El “circo” de la
posesión presidencial de Abelardo de la Espriella
Olga Consuelo Vélez
La posesión de Abelardo fue realmente un circo. Primero la “pasarela” de llegada. La “flor y nata” de la sociedad entrando al salón, saludando y sacándose fotos. Nada que ver con el pueblo. Solo la “clase alta”, aquella que tiene económicamente su vida solucionada y que hace promesas a los pobres diciendo que “aguanten”, algún día llegará el “milagro” para ellos. Y eso sí que lo supo aprovechar este nuevo gobierno con su “Patria milagro”.
Después, las palabras del
presidente del congreso Honorio Henríquez, quien nos presentó la situación
actual como el mayor desastre que hemos vivido en la historia, lo cual no es
verdad y es injusto con todos los esfuerzos del gobierno que acaba de terminar.
Y, aunque llamó a la unidad con los opositores políticos, mostró las líneas que
él cree válidas para solucionar los problemas: ser parte del “Escudo de las
Américas”, o sea, estar al servicio de Estados Unidos y emplear la fuerza para
terminar con la violencia del país. O sea, la guerra, la fuerza y, sin duda, el
sistema neoliberal.
Pero lo más circense ha sido el
momento de invocación y oración. Nada de respeto con el estado laico y ahí se
ve la incapacidad de los creyentes para tener una palabra profética para no
dejar que se manipule la fe. El Rabino haciéndonos aliados del genocida Israel,
el Pastor protestante manipulando la oración cristiana para pedirle a Dios la
solución a todos los problemas que la falta de justicia y opción por los más
pobres no somos capaces de dar nosotros. Y, con gran tristeza para mí, allí
también presentes el capellán de la presidencia (que no sé porque existe ese
cargo) y el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana que, aunque haya
hecho una intervención interesante, muestran su incapacidad de mantenerse libres
del poder establecido y defender la manipulación de lo religioso de un gobierno
que ya ha mostrado que sus valores y principios nada tienen que ver con el
evangelio de Jesús (aunque invoque tanto a Dios).
El presidente dio su discurso
desde el batallón militar Pichincha. Comenzó invocando a Jesucristo y se presentó
como el que salvará a Colombia de todas sus desgracias. Con él recuperaremos el
orden, la autoridad y la libertad. En un larguísimo discurso prometió todo lo
que pudo. Con él todos los problemas se van a acabar. Nunca escuché tanto
populismo junto. Parece que todo va a suceder mágicamente: congelamiento del
gasto público, apoyo a todos los empresarios, no se grabará el patrimonio,
porque quien tiene éxito no merece que se le agobie con la responsabilidad
social hacia los demás. La competencia del más fuerte está garantizada sin nada
que lo limite. Incluido el uso de las riquezas naturales y, con la manipulación
de su discurso religioso, apeló al Creador para explotar indiscriminadamente el
petróleo, porque parece que Dios está de acuerdo con que primero nos
enriqueceremos con el petróleo y luego pensemos en la transición energética. Y así
continúan las promesas. Lo que no se ha hecho en tantas décadas, él lo va a
hacer. Acabará la corrupción y vendrá la prosperidad para el pueblo colombiano.
No habrá impunidad, Abelardo llevará a todos los corruptos ante la justicia.
También acabará con el
narcotráfico. Lo que no se ha conseguido a nivel mundial, este salvador de la
patria, lo logrará. Nuestro país comienza la guerra y no será difícil que la
violación de los derechos humanos sea una realidad. Cuando se emplea la guerra
como único medio, no hay dignidad humana que valga. Y “revisará” la
Jurisdicción para la Paz, es decir, echará para atrás el Acuerdo de Paz.
Dijo que se rodeará de los más
capacitados. Pero ya conocemos su gabinete presidencial: todos de los de
siempre, con muchas deudas pendientes, como las del mismo Abelardo, con tanta
riqueza conseguida defendiendo a los narcos. No importa de donde venga la
riqueza, solo hay que saber hacerlo con visos de legalidad.
Librará la batalla cultural para recuperar
la creencia en Dios, con todo lo que suponía en la llamada “sociedad de
cristiandad”: sacar de las escuelas lo que se cree es comunismo, defensa a
ultranza de la familia tradicional, un poco al estilo del procurador Ordoñez
que hasta quiso quemar libros. Invocando valores y principios, lo que invoca es
el control religioso en una sociedad que debería ser libre y plural.
Este gobierno da miedo porque ser
gobernados por un “tigre” supone que vamos a ser devorados por él. Su único
programa es la fuerza y las promesas distractoras. Por un personaje así voto la
mitad de Colombia. En verdad ¡Qué mal está nuestra sociedad! Pero, por otra
parte, este gobierno da risa. Su manera de dar el discurso y su contenido es
igual al del conocido personaje “Cantinflas” en la película “Su excelencia”. Su
programa es el populismo de que todo lo va a arreglar, eso sí, con la
advertencia de que “vendrán momentos muy difíciles” y esto es por “una causa
superior”. Así lo ha dicho el neoliberalismo desde siempre, no lo olvidemos. Todo
son amenazas y promesas bien difíciles de cumplir. A esto nos enfrentamos con este
“circo” que comienza.
Solo queda una tranquilidad: dice
que solo gobernará estos cuatro años. En realidad, él no sabía en que se metía,
es demasiado trabajo para él que no parece tener ideas en su cabeza, solo
discurso populista. Terminó su discurso con “Viva Cristo Rey” y con eso seguirá
convenciendo a tanto creyente que parece no conocer el evangelio y a tanto no
creyente que acepta lo que sea con tal de alcanzar una tajada de poder. La última
imagen después de los honores militares, sentado en un carro militar con el
signo de saludo militar, me recordó las múltiples películas de Hitler cuando
avanzaba en su proyecto. ¡Qué miedo que el fascismo está llegando y tantos creyendo
que llega la salvación!
Ojalá las instituciones sean más
fuertes para vencer a este tigre peligroso y todos sepamos defender la
verdadera democracia, libertad y justicia social que tanto deseamos.


