hay poder, no hay riqueza, no hay ostentación, no hay imposición. Hay simplicidad, cotidianidad, marginalidad, gratuidad sin límites.

Todo lo anterior nos da razones para cuestionar nuestras actuales celebraciones. Demasiada sociedad de consumo, pesebres que se han convertido en exposiciones de artículos navideños que nada tienen que ver con ese pesebre de Belén y lejanía de los más necesitados, aquellos que Dios escogió para darles, en primer lugar, la buena noticia de su presencia entre nosotros.

Ojalá que en esta navidad recuperemos la esencia de lo que celebramos, buscando transformar esta fiesta en pesebres vivos donde la acogida, la generosidad y el compromiso con los más necesitados, sean los frutos que testimonien que hemos acogido al Niño del pesebre y queremos quedarnos a su lado.







lunes, 15 de diciembre de 2025

Como José, colaborar con el plan de Dios para la humanidad

Cuarto Domingo de Adviento (21-12-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

El nacimiento de Jesús, Mesías, sucedió así: su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel –que significa: Dios con nosotros. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María como esposa (Mateo 1, 18-24).



Estamos en el IV domingo de Adviento, muy cerca de la navidad. El texto de Mateo quiere explicarnos los antecedentes del nacimiento de Jesús recordando que María estaba comprometida con José, pero quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Por esto se puede afirmar que el hijo de María es Hijo de Dios. Ahora bien, ¿qué papel juega José en este nacimiento? Por una parte, el evangelista deja claro que José es un hombre justo y, en ese sentido, el ángel se le aparece para que no rechace a María y, por el contrario, la reciba en su casa. El “no temas” que le dice el ángel no se refiere a un temor humano ante una situación inesperada, sino el temor reverencial ante Dios mismo que lo está vinculando a la historia de salvación y le dará un papel en este acontecimiento. El ángel le da la tarea a José de ponerle el nombre al niño. Y, una vez José despierta, hace todo lo que el ángel le había dicho.

Mateo escribe a los judíos y por eso es tan importante para él que se cumplan las escrituras. Antes del pasaje que hoy consideramos, Mateo señala la genealogía de Jesús porque quiere mostrar que es descendiente de David como lo habían anunciado las escrituras. Pero recordemos que en esa genealogía cuando llega a José no afirma que él engendró a Jesús sin que era el esposo de María de quien nació Jesús. De esa manera logra completar esa genealogía. Por eso era importante el pasaje que hoy consideramos para entender cómo José recibe a María en su casa y de esa manera puede unirlo a la descendencia de David. Además, Mateo señala que con este acontecimiento se está cumpliendo lo dicho por el profeta Isaías; un virgen está embarazada y dará a luz un hijo al que pondrán el nombre de Emanuel, que significa Dios con nosotros. No queda duda, entonces, que las escrituras se están cumpliendo y el Mesías esperado está a punto de llegar.

Preparemos el corazón para la llegada del Niño, alegrándonos por el Dios que se va a quedar entre nosotros y del cual recibiremos toda gracia y salvación, en la medida que, cómo José estemos dispuestos a secundar el plan de Dios sobre la humanidad, confiando en su palabra y haciendo todo lo que Dios nos pida.