Las elecciones en Colombia: “Una derrota con sabor
a triunfo”
Olga Consuelo Vélez
“Una derrota con sabor a triunfo” fueron las palabras que Iván Cepeda
utilizó una vez conocidos los resultados de la votación de ayer 21 de junio. Y
las repito porque me parece que expresan muy bien lo vivido en esta segunda vuelta
de elecciones. Por muy poco no se consiguió el triunfo -menos de 1%-, pero
fueron 12.708.712 votos, equivalentes al 48,70 % de las votaciones generales, los
que se consiguieron, lo que expresa que hay mitad de país con una visión
sociopolítica mucho más acorde con los valores humanos y cristianos que deberíamos
vivir.
Mi reflexión no es política porque no es mi campo, es muy personal y lo
hago desde la fe, porque soy una persona creyente. En el país no hay
polarización, en el sentido de dos propuestas igual de buenas pero diferentes. En
el país, como en el resto de nuestro mundo, la tensión entre el egoísmo
capitalista y la justicia social, están presentes y lo que más se ve es lo
primero. El poder del dinero y la mentalidad clasista y elitista siguen
triunfando. Pero nuestro mundo no se derrumba porque hay esa “minoría abrahámica”
(de la que hablaba Don Hélder Câmara) -minoría que
no quiere decir solo creyentes sino gente buena y con valores que existe en
tantos lugares del mundo- y por eso sigue existiendo el bien y la esperanza y
tantos esfuerzos por un mundo mejor. La humanidad no se derrumba porque las
figuras bíblicas sobre el reino de Dios, se hacen realidad una y otra vez: esa
pequeña semilla de mostaza que crece y se hace un árbol grande o la semilla que
es arrojada en todo tipo de tierra, o el trigo que no se deja ahogar de la
cizaña, o la semilla que crece por si sola, en otras palabras, todo aquello
pequeño y frágil que Jesús alabó, lo hacen vida y sus frutos -aunque tantos no
los entiendan, ni los vean- se hacen vida donde otros tantos se empeñan en
fomentar la muerte, se hacen solidaridad donde muchos solo quieren la
competencia desleal.
Todo lo anterior mantiene mi esperanza intacta, mi fe inquebrantable y mis
ganas de seguir proclamando “a tiempo y a destiempo” -como dice el escrito
paulino (2 Tim 4, 2), que vale la pena seguir apoyando los proyectos
sociopolíticos, económicos y culturales que privilegien la vida, el diálogo, la
misericordia, el cuidado de la casa común, la comunión de bienes, el derecho de
todos a vivienda, salud, educación, descanso, jubilación, etc., y continuar
trabajando por transformar la mentalidad capitalista, clasista, racista,
homofóbica y patriarcal a la escala de valores de las bienaventuranzas: felices
los pobres, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que
lloran, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la
paz, los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los
cielos (Mt 5, 1-12).
La impresión dolorosa que me queda del día de ayer es pensar que media Colombia
es de “ultra derecha”, ¿No conocemos las consecuencias de la ultraderecha en el
mundo? La democracia y los derechos humanos se ponen en peligro. Muchos de
ultraderecha dicen que no son de izquierda porque la izquierda significa
guerrilla, comunismo, socialismo, castro chavismo (estos dos personajes ya
difuntos), etc. Pero, además de repetir frases que tienen más mentira que
verdad, creo que no es el juego entre derecha e izquierda sino entre avances
sociales para todos y “economías que matan”, como bien dijo el papa Francisco.
Pero la gente encandelillada con un “tigre” -ya el símbolo habla de poca
humanidad y sí de mucha fuerza con sus garras (además de que así se expresó
contra Cepeda: “No se equivoque, usted ya sabe lo duro que muerde el tigre… y
todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas”),
aplaudiendo frases “populistas” como que con él se acabará el narcotráfico, la
violencia, los terroristas, los secuestradores, los extorsionistas, los
corruptos (se le olvida que ha defendido a corruptos), como si no lleváramos
más de 60 años luchando contra esos grandes problemas. Abelardo promete una “Patria
milagro” y el pueblo “manada” se lo cree. Eso sí, advirtió que el cambio no
será inmediato ni fácil: dijo que “la recuperación exigirá trabajo,
sacrificios, disciplina y perseverancia”, -eso es lo que siempre ha dicho el neoliberalismo
de aguantar porque algún día se da el milagro de que se “derrame” la riqueza
para los pobres. Eso nunca ha sucedido pero muchas personas lo siguen creyendo.
Sobreviviremos a estos años, como hemos sobrevivido a tantos gobiernos
neoliberales. Perderemos mucho de lo conseguido, porque, aunque se empeñen en
desprestigiar el gobierno de Petro, este ofreció un horizonte más humano y
digno -lo cual suscitó todo el odio, rechazo y mentiras que los seguidores de
Abelardo repiten sin ninguna comprobación de los hechos-. Pero que fue un
gobierno valorado por la mitad de Colombia, también es verdad.
Ahora bien, no me digan que Dios eligió a este presidente. Lo eligieron sus
seguidores y, de verdad, creo que profanan el nombre de Dios al invocarlo.
Jesús no hubiera estado de ese lado de la historia. Si lo hubiera estado, no lo
hubieran crucificado. Pero es que el Jesús de los evangelios es desconocido por
tantos creyentes que han hecho del cristianismo una religión de la autoridad,
la fuerza, el rito, la prosperidad, la individualidad y tantos otros
antivalores tan lejanos del reino de Dios anunciado por Jesús, reino cuyos primeros
y privilegiados destinatarios son los pobres, los pequeños, los que siguen
apostando por el bien, aunque tanto mal los siga devorando y, tantas veces, se
haga en nombre de Dios.
