No traicionar la misión que se nos confía
I Domingo de cuaresma (22-02-2026)
Olga
Consuelo Vélez
Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches ya al final sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan. Él contestó: está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Luego el Diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles sobre ti; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús respondió: también está escrito: no pondrás a prueba al señor, tu Dios. De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor y le dijo: todo esto te lo daré si te postras para adorarme. Entonces, Jesús le replicó: Aléjate, Satanás, que está escrito: Al -Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto. De inmediato le dijo el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle (Mateo 4, 1-11)
Comenzamos el
tiempo de cuaresma, tiempo de preparación para la celebración del misterio
pascual, centro de nuestra fe. El evangelio que nos presenta la liturgia es el
conocido texto de las tentaciones de Jesús. La referencia al desierto, a los
cuarenta días, a las tentaciones, nos remiten a la experiencia de Israel en sus
40 años en el desierto, con la diferencia de que Israel no venció las
tentaciones y Jesús si lo hará.
Este texto
Marcos lo señala de manera muy breve, diciendo solo que Jesús fue tentado, pero
Lucas y Mateo si lo describen detalladamente. Sin embargo, están invertidas la segunda
y la tercera tentación, posiblemente porque Lucas que, presenta a Jesús en
camino a Jerusalén, prefiere señalar como tercera tentación la que se refiere a
la ciudad santa. Siguiendo a Mateo, la primera tentación es la de convertir las
piedras en pan, la segunda la de tentar a Dios arrojándose desde lo alto del
templo y la tercera la de adorar al diablo para que le dé todos los reinos. En
las tres ocasiones Jesús supera la tentación haciendo referencia a textos
bíblicos del Deuteronomio, introduciendo el pasaje con la expresión “está
escrito”.
Estas
tentaciones son tentaciones mesiánicas porque se refieren a la misión que Jesús
está llevando a cabo. En los dos primeros casos el diablo introduce la
tentación con la frase “si eres Hijo de Dios”. Si así es, no le faltará la
comida y lo protegerá de las piedras al caer de lo alto de la montaña. La
respuesta de Jesús es contundente porque conoce bien que su misión no es para
su protagonismo o fama sino para el servicio del reino en el mundo en el que
vive. La tercera tentación es la propuesta de darle todos los reinos si Jesús
adora al diablo. Y Jesús contesta con las mismas palabras que luego dirigirá a
Pedro cuando este no quiere acoger sus palabras sobre la pasión que, intuye, le
sucederá. Podríamos traducir esas palabras como una forma de no apoyarse en la
prudencia o la concesión gloriosa del mesianismo, porque bien sabe que su
misión no busca la gloria sino el servicio.
Jesús supera la
tentación y el texto termina diciendo que el Diablo y los ángeles se ponen a
servirle. Su fidelidad a la misión permite que el orden se restablezca para el
bien de la humanidad. Puede entonces Jesús comenzar su misión, confiado en el
Dios que no lo dejará de su mano, aunque la situación sea difícil y su misión
levante tanto rechazo y conflicto.
La cuaresma nos ha de interpelar sobre la fe que vivimos y la concepción mesiánica que tenemos. En tiempos donde las religiones se manipulan con intereses políticos o se invoca a Dios para matar a otros o proponer una sociedad de escogidos, las tentaciones de Jesús nos invitan a discernir sobre la misión que se nos ha confiado y a no traicionarla acomodando los valores del reino a privilegios propios o intereses privados. (Foto tomada de: https://es.wikivoyage.org/wiki/Desierto_de_la_Tatacoa)
