FE Y VIDA - Olga Vélez
En este espacio se consignan reflexiones sobre los hechos que suceden vistos desde la fe y con el ánimo de suscitar conciencia crítica, reflexión y compromiso cristiano.
sábado, 28 de febrero de 2026
lunes, 23 de febrero de 2026
Jesús se transfigura también ante nosotros para
sostenernos en las dificultades
II Domingo de Cuaresma (1-03-2026)
Olga Consuelo Vélez
Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago
y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de
ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió
blanca como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con
él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece,
armaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía
estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió
una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo. Al
oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo. Jesús se
acercó, los tocó y les dijo: ¡Levántense, no tengan miedo! Cuando levantaron la
vista, sólo vieron a Jesús. Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó:
No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de
entre los muertos (Mateo 17, 1-9)
Este texto de
la transfiguración viene después de que Jesús ha hecho el primer anuncio de la
pasión a sus discípulos (Mt 16, 21). Pedro lo reprende por decir esas cosas y
Jesús lo increpa fuertemente, llamándole “Satanás” ya que no parece entenderle
y, más aún, quiere impedir que esa sea la suerte que corra Jesús. En este
contexto, el texto de la transfiguración va a adelantar, de alguna manera, que
la muerte no tiene la última palabra porque llegará la gloria que alcanzará a
Jesús y a los que estén con él. Para esto, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago
y Juan y suben al monte donde acontecerá la transfiguración.
En el
evangelio de Mateo la figura del monte se utiliza varias veces. Aparece en las
tentaciones cuando el diablo lo lleva a un monte muy alto (Mt 4, 8-10) y
también es en un monte donde Jesús pronuncia su sermón inaugural (Cap 5-7).
Será también en el monte donde se despedirá de sus discípulos (Mt 28, 18-20).
Para Mateo el monte es el lugar donde Dios se manifiesta, así como lo hizo con Moisés
dándole las tablas de la Ley (Ex 31, 18) o con Elías, cuando el profeta está en
crisis y sube al monte Horeb buscando a Dios (1Re 19, 1-18). En este pasaje
Jesús va con sus discípulos al monte y allí sucede el misterio de la
transfiguración donde los apóstoles pueden ver a Jesús resplandeciendo como el
sol y con sus ropas blancas; además conversando con Moisés y Elias. Ante esto
Pedro toma la palabra y propone hacer tres tiendas. Sin duda, todos queremos
quedarnos en los momentos de gloria y huir de las dificultades. Pero la
experiencia continua y se oye una voz del cielo que confirma que Jesús es el
Hijo amado, el predilecto a quién hay que escuchar. Es entonces cuando los
discípulos sienten miedo. Este miedo es más un “temor reverencial” frente a lo
divino, es decir, el reconocimiento de esa realidad trascendente que logran
percibir. Jesús les dice que no tengan miedo y les advierte que no le cuenten a
los demás hasta que haya sucedido la resurrección.
Si tomamos al
pie de la letra este pasaje, podríamos pensar que ya los discípulos tienen
claro todo lo que va a acontecer con Jesús: su muerte y su futura resurrección.
Por lo tanto, no se entendería por qué Pedro lo va a negar más adelante y todos
los discípulos huyen en el momento de la muerte. Por esto, es necesario
recordar que todos los evangelios están escritos a la luz de la Pascua, es
decir, ya han sucedido todos los acontecimientos y es, entonces, cuando las
diferentes comunidades comienzan a poner por escrito la experiencia vivida. En
ese sentido, lo que tal vez en la vida histórica de los discípulos era una
intuición, una cierta certeza y por eso estaban siguiendo a Jesús, en la redacción
del evangelio ya aparece como un hecho dado, como un momento en el que,
contrario a la persecución que pronto sufrirá Jesús, se va teniendo la convicción
de que ese camino es el que Dios quiere porque, en verdad, Jesús, es el Hijo
amado de Dios.
En nuestra
vida también tenemos ciertos momentos de certeza en que nuestras opciones se
hacen fuertes y nos impulsan a más compromiso y radicalidad. Hemos de
mantenerlas en la memoria para que nos sostengan en los momentos de duda e
incertidumbre. Jesús es el Hijo de Dios y su programa del reino es la voluntad
de Dios sobre la humanidad. Creamos en su propuesta, a pesar de las
dificultades, con la esperanza cierta en que Dios tiene la última palabra y
esta es de vida y salvación.
martes, 17 de febrero de 2026
No traicionar la misión que se nos confía
I Domingo de cuaresma (22-02-2026)
Olga
Consuelo Vélez
Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches ya al final sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan. Él contestó: está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Luego el Diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles sobre ti; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús respondió: también está escrito: no pondrás a prueba al señor, tu Dios. De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor y le dijo: todo esto te lo daré si te postras para adorarme. Entonces, Jesús le replicó: Aléjate, Satanás, que está escrito: Al -Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto. De inmediato le dijo el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle (Mateo 4, 1-11)
Comenzamos el
tiempo de cuaresma, tiempo de preparación para la celebración del misterio
pascual, centro de nuestra fe. El evangelio que nos presenta la liturgia es el
conocido texto de las tentaciones de Jesús. La referencia al desierto, a los
cuarenta días, a las tentaciones, nos remiten a la experiencia de Israel en sus
40 años en el desierto, con la diferencia de que Israel no venció las
tentaciones y Jesús si lo hará.
Este texto
Marcos lo señala de manera muy breve, diciendo solo que Jesús fue tentado, pero
Lucas y Mateo si lo describen detalladamente. Sin embargo, están invertidas la segunda
y la tercera tentación, posiblemente porque Lucas que, presenta a Jesús en
camino a Jerusalén, prefiere señalar como tercera tentación la que se refiere a
la ciudad santa. Siguiendo a Mateo, la primera tentación es la de convertir las
piedras en pan, la segunda la de tentar a Dios arrojándose desde lo alto del
templo y la tercera la de adorar al diablo para que le dé todos los reinos. En
las tres ocasiones Jesús supera la tentación haciendo referencia a textos
bíblicos del Deuteronomio, introduciendo el pasaje con la expresión “está
escrito”.
Estas
tentaciones son tentaciones mesiánicas porque se refieren a la misión que Jesús
está llevando a cabo. En los dos primeros casos el diablo introduce la
tentación con la frase “si eres Hijo de Dios”. Si así es, no le faltará la
comida y lo protegerá de las piedras al caer de lo alto de la montaña. La
respuesta de Jesús es contundente porque conoce bien que su misión no es para
su protagonismo o fama sino para el servicio del reino en el mundo en el que
vive. La tercera tentación es la propuesta de darle todos los reinos si Jesús
adora al diablo. Y Jesús contesta con las mismas palabras que luego dirigirá a
Pedro cuando este no quiere acoger sus palabras sobre la pasión que, intuye, le
sucederá. Podríamos traducir esas palabras como una forma de no apoyarse en la
prudencia o la concesión gloriosa del mesianismo, porque bien sabe que su
misión no busca la gloria sino el servicio.
Jesús supera la
tentación y el texto termina diciendo que el Diablo y los ángeles se ponen a
servirle. Su fidelidad a la misión permite que el orden se restablezca para el
bien de la humanidad. Puede entonces Jesús comenzar su misión, confiado en el
Dios que no lo dejará de su mano, aunque la situación sea difícil y su misión
levante tanto rechazo y conflicto.
La cuaresma nos ha de interpelar sobre la fe que vivimos y la concepción mesiánica que tenemos. En tiempos donde las religiones se manipulan con intereses políticos o se invoca a Dios para matar a otros o proponer una sociedad de escogidos, las tentaciones de Jesús nos invitan a discernir sobre la misión que se nos ha confiado y a no traicionarla acomodando los valores del reino a privilegios propios o intereses privados. (Foto tomada de: https://es.wikivoyage.org/wiki/Desierto_de_la_Tatacoa)
domingo, 15 de febrero de 2026
En Cuaresma:
convertirnos “a la escucha del clamor de los pobres”
Olga Consuelo Vélez
El próximo 18 de febrero damos inicio a la cuaresma con la imposición de la ceniza. Cuaresma significa cuarenta días antes de la Pascua, recordando los cuarenta días de Jesús en el desierto. Es tiempo de conversión, es decir, tiempo de tomar el pulso a nuestra vida de fe para recrearla, avivarla, reorientarla.
La imposición de la ceniza es un sacramental que nos permite manifestar públicamente
nuestro sincero deseo de conversión. De hecho, el que impone la ceniza dice las
palabras “conviértete y cree en el evangelio”. Antiguamente se decía “polvo
eres y en polvo te convertirás” porque se ponía más el énfasis en el
sacrificio, la flaqueza humana, el pecado. Con Vaticano II y otros desarrollos
actuales, el énfasis está más puesto en la disponibilidad para vivir el evangelio,
respondiendo así a la gracia divina que no deja de alcanzarnos día tras día,
aunque tantas veces no tengamos conciencia de ello.
Las cinco semanas de cuaresma nos van ayudando a preparar la celebración
central de nuestra fe: el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección
de Jesucristo. Precisamente para esta vivencia, el Papa León XIV nos ofreció un
mensaje muy interpelante. Quisiera destacar algunos aspectos.
León XIV nos invita a “escuchar”, pero no cualquier escucha, sino la del “clamor
de los oprimidos”, ese mismo clamor que Dios escuchó y respondió mandando a
Moisés a liberar a su pueblo (Ex 3, 7-10). Continua el Papa diciendo que la “escucha
de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la
realidad”. Una vez más, conecta la experiencia de escucha a Dios con la realidad
que vivimos. Y más aún, afirma que “las Sagradas Escrituras, nos hacen capaces
de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no
quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa
dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como él, hasta reconocer que la
condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad,
interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas
políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi te n.9).
Al menos en Colombia, este tiempo de cuaresma coincide con elecciones
parlamentarias y preparación a las presidenciales. El mensaje de León XIV nos
da claves para este compromiso sociopolítico que como cristianos estamos
llamados a vivir. Lo que está en juego es la vida de los pobres y, su situación,
ha de condicionar nuestras decisiones políticas. Es muy difícil ser capaces de
romper con las corrientes neoliberales que invitan a sacrificar al pobre para
alcanzar la justicia. Como bien lo dijo el papa Francisco, en su Exhortación Evangelli
Gaudium, “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los
pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la
especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no
se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La
inequidad es raíz de los males sociales (…). Ya no podemos confiar en las
fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad
exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere
decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una
mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una
promoción integral de los pobres” (n. 202.204). Y podríamos seguir leyendo esta
Exhortación tan supremamente orientadora para nuestras decisiones socio políticas.
Pero basta aquí esta referencia para recordar y reafirmar que la cuaresma no está
ajena a lo que vivimos cada día y, en cada contexto, habrá que seguir
escuchando la voz de los pobres para responderles. No solo con oración y buenos
deseos sino con opciones éticas en todas las dimensiones de nuestra vida.
El mensaje de León XIV continúa
hablando del ayuno, haciendo referencia al ayuno de palabra para no hablar mal
de nadie, cosa muy legítima y necesaria. Aunque bien valdría que los creyentes tuviéramos
una voz más profética para seguir insistiendo en esa voz de Dios que nos habla
en la realidad, en los pobres, en la injusticia social. Con bastante certeza,
muchos de los sermones de este tiempo de cuaresma se van a reducir a la dimensión
personal, casi rayando en intimismo, y no en la conversión a la buena noticia
del Reino que supone la dimensión social y cósmica. Tal vez, por esto, León XIV
nos invita a vivir juntos y al compromiso ecológico, como otros aspectos claves
para la vivencia de esta cuaresma. Así lo expresa el Papa: “En este horizonte,
la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al
estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse
interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto
en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y
reconciliación”.
Iniciemos esta cuaresma pidiendo
la conversión a la escucha del clamor de los pobres, mostrándolo en nuestro
compromiso efectivo hacia ellos, con decisiones personales, comunitarias,
sociales, políticas, económicas y eclesiales, donde ellos sean los primeros
favorecidos.
(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)
lunes, 9 de febrero de 2026
Vivir a plenitud el programa del reino
VI Domingo TO (15-02-2026)
Olga
Consuelo Vélez
No piensen
que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para
cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una “i” ni una
coma de la ley dejará de realizarse. Por lo tanto, quien quebrante el más
mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más
pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será
considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo que, si el modo
de obrar de ustedes no supera, al de los letrados y fariseos, no entrarán en el
reino de los cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás;
el homicida responderá ante el tribunal. Pues yo les digo que todo el que se
enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano
imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la
pena del infierno de fuego. Si mientas llevas tu ofrenda al altar te acuerdas
de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda delante del altar, ve
primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda.
Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino
con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la
cárcel. Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo. Ustedes
han oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo les digo que quien mira a
una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo
derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Mas te vale perder una
parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. Y si tu mano derecha te
lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Mas te vale perder una parte de
tu cuerpo que terminar entero en el infierno. Se dijo: Quien repudie a su mujer
que le dé acta de divorcio. Pero yo les digo que quien repudia a su mujer
-salvo en caso de concubinato. La induce a adulterio, y quien se case con una
divorciada comete adulterio. Ustedes, también han oído que se dijo a los
antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo les digo
que no juren en absoluto; ni por cielo, que es trono de Dios; ni por la tierra,
que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; ni
jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno
solo de tus cabellos. Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se
añada luego procede del Maligno (Mateo 5, 17-37).
El evangelio de
hoy continúa con el llamado sermón del monte dado por Jesús, según el evangelio
de Mateo, que comenzó con las bienaventuranzas -que comentamos el domingo
pasado- y hoy sigue con una idea fundamental: el cumplimiento de la Ley en
plenitud y, de alguna manera, “excediendo” ese cumplimiento.
Tenemos que
aclarar que cumplimiento no se refiere a algo que se dijo antes y ahora va a
suceder. O al cumplimiento de normas o preceptos. En este caso el cumplimiento
se refiere a plenitud, como ya lo dijimos, es decir, a la realización de
aquello que se está afirmando.
Mateo les
escribe a judíos para los cuales el cumplimiento de la ley es fundamental y,
tal vez, se estaban sintiendo inquietos con la praxis de Jesús que podría
parecer la relativizaba. Lo que Mateo pretende es mostrarles que no la está
relativizando sino cumpliendo a plenitud. Y pone de referencia a los fariseos y
escribas los cuales para el pueblo judío son los que cumplen la ley,
diciéndoles que han de superar a los que cumplen la ley. La expresión “la ley y
los profetas” resume el contenido del texto sagrado para los judíos. Es decir,
todo lo escrito en el Antiguo Testamento mantiene su vigencia, solo que, con
Jesús, alcanza una mayor plenitud.
Los ejemplos
que Jesús va dando en el sermón del monte, muestran como ir superando el mero
cumplimiento de la ley. Frente al “no matarás”, Jesús propone no cometer ningún
ataque contra el hermano, sea llamándole, “imbécil” o “renegado”. Con nuestros
términos diríamos ningún ser humano ha de ser violentado en su dignidad ni en
palabras y, mucho menos con obras. Continua el discurso haciendo referencia a
cualquier ruptura con un hermano la cual ha de ser solucionada antes de ir a
llevar la ofrenda. En nuestros términos no es posible realizar un culto sin la
coherencia de vida. Y si hay algún pleito es mejor solucionarlo cuanto antes.
No hacerlo es exponerse a qué crezca tanto que se llegue al juez que te mete en
la cárcel. En efecto, hay pleitos con familiares y amigos que rompen las
relaciones para siempre, las transmiten de generación en generación y llegan a
convertirse en insalvables cuando, muchas veces, las causas que lo originaron,
no tenían tal importancia.
Sobre el
adulterio, Jesús no ofrece una alternativa que lo supere, pero sí invita a
revisar los sentimientos que comienzan mucho antes de que se dé el hecho
definitivo. Y continua con palabras fuertes y radicales: cortar el miembro del
cuerpo que nos lleve al pecado. Por supuesto, esto no admite una lectura
literal, pero si invita a la plenitud del cumplimiento de la ley que supone a
toda la persona optando por el bien y la verdad. Finaliza esta parte del
discurso con la llamada a no jurar por Dios sino responsabilizarse de la
palabra dicha en un si o en un no, por autenticidad propia y no por referencia
a juramentos.
El evangelio de
hoy no llega hasta el final del sermón del monte que concluirá todo con el “ser
perfectos como el Padre celestial es perfecto” (Mt, 5, 82), pero todos los
ejemplos aquí dados llevan a esa conclusión.
No olvidemos
entonces que estas palabras de Jesús no nos invitan a mirar la ley o la
doctrina o los mandamientos (como queramos llamarlos) y tomarlas al pie de la
letra o a caer en mero cumplimiento por temor al castigo. Son palabras en que
muestran la intencionalidad del evangelio y la novedad que trae Jesús frente a
toda ley. Él nos invita a que el amor y la misericordia sean el horizonte de
interpretación de cualquier ley y desde allí respondamos a cada situación
concreta. Siempre habrá que preguntarse cómo nuestras actitudes han de
responder a los valores del reino, con autenticidad y “exceso” de amor
misericordioso, como lo supo hacer Jesús. Es esto lo que nos hará sus testigos,
capaces de apostar por la vivencia del amor del mismo Dios en nuestra historia
presente.
lunes, 2 de febrero de 2026
2. Que la visibilidad de nuestras obras convoque a todos a soñar con un ...
Que la visibilidad de nuestras obras convoque a
todos a soñar con un mundo mejor
V Domingo Tiempo Ordinario (8-02-2026)
Olga
Consuelo Vélez
Ustedes son
la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su
sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente. Ustedes son la luz del
mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte. No se enciende
una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que
alumbre a todos en la casa. Brille igualmente la luz de ustedes ante los
hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre
de ustedes que está en el cielo (Mateo 5, 13-16).
Después del sermón de la montaña, o Bienaventuranzas, Jesús se dirige directamente a los suyos y, valiéndose de dos metáforas, les invita a que sus obras sean visibles para los demás, de manera que las personas puedan conocer a Dios a través del testimonio que dan y lo glorifiquen.
Las metáforas
son sencillas y entendibles. Que la sal dé sabor es una experiencia humana que
todos entienden. Y algo desabrido no sirve para nada. Esto nos invita a
preguntarnos si nuestra vida de fe tiene este “sabor” que atraiga a los demás.
O si, por el contrario, es una vida desabrida que solo causa rechazo. ¿A qué le
sabe nuestra vida a los demás? ¿a qué sabe la vida de la Iglesia para nuestro
presente? Nos es más fácil decir que la
gente ya no cree o que se aleja de la Iglesia, o nuestro mundo es secular,
etc., poniendo la responsabilidad en los otros y, tal vez, sin ser capaces de preguntar
por el sentido de vida que ofrecemos, si realmente este puede decir algo a los
demás.
La segunda
metáfora tiene dos partes. La primera es una ciudad que se ve por todas partes
porque está construida sobre un monte. No hay necesidad de anunciar nada porque
es evidente que la ciudad queda visible para todos. Y en el mismo sentido el
ejemplo de la lámpara que ha de ser puesta en lo alto para que alumbre a todos
los de la casa, nos habla de esa visibilidad que todos pueden tener cuando
cuentan con la luz suficiente.
Nuestra fe es
para compartirla, para hacerla visible, para que la gente pueda decir de
nosotros lo que decían de los primeros cristianos: “miren, cómo se aman”.
Efectivamente, el testimonio que estamos llamados a dar va en la línea de amor,
de justicia, de discernimiento, de verdad. Todo lo contrario de nuestra
realidad actual tan llena de egoísmo, de injusticia, de postverdad, de
narrativas cargadas de prejuicios y afirmaciones falsas.
Pero esta
visibilidad no ha de confundirse con la llamada “sociedad de cristiandad”, que
tuvimos en siglos pasados donde la fe cristiana dominaba la sociedad e imponía
sus principios. Esos tiempos tuvieron aspectos muy valiosos, pero ya pasaron
porque nuestra humanidad es más plural, más diversa y las experiencias de fe se
expresan de muchas formas. Son tiempos de testimoniar la defensa de la dignidad
humana y la construcción de un mundo justo y en paz, aspectos que pueden unir a
creyentes y no creyentes. Que el evangelio de hoy nos comprometa a dar sabor de
reino de Dios a todo lo que hacemos y la visibilidad de nuestras obras
convoquen a muchos a soñar con una humanidad plena, donde nadie quede
descartado, donde la guerra nunca sea una opción posible.
martes, 27 de enero de 2026
1. Vivir con intensidad el programa del Reino (1-02-2026)
Vivir con intensidad el programa del Reino
IV Domingo TO (1-02-2026)
Olga
Consuelo Vélez
En aquel
tiempo, al ver Jesús a la multitud, subió al monte, se sentó y se acercaron sus
discípulos. Tomó la palabra y comenzó a enseñarles lo siguiente: «Felices los
pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices los
mansos, porque ellos heredarán la tierra. Felices los que lloran, porque ellos
serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque
ellos quedarán saciados. Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Felices
los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Felices
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos. Felices ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de
cualquier modo por mi causa. Alégrense y pónganse contentos porque el premio
que les espera en el cielo es abundante» (Mateo 5,
1-12ª)
Hemos meditado
en la liturgia de los domingos anteriores, la vida pública de Jesús que
comienza a desplegarse entre los suyos. En este evangelio, Jesús se dirige a la
multitud que le sigue y va a decirles qué son felices (o bienaventurados)
aquellos que están viviendo los valores del reino. El texto comienza afirmando
que, de los pobres en el espíritu, es el reino de los cielos y finaliza,
diciendo también, que el reino de los cielos es de los perseguidos por la
justicia. Precisamente estas dos afirmaciones enmarcan el discurso y nos
permiten hablar de las actitudes del reino de Dios anunciado por Jesús. Sobre
estas dos afirmaciones, recordemos que el evangelista Mateo se dirige a los
judíos y por eso evita referirse directamente a Dios, usando mejor la expresión
“reino de los cielos”, sin que esto signifique que nos habla de un reino que no
tiene nada que ver con el mundo. También se ha interpretado, algunas veces, la
primera bienaventuranza como algo “espiritual” al hablar de los “pobres de
espíritu”. Sin embargo, una vez más, Jesús no nos habla del reino de Dios alejado
del mundo, sino que el evangelista se refiere a esa pobreza radical de quien
pone toda su confianza en Dios mismo, lo que no deja por fuera la pobreza
material, a la que se refiere, tan directamente, el evangelio de Lucas, al escribir
este mismo pasaje.
Precisamente,
porque no es un reino alejado del mundo, la última bienaventuranza habla de los
perseguidos por la justicia y, más aún, parece desplegar esa última
bienaventuranza en más concreciones de la persecución: “los insulten, los
persigan, los calumnien por mi causa”. El reino se anuncia para este mundo,
pretende transformarlo y es acogido por algunos, pero, rechazado por otros.
Las seis
bienaventuranzas que están en medio de estas dos a las que nos hemos referido,
muestran actitudes que van en esa misma línea de reconocer ante Dios la
realidad que se vive y de compromiso con la justicia: felices los mansos, los
que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los
limpios de corazón, los que trabajan por la paz. Todos ellos son “felices”,
porque trabajan por transformar aquello que no corresponde al querer de Dios y
su compromiso no quedará defraudado.
Es bueno leer
este pasaje de Mateo en contraste con el de Lucas (6, 20-26) quien se refiere
más directamente a cómo las situaciones son efectivamente transformadas con la
llegada del reino y, como, hay “ayes” o “malventuranzas” para los que viven
todo lo contrario: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que se
vanaglorian. Estos no han sido capaces de entrar en la dinámica del reino y
viven para sí mismos y no para los demás.
En definitiva,
el evangelio de hoy nos invita a entender el programa del reino y a sentirnos
involucrados en su realización. Este programa no es de ritos o de normas o de
alcanzar estados de ánimo positivos. Es un programa para vivir en la realidad
de cada tiempo, trabajando por hacerla mejor, sabiendo que la felicidad es el
fruto de esta constancia, sin que eso ahorre el afrontar las dificultades y
resistencias. Si en este texto Jesús comienza hablando a la multitud, la última
bienaventuranza se dirige explícitamente a los suyos que hoy, somos nosotros. Por
lo tanto, no temamos vivir con intensidad esta propuesta del reino,
testimoniando así su concreción en nuestra historia presente.
