viernes, 14 de agosto de 2026

 

María, plenitud de mujer

A propósito de la fiesta de la Asunción

 

Olga Consuelo Vélez

 



Una vez más, recordaremos, el próximo 15 de agosto, la fiesta de la Asunción de María. Este no es un dato bíblico, pero si un dogma proclamado por petición del pueblo de Dios que reconoció en María una ‘plenitud de vida’ que alguien como ella, sin duda, alcanzó.  Ahora bien, cada momento histórico interpreta la plenitud de vida según sus percepciones, imaginarios, situaciones, comprensiones alcanzadas. De ahí que la figura de María que todavía más cala en el imaginario de muchas personas es la de aquella mujer obediente a la voluntad de Dios, disponible para cumplir su querer, solicita con las necesidades de todos, madre amorosa que no niega a ninguno de sus hijos sus peticiones.

 

También se reconoce en ella la mujer fuerte que estuvo al pie de la cruz acompañando a su Hijo en el momento más difícil y doloroso de su vida, sin perder la fe y la fidelidad prometida a Dios. Su plenitud de vida se ha reconocido, por tanto, en el horizonte asignado a las mujeres en la sociedad y en la iglesia: fieles, serviciales, humildes, capaces de entregarlo todo sin pedir nada a cambio. La pregunta que surge hoy es si este modelo de mujer le dice algo a las jóvenes de hoy e, incluso a tantas mujeres adultas que han tomado conciencia de que la vida plena no significa solamente ‘entrega, renuncia y sacrificio por amor a los demás’, sino que ha de suponer también dignidad personal, lo cual implica, derechos y protagonismo, palabra y autoridad, descanso y fiesta, posibilidad de romper todas las barreras que por razón de su sexo se le han impuesto a nivel civil, social, político, educativo, laboral, familiar, económico, eclesial, etc.

 

Surge entonces esa otra figura de María profundamente bíblica, aquella que según Lucas canta el Magnificat -texto profético y revelador de cómo actúa Dios: “derribando a los poderosos de sus tronos y ensalzando a los humildes, colmando de bienes a los hambrientos y despidiendo vacíos a los ricos” (Lc 2, 52-53) y que acoge el plan de Dios no con la sumisión de quién se doblega ante el que es más grande que ella, sino que dialoga para entender la propuesta –“¿Cómo será esto puesto que no conozco varón?” (Lc 2, 34). También la María que, según el evangelio de Juan, acepta con un protagonismo activo acompañar la misión de su Hijo –“Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5) y en el momento de la cruz, cuando “Jesús entrega su espíritu” (Jn 19,30), recibe a otro hijo -Juan- concretando así la familia de los hijos e hijas de Dios (Jn 19, 26) que supera los lazos de sangre e inaugurando la naciente Iglesia que Lucas, en Hechos de los Apóstoles, expresará ya constituida con la venida del Espíritu Santo (Hch 1, 12-14).

 

No es que acomodemos a María a nuestros intereses personales o a las modas de cada momento. Es que el Dios que se revela en la historia sigue actuando en cada presente y nos permite interpretar de nuevas maneras la Palabra de Dios que dicha en un momento histórico -con sus géneros literarios, costumbres, códigos, visiones de su época-, es capaz de seguir hablando para todos los momentos haciendo posible que no pierda su vigencia y siga iluminando el caminar de los varones y mujeres de este presente.  Precisamente la hermenéutica feminista, ha permitido releer los textos desde la realidad de las mujeres y subrayar lo que en otro contexto quedó invisibilizado; entender los alcances y límites de todo texto bíblico y distinguir la revelación de las categorías socioculturales de un momento determinado. Por eso puede y debe proponer nuevos sentidos que iluminen este presente y transformen todo aquello que no corresponde a la intencionalidad del querer de Dios. Desde aquí es posible afirmar que la vida plena que la Iglesia reconoció en María y expresó como ‘asunta en cuerpo y alma al cielo’, hoy invita a seguir trabajando por esa vida plena para todas las mujeres de todas las edades, de todas las culturas, de todas las religiones. Celebrar la asunción de María supone comprometernos a hacer posible ya -aquí y ahora- la erradicación de toda violencia contra las mujeres y el reconocimiento pleno de sus derechos, sin ninguna exclusión en razón de su sexo.

 

Es verdad que en muchos lugares ya existe una legislación que ha superado las muchas barreras que tuvieron las mujeres durante siglos. Que sigue creciendo la conciencia de la urgencia de transformar la sociedad patriarcal y machista por una sociedad igualitaria e incluyente en el que las mujeres no ocupen un segundo lugar. Que hay más educación, más posibilidades, más equidad para las mujeres. Pero también es verdad que hay muchos frenos, temores y prejuicios frente a esta nueva manera de ser mujeres y, no pocas veces, liderados por las iglesias. Por eso repensar nuestras fiestas religiosas y, especialmente, recuperar la ‘vida plena’ que María nos señala, no es una estrategia feminista sino una exigencia ética y evangélica de liberar a María de los estereotipos patriarcales, para encontrarla como abanderada de esa igualdad fundamental que la comunidad que surgió en torno a Jesús proclamó como querer de Dios y que Pablo expresó en la conocida cita de su carta a los Gálatas: “ya no hay judío, ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús” (3,28). En otras palabras, celebrar la Asunción de María es seguir creyendo, que si en ella fue posible esa vida plena, también debe serlo para todas las mujeres, aquí y ahora, sin ninguna excepción.

martes, 11 de agosto de 2026

 

Una cananea interpela a Jesús y le hace cambiar de perspectiva

Domingo XX del Tiempo Ordinario

(16-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ¡ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". Ella respondió: "¡Y, sin embargo, Señor, ¡los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada (Mateo 15, 21-28).

 







El encuentro de Jesús con la mujer cananea tiene muchos aspectos interesantes para comentar. Recordemos que el evangelio de Mateo se dirige a los judíos, por lo tanto, es comprensible que Jesús marque distancia con la mujer cananea porque no pertenece a su pueblo. La expresión “no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”, responde a esa primacía del pueblo de Israel. Sin embargo, en esto se presenta el contraste porque el texto nos va a llevar a la apertura a los paganos que, sin duda, les costaba a muchos judíos, aunque estuvieran interesados en el mensaje de Jesús.

Otro aspecto y, tal vez el más llamativo, es que el cambio que se ve en Jesús lo produce la mujer cananea. Es ella quien interpela a Jesús, reconociendo que la primacía la pueden tener los judíos, pero también los “cachorros”, es decir, los extranjeros, pueden comer del mismo pan de los hijos de Israel. Claro que en la mujer se ve una actitud conformada a la estructura de esa sociedad, de la primacía de los hijos o dueños y las migajas que caen para que coman los cachorros o perritos. Pero lo llamativo es que, sin negar esa estructura vigente, es capaz de agrandar la visión y logra el cambio en el mismo Jesús. Este que ni siquiera quería escucharla y han sido los discípulos los que le insisten que le haga el milagro -no porque estén interesados en su necesidad sino para quitársela del medio porque está gritando- al final le concede lo pedido y la alaba por su fe: “Mujer, grande es tu fe”.

Y, precisamente, este tema de la fe es el que sigue interesando en el evangelio de Mateo, como lo vimos el domingo pasado con la falta de fe de Pedro. La cananea muestra tener fe porque se dirige a Jesús reconociéndolo como “Hijo de David” y esta es la razón que va a darle Jesús de la curación de su hija: ¡Qué grande es tu fe! ¡Qué se cumpla tu deseo!

La llamada es, entonces, a seguir creciendo en nuestra fe, no para conseguir milagros -consecuencia que se podría sacar de una interpretación literal de este texto- sino para reconocer en Jesús al enviado de Dios. Pero, más aún, a darnos cuenta cómo él es capaz de abrirse a las demandas de su tiempo, cambiando incluso las convicciones que tenía hasta ese momento, cuando la evidencia de un valor del reino, como es la apertura universal, le reclama la coherencia y la puesta en práctica.

viernes, 7 de agosto de 2026

 

El “circo” de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella

Olga Consuelo Vélez



La posesión de Abelardo fue realmente un circo. Primero la “pasarela” de llegada. La “flor y nata” de la sociedad entrando al salón, saludando y sacándose fotos. Nada que ver con el pueblo. Solo la “clase alta”, aquella que tiene económicamente su vida solucionada y que hace promesas a los pobres diciendo que “aguanten”, algún día llegará el “milagro” para ellos. Y eso sí que lo supo aprovechar este nuevo gobierno con su “Patria milagro”.

Después, las palabras del presidente del congreso Honorio Henríquez, quien nos presentó la situación actual como el mayor desastre que hemos vivido en la historia, lo cual no es verdad y es injusto con todos los esfuerzos del gobierno que acaba de terminar. Y, aunque llamó a la unidad con los opositores políticos, mostró las líneas que él cree válidas para solucionar los problemas: ser parte del “Escudo de las Américas”, o sea, estar al servicio de Estados Unidos y emplear la fuerza para terminar con la violencia del país. O sea, la guerra, la fuerza y, sin duda, el sistema neoliberal.

Pero lo más circense ha sido el momento de invocación y oración. Nada de respeto con el estado laico y ahí se ve la incapacidad de los creyentes para tener una palabra profética para no dejar que se manipule la fe. El Rabino haciéndonos aliados del genocida Israel, el Pastor protestante manipulando la oración cristiana para pedirle a Dios la solución a todos los problemas que la falta de justicia y opción por los más pobres no somos capaces de dar nosotros. Y, con gran tristeza para mí, allí también presentes el capellán de la presidencia (que no sé porque existe ese cargo) y el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana que, aunque haya hecho una intervención interesante, muestran su incapacidad de mantenerse libres del poder establecido y defender la manipulación de lo religioso de un gobierno que ya ha mostrado que sus valores y principios nada tienen que ver con el evangelio de Jesús (aunque invoque tanto a Dios).

El presidente dio su discurso desde el batallón militar Pichincha. Comenzó invocando a Jesucristo y se presentó como el que salvará a Colombia de todas sus desgracias. Con él recuperaremos el orden, la autoridad y la libertad. En un larguísimo discurso prometió todo lo que pudo. Con él todos los problemas se van a acabar. Nunca escuché tanto populismo junto. Parece que todo va a suceder mágicamente: congelamiento del gasto público, apoyo a todos los empresarios, no se grabará el patrimonio, porque quien tiene éxito no merece que se le agobie con la responsabilidad social hacia los demás. La competencia del más fuerte está garantizada sin nada que lo limite. Incluido el uso de las riquezas naturales y, con la manipulación de su discurso religioso, apeló al Creador para explotar indiscriminadamente el petróleo, porque parece que Dios está de acuerdo con que primero nos enriqueceremos con el petróleo y luego pensemos en la transición energética. Y así continúan las promesas. Lo que no se ha hecho en tantas décadas, él lo va a hacer. Acabará la corrupción y vendrá la prosperidad para el pueblo colombiano. No habrá impunidad, Abelardo llevará a todos los corruptos ante la justicia.

También acabará con el narcotráfico. Lo que no se ha conseguido a nivel mundial, este salvador de la patria, lo logrará. Nuestro país comienza la guerra y no será difícil que la violación de los derechos humanos sea una realidad. Cuando se emplea la guerra como único medio, no hay dignidad humana que valga. Y “revisará” la Jurisdicción para la Paz, es decir, echará para atrás el Acuerdo de Paz.

Dijo que se rodeará de los más capacitados. Pero ya conocemos su gabinete presidencial: todos de los de siempre, con muchas deudas pendientes, como las del mismo Abelardo, con tanta riqueza conseguida defendiendo a los narcos. No importa de donde venga la riqueza, solo hay que saber hacerlo con visos de legalidad.

Librará la batalla cultural para recuperar la creencia en Dios, con todo lo que suponía en la llamada “sociedad de cristiandad”: sacar de las escuelas lo que se cree es comunismo, defensa a ultranza de la familia tradicional, un poco al estilo del procurador Ordoñez que hasta quiso quemar libros. Invocando valores y principios, lo que invoca es el control religioso en una sociedad que debería ser libre y plural.

Este gobierno da miedo porque ser gobernados por un “tigre” supone que vamos a ser devorados por él. Su único programa es la fuerza y las promesas distractoras. Por un personaje así voto la mitad de Colombia. En verdad ¡Qué mal está nuestra sociedad! Pero, por otra parte, este gobierno da risa. Su manera de dar el discurso y su contenido es igual al del conocido personaje “Cantinflas” en la película “Su excelencia”. Su programa es el populismo de que todo lo va a arreglar, eso sí, con la advertencia de que “vendrán momentos muy difíciles” y esto es por “una causa superior”. Así lo ha dicho el neoliberalismo desde siempre, no lo olvidemos. Todo son amenazas y promesas bien difíciles de cumplir. A esto nos enfrentamos con este “circo” que comienza.

Solo queda una tranquilidad: dice que solo gobernará estos cuatro años. En realidad, él no sabía en que se metía, es demasiado trabajo para él que no parece tener ideas en su cabeza, solo discurso populista. Terminó su discurso con “Viva Cristo Rey” y con eso seguirá convenciendo a tanto creyente que parece no conocer el evangelio y a tanto no creyente que acepta lo que sea con tal de alcanzar una tajada de poder. La última imagen después de los honores militares, sentado en un carro militar con el signo de saludo militar, me recordó las múltiples películas de Hitler cuando avanzaba en su proyecto. ¡Qué miedo que el fascismo está llegando y tantos creyendo que llega la salvación!

Ojalá las instituciones sean más fuertes para vencer a este tigre peligroso y todos sepamos defender la verdadera democracia, libertad y justicia social que tanto deseamos.

 

 

martes, 4 de agosto de 2026

 

Confiar en Jesús y reconocerlo como Hijo de Dios

Domingo XIX del Tiempo Ordinario

(9-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman. Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios" (Mateo 14, 22-33).


 

El texto tiene tres partes. En la primera, los discípulos suben a la barca para pasar a la otra orilla, mientras Jesús despide a la multitud y luego se retira a orar. En la segunda parte, Jesús alcanza a los discípulos en la barca, caminando sobre las aguas y se da la experiencia de Pedro de querer confiar, pero también, de dudar. La tercera se refiere a lo que produjo en los discípulos este hecho, haciendo la confesión de fe de Jesús como Hijo de Dios.

Este relato es muy parecido al de la tempestad calmada (Mt 8, 23-27) en el que son todos los discípulos los que sienten miedo por la tempestad y Jesús los increpa por su falta de fe. Cuando Jesús calma la tempestad, los discípulos se preguntan: ¿quién es este que hasta el mar y el viento le obedecen? En el texto de hoy ya no hay pregunta sino una afirmación más contundente: Jesús es el Hijo de Dios.

No podemos tomar los textos al pie de la letra y quedarnos en el “poder” de Jesús frente a los elementos de la naturaleza. Lo que interesa es el significado teológico del texto, la intencionalidad que el evangelista tuvo al relatar de esa manera esos sucesos. El énfasis aquí está en la fe, como contraposición a la duda, sin que no sea legítimo sentir la duda y confiar en el poder de Jesús para superarla.

Precisamente, Pedro quien va a tener tanto protagonismo en el discipulado y en la historia de la Iglesia, será quien encarne la experiencia de duda y, como ya sabemos, incluso de negar a Jesús, pero también será quien, a pesar de su fragilidad, confía por entero en Jesús y llega a tener un protagonismo indiscutible.

Por lo tanto, el evangelio de hoy nos invita a la confianza infinita y a la aceptación de nuestras fragilidades y limitaciones. Estas siempre acompañaran nuestros caminos, pero también siempre podemos volver a confiar y continuarlos. Serán estas experiencias de caídas y levantadas las que nos revelarán el amor inmenso de nuestro Dios y su presencia incondicional en nuestra vida. Ojalá que también podamos reconocer en el Jesús de la historia al Hijo de Dios, revelador del Padre, para no dudar de que solo, haciendo las obras que él hizo, construiremos el reino de Dios, sin rebajas, sin acomodos, sin distorsiones.

 

lunes, 3 de agosto de 2026

 

Cuando la política se aprovecha de la fe

Olga Consuelo Vélez

 





En las pasadas elecciones vividas en Colombia se hizo una manipulación muy grande de la fe en nombre de la política. Pero esto no ha pasado solo en Colombia. En Brasil también se ha visto este fenómeno y en otros lugares del Continente. Conviene, entonces, intentar aclarar las relaciones que tienen fe y política y las manipulaciones que se hacen desde la política a la fe.

El punto de partida es que fe y política se relacionan en el sentido de que el ser humano que cree, vive su fe en el mundo y, por tanto, a la fe le conciernen todas las dimensiones de lo humano: lo social, lo político, lo cultural, lo económico, etc. De ahí que las opciones que una persona de fe haga, están orientadas por su fe y ha de buscar todo aquello que vaya en consonancia con la misma. Pero esto exige dos posturas claras. La primera, no pretender que la sociedad se haga “confesional” porque son tiempos de sociedades seculares, plurales, diversas. Hemos de pedir que haya libertad religiosa y libertad de culto y no pretender que el Estado se identifique con la Iglesia Y, la segunda, tener la suficiente formación tanto en la propia fe como en la política para ser capaz de tomar decisiones coherentes, maduras, fundamentadas.

La primera condición que hemos señalado la asume la Iglesia en la constitución pastoral Gaudium et Spes (uno de los documentos del Vaticano II) en el que ella reconoce la autonomía del mundo y abandona sus pretensiones de “cristianizarlo”, en el sentido de no dar espacio a la pluralidad de visiones, o rechazar los avances de la ciencia o las posturas seculares que entienden un mundo sin Dios, sin que eso signifique renunciar a los valores de la dignidad humana y el bien común.

Sobre la suficiente formación, tanto de la propia fe como de las cuestiones socio políticas, conviene decir lo siguiente. Respecto de la fe cristiana, necesitamos liberarnos de la fe intimista, individualista que ha conformado la experiencia religiosa de muchos creyentes. El evangelio es ante todo comunitario, con muchas implicaciones sociales porque se preocupa de los más pobres e invita a transformar esa situación. De hecho, los milagros de Jesús iban a transformar la realidad que allí se vivía, en la que, especialmente la enfermedad, significaba exclusión de la comunidad. Jesús cura para integrar a las personas a la comunidad, para devolverles su dignidad. Y no son menos las palabras de Jesús que denuncian la opresión, la pobreza, la injusticia y, sobre todo, el uso del culto para tener ganancias y vivirlo desconectado de la vida. La expulsión de los vendedores del Templo (Mc 11, 15-17) es un signo profético con el que Jesús denunció el culto vacío que dividía al pueblo entre los que podían hacer muchas ofrendas y los que no tenían nada para vivir.

Es urgente también una formación en la Doctrina social de la Iglesia, porque su desconocimiento es evidente en muchos cristianos. El papa Francisco recordó la Doctrina Social con sus encíclicas Laudato si (2015) y Fratelli Tutti (2020). En la primera nos habló sobre el cuidado de la casa común y en la segunda abordó muchos aspectos referentes a la dignidad humana, los derechos universales, la política al servicio del bien común, la construcción de la paz, etc. León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas (2026), nos recordó todos los documentos de la Doctrina social de la Iglesia y añadió un reto actual, como es la Inteligencia Artificial tan determinante en este momento.

Pero, visto lo que ha pasado en las pasadas elecciones, surgen unas preguntas muy cuestionadoras: ¿qué ha pasado con tanto creyente que no participó de esta contienda apoyándose en la verdad y en las cosas como son, sino repitiendo mentiras y slogans falsos? ¿qué pasó con tanto cristiano que diciendo que apoyaba el defender la vida desde el nacimiento, apoya la guerra para los nacidos? ¿qué pasa con los creyentes que, afirmando su fe en Dios creador, no defiende la naturaleza y el cuidado de la casa común? ¿qué pasa con tanto creyente que sigue apoyando el sistema neoliberal que está comprobado que sigue enriqueciendo a unos pocos y empobreciendo a la mayoría?

Algún lector dirá que estoy defendiendo a un candidato y es legítimo que así lo piense. Pero eso no es lo que interesa sino ser capaces de hacernos preguntas que, personalmente yo he visto ausentes en la pasada contienda. Son preguntas para invitarnos a pensar si creemos que tenemos una formación suficiente a la hora de tomar decisiones, pero, sobre todo, si en verdad no manipulamos la fe en favor de la política. Y quiero advertir que no creo que sea propio de personas de fe que hagamos afirmaciones del tipo: Dios eligió a este candidato, Dios respalda a este candidato, este candidato va a restaurar la cristiandad, la virgen está con este candidato, etc. Y hemos de tener cuidado de no usar las palabras bíblicas para aplicarlas a las decisiones que se tomen en cualquier gobierno. Cuando empezamos a hablar de “elegidos”, de “bendecidos”, de “salvadores”, estamos manipulando nuestra fe.

Propongo estas reflexiones para que asumamos una postura verdaderamente creyente: el presidente electo lo eligieron los votantes y no Dios y nuestra oración por él no puede ir de la mano de creer que es el elegido sino de pedir porque sea coherente con la dignidad humana y los derechos humanos, porque ha de gobernar para un pueblo plural y no para un “grupo eclesial”. Pero la mayor oración que hemos de hacer es por cada uno de nosotros, porque son nuestras opciones las que construyen futuro y, lamentablemente, no parece que tuviéramos el suficiente criterio para hacer de nuestro país un país justo y en paz. Ya la Conferencia Episcopal Latinoamericana, celebrada en Puebla (1979) decía: “Vemos como un escándalo a la luz de la fe, la inmensa brecha entre ricos y pobres” y “no se entiende que en un Continente tan creyente se de tanta injusticia”. Han pasado más de cuarenta años y nuestro país y Continente siguen manteniendo dicha brecha. ¿Qué nos pasa a los creyentes que no logramos votar bien para que nuestro país sea justo y en paz? Por ahí debería ir mucho más nuestra oración y, tal vez, algún día sepamos tomar las decisiones que Dios quiere.

 

 

martes, 28 de julio de 2026

 

“Sentir con el otro” y “dar de comer” con generosidad

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

(2-08-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

 

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos". Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos". Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados". "Tráiganmelos aquí", les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños (Mateo 14, 13-21).


 

El evangelio comienza diciendo que Jesús se entera de una noticia y se va a un lugar desierto para estar a solas. De lo que se ha enterado es de la muerte de Juan el Bautista. No es una escena desconocida en la actualidad porque no faltan las noticias sobre la muerte de tantos líderes sociales y de personas que se dedican a trabajar por el bien común. La persecución hacia ellos se desata fácilmente porque se prefiere quitar de en medio a los profetas, antes que escuchar sus palabras y convertirse a ellas. Por supuesto, esas noticias interpelan a quienes siguen el camino de bien y se necesita asimilarlas y tomar fuerzas de nuevo para continuar. Jesús se toma su tiempo de soledad, dándose cuenta de lo que le puede pasar también a él. Pero la escena que sigue nos muestra su fidelidad, a pesar de los peligros y su capacidad de atender a las realidades de su tiempo.

Al ver Jesús las muchedumbres necesitadas, se compadece de ellas y responde curando a los enfermos. Y es en la compañía de esa multitud que Jesús va a realizar la primera multiplicación de los panes. Llega la tarde y los discípulos le advierten a Jesús que despida a toda esa gente para que compren alimentos. Pero Jesús les dice que sean ellos los que les den de comer. Los discípulos le muestran que no tienen sino cinco panes y dos peces. Jesús, entonces, pide que se los traigan y con un gesto eucarístico, bendice, los parte y se los da a los discípulos para que los repartan entre las gentes. El texto termina señalando la abundancia dada en aquella repartición de panes que alcanzó para todos y sobraron doce canastas.

Destaquemos del texto, en primer lugar, la compasión que Jesús siente hacia la multitud. Compasión significa "sentir con” y esta es la actitud que nos abre los ojos ante la realidad de injusticia y nos pone en camino para responder a ella. La indiferencia, el cerrar el corazón al sufrimiento del mundo, es lo que mantiene la injusticia y la división profunda entre los pocos que tienen tanto frente a los muchos que tienen tan poco. Pidamos dejarnos tocar por la realidad o, como se dice ahora, vivir una espiritualidad de “ojos abiertos” que vive de frente al mundo y no de espaldas a él.

El segundo aspecto es el compromiso efectivo con “dar de comer a la multitud” que no significa solamente dar el pan material -lo cual es necesario también- sino comprometerse con la construcción de estructuras sociales, políticas y económicas que garanticen el bien común y la vida digna para todos. La fe no puede estar alejada de la vida, sino inmersa en ella con una conciencia lúcida y crítica para comprenderla y actuar coherentemente.

Finalmente, la manera de expresar el número de los que comieron “5.000 hombres sin contar mujeres ni niños”, deja ver el papel secundario que las mujeres han tenido a lo largo de la historia y también en la vida de fe. Hoy en día tenemos mas consciencia de ello y por eso no sobra reconocer el sesgo patriarcal presente en la Sagrada Escritura para seguir transformándolo con nuestras interpretaciones actuales y actitudes de vida.

miércoles, 22 de julio de 2026

 

Ojalá entendamos qué es el reino de los cielos y lo mostremos con nuestras obras

Domingo XVII del Tiempo Ordinario

(26-07-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron. Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo" (Mateo 13, 44-52).


 




El evangelio de hoy nos ofrece las últimas tres parábolas que Mateo nos presenta en el capítulo 13. Brevemente, Jesús compara el reino de los cielos con un tesoro escondido que se encuentra en un campo, con el negociante de perlas finas que vende todo para comprar una de gran valor y con una red que recoge toda clase de peces. A esta última parábola le hace una interpretación alegórica y finaliza con la referencia a un escriba que se hace discípulo.

Las dos primeras parábolas tienen un mismo mensaje. El reino es de tanto valor que vale la pena “vender todo” para adquirirlo. Es lo que hará el que encuentra el tesoro y el que descubre la perla valiosa. Entender el valor de reino da sentido a toda renuncia, a todo cambio de horizonte, a la verdadera conversión que supone “darse la vuelta” para emprender un nuevo camino.

La parábola de la red es muy parecida a la del trigo y la cizaña. El énfasis está puesto en la red lanzada y que recoge toda clase de peces. En ese primer momento todos caben en la red. Solo después viene la interpretación alegórica con un sentido escatológico porque serán los ángeles los que separaran a los justos de los malos y a estos últimos los arrojaran al horno ardiente. Y allí todo será sufrimiento, expresado en las palabras “llanto y rechinar de dientes”. Una lectura literal de este texto ha llevado a imaginar el infierno como lugar de fuego y sufrimiento. Pero, en realidad, en la cosmovisión judía lo que no sirve es arrojado al fuego, por lo tanto, no está hablando del infierno sino de la vaciedad de una vida sin Dios, de su ausencia.

El texto termina con la pregunta sobre si entendieron esto, pregunta que acompañó todo este capítulo dedicado a la predicación de Jesús en parábolas, no porque Jesús quiera ocultar el reino, como lo dijimos hace tres domingos, sino que es posible que los adversarios se nieguen a entender, se empeñen en no abrir el corazón a este mensaje. Finalmente aparece la figura de un escriba convertido en discípulo y añade que se parece a un dueño de la casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo. Posiblemente el escriba que se abre a recibir el reino es capaz de distinguir entre la ley antigua que comienza a ser superada por la nueva, por la del reino.

Conviene preguntarnos qué tanto nosotros hemos comprendido todas estas parábolas que Jesús ha utilizado para explicarnos qué es el reino de los cielos. Tal vez no basta la respuesta conceptual afirmativa. Nuestras obras mostrarán, de hecho, si lo hemos comprendido.

 

domingo, 19 de julio de 2026

 En la fiesta de Santa María Magdalena (22 de julio) ¿por qué nos cuesta llamarla “santa”? 

 Olga Consuelo Vélez 






(Nota: este escrito ya lo publiqué, pero próximos a la fiesta de Maria Magdalena puede ayudar)

En 2016 el papa Francisco decretó que la conmemoración de María Magdalena (22 de julio) debía pasar a ser “fiesta litúrgica como el resto de los apóstoles”, llamándola “Apóstola de los apóstoles”. Según explicó el secretario de la Congregación para el Culto Divino de ese momento, esa decisión respondía “al contexto actual que requiere una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina”. 

Recordaba que ya Juan Pablo II había prestado atención a la importancia de la mujer en la misión de Cristo y de la Iglesia, poniendo énfasis en la figura de María Magdalena como primera testiga de la resurrección y quién anunció a los apóstoles ese acontecimiento. Por esto se afirma, en el decreto que, “Santa María Magdalena es un ejemplo de evangelización verdadera y auténtica, es decir, una evangelista que anuncia el gozoso mensaje central de Pascua”. Sin embargo, esta recuperación de la figura de María Magdalena todavía no ha penetrado suficientemente en el imaginario y en la creencia de la mayoría de los cristianos. Persiste lo que se afirmó de ella durante siglos: pecadora (prostituta) a la que Jesús había perdonado. Esta imagen de María Magdalena surgió por haberla identificado con la pecadora arrepentida que entra en casa de Simón el fariseo (Lc 7, 36-50) y con María la hermana de Lázaro y Marta, la cual también unge a Jesús (Jn 12, 1-8). 

Cuando el texto de Lucas se refiere “a algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios” (8.2), está queriendo decir que fue curada de su enfermedad probablemente muy grave -de ahí los siete demonios-, pero en ningún momento refiriéndose a su condición moral. Aunque en la actualidad hay muchos estudios sobre María Magdalena, no se han concretado, en la práctica, todas las consecuencias que la correcta interpretación bíblica sobre ella trae para las mujeres en la Iglesia. 

La primera, es el reconocimiento de María Magdalena al mismo nivel que los apóstoles. De hecho, ella -y otras mujeres- le siguieron desde Galilea hasta Jerusalén, condición que luego se invoca en el libro de Hechos de los Apóstoles para nombrar al apóstol en reemplazo de Judas (Hc 1,21). Por lo tanto, no debería costar tanto imaginar a las mujeres formando parte del colegio apostólico. Tenemos la certeza que María Magdalena fue Apóstola y así lo celebramos. 

Otra consecuencia es que siendo la primera evangelizadora no hay razón para no tomar las enseñanzas de las mujeres con el mismo valor que la de los varones. Todavía cuesta aceptar la enseñanza teológica impartida por mujeres en seminarios y facultades de teología. Por supuesto, algo ha cambiado y más mujeres son reconocidas en el ámbito teológico y en el servicio eclesial. Sin embargo, su participación sigue siendo pequeña, nada equitativa con respecto al número de varones que ocupan dichos espacios, ni sus logros académicos y pastorales son tomados con la misma seriedad, interés y respeto que tantas veces se toma el aporte de los teólogos y de los clérigos. 

Quiero hacer notar, además, las pocas veces que damos a María Magdalena el título de “santa”. Efectivamente, ella lo es y así la podríamos llamar para seguir borrando esa imagen tan invocada de prostituta y que ha contribuido a identificar a las mujeres con los pecados referidos a la sexualidad. No sólo no hay muchos esfuerzos por llamarla santa, como tampoco de resaltar demasiado su fiesta. Sería una ocasión propicia para posicionar la verdad sobre ella. Mucho menos hay interés en llamarla Apóstola, ni primera evangelizadora aunque tres evangelistas relatan el envío que Jesús le hace para que anuncie a los discípulos su resurrección (Mc 16, 7; Mt 28, 7; Jn 20, 17) e, incluso Lucas, quien progresivamente fue invisibilizando el papel de las mujeres en su evangelio, de todas maneras, no deja de constatar que son las mujeres las que anuncian esa buena noticia a los apóstoles, colocando a María Magdalena en primer lugar (Lc 24, 9). 

Últimamente se ha utilizado su figura -en la literatura y en el cine- para mostrarla como compañera de Jesús o resaltando su protagonismo en la primera comunidad, con el fin de contrarrestar la figura de Pedro. Pero, ninguna de estas dos aproximaciones, están en la Biblia. En tiempos de trabajar por una Iglesia sinodal, seguir visibilizando a María Magdalena en los roles que verdaderamente tuvo al lado de Jesús y en la naciente comunidad cristiana, ayudará significativamente a acelerar la participación plena de las mujeres en la Iglesia. Por eso, es de desear que esta celebración de su fiesta, el próximo 22 de julio, podamos vivirla con más profundidad, sintiendo así que no es una rareza que 50 mujeres hayan participado con voz y voto en el sínodo de la sinodalidad, sino, por el contrario, lo extraño es que no haya muchas más mujeres en esos niveles de decisión donde se gesta el futuro de la Iglesia, esta misma Iglesia que, sin el primer anuncio,  hecho por María Magdalena, tal vez nunca habría existido. 

Cabe anotar, finalmente que, a pesar de las resistencias al lenguaje inclusivo en algunos círculos eclesiásticos (y sociales), fue Santo Tomás quien habló de ella como “apóstola” y el Decreto de su fiesta mantiene ese término en femenino. Sería bueno, dejar las resistencias y acostumbrar nuestros oídos a los términos femeninos que permiten visibilizar a las mujeres. Sin darnos cuenta pronto esas palabras nos sonarían igual de normales que todos los términos que hasta hoy se han ido creando en nuestro lenguaje.

miércoles, 15 de julio de 2026

 

Transformar la cizaña a fuerza de trigo

Domingo XVI del Tiempo Ordinario

(19-07-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Y les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: "Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla?". "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero" (Mateo 13, 24-30).

 








El domingo pasado señalamos que todo el capítulo 13 de Mateo será de diferentes parábolas con las que Jesús intenta explicar en qué consiste el reino de los cielos. Para hoy se nos propone la parábola del trigo y la cizaña. El relato es muy fácil de entender. El reino es como un hombre que sembró buena semilla en el campo, pero mientras todos dormían vino el enemigo y sembró cizaña. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los trabajadores querían arrancar la cizaña, pero el señor les dice que esperen a que crezcan juntos para que no se vaya a arrancar trigo en el afán de terminar con la cizaña. Solo entonces, cuando se puedan distinguir bien, podrán arrancarse y separarse.

La enseñanza de la parábola es la paciencia que se nos invita a tener en la construcción del reino de los cielos. Vamos a convivir siempre con el mal, pero nada impide que sigamos apostando por el trigo y creyendo que, en contra de la lógica agraria, en la que la cizaña es capaz de ahogar el trigo, el bien podrá vencer el mal, el paso del tiempo podrá transformar la cizaña en trigo.

En efecto, el reino de los cielos manifiesta una lógica contracultural y, justamente por eso, matan a Jesús. Y no será distinta la suerte de sus seguidores. Pero la resurrección de Jesús es el si de Dios a esa lógica de lo pequeño, de lo frágil, de lo que casi ni se percibe.

En la liturgia de hoy se puede escoger este texto corto que acabamos de comentar o leer hasta el versículo 43 en el que se hace la explicación de esta parábola de la cizaña en forma alegórica. Aquí elegimos la versión corta, pero digamos algo de la explicación alegórica. El texto remite al final de los tiempos en el que todo saldrá a la luz y lo malo se quemará en el fuego mientras que lo bueno brillará como el sol. De alguna manera es lo que dijimos antes de que la última palabra la tiene Dios mismo, palabra que se adelantó en la resurrección de Jesús y que sostiene nuestro presente para no cansarnos de cuidar el trigo sin arrancar la cizaña, creyendo que, de alguna manera, mucha de esa cizaña, con el favor del bien, podrá llegar a ser trigo. En lo concreto, es esa fe inquebrantable en que las personas pueden cambiar, las situaciones pueden transformarse, la vida puede ganarle a la muerte.

martes, 7 de julio de 2026

 

Y nosotros ¿qué clase de tierra decidimos ser?

Domingo XV del Tiempo Ordinario

(12-07-2026)

Olga Consuelo Vélez

 




Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!". Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?". Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: "Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure". Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron. Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno" (Mateo 13, 1-23).

 

El capítulo 13 de Mateo nos presenta a Jesús hablándole a la multitud por medio de parábolas. Recordemos que el género literario parábola se caracteriza por involucrar al oyente sin acusarlo directamente, por interpelarlo y también es una manera gráfica de hablar del Reino de Dios, porque este excede cualquier definición, pero se expresa a través de muchos símbolos y comparaciones.

La parábola que hoy se nos propone es la conocida parábola del sembrador. Notemos que en esta parábola Jesús no dice: “el reino de los cielos se parece a…..”, como si lo hará en otras parábolas que comentaremos en los próximos domingos. Por lo tanto, en esta parábola no sabemos si el reino de Dios es el sembrador, es la semilla o es la tierra en la que cae. Tal vez podemos decir que los tres elementos nos brindan diferentes aspectos que engloban lo que es el reino de Dios.

Un aspecto a tener en cuenta es que la forma de sembrar en tiempos de Jesús era distinta a la que hoy tenemos. Como lo expresa la parábola, el sembrador, primero esparce la semilla por todas partes y será luego que comienza a arar para que la semilla encuentre lugar para crecer. Hoy en día, primero se prepara el surco y luego se echa la semilla. Ahora bien, lo que nos interesa es rescatar lo que Jesús quiso comunicar con esa parábola.

La parábola propuesta por Jesús es muy sencilla: la semilla es esparcida pero no toda da el mismo fruto porque o se la comen los pájaros o no tiene suficiente raíz porque cayó en un pedregal y el sol la quemó o cayó en abrojos y estos la ahogaron. De ahí que el fruto puede ser del ciento por uno, o del sesenta o del treinta. Pero lo interesante es la frase con la que se cierra la parábola “el que tenga oídos, que oiga”. Para entender la parábola hemos de recordar los capítulos anteriores del evangelio en el que se nos presenta a Jesús en confrontación con los escribas y fariseos. El mensaje sigue siendo claro: los que deberían entender el anuncio del reino porque conocen las escrituras -fariseos y escribas- no quieren entenderlo. Y serán, los pobres, los sencillos de los que el evangelio del domingo pasado nos hablaba, los que acogerán este mensaje. Y esta será la explicación que Jesús les dará a sus discípulos ante su pregunta de por qué les habla en parábolas. En realidad, no es que Jesús les esté ocultando el mensaje, es que ellos no lo quieren oír y por eso hace referencia al profeta Isaías, mostrando que no entienden porque han cerrado el corazón y, definitivamente, se resisten a abrirlo.

La última parte es una interpretación alegórica de la parábola. La alegoría es otro género literario, muy usado por los padres de la Iglesia para interpretar las parábolas, y eso hace pensar que tal vez esta parte es un añadido posterior al texto. Pero nos sirve mucho para reconocer al sembrador del reino -Jesús mismo- quien siembra en nosotros su mensaje, pero dependerá de nuestra acogida a esta semilla que pueda fructificar. Hay elementos externos que influyen en nosotros, expresados en el texto como el maligno que arrebata la semilla o la falta de raíz en nosotros mismos que nos hace inconstantes o las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas. Pero nada nos impide ser tierra buena: necesitamos discernir, decidir y mantener fidelidad para lograr el mayor fruto. En otras palabras, la gratuidad de Dios necesita de nuestra respuesta fiel para dar frutos de vida, de justicia, de paz.

 

 

martes, 30 de junio de 2026

 

Acoger lo pequeño, lo gratuito, lo sencillo

Domingo XIV del Tiempo Ordinario

(05-07-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

 

En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana (Mateo 11, 25-30).

 







El evangelio de hoy, aunque es muy breve, podemos dividirlo en tres partes. En la primera, Jesús se dirige a su Padre. En la segunda, habla al auditorio sobre su relación con el Padre y, en la tercera, invita a los oyentes a vivir su mensaje.

Previo a este pasaje, Jesús ha maldecido a las ciudades de Corazín, Betsaida y Cafarnaúm porque no han acogido su mensaje a pesar de tener grupos rabínicos que se creen sabios e inteligentes. En contraste, Jesús se dirige a su Padre, agradeciendo la revelación hecha a los pequeños. La comunidad de Mateo son estos pequeños que han acogido la revelación a diferencia de los judíos que se niegan a hacerlo. De ahí el juego de palabras entre lo oculto y lo revelado que coincide con aquellos que acogen la revelación y los que se cierran a ella. No es Dios el que oculta su mensaje, es la sabiduría del mundo la que rechaza la revelación divina.

La segunda parte corresponde a la relación de Jesús con su Padre. Ha sido voluntad de Dios revelarse a través de su Hijo y, por lo tanto, quien acoge al Hijo podrá conocer su voluntad.

En la tercera y última parte del texto, Jesús invita a los que están cansados y agobiados a acoger su yugo que es suave y liviano. Esto remite al yugo pesado que los fariseos ponen sobre los demás y que tantas veces ellos no cumplen. El reino anunciado por Jesús viene a aliviar todas las cargas, a transformar todas las aflicciones. Realmente, los primeros destinatarios del reino son los pequeños, los pobres.

En la actualidad es fácil ver que el contraste sigue y, muchas veces, son “los pobres los que nos evangelizan”, porque la religión institucionalizada no hace otra cosa que cerrar puertas, poner cargas y retener la salvación que Dios quiere que llegue a todos, comenzando por los últimos. El texto nos llama a la conversión para acoger lo pequeño, lo gratuito, lo sencillo que Jesús nos ha revelado y a no dejarnos atrapar por sabidurías que se niegan a aceptar la lógica contracultural de nuestro Dios.

 

 

miércoles, 24 de junio de 2026

 

El evangelio exige fidelidad y coherencia en el discipulado

Domingo XIII del Tiempo Ordinario

(28-06-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa (Mateo 10, 37-42).

 



El evangelio de hoy se refiere a la exigencia del discipulado. Quien conoce a Jesús y decide seguirlo, tiene que tener en cuanta la radicalidad de la llamada y disponerse a realizarla. En efecto, el evangelio es exigente, de Jesús se puede decir que fue contracultural, con lo cual no es extraño que haya despertado persecución y lo hayan asesinado. La pregunta para nosotros es si mantenemos esa fidelidad al evangelio o lo hemos acomodado, rebajado o desdibujado, convirtiéndolo en una religión que tranquiliza la conciencia, pero no despierta a la conversión como si lo hace el evangelio.

La primera afirmación del texto de hoy es la comparación entre el evangelio y el amor a los padres. No llama a despreciar a los padres o a los hijos, lo que interesa es el énfasis en la comparación. El evangelio vale más que incluso los deberes más sagrados.

La segunda afirmación se refiere a tomar la cruz y seguirle. Esta expresión va en consonancia con la radicalidad del evangelio que puede llevar hasta la persecución, como lo veíamos en el evangelio del domingo pasado, pero en ningún caso, fabricarse las cruces creyendo que Dios quiere sacrificios inhumanos o castigos corporales -como alguna espiritualidad lo ha fomentado- sino como consecuencia de la fidelidad al mensaje del reino. La exigencia del evangelio puede conducirnos a perder la vida, pero como ya dijimos, por fidelidad, no por auto masoquismo.

Precisamente si vivimos con coherencia el evangelio será posible que las personas reconozcan a Jesús en sus seguidores y los reciban en su casa, o reconozcan la voz profética del reino y la acepten, vean la vida justa de los evangelizadores y se animen a seguir ese mismo camino. En otras palabras, el seguimiento de Jesús permite que otros conozcan a Jesús y lo reciban. Jesús no tiene otra manera de llegar a los demás si no es a través de los discípulos. De ahí la importancia de la misión encomendada y la urgencia de realizarla con la mayor transparencia y radicalidad.

Finalmente, la referencia a los pequeños, a los pobres, a los últimos a los ojos humanos, nos recuerda que el evangelio siempre se pone del lado de los más necesitados y quienes quieren vivir el evangelio han de ponerse del mismo lado. Dar de beber a los más pequeños es reconocer que el reino se hace presente en lo más insignificante, en lo que el mundo desprecia.

En los textos del tiempo ordinario que hemos ido comentando los últimos tres domingos, la idea es la misma: Jesús confía a sus discípulos que realicen las obras que él hizo porque ahora ya no está entre nosotros y solo los discípulos pueden hacerlo presente para convocar a otros. Que Jesús encuentre en nosotros la generosidad suficiente para responder a su llamado y con fidelidad dar testimonio de sus obras.

 

lunes, 22 de junio de 2026

 

Las elecciones en Colombia: “Una derrota con sabor a triunfo”

Olga Consuelo Vélez

 

“Una derrota con sabor a triunfo” fueron las palabras que Iván Cepeda utilizó una vez conocidos los resultados de la votación de ayer 21 de junio. Y las repito porque me parece que expresan muy bien lo vivido en esta segunda vuelta de elecciones. Por muy poco no se consiguió el triunfo -menos de 1%-, pero fueron 12.708.712 votos, equivalentes al 48,70 % de las votaciones generales, los que se consiguieron, lo que expresa que hay mitad de país con una visión sociopolítica mucho más acorde con los valores humanos y cristianos que deberíamos vivir.

Mi reflexión no es política porque no es mi campo, es muy personal y lo hago desde la fe, porque soy una persona creyente. En el país no hay polarización, en el sentido de dos propuestas igual de buenas pero diferentes. En el país, como en el resto de nuestro mundo, la tensión entre el egoísmo capitalista y la justicia social, están presentes y lo que más se ve es lo primero. El poder del dinero y la mentalidad clasista y elitista siguen triunfando. Pero nuestro mundo no se derrumba porque hay esa “minoría abrahámica” (de la que hablaba Don Hélder Câmara) -minoría que no quiere decir solo creyentes sino gente buena y con valores que existe en tantos lugares del mundo- y por eso sigue existiendo el bien y la esperanza y tantos esfuerzos por un mundo mejor. La humanidad no se derrumba porque las figuras bíblicas sobre el reino de Dios, se hacen realidad una y otra vez: esa pequeña semilla de mostaza que crece y se hace un árbol grande o la semilla que es arrojada en todo tipo de tierra, o el trigo que no se deja ahogar de la cizaña, o la semilla que crece por si sola, en otras palabras, todo aquello pequeño y frágil que Jesús alabó, lo hacen vida y sus frutos -aunque tantos no los entiendan, ni los vean- se hacen vida donde otros tantos se empeñan en fomentar la muerte, se hacen solidaridad donde muchos solo quieren la competencia desleal.

Todo lo anterior mantiene mi esperanza intacta, mi fe inquebrantable y mis ganas de seguir proclamando “a tiempo y a destiempo” -como dice el escrito paulino (2 Tim 4, 2), que vale la pena seguir apoyando los proyectos sociopolíticos, económicos y culturales que privilegien la vida, el diálogo, la misericordia, el cuidado de la casa común, la comunión de bienes, el derecho de todos a vivienda, salud, educación, descanso, jubilación, etc., y continuar trabajando por transformar la mentalidad capitalista, clasista, racista, homofóbica y patriarcal a la escala de valores de las bienaventuranzas: felices los pobres, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que lloran, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 1-12).

La impresión dolorosa que me queda del día de ayer es pensar que media Colombia es de “ultra derecha”, ¿No conocemos las consecuencias de la ultraderecha en el mundo? La democracia y los derechos humanos se ponen en peligro. Muchos de ultraderecha dicen que no son de izquierda porque la izquierda significa guerrilla, comunismo, socialismo, castro chavismo (estos dos personajes ya difuntos), etc. Pero, además de repetir frases que tienen más mentira que verdad, creo que no es el juego entre derecha e izquierda sino entre avances sociales para todos y “economías que matan”, como bien dijo el papa Francisco. Pero la gente encandelillada con un “tigre” -ya el símbolo habla de poca humanidad y sí de mucha fuerza con sus garras (además de que así se expresó contra Cepeda: “No se equivoque, usted ya sabe lo duro que muerde el tigre… y todavía puede morder más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas”), aplaudiendo frases “populistas” como que con él se acabará el narcotráfico, la violencia, los terroristas, los secuestradores, los extorsionistas, los corruptos (se le olvida que ha defendido a corruptos), como si no lleváramos más de 60 años luchando contra esos grandes problemas. Abelardo promete una “Patria milagro” y el pueblo “manada” se lo cree. Eso sí, advirtió que el cambio no será inmediato ni fácil: dijo que “la recuperación exigirá trabajo, sacrificios, disciplina y perseverancia”, -eso es lo que siempre ha dicho el neoliberalismo de aguantar porque algún día se da el milagro de que se “derrame” la riqueza para los pobres. Eso nunca ha sucedido pero muchas personas lo siguen creyendo.

Sobreviviremos a estos años, como hemos sobrevivido a tantos gobiernos neoliberales. Perderemos mucho de lo conseguido, porque, aunque se empeñen en desprestigiar el gobierno de Petro, este ofreció un horizonte más humano y digno -lo cual suscitó todo el odio, rechazo y mentiras que los seguidores de Abelardo repiten sin ninguna comprobación de los hechos-. Pero que fue un gobierno valorado por la mitad de Colombia, también es verdad.

Ahora bien, no me digan que Dios eligió a este presidente. Lo eligieron sus seguidores y, de verdad, creo que profanan el nombre de Dios al invocarlo. Jesús no hubiera estado de ese lado de la historia. Si lo hubiera estado, no lo hubieran crucificado. Pero es que el Jesús de los evangelios es desconocido por tantos creyentes que han hecho del cristianismo una religión de la autoridad, la fuerza, el rito, la prosperidad, la individualidad y tantos otros antivalores tan lejanos del reino de Dios anunciado por Jesús, reino cuyos primeros y privilegiados destinatarios son los pobres, los pequeños, los que siguen apostando por el bien, aunque tanto mal los siga devorando y, tantas veces, se haga en nombre de Dios.