En Cuaresma:
convertirnos “a la escucha del clamor de los pobres”
Olga Consuelo Vélez
El próximo 18 de febrero damos inicio a la cuaresma con la imposición de la ceniza. Cuaresma significa cuarenta días antes de la Pascua, recordando los cuarenta días de Jesús en el desierto. Es tiempo de conversión, es decir, tiempo de tomar el pulso a nuestra vida de fe para recrearla, avivarla, reorientarla.
La imposición de la ceniza es un sacramental que nos permite manifestar públicamente
nuestro sincero deseo de conversión. De hecho, el que impone la ceniza dice las
palabras “conviértete y cree en el evangelio”. Antiguamente se decía “polvo
eres y en polvo te convertirás” porque se ponía más el énfasis en el
sacrificio, la flaqueza humana, el pecado. Con Vaticano II y otros desarrollos
actuales, el énfasis está más puesto en la disponibilidad para vivir el evangelio,
respondiendo así a la gracia divina que no deja de alcanzarnos día tras día,
aunque tantas veces no tengamos conciencia de ello.
Las cinco semanas de cuaresma nos van ayudando a preparar la celebración
central de nuestra fe: el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección
de Jesucristo. Precisamente para esta vivencia, el Papa León XIV nos ofreció un
mensaje muy interpelante. Quisiera destacar algunos aspectos.
León XIV nos invita a “escuchar”, pero no cualquier escucha, sino la del “clamor
de los oprimidos”, ese mismo clamor que Dios escuchó y respondió mandando a
Moisés a liberar a su pueblo (Ex 3, 7-10). Continua el Papa diciendo que la “escucha
de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la
realidad”. Una vez más, conecta la experiencia de escucha a Dios con la realidad
que vivimos. Y más aún, afirma que “las Sagradas Escrituras, nos hacen capaces
de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no
quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa
dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como él, hasta reconocer que la
condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad,
interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas
políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi te n.9).
Al menos en Colombia, este tiempo de cuaresma coincide con elecciones
parlamentarias y preparación a las presidenciales. El mensaje de León XIV nos
da claves para este compromiso sociopolítico que como cristianos estamos
llamados a vivir. Lo que está en juego es la vida de los pobres y, su situación,
ha de condicionar nuestras decisiones políticas. Es muy difícil ser capaces de
romper con las corrientes neoliberales que invitan a sacrificar al pobre para
alcanzar la justicia. Como bien lo dijo el papa Francisco, en su Exhortación Evangelli
Gaudium, “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los
pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la
especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no
se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La
inequidad es raíz de los males sociales (…). Ya no podemos confiar en las
fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad
exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere
decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una
mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una
promoción integral de los pobres” (n. 202.204). Y podríamos seguir leyendo esta
Exhortación tan supremamente orientadora para nuestras decisiones socio políticas.
Pero basta aquí esta referencia para recordar y reafirmar que la cuaresma no está
ajena a lo que vivimos cada día y, en cada contexto, habrá que seguir
escuchando la voz de los pobres para responderles. No solo con oración y buenos
deseos sino con opciones éticas en todas las dimensiones de nuestra vida.
El mensaje de León XIV continúa
hablando del ayuno, haciendo referencia al ayuno de palabra para no hablar mal
de nadie, cosa muy legítima y necesaria. Aunque bien valdría que los creyentes tuviéramos
una voz más profética para seguir insistiendo en esa voz de Dios que nos habla
en la realidad, en los pobres, en la injusticia social. Con bastante certeza,
muchos de los sermones de este tiempo de cuaresma se van a reducir a la dimensión
personal, casi rayando en intimismo, y no en la conversión a la buena noticia
del Reino que supone la dimensión social y cósmica. Tal vez, por esto, León XIV
nos invita a vivir juntos y al compromiso ecológico, como otros aspectos claves
para la vivencia de esta cuaresma. Así lo expresa el Papa: “En este horizonte,
la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al
estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse
interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto
en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y
reconciliación”.
Iniciemos esta cuaresma pidiendo
la conversión a la escucha del clamor de los pobres, mostrándolo en nuestro
compromiso efectivo hacia ellos, con decisiones personales, comunitarias,
sociales, políticas, económicas y eclesiales, donde ellos sean los primeros
favorecidos.
(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)

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