miércoles, 4 de marzo de 2026

 

Una mujer y samaritana, anunciando a Jesús, el Cristo

III Domingo de cuaresma

(08-03-2026)

Olga Consuelo Vélez

Llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber. Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. Le responde la samaritana: ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. Le dice [la mujer]: Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños? Le contestó Jesús: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna. Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla. (…) Le dice la mujer: Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto. Le dice Jesús: Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Ustedes dan culto a lo que no conocen, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad. Le dice la mujer: Sé que vendrá el Mesías, es decir, Cristo. Cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dice: Yo soy, el que habla contigo. (…) En aquel pueblo muchos creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo lo que hice. Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra; y le decían a la mujer: Ya no creemos por lo que nos has contado, porque nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo (Juan 4, 5-15. 19-26.39-42) (Por la extensión del evangelio de hoy, asumimos la versión corta, permitida en la liturgia)



El evangelio de este tercer domingo de cuaresma es el conocido pasaje del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Este texto lo podemos dividir en cuatro partes: Jesús llega a un lugar y se sienta junto a un pozo, allí llega la samaritana y Jesús dialoga con ella, una vez se ha ido la mujer Jesús dialoga con sus discípulos y, finalmente, los habitantes de la región van a encontrarse con Jesús. Como el texto es muy largo, normalmente en la liturgia se omite los datos de la vida de la mujer sobre sus maridos y el diálogo con los discípulos.

Lo sorprendente del texto es que Jesús sea el que inicie conversación con una mujer y, más extraño aún, que ella sea samaritana. El mismo evangelista recuerda la enemistad entre judíos y samaritanos. Con la petición que le hace Jesús de que le de beber se posibilita toda una secuencia en la mujer de comprensión de quién es Jesús. En un primer momento la mujer le dice “cómo tú siendo judío” (v. 9), después lo llama “Señor, no tienes con qué sacarla” (v. 11), más adelante, cuando Jesús le muestra que conoce su vida, ella le dice “veo que eres un profeta” (v. 19) y cuando va a contarte a los suyos de su encuentro con Jesús, se pregunta ¿no será el Cristo? (v. 29).

Por parte de Jesús, la petición que le hace a la mujer le permite a ella ir profundizando en su propia sed, para pasar del agua física al agua de la vida eterna que Jesús le está ofreciendo. El texto dice que la mujer dejó el cántaro para ir a anunciarle a los suyos lo que había vivido. Es decir, ella encontró esa agua que en verdad calma la sed.

El diálogo con los discípulos no se refiere al agua sino a la comida que ellos le han traído, pero en este caso también Jesús les hace pasar del alimento material al alimento de hacer la voluntad del Padre. Ese es el verdadero alimento de Jesús.

El texto concluye con los samaritanos que ya no creen solamente por lo que la mujer les ha dicho sino porque ellos mismos han oído a Jesús y reconocen en él al Salvador del mundo. Como es típico del evangelio de Juan, el primer paso es escuchar para luego creer. Eso es lo que ha sucedido con los samaritanos.

Este pasaje nos invita también a reconocer el protagonismo de las mujeres en la obra evangelizadora. La samaritana anuncia la buena noticia que recibe y da frutos porque los samaritanos que la escucharon también comienzan a creer en Jesús.

El pasaje nos lleva, entonces, a la confesión de fe cristológica más allá de las fronteras de Israel, adquiriendo una dimensión más universal. Para nosotros, este evangelio también puede ser una llamada a ir más allá de las propias fronteras. Descubrir la sed que hoy sienten nuestros contemporáneos y testimoniar que Jesús también calma su sed porque él llega a todos, sin ningún tipo de exclusión, ni discriminación.

domingo, 1 de marzo de 2026

 

En cuaresma, redoblar en oración, ayuno y limosna

Olga Consuelo Vélez

 

Cuaresma es el tiempo litúrgico de cuarenta días de preparación para la Pascua, misterio central de nuestra fe. Este año, la cuaresma comenzó el 18 de febrero con el miércoles de ceniza y se prolongará hasta el jueves santo. Por tanto, este mes de marzo se nos ofrece como una posibilidad honda de vivir esta experiencia, buscando los mejores frutos. Para la vivencia de este tiempo cuaresmal se nos recomienda la oración, el ayuno y la limosna. Digamos una palabra sobre cada una de estas mediaciones.

Sobre la oración, en la actualidad encontramos, en algunos círculos, un interés por ella, buscando medios, modos, talleres, etc., que ayuden a la concentración y, por tanto, al encuentro con Dios. Por supuesto, el silencio facilitado por la respiración, la postura corporal o el ambiente, ayudan a tomar conciencia de sí mismo y de la presencia de Dios en nuestro interior. Pero esto no es suficiente si hablamos de oración cristiana. Los evangelios nos dicen que Jesús se retiraba a orar, pero siempre en relación con la vida que llevaba. Por ejemplo, Lucas nos dice que “su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades, pero él se retiraba a los lugares solitarios donde oraba” (5, 15-16) o después de la multiplicación de los panes, una vez que despide a la gente “subió al monte a solas para orar” (Mt 14, 23). También se nos habla de la oración de Jesús en momentos muy importantes de su vida: al inicio de su ministerio en Galilea (Mc 1, 35); antes de elegir a los doce (Lc 6, 12) y en Getsemaní, antes de su pasión (Mc 14, 32; Mt 26, 36-39; Lc 22,41). Estas referencias bíblicas, a la oración del mismo Jesús, nos invitan a ser personas de oración, pero velando siempre porque la oración integre la vida y no nos aleje de ella. Como también enseñó Santa Teresa de Jesús, reconocida maestra de oración, la oración es un diálogo de amistad, de amor, un diálogo para hablar de la vida, un diálogo para conocer mejor a Jesús, a ese que vivió en la historia, teniendo amigos, sintiendo miedo, comiendo con pecadores y publicanos, ayudando a los necesitados de su tiempo, dando buenas noticias a los suyos. Revisemos, por tanto, nuestra vida de oración. Que sea ese encuentro de amor con Jesús el que nos lance al servicio, a la generosidad, a la preocupación por los más necesitados. Todas las demás prácticas que hagamos serán buenas, en tanto en cuanto, den esos frutos.

Sobre el ayuno, en estos tiempos hay muy diferentes posturas. Algunos lo cumplen estrictamente, otros lo entienden más como un compartir que como un privarse de alimentos y hay muchos que no lo practican. Lo que interesa es encontrar su sentido para que también de frutos de solidaridad en nuestro mundo tan necesitado de ella. El ayuno significa privación de algo vital -el alimento es algo vital- pero no por autoinfligirse sacrificio o porque Dios quiera que suframos de alguna manera. Esas ideas surgieron de una concepción dualista que ha acompañado la tradición cristiana, donde el cuerpo se consideraba malo y por eso convenía castigarlo. No es esa la concepción bíblica, la cual entiende al ser humano de manera unitaria, “un cuerpo animado por el espíritu, un espíritu encarnado en este mundo”, de manera que el ayuno es más de toda la persona (no solo del cuerpo) hacia actitudes o actos que no estén construyendo reino de Dios. El ayuno se podría entender como actos de generosidad, servicio y amor hacia los demás, expresado en las realidades materiales que mejor nos ayuden a ello.

Sobre la limosna, tema difícil en nuestro mundo actual, tan marcado por la injusticia social, donde estructuralmente tantos no tienen condiciones para vivir y no logran romper las barreras que les hacen, prácticamente imposible, salir de la pobreza. La ayuda inmediata siempre será necesaria porque lo urgente no da espera, pero trabajar por la justicia social es una tarea impostergable. Como decía el papa Francisco, no podemos seguir apoyando una economía que “mata”, ni seguir creyendo ingenuamente que el mercado, por si mismo, derramará su ganancia sobre los pobres. Eso nunca ha pasado y no pasará (Evangelli Gaudium n. 53). El creyente, por tanto, ha de apoyar las políticas sociales que más ayuden a construir equidad y posibilidades de vida para todos. Más haríamos conociendo a fondo -para poner en práctica- la Doctrina social de la Iglesia- que tranquilizar la propia conciencia, dando limosna.

Redoblar en oración, ayuno y limosna, en este tiempo de cuaresma, puede ser un buen propósito para vivir seriamente este tiempo. Pero hacerlo en el espíritu de lo que se ha dicho en los párrafos anteriores y no simplemente en repetir ritos vacíos o prácticas que no cambian nada. Como bien lo señala el evangelio de Mateo, la oración, el ayuno y la limosna no son para vanagloriarse y que los demás nos aplaudan (Mt 6, 1-18). Son para vivirlos en la autenticidad del corazón que se dispone a amar como el mismo Dios ama, mostrándolo con obras concretas que transformen la realidad que vivimos.

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Webinar sobre Diaconado femenino

https://www.youtube.com/live/h_Lor4P1_7c




lunes, 23 de febrero de 2026

 

Jesús se transfigura también ante nosotros para sostenernos en las dificultades

II Domingo de Cuaresma (1-03-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 

Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo. Al oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levántense, no tengan miedo! Cuando levantaron la vista, sólo vieron a Jesús. Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos (Mateo 17, 1-9)

 




Este texto de la transfiguración viene después de que Jesús ha hecho el primer anuncio de la pasión a sus discípulos (Mt 16, 21). Pedro lo reprende por decir esas cosas y Jesús lo increpa fuertemente, llamándole “Satanás” ya que no parece entenderle y, más aún, quiere impedir que esa sea la suerte que corra Jesús. En este contexto, el texto de la transfiguración va a adelantar, de alguna manera, que la muerte no tiene la última palabra porque llegará la gloria que alcanzará a Jesús y a los que estén con él. Para esto, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y suben al monte donde acontecerá la transfiguración.

En el evangelio de Mateo la figura del monte se utiliza varias veces. Aparece en las tentaciones cuando el diablo lo lleva a un monte muy alto (Mt 4, 8-10) y también es en un monte donde Jesús pronuncia su sermón inaugural (Cap 5-7). Será también en el monte donde se despedirá de sus discípulos (Mt 28, 18-20). Para Mateo el monte es el lugar donde Dios se manifiesta, así como lo hizo con Moisés dándole las tablas de la Ley (Ex 31, 18) o con Elías, cuando el profeta está en crisis y sube al monte Horeb buscando a Dios (1Re 19, 1-18). En este pasaje Jesús va con sus discípulos al monte y allí sucede el misterio de la transfiguración donde los apóstoles pueden ver a Jesús resplandeciendo como el sol y con sus ropas blancas; además conversando con Moisés y Elias. Ante esto Pedro toma la palabra y propone hacer tres tiendas. Sin duda, todos queremos quedarnos en los momentos de gloria y huir de las dificultades. Pero la experiencia continua y se oye una voz del cielo que confirma que Jesús es el Hijo amado, el predilecto a quién hay que escuchar. Es entonces cuando los discípulos sienten miedo. Este miedo es más un “temor reverencial” frente a lo divino, es decir, el reconocimiento de esa realidad trascendente que logran percibir. Jesús les dice que no tengan miedo y les advierte que no le cuenten a los demás hasta que haya sucedido la resurrección.

Si tomamos al pie de la letra este pasaje, podríamos pensar que ya los discípulos tienen claro todo lo que va a acontecer con Jesús: su muerte y su futura resurrección. Por lo tanto, no se entendería por qué Pedro lo va a negar más adelante y todos los discípulos huyen en el momento de la muerte. Por esto, es necesario recordar que todos los evangelios están escritos a la luz de la Pascua, es decir, ya han sucedido todos los acontecimientos y es, entonces, cuando las diferentes comunidades comienzan a poner por escrito la experiencia vivida. En ese sentido, lo que tal vez en la vida histórica de los discípulos era una intuición, una cierta certeza y por eso estaban siguiendo a Jesús, en la redacción del evangelio ya aparece como un hecho dado, como un momento en el que, contrario a la persecución que pronto sufrirá Jesús, se va teniendo la convicción de que ese camino es el que Dios quiere porque, en verdad, Jesús, es el Hijo amado de Dios.

En nuestra vida también tenemos ciertos momentos de certeza en que nuestras opciones se hacen fuertes y nos impulsan a más compromiso y radicalidad. Hemos de mantenerlas en la memoria para que nos sostengan en los momentos de duda e incertidumbre. Jesús es el Hijo de Dios y su programa del reino es la voluntad de Dios sobre la humanidad. Creamos en su propuesta, a pesar de las dificultades, con la esperanza cierta en que Dios tiene la última palabra y esta es de vida y salvación.


martes, 17 de febrero de 2026

No traicionar la misión que se nos confía

I Domingo de cuaresma (22-02-2026)

Olga Consuelo Vélez



Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches ya al final sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan. Él contestó: está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Luego el Diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles sobre ti; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús respondió: también está escrito: no pondrás a prueba al señor, tu Dios. De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor y le dijo: todo esto te lo daré si te postras para adorarme. Entonces, Jesús le replicó: Aléjate, Satanás, que está escrito: Al -Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto. De inmediato le dijo el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle (Mateo 4, 1-11)



Comenzamos el tiempo de cuaresma, tiempo de preparación para la celebración del misterio pascual, centro de nuestra fe. El evangelio que nos presenta la liturgia es el conocido texto de las tentaciones de Jesús. La referencia al desierto, a los cuarenta días, a las tentaciones, nos remiten a la experiencia de Israel en sus 40 años en el desierto, con la diferencia de que Israel no venció las tentaciones y Jesús si lo hará.

Este texto Marcos lo señala de manera muy breve, diciendo solo que Jesús fue tentado, pero Lucas y Mateo si lo describen detalladamente. Sin embargo, están invertidas la segunda y la tercera tentación, posiblemente porque Lucas que, presenta a Jesús en camino a Jerusalén, prefiere señalar como tercera tentación la que se refiere a la ciudad santa. Siguiendo a Mateo, la primera tentación es la de convertir las piedras en pan, la segunda la de tentar a Dios arrojándose desde lo alto del templo y la tercera la de adorar al diablo para que le dé todos los reinos. En las tres ocasiones Jesús supera la tentación haciendo referencia a textos bíblicos del Deuteronomio, introduciendo el pasaje con la expresión “está escrito”.

Estas tentaciones son tentaciones mesiánicas porque se refieren a la misión que Jesús está llevando a cabo. En los dos primeros casos el diablo introduce la tentación con la frase “si eres Hijo de Dios”. Si así es, no le faltará la comida y lo protegerá de las piedras al caer de lo alto de la montaña. La respuesta de Jesús es contundente porque conoce bien que su misión no es para su protagonismo o fama sino para el servicio del reino en el mundo en el que vive. La tercera tentación es la propuesta de darle todos los reinos si Jesús adora al diablo. Y Jesús contesta con las mismas palabras que luego dirigirá a Pedro cuando este no quiere acoger sus palabras sobre la pasión que, intuye, le sucederá. Podríamos traducir esas palabras como una forma de no apoyarse en la prudencia o la concesión gloriosa del mesianismo, porque bien sabe que su misión no busca la gloria sino el servicio.

Jesús supera la tentación y el texto termina diciendo que el Diablo y los ángeles se ponen a servirle. Su fidelidad a la misión permite que el orden se restablezca para el bien de la humanidad. Puede entonces Jesús comenzar su misión, confiado en el Dios que no lo dejará de su mano, aunque la situación sea difícil y su misión levante tanto rechazo y conflicto.

La cuaresma nos ha de interpelar sobre la fe que vivimos y la concepción mesiánica que tenemos. En tiempos donde las religiones se manipulan con intereses políticos o se invoca a Dios para matar a otros o proponer una sociedad de escogidos, las tentaciones de Jesús nos invitan a discernir sobre la misión que se nos ha confiado y a no traicionarla acomodando los valores del reino a privilegios propios o intereses privados. (Foto tomada de: https://es.wikivoyage.org/wiki/Desierto_de_la_Tatacoa)

 


domingo, 15 de febrero de 2026

 

En Cuaresma: convertirnos “a la escucha del clamor de los pobres”

Olga Consuelo Vélez

 



El próximo 18 de febrero damos inicio a la cuaresma con la imposición de la ceniza. Cuaresma significa cuarenta días antes de la Pascua, recordando los cuarenta días de Jesús en el desierto. Es tiempo de conversión, es decir, tiempo de tomar el pulso a nuestra vida de fe para recrearla, avivarla, reorientarla.

La imposición de la ceniza es un sacramental que nos permite manifestar públicamente nuestro sincero deseo de conversión. De hecho, el que impone la ceniza dice las palabras “conviértete y cree en el evangelio”. Antiguamente se decía “polvo eres y en polvo te convertirás” porque se ponía más el énfasis en el sacrificio, la flaqueza humana, el pecado. Con Vaticano II y otros desarrollos actuales, el énfasis está más puesto en la disponibilidad para vivir el evangelio, respondiendo así a la gracia divina que no deja de alcanzarnos día tras día, aunque tantas veces no tengamos conciencia de ello.

Las cinco semanas de cuaresma nos van ayudando a preparar la celebración central de nuestra fe: el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección de Jesucristo. Precisamente para esta vivencia, el Papa León XIV nos ofreció un mensaje muy interpelante. Quisiera destacar algunos aspectos.

León XIV nos invita a “escuchar”, pero no cualquier escucha, sino la del “clamor de los oprimidos”, ese mismo clamor que Dios escuchó y respondió mandando a Moisés a liberar a su pueblo (Ex 3, 7-10). Continua el Papa diciendo que la “escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”. Una vez más, conecta la experiencia de escucha a Dios con la realidad que vivimos. Y más aún, afirma que “las Sagradas Escrituras, nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como él, hasta reconocer que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi te n.9).

Al menos en Colombia, este tiempo de cuaresma coincide con elecciones parlamentarias y preparación a las presidenciales. El mensaje de León XIV nos da claves para este compromiso sociopolítico que como cristianos estamos llamados a vivir. Lo que está en juego es la vida de los pobres y, su situación, ha de condicionar nuestras decisiones políticas. Es muy difícil ser capaces de romper con las corrientes neoliberales que invitan a sacrificar al pobre para alcanzar la justicia. Como bien lo dijo el papa Francisco, en su Exhortación Evangelli Gaudium, “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales (…). Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres” (n. 202.204). Y podríamos seguir leyendo esta Exhortación tan supremamente orientadora para nuestras decisiones socio políticas. Pero basta aquí esta referencia para recordar y reafirmar que la cuaresma no está ajena a lo que vivimos cada día y, en cada contexto, habrá que seguir escuchando la voz de los pobres para responderles. No solo con oración y buenos deseos sino con opciones éticas en todas las dimensiones de nuestra vida.

El mensaje de León XIV continúa hablando del ayuno, haciendo referencia al ayuno de palabra para no hablar mal de nadie, cosa muy legítima y necesaria. Aunque bien valdría que los creyentes tuviéramos una voz más profética para seguir insistiendo en esa voz de Dios que nos habla en la realidad, en los pobres, en la injusticia social. Con bastante certeza, muchos de los sermones de este tiempo de cuaresma se van a reducir a la dimensión personal, casi rayando en intimismo, y no en la conversión a la buena noticia del Reino que supone la dimensión social y cósmica. Tal vez, por esto, León XIV nos invita a vivir juntos y al compromiso ecológico, como otros aspectos claves para la vivencia de esta cuaresma. Así lo expresa el Papa: “En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”.

Iniciemos esta cuaresma pidiendo la conversión a la escucha del clamor de los pobres, mostrándolo en nuestro compromiso efectivo hacia ellos, con decisiones personales, comunitarias, sociales, políticas, económicas y eclesiales, donde ellos sean los primeros favorecidos.

(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)



lunes, 9 de febrero de 2026

Vivir a plenitud el programa del reino

VI Domingo TO (15-02-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 

No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una “i” ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por lo tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo que, si el modo de obrar de ustedes no supera, al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego. Si mientas llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo. Ustedes han oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Mas te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Mas te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno. Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. Pero yo les digo que quien repudia a su mujer -salvo en caso de concubinato. La induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio. Ustedes, también han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo les digo que no juren en absoluto; ni por cielo, que es trono de Dios; ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno (Mateo 5, 17-37).



El evangelio de hoy continúa con el llamado sermón del monte dado por Jesús, según el evangelio de Mateo, que comenzó con las bienaventuranzas -que comentamos el domingo pasado- y hoy sigue con una idea fundamental: el cumplimiento de la Ley en plenitud y, de alguna manera, “excediendo” ese cumplimiento.

Tenemos que aclarar que cumplimiento no se refiere a algo que se dijo antes y ahora va a suceder. O al cumplimiento de normas o preceptos. En este caso el cumplimiento se refiere a plenitud, como ya lo dijimos, es decir, a la realización de aquello que se está afirmando.

Mateo les escribe a judíos para los cuales el cumplimiento de la ley es fundamental y, tal vez, se estaban sintiendo inquietos con la praxis de Jesús que podría parecer la relativizaba. Lo que Mateo pretende es mostrarles que no la está relativizando sino cumpliendo a plenitud. Y pone de referencia a los fariseos y escribas los cuales para el pueblo judío son los que cumplen la ley, diciéndoles que han de superar a los que cumplen la ley. La expresión “la ley y los profetas” resume el contenido del texto sagrado para los judíos. Es decir, todo lo escrito en el Antiguo Testamento mantiene su vigencia, solo que, con Jesús, alcanza una mayor plenitud.

Los ejemplos que Jesús va dando en el sermón del monte, muestran como ir superando el mero cumplimiento de la ley. Frente al “no matarás”, Jesús propone no cometer ningún ataque contra el hermano, sea llamándole, “imbécil” o “renegado”. Con nuestros términos diríamos ningún ser humano ha de ser violentado en su dignidad ni en palabras y, mucho menos con obras. Continua el discurso haciendo referencia a cualquier ruptura con un hermano la cual ha de ser solucionada antes de ir a llevar la ofrenda. En nuestros términos no es posible realizar un culto sin la coherencia de vida. Y si hay algún pleito es mejor solucionarlo cuanto antes. No hacerlo es exponerse a qué crezca tanto que se llegue al juez que te mete en la cárcel. En efecto, hay pleitos con familiares y amigos que rompen las relaciones para siempre, las transmiten de generación en generación y llegan a convertirse en insalvables cuando, muchas veces, las causas que lo originaron, no tenían tal importancia.

Sobre el adulterio, Jesús no ofrece una alternativa que lo supere, pero sí invita a revisar los sentimientos que comienzan mucho antes de que se dé el hecho definitivo. Y continua con palabras fuertes y radicales: cortar el miembro del cuerpo que nos lleve al pecado. Por supuesto, esto no admite una lectura literal, pero si invita a la plenitud del cumplimiento de la ley que supone a toda la persona optando por el bien y la verdad. Finaliza esta parte del discurso con la llamada a no jurar por Dios sino responsabilizarse de la palabra dicha en un si o en un no, por autenticidad propia y no por referencia a juramentos.

El evangelio de hoy no llega hasta el final del sermón del monte que concluirá todo con el “ser perfectos como el Padre celestial es perfecto” (Mt, 5, 82), pero todos los ejemplos aquí dados llevan a esa conclusión.

No olvidemos entonces que estas palabras de Jesús no nos invitan a mirar la ley o la doctrina o los mandamientos (como queramos llamarlos) y tomarlas al pie de la letra o a caer en mero cumplimiento por temor al castigo. Son palabras en que muestran la intencionalidad del evangelio y la novedad que trae Jesús frente a toda ley. Él nos invita a que el amor y la misericordia sean el horizonte de interpretación de cualquier ley y desde allí respondamos a cada situación concreta. Siempre habrá que preguntarse cómo nuestras actitudes han de responder a los valores del reino, con autenticidad y “exceso” de amor misericordioso, como lo supo hacer Jesús. Es esto lo que nos hará sus testigos, capaces de apostar por la vivencia del amor del mismo Dios en nuestra historia presente.