miércoles, 2 de abril de 2025

 

Jesús no se deja atrapar de sus adversarios

V Domingo de Cuaresma (6-04-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?". Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno”, le dijo Jesús. “Vete, no peques más en adelante" (Juan 8, 1-11)

 

Al querer interpretar un pasaje de la Sagrada Escritura interesa plantear el contexto en el que Jesús está hablando para no tergiversar sus palabras. Aquí Jesús no quiere enseñar sobre el adulterio, o sobre el pecado, o sobre valores morales de carácter sexual. El texto se sitúa en la controversia entre las autoridades judías -representadas por los escribas y fariseos- y Jesús. Ellos le hacen una pregunta, sobre la mujer sorprendida en adulterio y el castigo que merece según la ley de Moisés, con la intención de hacerlo caer de cualquier modo. Si Jesús contesta que no deben apedrearla, estaría yendo contra la Ley. Si contesta que sí, estaría oponiéndose a la legislación romana que prohíbe la pena de muerte (Jn 18,31). Como puede verse, los escribas y fariseos no tienen ningún interés en la mujer, en el adulterio o en la ley. Su interés es acorralar a Jesús para desprestigiarlo frente a los que le siguen. Cabe anotar que la ley hablaba de “castigar a los dos adúlteros con la muerte” (Lv 20, 10), pero vemos en este texto que se omite cualquier referencia al varón que estaba con aquella mujer.

Jesús sabe salir adelante de esta situación, no enfrentando a los escribas y fariseos sino lanzando una pregunta a todos los que estaban allí: “el que no tenga pecado que arroje la primera piedra”. Esta frase es del  libro del Deuteronomio (13,10) referida al pecado de la idolatría y supone que quien arroje la primera piedra se hace cargo de la acusación y si la acusación fuera falsa, la sangre del inocente caerá sobre él (Dt 17,7). Después de esa primera piedra, todo el pueblo se dispone a apedrear al idólatra.

Una vez Jesús ha pedido a los oyentes que arrojen la piedra si no tienen pecado, todos se van retirando. De esa manera se prepara la escena conclusiva del texto: el encuentro de Jesús con la mujer. Ella que fue tomada por los fariseos y escribas, como “objeto” para acusar a Jesús, es tratada, por parte de Jesús, como “sujeto”. El diálogo revela el trato digno de Jesús hacia ella y la frase “no peques más”, muestra la invitación que él le hace a un nuevo comienzo, sin dejarse acorralar por el estigma público.

Una vez más, el evangelio de hoy, nos invita a un seguimiento de Jesús que atiende a las personas y no a las leyes cuando estas las oprimen, un seguimiento que no se deja enredar con legalismos estériles, sino que se toma en serio el mensaje liberador y misericordioso del reino y lo hace efectivo en todas las situaciones que se presenten.

 

 

 

 

jueves, 27 de marzo de 2025

5 Comentario al evangelio del 30 03 2025

 

Entender el amor misericordioso de nuestro Dios y dar testimonio de ese mismo amor

Comentario al evangelio del IV domingo de cuaresma (30-03-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar. Los fariseos y los doctores murmuraban: Éste recibe a pecadores y come con ellos. Él les contestó con la siguiente parábola: Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó: A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo: Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus sirvientes: Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.  Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba.  Le contestó: Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo. Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él le respondió: Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado. Le contestó: Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado (Lc 15, 1-3.11-32)

Esta parábola tiene un marco que nos permitirá entender mejor su mensaje. Jesús acoge a los recaudadores de impuestos y pecadores y come con ellos, acción que para los fariseos y doctores de la ley es contraria a lo que ha de hacer un buen judío. Por eso las dos parábolas que preceden a esta, la del buen pastor y la de la mujer que encuentra la moneda tienen la intención de mostrar la alegría de encontrar aquello que se ha perdido. Cuando Jesús se sienta con los pecadores, está abriéndoles la posibilidad de ser incluidos en la mesa del reino y ellos están volviendo a casa. Por eso merece que se convoque a los “amigos y vecinos” -en el caso del buen pastor, y a las “amigas y vecinas” en el caso de la mujer para celebrar una alegría tan grande.

Pero en esta parábola llamada del “Hijo pródigo” o del “Padre misericordioso” o del “Hijo mayor”, Jesús se pude explayar mejor para mostrar no solo esa vuelta de los que no están en casa sino para interpelar a aquellos que no se alegran por tal acontecimiento. En este caso el hijo mayor que encarna, perfectamente, a los fariseos y doctores de la ley que le critican.

Desglosando un poco la parábola, vemos como el hijo menor ha deseado, prácticamente, la muerte de su padre. Le pidió la herencia, se fue de casa, la malgastó y regresa, no tanto porque reconozca sus errores sino porque no tiene que comer. En realidad, es la necesidad la que lo hace volver.

Por su parte el padre se comporta muy distinto a la imagen de “padre” que se tenía en ese tiempo, no tan lejana a la que todavía se tiene. No es el padre autoritario, implacable y castigador de los malos hijos. Por el contrario, es el padre que lo divisa a lo lejos -pareciera que lo estuviera esperando- y se llena de compasión, es decir, lo acoge desde las entrañas. Por eso, no escatima en devolverle todo lo que el hijo había despreciado y pide a sus siervos lo vistan y adornen para el banquete que ofrecerá en su honor. El motivo ya lo conocemos desde las anteriores parábolas: estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

La actitud del hijo mayor contrasta, como ya dijimos, con la del padre. Escucha la música de la fiesta a lo lejos y, cuando sabe el motivo, le reprocha a su padre por el recibimiento que ha hecho a su hermano -a quien no llama así sino ese “hijo tuyo”, mostrando la distancia que quiere poner de él-, y por no tener en cuenta que él nunca ha hecho algo semejante. El padre no desmiente lo que el hijo mayor dice de su hermano porque tiene razón frente al comportamiento del hijo menor, pero quiere mostrarle cuál es el amor del mismo Dios -que este padre de la parábola representa- que excede la lógica del deber, antecediendo la compasión y la misericordia para con todos, especialmente por los últimos.

Que, en esta cuaresma, tiempo de conversión y cambio, entendamos el amor compasivo de nuestro Dios para vivirlo y anunciarlo. De esa manera se abrirán caminos de alegría y fiesta porque a todos se les acoge y se les da una nueva oportunidad, haciendo real entre nosotros, la “alegre” mesa del reino, que siempre sienta de primeras a más necesitados de cada tiempo.

jueves, 20 de marzo de 2025

 

En cuaresma: no dejemos pasar la ocasión de una verdadera conversión

Comentario al evangelio del III domingo de cuaresma (23-03-2025)

Olga Consuelo Vélez

 

En aquella ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Él contestó: ¿Piensan que aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos? Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos.  ¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten acabarán como ellos. Y les propuso la siguiente parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo al viñador: Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima está malgastando la tierra. Él le contestó: Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás (Lc 13, 1-9)

Este texto, propio de Lucas, presenta a algunos que se acercan a Jesús a preguntarle sobre la suerte de los galileos asesinados por Pilatos en el santuario, lo cual daría a entender que por algún comportamiento negativo sufrieron esa muerte. Seguramente esa lectura proviene de la teoría de la retribución en la que se afirma que Dios hace bien a los buenos y castiga a los malos. En este caso, queda la inquietud si esa fue la razón de dicho asesinato. Pero Jesús no pretende rebatir dicha teoría sino mostrar, añadiendo otro ejemplo, el de la torre de Siloé que se derrumbo matando a 18 personas, que en ningún caso esos acontecimientos sucedieron porque ellos eran más pecadores. Lo que importa es entender la llamada a la conversión que es para todos y nadie puede considerarse mejor que los demás. La conversión es un tema frecuente en Lucas y, en este pasaje, así se muestra.

Para seguir profundizando en esas situaciones, Jesús ofrece la parábola de la higuera estéril que bien podría aludir a Israel que no acoge la palabra salvadora. El planteamiento de la parábola es lógico: si no da fruto, será mejor cortarla para no malgastar la tierra. Pero el viñador que cuida aquel campo, intercede por la higuera y le pide plazo en el cual intentará fortalecerla para que de fruto. El dueño de la tierra le da un año más, tiempo en el cual, si no da fruto, merecerá ser cortada. En continuidad con los dos ejemplos anteriores, el fruto que se espera es el de la conversión. Pero cuando llegue el tiempo, ya no podrá darse más espera.

Por lo tanto, el evangelio de hoy resulta bastante interpelante para los cristianos de hoy. ¿Dan los frutos esperados? ¿no han tenido el suficiente plazo para ello? Por parte de Dios siempre existe la generosidad de cavar alrededor y abonar a los suyos. Pero los plazos llegan y si los frutos no se recogen, no queda más que la esterilidad. Ojalá que no dejemos pasar las oportunidades que el Señor nos regala para una conversión que de frutos al mundo en que vivimos. Son urgentes los frutos de la paz, la justicia social, la compasión, la solidaridad y tantas otras transformaciones que vendrían de una sincera conversión a los valores del Reino. En esta cuaresma, no dejemos pasar la oportunidad de una verdadera conversión a este Dios que no se cansa de esperarnos.

lunes, 17 de marzo de 2025

 

Mi postura ante el gobierno del cambio … de ese “cambio” al que se oponen férreamente

Olga Consuelo Vélez

Ya casi van a ser tres años del gobierno de Gustavo Petro y las opiniones siguen igual de divididas que antes de su elección. Personalmente apoyé su candidatura y he ido acompañando su gobierno, pero no tengo la formación política suficiente como para entender tantos intereses necesarios para este juego político, ni acompaño cada paso dado por el gobierno para tener todos los elementos de juicio. Pero desde mi percepción, nunca pensé que el “cambio” fuera a llegar en tres o cuatro años. Y, por eso, no me extraña que no veamos cambios súbitos, como tantos esperarían, porque es imposible. No dependen de la voluntad de un presidente sino de toda la estructura de gobierno que no es nada fácil.

Por esto opino que Petro ha buscado hacer “cambios” en la salud, lo laboral, lo educativo, lo pensional, la reforma agraria, etc., y lo ha hecho pasando por las estructuras gubernamentales quienes, en definitiva, aceptan o rechazan. Pero, el problema es que solo se encuentran obstáculos por parte de la oposición. Algunos quisieran que el gobierno cediera a todo lo que dice la oposición, pero, si cede ¿cuál cambio se estaría propiciando? Y ya conocemos los resultados de todas las reformas presentadas: no aprobarla, demandarla, archivarla sin discutirla, etc.

Todo cambio desestabiliza, en cierto sentido, genera “caos”. Además, todos somos bastante apegados a las cosas como siempre han funcionado, aunque sepamos que no funcionan bien. Y, en todo cambio, algunos pueden salir afectados. Todos quisiéramos que no fuera así pero así es.

Para mí, Petro tiene un proyecto de país que me gusta, me parece muy solidario, muy justo con los más pobres, con ese horizonte ecológico tan urgente en la actualidad, con una sed de paz que deberíamos tener todos, etc. Algunos dicen que no sabe pasar todo eso a la realidad, pero lo que yo he visto, como ya dije, ha sido proponer reformas por los cauces adecuados, pero todo lo frenan, lo distorsionan, lo manipulan. En este sentido, los medios de comunicación hacen una labor muy eficiente: presentan absolutamente todas las noticias de manera negativa. Cada vez que escucho a los y las periodistas no logro entender por qué modelan de esa manera la conciencia de los oyentes y, desafortunadamente, lo logran. Después uno oye a la gente repitiendo exactamente lo que dijeron los medios de comunicación, con la misma perspectiva, sin ningún criterio, totalmente convencidos de lo que allí se dice. ¿Podrán decir algo diferente estos periodistas pagados por los ricos del país que no están dispuestos a ceder ni un mínimo de privilegios?

Durante estos casi tres años he seguido “las noticias del cambio” -todo aquello que no se publica en los medios hegemónicos y yo veo muchas cosas que se han hecho en las regiones y en muchos aspectos. Todo puede tener su critica y nada es suficiente, pero que ha habido cambios los ha habido. Para mí no ha sido un gobierno perdido sino luchado, no es un gobierno que ha defraudado sino que ha develado la férrea oposición de los que manejan este país, no es un gobierno sin ideas, planes, proyectos para hacer de Colombia un país mejor sino un gobierno al que se le quiere acabar porque no se le perdona a Petro su pasado guerrillero -como si eso no hubiera sido su forma de comprometerse socialmente según se entendía en su momento-, no se le perdona que no sea de la clase dirigente que siempre ha manejado el país, no se le perdona que conozca tanto el país y pueda explicar las causas de nuestra situación con nombres propios y hechos verdaderos.

A mi no me extraña esta férrea oposición al gobierno del cambio porque ¿dónde se ha visto que la gente quiera un cambio que favorezca a los más necesitados? ¿dónde se ha visto que a la gente le importe el bien común y no sus propios intereses? ¿dónde se ha visto que las personas estén dispuestas a desinstalarse para comenzar a generar un cambio?

En fin, seguro que algunos de mis lectores tendrán objeciones ante todo esto y, muy posiblemente podrán mostrar la otra cara de la moneda y hasta tendrán mucha razón. Pero a lo que yo no me resigno y, en verdad me duele, es constatar que muchos de los que se oponen al cambio se digan creyentes. Desde la fe, cómo no poner la suerte de los pobres, en primer lugar, en lugar de la riqueza de los empresarios; cómo no poner en primer lugar el cuidado de la creación que las ganancias por la explotación de los recursos minerales; cómo no poner en primer lugar los esfuerzos por la paz que la lucha armada que durante 60 años de conflicto armado en Colombia no ha logrado sino acrecentar la muerte y así, podría seguir enumerando muchas cosas que jamás había escuchado de todos los gobiernos neoliberales que hemos tenido en las décadas pasadas.

La movilización ciudadana es necesaria para conseguir cambios porque, definitivamente, esa mayoría del congreso asentada en sus privilegios, no dejará que nada cambie y tantos consumidores de los medios hegemónicos tampoco dejarán que nada cambie. Espero que el siguiente gobierno continue la línea de este gobierno porque yo prefiero alimentar todos esos valores humanos propuestos por este gobierno, sabiendo que hay que lucharlos ahora y después y más adelante, que seguir la lógica del mercado, de la ganancia, del individualismo, de la ley del más fuerte, que tan bien se vende y cautiva a tantos fácilmente.