BAUTISMO DEL SEÑOR
Jesús inicia su
misión como Hijo de Dios
(11-01-2026)
Olga Consuelo Vélez
Entonces fue Jesús desde
Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se resistía
diciendo: Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le
respondió: Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos
la justicia plena. Ante esto Juan aceptó. Después de ser bautizado, Jesús salió
del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que
bajaba como una paloma y se posaba sobre él; se oyó una voz del cielo que
decía: Éste es mi Hijo querido, en quien me complazco (Mateo 3,
13-17).
fiesta del bautismo de Jesús señala
el comienzo de su vida pública. El texto nos permite ver la dificultad que, tal
vez, tuvo la primera comunidad sobre este hecho ya que son legítimas dos
preguntas: ¿cómo Jesús se va a bautizar con Juan si él es mayor que Juan? Y ¿de
qué se va a convertir Jesús si él es Hijo de Dios? Precisamente por esta
dificultad, Mateo presenta a Juan Bautista resistiéndose a bautizarlo y
reconociendo que es él quien necesita el bautismo. Hay que saber que Marcos no
tiene estos versículos de la resistencia de Juan a bautizarlo, Lucas no
presenta quién bautiza a Jesús y el evangelio de Juan no tiene relato del
bautismo. Precisamente esa diferencia en los evangelistas nos ayuda a concluir
que Jesús debió bautizarse y causó controversia con este hecho. De todas
maneras, este signo marca el inicio de su vida pública que, ya sabemos, no será
fácil, pero una vida pública respaldada por Dios, con las palabras que se
escuchan cuando se abren los cielos: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco”.
Si en el evangelio de Marcos la voz
que se oye se dirige directamente a Jesús, en el evangelio de Mateo las
palabras son dirigidas a todos los que debían estar allí. De esa manera se hace
más explícita la misión que Jesús va a comenzar y se afirma quién es él y cómo
Dios respalda esa misión.
Ahora somos nosotros los que
escuchamos este relato y hemos de preguntarnos a qué nos invita. En primer
lugar, conviene recoger ese gesto de conversión que expresa el bautismo. Jesús
lo realiza no porque tenga pecados, pero si porque su predicación implica una
conversión, un camino distinto a lo que los profetas de Israel habían señalado.
Jesús va enfatizar un cambio del castigo predicado por Juan Bautista a la
misericordia incondicional del reino. De ahí que sea preciso entender por dónde
irá el camino de Jesús para disponernos a seguirle. En segundo lugar, el texto
nos invita a proclamar no a un profeta sino al mismo Hijo de Dios entre
nosotros. Y esta es la gran diferencia. Profetas seguirán surgiendo, pero el
profeta Jesús no es uno más, es el mismo Hijo de Dios.
Seguiremos el ciclo litúrgico y
la misión de Jesús se irá desplegando en sus diversos aspectos. En ese camino
muchos irán abandonando el seguimiento. La invitación para nosotros es a
mantener la fidelidad a la misión que él mismo Hijo de Dios realizará entre
nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.