viernes, 28 de agosto de 2026

 

Del “Milagro” al desastre “total”

Olga Consuelo Vélez

 





No puedo evitar sentir que, frente a la “prepotencia” con la que llegó el gobierno entrante con su “Patria milagro” donde parecía que al otro día íbamos a pasar a vivir en el cielo, la realidad está dando un “golpe fuerte” que ojalá supieran leer y poner en práctica, aunque lo dudo totalmente porque están enceguecidos con su autosuficiencia.

Una mirada algo “maliciosa” hace pensar que no les sirvió de nada tanto rezo en la toma de posesión. Pareciera que ni la bendición judía, cristiana y católica, trajeron protección. Tampoco el “aleluya”, cantado por Maia y ni la imagen de la Virgen de Fátima, lograron protegernos. Menos aún, las fuerzas militares a las que Abelardo considero público fundamental de sus primeras palabras dirigidas a la nación. Esto cuestiona fuertemente esa fe ingenua que pide “milagros” y no ha entendido que la oración es el diálogo con nuestro Dios para entender lo que él quiere de la humanidad y nosotros disponernos a trabajar por ello. Ni Dios hace milagros extraordinarios ni nuestras oraciones mueven los hilos del cielo a nuestro favor.

Y si seguimos con los pocos milagros que vemos, constatémoslos en los nombramientos que cada día nos preocupan más. Nada de independencia de los de “siempre”, nada de, “cero corrupción” en el pasado o presente de muchos de los designados, nada de “mérito propio” -anunciaron el nombramiento de una ministra cuya hoja estaba en el banco de talentos que creó el gobierno, pero ni el banco siguió funcionando, ni hemos tenido más anuncios de nombramientos sin intereses del gobierno-. Y mucho que decir de lo que cada ministro va proponiendo como “milagro”: batalla cultural, fracking, recorte de derechos, privatización de la educación, inseguridad laboral, etc.

Sobre el “Libro de la verdad” -que cómo le pregunto Pilatos a Jesús en el evangelio de Juan: ¿qué es la verdad? (Jn 18, 38) sin que Jesús respondiera, nos lleva a preguntarnos la verdad de quiénes y con qué propósito. Demasiada utilización de la palabra “verdad” en un entramado político que parece estar muy lejos de ella. Igual están diciendo con el presupuesto presentado para este año, en que se apoyan en “la verdad” delo que ocultaba el anterior gobierno, para justificar la enorme cifra que hará de nuestro país una patria más dependiente de los créditos millonarios y ajustará los bolsillos de todos tarde o temprano.

Muchas otras cosas se podrían seguir diciendo de este “no-milagro” que está resultando ser este gobierno. Pero solo quiero fijarme en otro aspecto. La “paz total” propuesta de Petro, que en verdad, fracasó. Pero el esfuerzo por hacer algo mejor no se logrará cerrando “definitivamente” el diálogo y poniendo en “la fuerza de las armas” la solución de la violencia que no logramos erradicar de nuestro país. Y, es de esperar que, si a esos grupos armados se les dice que van a acabar con ellos en 60 días, comiencen con retaliaciones y vuelva “la horrible noche” de la violencia, la violación de derechos humanos, la muerte.

Para distraernos un poco, los medios de comunicación nos repiten la noticia de la caída de cabecillas, extradiciones y mega cárceles. Si lo están consiguiendo... no parece que hubiera un ejército tan debilitado… o por que llega un nuevo general ¿se logran las capturas? En fin, creo que de milagros nada y de “desastre total” mucho. Duele el país y el retroceso será enorme. El desgaste por defender lo conseguido nos abrumará. Eso sí, lo que da fortaleza es la inmensa solidaridad de la gente común ante los desastres naturales y la resiliencia de muchos para seguir creyendo y trabajando por un país de paz y bien común y no de guerra y primacía de los de siempre.

martes, 25 de agosto de 2026

 

Asumir la cruz como consecuencia del seguimiento

Domingo XXII del Tiempo Ordinario

(30-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras (Mateo 16, 21-27).

 




El evangelio de hoy contrasta totalmente con el del domingo pasado. En aquel Pedro se distingue por su fe, fruto de dejarse conducir por Dios, recibiendo los encargos de Jesús de ser piedra de la Iglesia y desatar los pecados. Pero aquí, Pedro está pensando como los hombres y no como Dios y se convierte en piedra de tropiezo, al punto de Jesús decirle que se aparte de él, utilizando la misma frase que uso en el texto de las tentaciones (Mt 4, 10): Apártate de mí, Satanás.

El contexto de esta situación son los anuncios de Jesús sobre su suerte. Parece que ya está sintiendo las persecuciones por parte de las autoridades judías -sacerdotes y escribas- y comienza a interpretar su misión en términos de la pasión y resurrección, como efectivamente sucederá. Esto es lo que no comprende Pedro, afirmando incluso que eso no sucederá.

Por esto Jesús recuerda a sus discípulos en que consiste el seguimiento y el discipulado por el reino de los cielos. Ir detrás de Jesús supone la renuncia a los propios intereses y el asumir el camino del conflicto y la cruz, cuando esto se exige por mantener la fidelidad a la misión encomendada.

Hay que tener cuidado de no entender la cruz como un designio de Dios, pensando que el sufrimiento y la cruz son salvadoras por sí mismas. Tampoco lo es la renuncia, ni el perder la vida como un gesto estoico. En todas estas realidades lo definitivo son los valores del Reino. Por ellos vale la pena perder la vida, asumir la cruz y renunciar a todo. Recordemos algunas parábolas que explican que el reino de Dios es como un tesoro por el que vale la pena venderlo todo para comprar ese campo o una perla por la cual también se vende todo para adquirirla. Es fácil describir el reino, pero cuando llega el momento definitivo, será cuando se pruebe si se ha entendido lo que es y si se está dispuesto a dejarlo todo para vivirlo.

Jesús ya está llegando al desenlace de su vida y será coherente con lo que ha predicado. El desafío para nosotros hoy es mantener esa coherencia en nuestra realidad actual.

Pidamos no pensar como los hombres sino como Dios, para recibir la promesa escatológica que esta claramente expresada al finalizar el texto con la alusión a la venida del Hijo del hombre y la recompensa que recibirán todos los comprometidos con el discipulado.

 

 

martes, 18 de agosto de 2026

 

Confesar a Jesús Mesías con nuestras palabras y obras

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

(23-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías (Mateo 16, 13-20).

 


El evangelio de hoy nos presenta la confesión de fe de Pedro, reconociendo en Jesús al “Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Si en evangelios anteriores hemos visto dudar a Pedro, aquí él se adelanta a todos los discípulos y afirma la fe mesiánica.

El texto nos permite ver que la gente del tiempo de Jesús lo está reconociendo como un profeta al estilo de Juan el Bautista, o de Elías o de Jeremías. Esto ya nos muestra que sus palabras y obras no están dejando indiferentes a sus contemporáneos y lo comienzan a ver cómo alguien importante. Pero la confesión de Pedro da un paso definitivo al reconocerlo como Mesías.

Es bueno recordar que los evangelios se escriben a la luz del misterio pascual, con lo cual, esta confesión de Pedro responde más a esta experiencia que a la vida histórica de Jesús. Si así hubiera sido, sería muy difícil que Pedro lo negara tantas veces. Pero, sin duda, el evangelio nos está mostrando la originalidad de Jesús, su diferencia esencial con cualquier otro personaje magnífico de la historia, originalidad que vendrá dada por la resurrección que hace posible el participar de la vida definitiva con Dios.

Las palabras de Jesús sobre la revelación que viene de Dios y no de la carne y de la sangre, muestran el don de Dios que se revela a nosotros, muy lejos de los esfuerzos humanos por querer alcanzar a Dios con nuestros propios méritos.

Una vez que Pedro ha hecho la confesión mesiánica, Jesús le revela la misión que le confía: ser piedra para edificar la Iglesia y abrir la puerta del reino a todos los que deseen incorporarse en este camino. La Iglesia solo tiene sentido por la confesión de fe en Jesús y esto nos ha de recordar siempre que, siendo una institución humana porque se encarna en la historia, es una iniciativa divina, teniendo como protagonista al mismo espíritu de Jesús. Y, a diferencia de los fariseos y escribas que, en otras ocasiones, Jesús crítica por cerrar las puertas o poner cargas pesadas sobre los demás, en este texto Jesús confía a los suyos, abrir la puerta a todos, liberarlos del poder de la muerte y que puedan entrar sin ninguna atadura que lo impida.

Jesús les ordena que no le digan a nadie que es el Mesías, mostrando, tal vez, que esta confesión es post pascual. Pero, en nuestro tiempo, ojalá que sepamos confesar a Jesús como Mesías con nuestras palabras y, sobre todo, con nuestras obras.

 

viernes, 14 de agosto de 2026

 

María, plenitud de mujer

A propósito de la fiesta de la Asunción

 

Olga Consuelo Vélez

 



Una vez más, recordaremos, el próximo 15 de agosto, la fiesta de la Asunción de María. Este no es un dato bíblico, pero si un dogma proclamado por petición del pueblo de Dios que reconoció en María una ‘plenitud de vida’ que alguien como ella, sin duda, alcanzó.  Ahora bien, cada momento histórico interpreta la plenitud de vida según sus percepciones, imaginarios, situaciones, comprensiones alcanzadas. De ahí que la figura de María que todavía más cala en el imaginario de muchas personas es la de aquella mujer obediente a la voluntad de Dios, disponible para cumplir su querer, solicita con las necesidades de todos, madre amorosa que no niega a ninguno de sus hijos sus peticiones.

 

También se reconoce en ella la mujer fuerte que estuvo al pie de la cruz acompañando a su Hijo en el momento más difícil y doloroso de su vida, sin perder la fe y la fidelidad prometida a Dios. Su plenitud de vida se ha reconocido, por tanto, en el horizonte asignado a las mujeres en la sociedad y en la iglesia: fieles, serviciales, humildes, capaces de entregarlo todo sin pedir nada a cambio. La pregunta que surge hoy es si este modelo de mujer le dice algo a las jóvenes de hoy e, incluso a tantas mujeres adultas que han tomado conciencia de que la vida plena no significa solamente ‘entrega, renuncia y sacrificio por amor a los demás’, sino que ha de suponer también dignidad personal, lo cual implica, derechos y protagonismo, palabra y autoridad, descanso y fiesta, posibilidad de romper todas las barreras que por razón de su sexo se le han impuesto a nivel civil, social, político, educativo, laboral, familiar, económico, eclesial, etc.

 

Surge entonces esa otra figura de María profundamente bíblica, aquella que según Lucas canta el Magnificat -texto profético y revelador de cómo actúa Dios: “derribando a los poderosos de sus tronos y ensalzando a los humildes, colmando de bienes a los hambrientos y despidiendo vacíos a los ricos” (Lc 2, 52-53) y que acoge el plan de Dios no con la sumisión de quién se doblega ante el que es más grande que ella, sino que dialoga para entender la propuesta –“¿Cómo será esto puesto que no conozco varón?” (Lc 2, 34). También la María que, según el evangelio de Juan, acepta con un protagonismo activo acompañar la misión de su Hijo –“Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5) y en el momento de la cruz, cuando “Jesús entrega su espíritu” (Jn 19,30), recibe a otro hijo -Juan- concretando así la familia de los hijos e hijas de Dios (Jn 19, 26) que supera los lazos de sangre e inaugurando la naciente Iglesia que Lucas, en Hechos de los Apóstoles, expresará ya constituida con la venida del Espíritu Santo (Hch 1, 12-14).

 

No es que acomodemos a María a nuestros intereses personales o a las modas de cada momento. Es que el Dios que se revela en la historia sigue actuando en cada presente y nos permite interpretar de nuevas maneras la Palabra de Dios que dicha en un momento histórico -con sus géneros literarios, costumbres, códigos, visiones de su época-, es capaz de seguir hablando para todos los momentos haciendo posible que no pierda su vigencia y siga iluminando el caminar de los varones y mujeres de este presente.  Precisamente la hermenéutica feminista, ha permitido releer los textos desde la realidad de las mujeres y subrayar lo que en otro contexto quedó invisibilizado; entender los alcances y límites de todo texto bíblico y distinguir la revelación de las categorías socioculturales de un momento determinado. Por eso puede y debe proponer nuevos sentidos que iluminen este presente y transformen todo aquello que no corresponde a la intencionalidad del querer de Dios. Desde aquí es posible afirmar que la vida plena que la Iglesia reconoció en María y expresó como ‘asunta en cuerpo y alma al cielo’, hoy invita a seguir trabajando por esa vida plena para todas las mujeres de todas las edades, de todas las culturas, de todas las religiones. Celebrar la asunción de María supone comprometernos a hacer posible ya -aquí y ahora- la erradicación de toda violencia contra las mujeres y el reconocimiento pleno de sus derechos, sin ninguna exclusión en razón de su sexo.

 

Es verdad que en muchos lugares ya existe una legislación que ha superado las muchas barreras que tuvieron las mujeres durante siglos. Que sigue creciendo la conciencia de la urgencia de transformar la sociedad patriarcal y machista por una sociedad igualitaria e incluyente en el que las mujeres no ocupen un segundo lugar. Que hay más educación, más posibilidades, más equidad para las mujeres. Pero también es verdad que hay muchos frenos, temores y prejuicios frente a esta nueva manera de ser mujeres y, no pocas veces, liderados por las iglesias. Por eso repensar nuestras fiestas religiosas y, especialmente, recuperar la ‘vida plena’ que María nos señala, no es una estrategia feminista sino una exigencia ética y evangélica de liberar a María de los estereotipos patriarcales, para encontrarla como abanderada de esa igualdad fundamental que la comunidad que surgió en torno a Jesús proclamó como querer de Dios y que Pablo expresó en la conocida cita de su carta a los Gálatas: “ya no hay judío, ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (3,28). En otras palabras, celebrar la Asunción de María es seguir creyendo, que si en ella fue posible esa vida plena, también debe serlo para todas las mujeres, aquí y ahora, sin ninguna excepción.

martes, 11 de agosto de 2026

 

Una cananea interpela a Jesús y le hace cambiar de perspectiva

Domingo XX del Tiempo Ordinario

(16-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". Ella respondió: "¡Y, sin embargo, Señor, ¡los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada (Mateo 15, 21-28).

 







El encuentro de Jesús con la mujer cananea tiene muchos aspectos interesantes para comentar. Recordemos que el evangelio de Mateo se dirige a los judíos, por lo tanto, es comprensible que Jesús marque distancia con la mujer cananea porque no pertenece a su pueblo. La expresión “no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”, responde a esa primacía del pueblo de Israel. Sin embargo, en esto se presenta el contraste porque el texto nos va a llevar a la apertura a los paganos que, sin duda, les costaba a muchos judíos, aunque estuvieran interesados en el mensaje de Jesús.

Otro aspecto y, tal vez el más llamativo, es que el cambio que se ve en Jesús lo produce la mujer cananea. Es ella quien interpela a Jesús, reconociendo que la primacía la pueden tener los judíos, pero también los “cachorros”, es decir, los extranjeros, pueden comer del mismo pan de los hijos de Israel. Claro que en la mujer se ve una actitud conformada a la estructura de esa sociedad, de la primacía de los hijos o dueños y las migajas que caen para que coman los cachorros o perritos. Pero lo llamativo es que, sin negar esa estructura vigente, es capaz de agrandar la visión y logra el cambio en el mismo Jesús. Este que ni siquiera quería escucharla y han sido los discípulos los que le insisten que le haga el milagro -no porque estén interesados en su necesidad sino para quitársela del medio porque está gritando- al final le concede lo pedido y la alaba por su fe: “Mujer, grande es tu fe”.

Y, precisamente, este tema de la fe es el que sigue interesando en el evangelio de Mateo, como lo vimos el domingo pasado con la falta de fe de Pedro. La cananea muestra tener fe porque se dirige a Jesús reconociéndolo como “Hijo de David” y esta es la razón que va a darle Jesús de la curación de su hija: ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué se cumpla tu deseo!

La llamada es, entonces, a seguir creciendo en nuestra fe, no para conseguir milagros -consecuencia que se podría sacar de una interpretación literal de este texto- sino para reconocer en Jesús al enviado de Dios. Pero, más aún, a darnos cuenta cómo él es capaz de abrirse a las demandas de su tiempo, cambiando incluso las convicciones que tenía hasta ese momento, cuando la evidencia de un valor del reino, como es la apertura universal, le reclama la coherencia y la puesta en práctica.

viernes, 7 de agosto de 2026

 

El “circo” de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella

Olga Consuelo Vélez



La posesión de Abelardo fue realmente un circo. Primero la “pasarela” de llegada. La “flor y nata” de la sociedad entrando al salón, saludando y sacándose fotos. Nada que ver con el pueblo. Solo la “clase alta”, aquella que tiene económicamente su vida solucionada y que hace promesas a los pobres diciendo que “aguanten”, algún día llegará el “milagro” para ellos. Y eso sí que lo supo aprovechar este nuevo gobierno con su “Patria milagro”.

Después, las palabras del presidente del congreso Honorio Henríquez, quien nos presentó la situación actual como el mayor desastre que hemos vivido en la historia, lo cual no es verdad y es injusto con todos los esfuerzos del gobierno que acaba de terminar. Y, aunque llamó a la unidad con los opositores políticos, mostró las líneas que él cree válidas para solucionar los problemas: ser parte del “Escudo de las Américas”, o sea, estar al servicio de Estados Unidos y emplear la fuerza para terminar con la violencia del país. O sea, la guerra, la fuerza y, sin duda, el sistema neoliberal.

Pero lo más circense ha sido el momento de invocación y oración. Nada de respeto con el estado laico y ahí se ve la incapacidad de los creyentes para tener una palabra profética para no dejar que se manipule la fe. El Rabino haciéndonos aliados del genocida Israel, el Pastor protestante manipulando la oración cristiana para pedirle a Dios la solución a todos los problemas que la falta de justicia y opción por los más pobres no somos capaces de dar nosotros. Y, con gran tristeza para mí, allí también presentes el capellán de la presidencia (que no sé porque existe ese cargo) y el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana que, aunque haya hecho una intervención interesante, muestran su incapacidad de mantenerse libres del poder establecido y defender la manipulación de lo religioso de un gobierno que ya ha mostrado que sus valores y principios nada tienen que ver con el evangelio de Jesús (aunque invoque tanto a Dios).

El presidente dio su discurso desde el batallón militar Pichincha. Comenzó invocando a Jesucristo y se presentó como el que salvará a Colombia de todas sus desgracias. Con él recuperaremos el orden, la autoridad y la libertad. En un larguísimo discurso prometió todo lo que pudo. Con él todos los problemas se van a acabar. Nunca escuché tanto populismo junto. Parece que todo va a suceder mágicamente: congelamiento del gasto público, apoyo a todos los empresarios, no se grabará el patrimonio, porque quien tiene éxito no merece que se le agobie con la responsabilidad social hacia los demás. La competencia del más fuerte está garantizada sin nada que lo limite. Incluido el uso de las riquezas naturales y, con la manipulación de su discurso religioso, apeló al Creador para explotar indiscriminadamente el petróleo, porque parece que Dios está de acuerdo con que primero nos enriqueceremos con el petróleo y luego pensemos en la transición energética. Y así continúan las promesas. Lo que no se ha hecho en tantas décadas, él lo va a hacer. Acabará la corrupción y vendrá la prosperidad para el pueblo colombiano. No habrá impunidad, Abelardo llevará a todos los corruptos ante la justicia.

También acabará con el narcotráfico. Lo que no se ha conseguido a nivel mundial, este salvador de la patria, lo logrará. Nuestro país comienza la guerra y no será difícil que la violación de los derechos humanos sea una realidad. Cuando se emplea la guerra como único medio, no hay dignidad humana que valga. Y “revisará” la Jurisdicción para la Paz, es decir, echará para atrás el Acuerdo de Paz.

Dijo que se rodeará de los más capacitados. Pero ya conocemos su gabinete presidencial: todos de los de siempre, con muchas deudas pendientes, como las del mismo Abelardo, con tanta riqueza conseguida defendiendo a los narcos. No importa de donde venga la riqueza, solo hay que saber hacerlo con visos de legalidad.

Librará la batalla cultural para recuperar la creencia en Dios, con todo lo que suponía en la llamada “sociedad de cristiandad”: sacar de las escuelas lo que se cree es comunismo, defensa a ultranza de la familia tradicional, un poco al estilo del procurador Ordoñez que hasta quiso quemar libros. Invocando valores y principios, lo que invoca es el control religioso en una sociedad que debería ser libre y plural.

Este gobierno da miedo porque ser gobernados por un “tigre” supone que vamos a ser devorados por él. Su único programa es la fuerza y las promesas distractoras. Por un personaje así voto la mitad de Colombia. En verdad ¡Qué mal está nuestra sociedad! Pero, por otra parte, este gobierno da risa. Su manera de dar el discurso y su contenido es igual al del conocido personaje “Cantinflas” en la película “Su excelencia”. Su programa es el populismo de que todo lo va a arreglar, eso sí, con la advertencia de que “vendrán momentos muy difíciles” y esto es por “una causa superior”. Así lo ha dicho el neoliberalismo desde siempre, no lo olvidemos. Todo son amenazas y promesas bien difíciles de cumplir. A esto nos enfrentamos con este “circo” que comienza.

Solo queda una tranquilidad: dice que solo gobernará estos cuatro años. En realidad, él no sabía en que se metía, es demasiado trabajo para él que no parece tener ideas en su cabeza, solo discurso populista. Terminó su discurso con “Viva Cristo Rey” y con eso seguirá convenciendo a tanto creyente que parece no conocer el evangelio y a tanto no creyente que acepta lo que sea con tal de alcanzar una tajada de poder. La última imagen después de los honores militares, sentado en un carro militar con el signo de saludo militar, me recordó las múltiples películas de Hitler cuando avanzaba en su proyecto. ¡Qué miedo que el fascismo está llegando y tantos creyendo que llega la salvación!

Ojalá las instituciones sean más fuertes para vencer a este tigre peligroso y todos sepamos defender la verdadera democracia, libertad y justicia social que tanto deseamos.

 

 

martes, 4 de agosto de 2026

 

Confiar en Jesús y reconocerlo como Hijo de Dios

Domingo XIX del Tiempo Ordinario

(9-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman. Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios" (Mateo 14, 22-33).


 

El texto tiene tres partes. En la primera, los discípulos suben a la barca para pasar a la otra orilla, mientras Jesús despide a la multitud y luego se retira a orar. En la segunda parte, Jesús alcanza a los discípulos en la barca, caminando sobre las aguas y se da la experiencia de Pedro de querer confiar, pero también, de dudar. La tercera se refiere a lo que produjo en los discípulos este hecho, haciendo la confesión de fe de Jesús como Hijo de Dios.

Este relato es muy parecido al de la tempestad calmada (Mt 8, 23-27) en el que son todos los discípulos los que sienten miedo por la tempestad y Jesús los increpa por su falta de fe. Cuando Jesús calma la tempestad, los discípulos se preguntan: ¿quién es este que hasta el mar y el viento le obedecen? En el texto de hoy ya no hay pregunta sino una afirmación más contundente: Jesús es el Hijo de Dios.

No podemos tomar los textos al pie de la letra y quedarnos en el “poder” de Jesús frente a los elementos de la naturaleza. Lo que interesa es el significado teológico del texto, la intencionalidad que el evangelista tuvo al relatar de esa manera esos sucesos. El énfasis aquí está en la fe, como contraposición a la duda, sin que no sea legítimo sentir la duda y confiar en el poder de Jesús para superarla.

Precisamente, Pedro quien va a tener tanto protagonismo en el discipulado y en la historia de la Iglesia, será quien encarne la experiencia de duda y, como ya sabemos, incluso de negar a Jesús, pero también será quien, a pesar de su fragilidad, confía por entero en Jesús y llega a tener un protagonismo indiscutible.

Por lo tanto, el evangelio de hoy nos invita a la confianza infinita y a la aceptación de nuestras fragilidades y limitaciones. Estas siempre acompañaran nuestros caminos, pero también siempre podemos volver a confiar y continuarlos. Serán estas experiencias de caídas y levantadas las que nos revelarán el amor inmenso de nuestro Dios y su presencia incondicional en nuestra vida. Ojalá que también podamos reconocer en el Jesús de la historia al Hijo de Dios, revelador del Padre, para no dudar de que solo, haciendo las obras que él hizo, construiremos el reino de Dios, sin rebajas, sin acomodos, sin distorsiones.