martes, 30 de junio de 2026

 

Acoger lo pequeño, lo gratuito, lo sencillo

Domingo XIV del Tiempo Ordinario

(05-07-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

 

En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana (Mateo 11, 25-30).

 







El evangelio de hoy, aunque es muy breve, podemos dividirlo en tres partes. En la primera, Jesús se dirige a su Padre. En la segunda, habla al auditorio sobre su relación con el Padre y, en la tercera, invita a los oyentes a vivir su mensaje.

Previo a este pasaje, Jesús ha maldecido a las ciudades de Corazín, Betsaida y Cafarnaúm porque no han acogido su mensaje a pesar de tener grupos rabínicos que se creen sabios e inteligentes. En contraste, Jesús se dirige a su Padre, agradeciendo la revelación hecha a los pequeños. La comunidad de Mateo son estos pequeños que han acogido la revelación a diferencia de los judíos que se niegan a hacerlo. De ahí el juego de palabras entre lo oculto y lo revelado que coincide con aquellos que acogen la revelación y los que se cierran a ella. No es Dios el que oculta su mensaje, es la sabiduría del mundo la que rechaza la revelación divina.

La segunda parte corresponde a la relación de Jesús con su Padre. Ha sido voluntad de Dios revelarse a través de su Hijo y, por lo tanto, quien acoge al Hijo podrá conocer su voluntad.

En la tercera y última parte del texto, Jesús invita a los que están cansados y agobiados a acoger su yugo que es suave y liviano. Esto remite al yugo pesado que los fariseos ponen sobre los demás y que tantas veces ellos no cumplen. El reino anunciado por Jesús viene a aliviar todas las cargas, a transformar todas las aflicciones. Realmente, los primeros destinatarios del reino son los pequeños, los pobres.

En la actualidad es fácil ver que el contraste sigue y, muchas veces, son “los pobres los que nos evangelizan”, porque la religión institucionalizada no hace otra cosa que cerrar puertas, poner cargas y retener la salvación que Dios quiere que llegue a todos, comenzando por los últimos. El texto nos llama a la conversión para acoger lo pequeño, lo gratuito, lo sencillo que Jesús nos ha revelado y a no dejarnos atrapar por sabidurías que se niegan a aceptar la lógica contracultural de nuestro Dios.

 

 

miércoles, 24 de junio de 2026

 

El evangelio exige fidelidad y coherencia en el discipulado

Domingo XIII del Tiempo Ordinario

(28-06-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa (Mateo 10, 37-42).

 



El evangelio de hoy se refiere a la exigencia del discipulado. Quien conoce a Jesús y decide seguirlo, tiene que tener en cuanta la radicalidad de la llamada y disponerse a realizarla. En efecto, el evangelio es exigente, de Jesús se puede decir que fue contracultural, con lo cual no es extraño que haya despertado persecución y lo hayan asesinado. La pregunta para nosotros es si mantenemos esa fidelidad al evangelio o lo hemos acomodado, rebajado o desdibujado, convirtiéndolo en una religión que tranquiliza la conciencia, pero no despierta a la conversión como si lo hace el evangelio.

La primera afirmación del texto de hoy es la comparación entre el evangelio y el amor a los padres. No llama a despreciar a los padres o a los hijos, lo que interesa es el énfasis en la comparación. El evangelio vale más que incluso los deberes más sagrados.

La segunda afirmación se refiere a tomar la cruz y seguirle. Esta expresión va en consonancia con la radicalidad del evangelio que puede llevar hasta la persecución, como lo veíamos en el evangelio del domingo pasado, pero en ningún caso, fabricarse las cruces creyendo que Dios quiere sacrificios inhumanos o castigos corporales -como alguna espiritualidad lo ha fomentado- sino como consecuencia de la fidelidad al mensaje del reino. La exigencia del evangelio puede conducirnos a perder la vida, pero como ya dijimos, por fidelidad, no por auto masoquismo.

Precisamente si vivimos con coherencia el evangelio será posible que las personas reconozcan a Jesús en sus seguidores y los reciban en su casa, o reconozcan la voz profética del reino y la acepten, vean la vida justa de los evangelizadores y se animen a seguir ese mismo camino. En otras palabras, el seguimiento de Jesús permite que otros conozcan a Jesús y lo reciban. Jesús no tiene otra manera de llegar a los demás si no es a través de los discípulos. De ahí la importancia de la misión encomendada y la urgencia de realizarla con la mayor transparencia y radicalidad.

Finalmente, la referencia a los pequeños, a los pobres, a los últimos a los ojos humanos, nos recuerda que el evangelio siempre se pone del lado de los más necesitados y quienes quieren vivir el evangelio han de ponerse del mismo lado. Dar de beber a los más pequeños es reconocer que el reino se hace presente en lo más insignificante, en lo que el mundo desprecia.

En los textos del tiempo ordinario que hemos ido comentando los últimos tres domingos, la idea es la misma: Jesús confía a sus discípulos que realicen las obras que él hizo porque ahora ya no está entre nosotros y solo los discípulos pueden hacerlo presente para convocar a otros. Que Jesús encuentre en nosotros la generosidad suficiente para responder a su llamado y con fidelidad dar testimonio de sus obras.

 

lunes, 22 de junio de 2026

 

Las elecciones en Colombia: “Una derrota con sabor a triunfo”

Olga Consuelo Vélez

 

“Una derrota con sabor a triunfo” fueron las palabras que Iván Cepeda utilizó una vez conocidos los resultados de la votación de ayer 21 de junio. Y las repito porque me parece que expresan muy bien lo vivido en esta segunda vuelta de elecciones. Por muy poco no se consiguió el triunfo -menos de 1%-, pero fueron 12.708.712 votos, equivalentes al 48,70 % de las votaciones generales, los que se consiguieron, lo que expresa que hay mitad de país con una visión sociopolítica mucho más acorde con los valores humanos y cristianos que deberíamos vivir.

Mi reflexión no es política porque no es mi campo, es muy personal y lo hago desde la fe, porque soy una persona creyente. En el país no hay polarización, en el sentido de dos propuestas igual de buenas pero diferentes. En el país, como en el resto de nuestro mundo, la tensión entre el egoísmo capitalista y la justicia social, están presentes y lo que más se ve es lo primero. El poder del dinero y la mentalidad clasista y elitista siguen triunfando. Pero nuestro mundo no se derrumba porque hay esa “minoría abrahámica” (de la que hablaba Don Hélder Câmara) -minoría que no quiere decir solo creyentes sino gente buena y con valores que existe en tantos lugares del mundo- y por eso sigue existiendo el bien y la esperanza y tantos esfuerzos por un mundo mejor. La humanidad no se derrumba porque las figuras bíblicas sobre el reino de Dios, se hacen realidad una y otra vez: esa pequeña semilla de mostaza que crece y se hace un árbol grande o la semilla que es arrojada en todo tipo de tierra, o el trigo que no se deja ahogar de la cizaña, o la semilla que crece por si sola, en otras palabras, todo aquello pequeño y frágil que Jesús alabó, lo hacen vida y sus frutos -aunque tantos no los entiendan, ni los vean- se hacen vida donde otros tantos se empeñan en fomentar la muerte, se hacen solidaridad donde muchos solo quieren la competencia desleal.

Todo lo anterior mantiene mi esperanza intacta, mi fe inquebrantable y mis ganas de seguir proclamando “a tiempo y a destiempo” -como dice el escrito paulino (2 Tim 4, 2), que vale la pena seguir apoyando los proyectos sociopolíticos, económicos y culturales que privilegien la vida, el diálogo, la misericordia, el cuidado de la casa común, la comunión de bienes, el derecho de todos a vivienda, salud, educación, descanso, jubilación, etc., y continuar trabajando por transformar la mentalidad capitalista, clasista, racista, homofóbica y patriarcal a la escala de valores de las bienaventuranzas: felices los pobres, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que lloran, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 1-12).

La impresión dolorosa que me queda del día de ayer es pensar que media Colombia es de “ultra derecha”, ¿No conocemos las consecuencias de la ultraderecha en el mundo? La democracia y los derechos humanos se ponen en peligro. Muchos de ultraderecha dicen que no son de izquierda porque la izquierda significa guerrilla, comunismo, socialismo, castro chavismo (estos dos personajes ya difuntos), etc. Pero, además de repetir frases que tienen más mentira que verdad, creo que no es el juego entre derecha e izquierda sino entre avances sociales para todos y “economías que matan”, como bien dijo el papa Francisco. Pero la gente encandelillada con un “tigre” -ya el símbolo habla de poca humanidad y sí de mucha fuerza con sus garras (además de que así se expresó contra Cepeda: “No se equivoque, usted ya sabe lo duro que muerde el tigre… y todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas”), aplaudiendo frases “populistas” como que con él se acabará el narcotráfico, la violencia, los terroristas, los secuestradores, los extorsionistas, los corruptos (se le olvida que ha defendido a corruptos), como si no lleváramos más de 60 años luchando contra esos grandes problemas. Abelardo promete una “Patria milagro” y el pueblo “manada” se lo cree. Eso sí, advirtió que el cambio no será inmediato ni fácil: dijo que “la recuperación exigirá trabajo, sacrificios, disciplina y perseverancia”, -eso es lo que siempre ha dicho el neoliberalismo de aguantar porque algún día se da el milagro de que se “derrame” la riqueza para los pobres. Eso nunca ha sucedido pero muchas personas lo siguen creyendo.

Sobreviviremos a estos años, como hemos sobrevivido a tantos gobiernos neoliberales. Perderemos mucho de lo conseguido, porque, aunque se empeñen en desprestigiar el gobierno de Petro, este ofreció un horizonte más humano y digno -lo cual suscitó todo el odio, rechazo y mentiras que los seguidores de Abelardo repiten sin ninguna comprobación de los hechos-. Pero que fue un gobierno valorado por la mitad de Colombia, también es verdad.

Ahora bien, no me digan que Dios eligió a este presidente. Lo eligieron sus seguidores y, de verdad, creo que profanan el nombre de Dios al invocarlo. Jesús no hubiera estado de ese lado de la historia. Si lo hubiera estado, no lo hubieran crucificado. Pero es que el Jesús de los evangelios es desconocido por tantos creyentes que han hecho del cristianismo una religión de la autoridad, la fuerza, el rito, la prosperidad, la individualidad y tantos otros antivalores tan lejanos del reino de Dios anunciado por Jesús, reino cuyos primeros y privilegiados destinatarios son los pobres, los pequeños, los que siguen apostando por el bien, aunque tanto mal los siga devorando y, tantas veces, se haga en nombre de Dios.

martes, 16 de junio de 2026

 

Anunciar el reino sin temor, Jesús está de nuestra parte

XII Domingo del Tiempo Ordinario

(21-06-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres (Mateo 10, 26-33).

 


En los primeros años del cristianismo ocurren diversas persecuciones contra las primeras comunidades y, por eso, es muy posible que Mateo le esté escribiendo a su comunidad y no tanto que esto le esté ocurriendo a los discípulos de Jesús. De todas maneras, el mensaje puede aplicarse a ellos como a nosotros. Los primeros cristianos son judíos, abiertos a la novedad de Jesús, pero sin pensar que van a dejar de ser judíos. Sin embargo, con el paso del tiempo, hay judíos que les van a cuestionar y se hace necesario que repiensen su identidad. De ahí que Mateo escriba a estos judíos alentándoles a que mantengan la novedad del evangelio, sin miedo a las criticas y persecuciones.

En este contexto, el evangelio repite tres veces el “no teman”. En el primer caso, muestra el contraste entre lo oculto y lo revelado. Ellos han recibido el mensaje y han de predicarlo, sin temor, a todos para que lo conozcan. El segundo “no teman” muestra que el conflicto crece y por eso lo que está en juego es la propia vida. Mateo les invita a confiar plenamente y, a saber, que, aunque lleguen a matarlos, no pueden quitarles la vida que está sostenida por Dios. Esto lo expresa con las palabras de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Hay que tener cuidado de no fomentar esta visión dualista del ser humano que separa radicalmente el cuerpo del alma porque esto ha llevado a despreciar el cuerpo, lo material y a poner énfasis solo en lo espiritual, en la otra vida. La concepción bíblica de ser humano es unitaria, es decir muere toda la persona y esperamos la resurrección de toda la persona. Conviene asumir más la antropología bíblica para vivir más la integralidad de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano.

En el tercer “no teman, con un ejemplo muy sencillo, les hace ver que si Dios cuida a los pajaritos que se venden por muy poco (un par de monedas) con más razón cuidara de cada uno de ellos, porque valen mucho más.

El texto finaliza alentando al testimonio, al anuncio explícito, a la voz profética, con la seguridad de que Jesús dará testimonio también de esas actitudes y así el Padre del cielo los reconocerá. Aquí hemos de tener en cuenta de que esa manera de construir el mensaje donde si hacemos algo, Jesús lo aprobará y si no lo hacemos, Jesús lo castigará, es una manera humana de expresar los frutos de nuestras acciones, pero de ninguna manera, el proceder de Dios. El reino de Dios es solo salvación y eso no debemos olvidarlo.

Las persecuciones que vivieron los primeros cristianos también llegan a nuestra vida, unas veces con mucha fuerza como hemos visto en tantos mártires latinoamericanos y otras de manera más sutil. Sin embargo, es clara la llamada a no rebajar el evangelio, a no temer causar contradicción y rechazo porque este interpela nuestra vida y se necesita determinación para mantener la fidelidad a su mensaje.

martes, 9 de junio de 2026

 

La mies es mucha y faltan obreros ¿responderemos?

XI Domingo del Tiempo Ordinario

(14-06-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento (Mateo 9, 36-10, 8).

 



El ciclo litúrgico de este año corresponde al evangelio de Mateo, por lo tanto, sus textos nos acompañarán a lo largo de este tiempo ordinario que hoy retomamos después de haber tenido diversas fiestas los anteriores domingos. Mateo viene relatando muchas obras que Jesús realiza y en el evangelio de hoy, Jesús va a enviar a los suyos a hacer lo mismo que él ha hecho. En esto consiste el seguimiento: actuar como Jesús actúo, por supuesto, nosotros en el contexto en el que vivimos hoy. Jesús elige doce apóstoles y Mateo nos ofrece los nombres de cada uno. El numero 12 corresponde a las doce tribus de Israel que ahora, con Jesús, se releen mirando hacia la misión que  va a confiar a los suyos. En la lista de los apóstoles el primero que es nombrado es Pedro y el último Judas. Este orden es comprensible: Pedro ocupará un lugar central en la iglesia posterior y Judas es el traidor. El que los doce representen las doce tribus de Israel nos invita a entender que el llamado es a un pueblo. Por supuesto nos llama por nuestro nombre, pero para la misión en medio del pueblo. No es un llamado individualista sino un llamado que nos lanza a la comunidad y a sus necesidades.

En la descripción que Jesús hace de lo que deben hacer los discípulos, está clara la intencionalidad del Reino de Dios: es un reino de compasión y de misericordia. Por eso el evangelio comienza diciendo que Jesús ante la multitud que le sigue, siente compasión por ellos porque los ve cansados y abatidos. Así mismo, envía a los discípulos a curar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos, en otras palabras, a salir al paso de todas las necesidades que encuentren porque el reino de Dios es misericordia y servicio frente al dolor, opresión o pobreza que sufran quienes nos reodean.

Puede resultar extraño que Jesús les diga que no vayan a ciudades paganas ni a la ciudad de los samaritanos. Posiblemente esta es la intencionalidad de Mateo que escribe a los judíos para hacerles caer en cuenta que ellos son los primeros destinatarios del reino y, como tal, se espera una respuesta positiva.

La lógica de la misión encomendada es la propia experiencia de haber recibido gratis el reino de Dios y, por consiguiente, se ha de dar gratis. Ellos no son unos privilegiados que pueden acaparar lo recibido. Por el contrario, son destinatarios de algo que debe llegar a todos. Y esa gratuidad y confianza la deben mostrar en su vida desprendida de todas las seguridades -dos túnicas, calzado o bastón- porque ellos son enviados a una misión y no les faltará nada, por parte de Dios, para realizarla.

En este contexto se entiende que la cosecha es mucha y de ahí la necesidad de obreros para la cosecha. Pedir al Padre porque envíe obreros es, al mismo tiempo, comprometernos con la misión que se nos confía porque hoy somos nosotros a quién Jesús llama y hemos de responder con generosidad y prontitud.

martes, 2 de junio de 2026

 

Recibir a Jesús Eucaristía implica el compromiso comunitario

Cuerpo y sangre de Cristo

(7-06-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo. Los judíos discutían entre sí, diciendo: ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?  Jesús les respondió: Les aseguro que, si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente (Juan 6, 51-58)

 







Hoy conmemoramos a Jesús presente en el pan y el vino convertidos en su cuerpo y sangre para la vida del mundo. El contexto es el del alimento que da vida. Pero ¿Cuál vida? Se refiere a la vida eterna, a la plenitud de vida con Dios. Esto se explica más, cuando al final del texto se hace referencia al maná que comieron los padres en el desierto y murieron, mostrando así el contraste, con este alimento, que es Jesús mismo y es para la vida eterna.

No era fácil para los contemporáneos de Jesús entender estas palabras. Por eso algunos judíos discutían cómo ese hombre podía darles a comer su carne. Y Jesús les responde, “les aseguro”, es decir, esto es veraz, es cierto -en otras traducciones se lee “en verdad les digo”, que el que no come la carne del Hijo del hombre y bebe su sangre no tendrá vida. La referencia al “Hijo del hombre”, personaje del libro de Daniel, muestra que Jesús se identifica con ese Hijo del hombre esperado y, de esa manera, les ayuda a pasar del plano de la comida material al alimento eterno capaz de dar esa vida para siempre.

Sigue siendo escandalosa la respuesta de Jesús porque también se refiere a beber su sangre, lo cual era estrictamente prohibido en el pueblo judío. El discurso de Jesús es totalmente desconcertante, lo que implica que es necesario dar el paso de la fe, reconociendo en Jesús al enviado del Padre, único capaz de dar la vida eterna.

Otros dos aspectos del texto ayudan a profundizar en este mensaje. Juan usa mucho la palabra “permanecer”. El fruto de comer este alimento es permanecer en Jesús. Es decir, comunión de vida. Pero no es una comunión individualista o intimista. Jesús nos alimenta con el pan de vida, a todos, sin excepción. El aspecto comunitario es inherente a ese permanecer en Jesús.

El otro aspecto es el del envío. Así como Jesús ha sido enviado del Padre y permanece en él, así han de ser los que comen su carne: son enviados a realizar la misión confiada.

Estos elementos que hemos señalado nos pueden ayudar para recrear y resignificar la experiencia eucarística que vivimos. A veces se cae en un intimismo eucarístico donde cada uno recibe a Jesús y no hay ninguna referencia a la comunidad. Pero recordemos que la eucaristía es una cena, un banquete, caracterizado por compartir con todos los que están sentados a la mesa. Y todo banquete es también señal de fiesta, de celebración, de alegría. Necesitamos recuperar este sentido más gozoso de la eucaristía, Y, como ya dijimos, el sentido comunitario que implica. Recibir a Jesús ha de ser abrirnos a la vida comunitaria donde todo se comparte para que ninguno pase necesidad.

 

 

 

 

martes, 26 de mayo de 2026

 

Hacer creíble nuestra fe en Dios Trinidad

Trinidad

(31-05-2026)

Olga Consuelo Vélez

 






Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios (Juan 3, 16-18).

 

Venimos de celebrar la Pascua, la ascensión, pentecostés y hoy nos encontramos con la fiesta de la Santísima Trinidad. De alguna manera, cada domingo vamos conmemorando los misterios de nuestra fe y así mantenemos la vitalidad de nuestra experiencia cristiana.

No hay textos bíblicos que usen la expresión “Trinidad”. Lo que encontramos son confesiones de fe en un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre nos entrega al Hijo y el Hijo nos deja su Espíritu. Por lo tanto, la formulación del dogma de la Santísima Trinidad responde a poner en palabras lo que ha sido experiencia, pero no con el ánimo de probar sino de comunicar. Los primeros cristianos experimentaron que Jesús actuaba en fidelidad al Padre y que los invitaba a vivir también como hijos e hijas de ese mismo Padre y a dejarse guiar por su mismo Espíritu. Esa manera de expresar la experiencia de Dios se asemeja a lo que el término Trinidad quiere decir. Creemos en un Dios amor, comunidad, relación, que saliendo de sí mismo se entrega a los suyos para que todos puedan entrar en esa misma dinámica de donación y entrega mutua, de fraternidad y sororidad, de comunión con todo lo creado.

De ese amor del Padre para con el mundo, en la entrega de su Hijo, trata el evangelio de hoy. Dios ha amado inmensamente a este mundo, al punto de darle a su Hijo único. Pero se precisa de la fe para aceptar al Hijo y, en la medida que se acepte, tener vida eterna. Dios solo tiene la propuesta de salvación y por eso no juzga al mundo. Seremos nosotros los que nos juzguemos si no creemos en el Hijo de Dios.

Será la segunda lectura de hoy, tomada de la segunda carta de Pablo a los Corintios (13,13) la que nos hable, más explícitamente, de la fiesta de la Trinidad que hoy celebramos. Pablo se despide de la comunidad de Corinto, nombrando al Padre, al Hijo y al Espíritu y atribuyéndole al Padre el amor, a Jesús la gracia y al Espíritu Santo la comunión.

Que la apuesta por la paz, la justicia, la reconciliación, hagan creíble nuestra fe en Dios Trinidad, porque lejos de ser un misterio incomprensible, es la vivencia del mismo amor trinitario en nuestra realidad con sus desafíos actuales.

martes, 19 de mayo de 2026

 

El Espíritu como protagonista de la misión

Pentecostés

(24-05-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: –La paz esté con ustedes. Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: –La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: –Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos (Juan 20, 19-23).




El evangelio que nos propone la liturgia de hoy es el mismo que comentamos el segundo domingo de Pascua en el que Jesús se aparece a sus discípulos y Tomás no está con ellos. Pero aquí solo se relata la primera parte y no se hace referencia a Tomás. Lo que interesa es el don del Espíritu que Jesús les va a hacer en esa primera aparición. Su saludo se refiere al don escatológico de la paz. Don que viene de Dios y el resucitado que es el mismo crucificado – realidad que se expresa con el gesto de mostrarles las manos y el costado- ahora es dador de los dones del Espíritu y, más aún, del Espíritu mismo.

Con el don del Espíritu viene el envío, igual al que Jesús recibió del Padre. Ahora es Jesús quien envía a sus discípulos y además les da la potestad de perdonar los pecados. En efecto, el reino que Jesús encomienda a los suyos está llamado a liberar de todas las esclavitudes, de todos los males.

Conocemos también el texto de Hechos (2, 1-11) que se propone como primera lectura de la liturgia de hoy. Este texto relata que coincidiendo con la fiesta de Pentecostés en la que los judíos van a Jerusalén para la celebración (igual que para las fiestas de las tiendas y la Pascua), los discípulos están reunidos en un mismo lugar y viene un ruido como una ráfaga de viento que llena toda la casa. Además, unas lenguas de fuego se posan sobre cada uno de ellos y comienzan a hablar en distintas lenguas. Lo interesante será que los que los escuchan les entienden en su propia lengua. Por tanto, el don del Espíritu permite que se inicie la predicación de las maravillas de Dios, es decir, de la Buena Noticia, y que llegue a las gentes de todo lugar. Ahora bien, el don del Espíritu es necesario recibirlo. Por eso el texto termina diciendo que unos se alegran por lo que están viendo, mientras que otros dirán que los discípulos están de llenos de mosto (están borrachos).

Pentecostés, por tanto, es celebrar el inicio de la iglesia y de la misión evangelizadora, no por las propias fuerzas, sino por acción del Espíritu. Si el domingo pasado decíamos que Jesús no se ha ido, sino que se queda con nosotros, hoy podemos decir que su Espíritu, definitivamente, acompaña la misión a la que estamos llamados y será quien la lleve a término. Precisa, eso sí, de nuestra apertura y disponibilidad para que sus frutos se manifiesten en nuestra vida y lleguen a las personas de todo lugar y tiempo.

domingo, 17 de mayo de 2026

 

Las mujeres en la Iglesia. A propósito del nombramiento de la arzobispa de Canterbury

Olga Consuelo Vélez




En la historia de la Iglesia, las mujeres han estado presentes desde los inicios, pero no siempre se ha mantenido su protagonismo. Brevemente podemos recordar a las mujeres que acompañaron a Jesús en su anuncio del Reino (Lc 8, 1-3), siendo auténticas discípulas al igual que los varones y, más aún, una de estas mujeres -María Magdalena- a quien Jesús se le aparece, en primer lugar, y le confía comunicar a los discípulos, la buena noticia de su resurrección (Jn 20, 11-18).

En las primeras comunidades cristianas son muchas las mujeres animadoras de comunidades e, incluso, diaconisas. Así lo expresa Pablo en la Carta a los Romanos: “Les recomiendo a Febe, nuestra hermana, diaconisa de la Iglesia de Cencreas (…) Saluden a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús (…). Saluden a María que se ha afanado mucho por ustedes. Saluden a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles (…). Saluden a Trifena y a Trifosa, que se han fatigado en el Señor. Saluden a la amada Pérside, que trabajo mucho en el Señor (…), Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, lo mismo que a Olimpas” (16, 1-16).

En la medida que el cristianismo se fue haciendo la religión oficial del Estado, se acomodó a la cultura predominantemente patriarcal, reservando el espacio público a los varones y el privado a las mujeres. Ese papel secundario, manifestado en la falta de derechos civiles, sociales, culturales, religiosos, se mantuvo por siglos para las mujeres y, prácticamente, va a ser el siglo XX el que abra las puertas de los derechos para ellas. De todas maneras, hasta el día de hoy, esos derechos han de seguir conquistándose plenamente en bastantes países.

A nivel eclesial, ha sido muy difícil hacer realidad la plena igualdad de varones y mujeres, constituyéndose esto, en un desafío actual en el que la Iglesia se está jugando su credibilidad y su capacidad de convocar más personas, especialmente, a las mujeres jóvenes. Por eso, no es de extrañar que en el “Sínodo de la sinodalidad”, la situación de las mujeres en la Iglesia fue uno de los desafíos en el que se insistió, a pesar de que el Papa Francisco lo sitúo entre los temas que deberían ser tratados por las comisiones. No obstante, en el Documento Final del Sínodo (# 60), se reconoce que “las mujeres siguen encontrando obstáculos para obtener un reconocimiento más pleno de sus carismas, de su vocación y de su lugar en los diversos ámbitos de la vida de la Iglesia, en detrimento del servicio a la misión común” por eso el sínodo “hace un llamamiento a la plena aplicación de todas las oportunidades ya previstas en la legislación vigente en relación con la función de la mujer, en particular en los lugares donde aún no se han implementado. No hay nada que impida que las mujeres desempeñen funciones de liderazgo en la Iglesia: lo que viene del Espíritu Santo no puede detenerse”.  Es decir, la Iglesia reconoce que no puede haber más rechazos y demoras en abrir todos los espacios que, por su dignidad bautismal, le pertenecen a las mujeres, en condiciones de igualdad, con los varones.

Ahora bien, el tema “álgido” es el de los ministerios ordenados. En el Documento final se aclara que “sigue abierta la cuestión del acceso de las mujeres al ministerio diaconal y es necesario proseguir con el discernimiento a este respecto”. Aunque en el sínodo también se habló del acceso de las mujeres al presbiterado, ese tema se dejó de lado y no se hizo ningún pronunciamiento. Sabemos que Juan Pablo II en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994) afirmó “que la iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y esta enseñanza ha de ser definitivamente mantenida por todos los fieles de la Iglesia”. Sin embargo, después de esta Carta Apostólica se consultó a la Congregación para la Doctrina de la fe, dirigida en ese momento por el Cardenal Ratzinger, si esa enseñanza era "ex catedra”, es decir “infalible”. La Congregación respondió que no era una enseñanza infalible, aunque es magisterio definitivo y universal. Esta respuesta, aunque haya vuelto esta cuestión muy difícil de abordar y de llegar a una respuesta positiva, permite mantener abierta la posibilidad de seguir pidiéndolo porque queda claro que no ha sido una afirmación dogmática.

En este mismo sentido, los signos de los tiempos siguen empujando la historia y el reciente nombramiento de Sarah Mullally como arzobispa de Canterbury, se convierte en una llamada del Espíritu a la apertura de la Iglesia católica a esta realidad. No hay razones teológicas que lo impidan. Hay razones de tradición eclesial y de tradición “cultural” que no son fáciles de superar, pero la existencia de los ministerios ordenados en la iglesia anglicana y en otras denominaciones reformadas, muestran que las mujeres están llamadas a dichos ministerios y las iglesias se enriquecen con la participación plena de las mujeres en ellas.

La iglesia anglicana aprobó el diaconado femenino en 1975. En 1994 ordenó a las primeras presbíteras y en 2014 se aprobó la ordenación episcopal. Y este año consagraron a la primera mujer para ejercer como arzobispa de Canterbury, es decir, líder espiritual de toda la Iglesia anglicana. Sara Mullally tiene 63 años, de profesión enfermera, casada, con dos hijos. Sus palabras al asumir este cargo, expresaron el deseo de ser una “pastora” que escuche y una a las personas, centrando su ministerio en el servicio, la esperanza y la sanación. Este hecho supone para la iglesia anglicana un paso más en la inclusión plena de las mujeres en la vida de la Iglesia y un cambio cultural que contrarresta la sistemática exclusión de las mujeres de tantos espacios sociales y religiosos. Esperamos que este momento también llegue para la iglesia católica porque “lo que viene del Espíritu no puede detenerse” y es del Espíritu abolir todo tipo de exclusión para las mujeres en la Iglesia.

(Foto tomada de: https://www.globalsistersreport.org/es/opinion/columnas/ministerio/el-papel-de-la-mujer-en-la-iglesia-tema-espinoso-que-el-vaticano-parece)

 

 

 

 

martes, 12 de mayo de 2026

 

Jesús se queda con nosotros hasta el final de los tiempos

Ascensión del Señor

(17-05-2026)

Olga Consuelo Vélez





Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús.  Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. Jesús se acercó y les habló: –Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (Mateo 28, 16-20)

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús. La obra lucana compuesta por el evangelio y por el libro de Hechos, da testimonio de este hecho. El evangelio de Lucas termina diciendo que Jesús fue llevado al cielo (Lc 24,51) y el libro de Hechos inicia relatando que Jesús fue levantado en presencia de los apóstoles y una nube lo ocultó a sus ojos (Hc 1, 8). Justamente este texto de Hechos es el que se propone para la liturgia de hoy como primera lectura. Tal vez lo más significativo de este texto es la misión que Jesús ha encomendado a los suyos de “ser sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hc 1, 8). También la pregunta que les hacen a los apóstoles dos hombres vestidos de blando que se les aparecen y les dicen: ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Esa pregunta es otra forma de decir que la tarea ahora corresponde a los apóstoles. Por lo tanto, no se pueden quedar regocijándose por la aparición de Jesús sino sintiéndose comprometidos a cumplir la tarea que ahora está en sus manos.

El evangelio de hoy corresponde al evangelio de Mateo quien no relata el texto de la ascensión, pero confía a los suyos la misma tarea: “Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos”. Este corto texto tiene varios elementos que muestran el estilo de Mateo. Los once van a Galilea al monte que Jesús les había indicado. Mateo muchas veces señala el “monte” como ese lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Es en un monte que ocurre la tentación de Jesús (4.8), Jesús comienza su predicación en un monte (5.1), Jesús ora en un monte (14, 23), sigue enseñando y sanando desde un monte (15, 29), se transfigura en el monte (17,1) y, ahora se encuentra con los suyos en un monte.

El evangelio de Mateo es también el que remarca la novedad de bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Esta formula bautismal será la que se impondrá en la Iglesia hasta hoy, manteniendo esa dimensión trinitaria que nos haces hijos e hijas de Dios.

Jesús manda a los discípulos a enseñar a guardar todo lo que él les ha mandado. Es un mandato misionero porque la buena noticia de la resurrección de Jesús ha de comunicarse a todos y en todas partes. La tarea, por tanto, es hacer discípulos a todos los pueblos. La fuerza para cumplir esta misión viene de la promesa que hace Jesús de estar con ellos hasta el fin del mundo. Jesús no se va, sino que se queda con ellos para fortalecerlos en el cumplimiento de la misión encomendada.

La fiesta de la ascensión nos invita, por tanto, a renovar la tarea misionera que el Señor nos ha confiado con la certeza inquebrantable de su presencia entre nosotros porque, el Jesús del evangelio de Mateo, no asciende, sino que se queda con nosotros hasta el final de los tiempos.

 

 

martes, 5 de mayo de 2026

 

Porque amamos a Dios cumplimos sus mandamientos

VI Domingo de Pascua

(10-05-2026)

Olga Consuelo Vélez




Si me aman, cumplirán mis mandamientos; y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejo huérfanos, volveré a visitarlos. Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes. Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él
(Juan 14, 15-21).

El evangelio de este domingo, prepara las fiestas de los próximos domingos: La ascensión y Pentecostés. Jesús les revela a sus discípulos que vendrá otro “defensor”, el “Espíritu de la verdad” para que esté siempre con ellos. Es decir, Jesús les anuncia que se irá, pero ellos no se quedarán solos. De hecho, ellos ya sienten su presencia, por eso les dice: “ustedes lo conocen porque permanece con ustedes”. Este espíritu es defensor y espíritu de la verdad. Añade que el mundo no lo recibe porque no lo ve ni lo conoce, pero ellos sí lo conocen porque vive en ellos.

Sin decirlo explícitamente, Jesús está revelando que el espíritu es ese amor que lleva a cumplir los mandamientos y, quien los cumple, muestra que ama a Jesús. El espíritu es el amor que une a Jesús con el Padre y es el mismo amor que nos une a nosotros con Dios.

Son interesantes los dos términos que Jesús usa: “cumplir” (otras traducciones dicen “guardar”) y “permanecer” porque se ve la relación entre el amor y los mandamientos. No se cumplen los mandamientos para amar a Dios, sino porque se ama a Dios se cumplen o se guardan los mandamientos y, viviendo según ellos, se permanece en Dios. Jesús invita a los suyos a hacer vida lo que él ha hecho:  permanecer en el Padre. Por eso nos invita a permanecer en él. Nuestra relación con Dios es al estilo de la relación que tiene Jesús con su Padre. En otras palabras, Jesús nos introduce en la vida divina y lo hace al mismo modo en la que él la vive.

Abrámonos, entonces, a entrar en este dinamismo de permanecer en Dios a través del Espíritu que nos da Jesús. Él se queda con nosotros conduciéndonos a la vida de fe, de verdad, de guardar la palabra, como lo hizo con Jesús.

sábado, 2 de mayo de 2026

 Este texto lo publiqué en: La importancia del discernimiento en una época de fe guiada por las emociones | Global Sisters Report


La importancia del discernimiento eclesial en las experiencias de fe

Olga Consuelo Vélez


Últimamente se ha escuchado en España el llamado “giro católico de los jóvenes a la fe”, representado en expresiones musicales con referencia religiosa o en la existencia de grupos que consiguen atraer un significativo número de jóvenes los cuales se reúnen para orar, cantar, adorar la eucaristía y otras manifestaciones que visibilizan la fe que profesan.

Ese fenómeno no se está dando solo en España. También en Latinoamérica (y tal vez en otros continentes)  han surgido grupos (no solo de jóvenes, pero si con bastante presencia juvenil) que proponen retiros de fin de semana en los cuales se ofrecen testimonios de conversiones y diversas prácticas de oración o de liturgias que logran un “impacto” emocional en quienes participan, de tal manera que bastantes personas permanecen vinculados a los grupos que promueven esas experiencias y así se comienza a ver más gente en las Iglesias (o por lo menos en los grupos) y se retoman prácticas religiosas que confirman ese posible “giro católico” del que se está hablando en la actualidad.

Personalmente tengo dudas sobre estas experiencias. Me recuerdan el auge de los llamados “Nuevos Movimientos Eclesiales” que tanto apoyó el papa Juan Pablo II y que con el paso del tiempo han dejado ver la poca coherencia con lo que decían vivir. Son muchos los fundadores y miembros de esos movimientos o comunidades religiosas nuevas a las que se les ha comprobado pederastia, abuso sexual y abuso psicológico a muchos de sus miembros o destinatarios de su misión. No han sido todos los grupos, pero “demasiados”. Muchos de estos grupos siguen existiendo (pocos han sido disueltos), cosa que me resulta muy extraña porque me cuesta entender que se quiera seguir un carisma propuesto por alguien al que se le han comprobado tantas atrocidades. Pero así son las estructuras, sean civiles o eclesiales: una vez que se consolidan, resulta muy difícil terminarlas, aunque sus fundamentos sean tan ambiguos.

Pero volviendo a esos grupos actuales lo que más me preocupa es el tradicionalismo doctrinal que manifiestan muy alejado del espíritu de Vaticano II y de la propuesta sinodal con la que el papa Francisco y ahora el papa León XIV están buscando renovar la Iglesia.

Precisamente a estas experiencias parece que responde la nota doctrinal que publicó la Comisión de Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española hace unos días, con el título: “Cor ad cor loquitur” (el corazón habla al corazón) sobre el papel de las emociones en el acto de fe.

La nota no menciona lo del tradicionalismo doctrinal que me parece acompañan estas experiencias, pero si resalta la “emotividad” como fundamento de estas nuevas manifestaciones religiosas y llama la atención a la necesidad de vivir una espiritualidad que asuma todas las dimensiones de la persona y la urgencia de un discernimientos frente a dichas experiencias, discernimiento realizado por la autoridad eclesial, como garante de la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales.

La nota doctrinal se refiere explícitamente a experiencias centradas en el “primer anuncio” que, aunque parecen estar dando frutos, llaman la atención por su parcialidad centrada en las emociones y también en la dificultad de integrarse a la dinámica eclesial más amplia.

La nota aclaratoria tiene dos grandes partes. La primera, fundamentando la importancia de las emociones en la experiencia de fe y la necesidad de tener en cuenta todas las otras dimensiones humanas. Y, la segunda, ofreciendo criterios de discernimiento de este tipo de experiencias de fe.

Sobre la primera parte, hay afirmaciones muy importantes para vivir la experiencia de fe con autenticidad. Esta experiencia ha de abarcar todas las dimensiones de la persona: afectiva, intelectual y volitiva. Por eso, si solo se enfatiza lo emotivo se corre el peligro de convertirse en “consumidores de experiencias de impacto y buscadoras insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual” y no en testigos de Cristo, configurando su vida con la suya. Lo central del mensaje cristiano es el misterio pascual que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano. Por eso, todo “impacto emocional” ha de manifestarse también en el “obrar de las personas”.

La absolutización de lo emotivo es una de las características de la postmodernidad. Se está cambiando el “pienso, luego existo” por el “siento, luego existo”.  Pero lo emotivo lleva solo a la inmediatez, el instante y, en la perspectiva de fe, esto puede llevar a hacer depender la fe de la emoción que se fortalece más cuando se comparte con todo un grupo. Lo emocional es fácilmente manipulable, pudiendo llegar incluso, al abuso espiritual.

Una experiencia de fe basada solo en lo emotivo puede hacer creer que se tienen experiencias místicas. Sin embargo, no fue así la experiencia de los grandes místicos. Ellos supieron también lo que es la noche oscura de la fe e integraron toda su persona en esa experiencia.

Por lo tanto, la nota no niega la importancia de los sentimientos en la vida espiritual o, con otros términos, el recuperar la centralidad del corazón en la persona, lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza. De hecho, documentos magisteriales recientes como Caritas in veritate (Benedicto XVI, 2009) o la Dilexit nos (Francisco, 2024) proponen recuperar la importancia del corazón en la vida cristiana porque desde este se integran las dimensiones afectiva y corporal, racional e intelectual, así como la volitiva y el compromiso y de esa manera la experiencia de fe se convierte en un acontecimiento totalizante para el creyente.

Por todo lo anterior la comisión de doctrina de la fe propone los siguientes criterios teológico-pastorales para un discernimiento de dichas experiencias espirituales:

(1) Nuestra fe es trinitaria lo cual libera de individualismos y lanza a la comunidad.

(2) La fe tiene una dimensión personal que va más allá de las normas y se refiere al encuentro con la Persona de Jesús. Sin embargo, este encuentro no solo lleva la alegría de dicho encuentro sino también la invitación a cargar la cruz con Cristo.

(3) Complementaria a la dimensión personal está la dimensión objetiva de la fe que supone la profundización en la fe y la doctrina. En este sentido, la formación se torna en un medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia.

(4) Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado por la dimensión eclesial. Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que aprecia la riqueza que aporta el conjunto. Los nuevos grupos necesitan del juicio de su autenticidad y regulación por parte de las autoridades eclesiales. A ellos compete no apagar el Espíritu, pero si examinarlo y quedarse con lo bueno. Es signo de eclesialidad dejar que estos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.

(5) La dimensión ética y caritativa es signo del verdadero encuentro con Cristo que no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe ha de traducirse en caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino.

(6) Finalmente, la experiencia de fe necesita la dimensión celebrativa que no se reduce a una oración individual o un mero devocionalismo, sino que supone la dimensión comunitaria, objetiva y sacramental. En este punto la nota alerta sobre las llamadas “adoraciones eucarísticas” para que no se desliguen de la celebración litúrgica y la pertenencia de todos los miembros de la iglesia al cuerpo de Cristo.

Aunque esa nota doctrinal tiene como destinatario a la realidad española, la existencia de esos grupos o esa espiritualidad más centrada en lo emotivo no es exclusiva de ese contexto y nos conviene a todos discernir sobre su pertinencia y aplicabilidad en todas las realidades en las que se están dado estos grupos. Es verdad que no hemos de “ahogar” el espíritu que siempre “hace nuevas todas las cosas”. Pero es una obligación moral discernir sus manifestaciones porque contamos con experiencias muy recientes de “demasiados lobos con piel de oveja”. 

(Foto tomada de: https://amordediosesp.org/index.php/8-noticias/182-31-de-enero.html)

martes, 28 de abril de 2026

 

Revelar el rostro del Padre con obras, como lo hizo Jesús

V Domingo de Pascua

(3-05-2026)

Olga Consuelo Vélez

 





No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar. Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino para ir a donde [yo] voy. Le dice Tomás: –Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino? Le dice Jesús: –Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí. Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto. Le dice Felipe: –Señor, enséñanos al Padre y nos basta. Le responde Jesús: –Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras. Les aseguro: quien cree en mí hará las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo voy al Padre (Juan 14, 1-12).

 

En este quinto domingo de Pascua, el evangelio de Juan nos ayuda a profundizar en las consecuencias que se desprenden de la resurrección. Jesús va a prepararnos un lugar en las modadas definitivas de la casa del Padre. Lo que nos pide es “creer”, actitud que quita la inquietud de los apóstoles (y también la nuestra) porque nos permite poner la confianza en quien, saliendo a nuestro encuentro, nos ha hecho la promesa de la vida plena con Él.

Los dos personajes que aparecen en el texto, posibilitan ahondar en la promesa que nos hace Jesús. El primero es Tomás, quién escuchando a Jesús decir que volverá para llevarlos con él y que ellos conocen el camino, le dice que ellos no saben a dónde va y, por lo tanto, no conocen el camino. Jesús le responde con el “Yo soy” -expresión que este evangelio utiliza en otros pasajes para decir que Jesús es “el pan de vida”, “el buen pastor”, “la vid verdadera”, “la resurrección, etc.- y, en este caso, Jesús es el “camino, la verdad y la vida”. Estos tres términos condensan la plenitud de vida que él nos promete, vida que no es abstracta o desconocida, sino la vida de Jesús con sus obras y sus opciones, revelándonos en qué consiste la promesa hecha. Todo eso lo han conocido los discípulos y ahora nosotros a través de ellos.

El segundo personaje es Felipe quien escuchando decir a Jesús que, si lo conocen a él, conocen al Padre le pide que les muestre al Padre y eso basta. Jesús, con cierto tono de reproche le responde: ¿tanto tiempo ha estado con ustedes y todavía no me conocen? E inmediatamente remite a las obras que él ha hecho. En otras palabras, no les está pidiendo creer en ideas abstractas sino en las obras que ha realizado. Las curaciones, las comidas con pecadores, la inclusión de mujeres en su grupo, la misericordia infinita hacia todos, el amor de servicio que ha tenido, especialmente con los suyos, y todas las demás obras que realizó, son las que revelan cómo es el Dios de Jesús y es este Dios quien nos dará la vida plena como se la ha dado a Jesús con la resurrección.

Vivir este tiempo de Pascua es, por tanto, continuar afirmando la resurrección de Jesús no con palabras sino con obras. Jesús nos dice que si creemos en él haremos sus mismas obras y aún mayores. Así como Jesús mostró, en su tiempo, al Dios en quien creía a través de sus obras, hoy nosotros somos llamados a realizar las mismas obras de Jesús para que muchas personas puedan creer en él y conozcan el camino que nos lleva al Padre.

martes, 21 de abril de 2026

 

Entrar por la “Puerta” que nos da la vida en abundancia

IV Domingo de Pascua

(26-04-2026)

Olga Consuelo Vélez

 






Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños. Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. Entonces, les habló otra vez: Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia (Jn 10, 1-10).

 

El cuarto domingo de Pascua se conoce como el domingo del Buen Pastor. Por eso la lectura propuesta es la del evangelio de Juan capítulo 10, que se refiere al Pastor y las ovejas. Pero el texto se reparte en los tres ciclos litúrgicos, correspondiendo en este ciclo, los primeros versículos del capítulo 10, en el que todavía Jesús no se declara “Buen Pastor” (Jn 10, 11), sino solamente, “la puerta de las ovejas”.

Este texto hay que verlo en relación con los hechos que se han narrado antes. En concreto ante la curación del ciego de nacimiento, los fariseos se ponen en contra de Jesús por sus curaciones en sábado. Por eso ahora Jesús va a hablar de los que son ladrones y asaltantes mientras que Él es la puerta por donde entra el rebaño. Mientras los ladrones y asaltantes solo vienen a matar y destrozar -recordemos como los fariseos increpan al ciego de nacimiento, reprochándole que crea en Jesús y llegan a expulsarlo de la sinagoga- Jesús es la puerta de las ovejas y todos los que entran por ella, gozarán de los pastos de la salvación que él ofrece.  

El énfasis de esta primera parte del texto de Juan 10, está puesto en las ovejas que si reconocen la voz del Pastor y le siguen. De hecho, el ciego de nacimiento cree que Jesús es el Hijo del hombre, por lo tanto, es ejemplo claro de aquellos que si creen en Jesús y reciben la vida en abundancia que él trae.

Jesús insiste en este texto en que, quienes deberían cuidar del rebaño hacen todo lo contrario. Por eso él se presenta cómo la puerta por donde puede entrar el rebaño ya que él no se la cierra a nadie. Los fariseos en cambio no entran por la puerta -Jesús mismo- sino que se quedan al margen criticándolo y planeando su muerte. El cuidador de las ovejas llama a cada una por su nombre y camina delante de ellas. En ese sentido, las ovejas no tienen nada que temer porque reconocen su voz, no así las voces de las autoridades judías de su tiempo que solo vienen a excluir, rechazar e increpar a todos los que comienzan a seguir a Jesús.

Conviene, entonces, reconocer la puerta -que es el mismo Jesús- para entrar por ella sin hacerle caso a tantos que desvirtúan su mensaje y que acomodan la radicalidad del evangelio. Es necesario estar atentos para escuchar su voz y seguirla. Por parte de Jesús está garantizada la invitación y la acogida, dependerá de nosotros entrar por la puerta con confianza, generosidad y decisión de manera que la vida en abundancia no nos falte y podamos anunciarla a todos los que nos rodean.