domingo, 15 de febrero de 2026

 

En Cuaresma: convertirnos “a la escucha del clamor de los pobres”

Olga Consuelo Vélez

 



El próximo 18 de febrero damos inicio a la cuaresma con la imposición de la ceniza. Cuaresma significa cuarenta días antes de la Pascua, recordando los cuarenta días de Jesús en el desierto. Es tiempo de conversión, es decir, tiempo de tomar el pulso a nuestra vida de fe para recrearla, avivarla, reorientarla.

La imposición de la ceniza es un sacramental que nos permite manifestar públicamente nuestro sincero deseo de conversión. De hecho, el que impone la ceniza dice las palabras “conviértete y cree en el evangelio”. Antiguamente se decía “polvo eres y en polvo te convertirás” porque se ponía más el énfasis en el sacrificio, la flaqueza humana, el pecado. Con Vaticano II y otros desarrollos actuales, el énfasis está más puesto en la disponibilidad para vivir el evangelio, respondiendo así a la gracia divina que no deja de alcanzarnos día tras día, aunque tantas veces no tengamos conciencia de ello.

Las cinco semanas de cuaresma nos van ayudando a preparar la celebración central de nuestra fe: el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección de Jesucristo. Precisamente para esta vivencia, el Papa León XIV nos ofreció un mensaje muy interpelante. Quisiera destacar algunos aspectos.

León XIV nos invita a “escuchar”, pero no cualquier escucha, sino la del “clamor de los oprimidos”, ese mismo clamor que Dios escuchó y respondió mandando a Moisés a liberar a su pueblo (Ex 3, 7-10). Continua el Papa diciendo que la “escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”. Una vez más, conecta la experiencia de escucha a Dios con la realidad que vivimos. Y más aún, afirma que “las Sagradas Escrituras, nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como él, hasta reconocer que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi te n.9).

Al menos en Colombia, este tiempo de cuaresma coincide con elecciones parlamentarias y preparación a las presidenciales. El mensaje de León XIV nos da claves para este compromiso sociopolítico que como cristianos estamos llamados a vivir. Lo que está en juego es la vida de los pobres y, su situación, ha de condicionar nuestras decisiones políticas. Es muy difícil ser capaces de romper con las corrientes neoliberales que invitan a sacrificar al pobre para alcanzar la justicia. Como bien lo dijo el papa Francisco, en su Exhortación Evangelli Gaudium, “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales (…). Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres” (n. 202.204). Y podríamos seguir leyendo esta Exhortación tan supremamente orientadora para nuestras decisiones socio políticas. Pero basta aquí esta referencia para recordar y reafirmar que la cuaresma no está ajena a lo que vivimos cada día y, en cada contexto, habrá que seguir escuchando la voz de los pobres para responderles. No solo con oración y buenos deseos sino con opciones éticas en todas las dimensiones de nuestra vida.

El mensaje de León XIV continúa hablando del ayuno, haciendo referencia al ayuno de palabra para no hablar mal de nadie, cosa muy legítima y necesaria. Aunque bien valdría que los creyentes tuviéramos una voz más profética para seguir insistiendo en esa voz de Dios que nos habla en la realidad, en los pobres, en la injusticia social. Con bastante certeza, muchos de los sermones de este tiempo de cuaresma se van a reducir a la dimensión personal, casi rayando en intimismo, y no en la conversión a la buena noticia del Reino que supone la dimensión social y cósmica. Tal vez, por esto, León XIV nos invita a vivir juntos y al compromiso ecológico, como otros aspectos claves para la vivencia de esta cuaresma. Así lo expresa el Papa: “En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”.

Iniciemos esta cuaresma pidiendo la conversión a la escucha del clamor de los pobres, mostrándolo en nuestro compromiso efectivo hacia ellos, con decisiones personales, comunitarias, sociales, políticas, económicas y eclesiales, donde ellos sean los primeros favorecidos.

(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)



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