Vivir la cuaresma
comprometidos con nuestra propia realidad
El año litúrgico nos permite celebrar los misterios de la fe
y, aunque da la impresión de una repetición cíclica, su objetivo es poder profundizar,
celebrar, renovar, la historia de salvación que Dios teje con su pueblo y que
ha de concretarse en nuestras propias vidas en cada contexto particular. Por
eso, comenzar la cuaresma este miércoles de ceniza es ocasión de volver sobre
su significado y llenarlo de experiencias actuales que mantengan la vitalidad
de nuestro cristianismo y nos libre de una mera repetición litúrgica.
Con la imposición de la ceniza se nos dice: “conviértete y
cree en el evangelio”. Pero, en estos tiempos que vivimos, ¿de qué convertirse?,
¿en cuál evangelio creer? Son necesarias estas preguntas porque, aunque
parecerían obvias las respuestas, no lo son tanto. En efecto, la conversión no
puede limitarse a la dimensión individual, sino que ha de abarcar también lo
social. El profeta Isaías (58, 1-12) claramente habla del ayuno que Dios
quiere, ayuno que cuestionaría las largas filas que se ven de gente
imponiéndose la ceniza (no ocurre en todos los países, pero al menos en
Colombia, muchas personas acuden a ponérsela) pero que no siempre implica un
compromiso transformador por parte de aquellos que la reciben. El profeta deja
claro que Dios quiere que se quiebre todo yugo, se parta el pan con el
hambriento, se albergue al que no tiene casa, se vista al desnudo, en otras
palabras, se enfrente la situación del hermano y se busque cambiarla.
Señalemos algunas de las situaciones que hoy se viven en
Colombia y que no deberían estar ausentes en la cuaresma: el inmenso trabajo por
construir la paz, tanto exigiendo que el gobierno implemente los acuerdos de
paz ya firmados como el que busque instancias de diálogo con los otros grupos
armados para seguir construyéndola. También está la situación de la migración
venezolana que, efectivamente, está cambiando la realidad colombiana. Pero es
fácil exigir a los europeos que no cierren las fronteras a los migrantes
africanos que llegan a sus costas, pero ahora nos resulta duro abrir las
nuestras a los migrantes de este país hermano. Que decir de los líderes
asesinados y de todo este malestar social que se está expresando en las marchas
que se han dado en los últimos meses. Ahora bien, tener estas situaciones y
tantas otras presentes en cuaresma no puede ser con la lógica del que se empeña
en acabar con los otros a la fuerza (los que no quieren diálogos de paz) o de creer
que todos los que protestan son unos maleantes que quieren destruir lo público.
Por el contrario, la vida cristiana debería ser esa “levadura” que va
fermentando la masa (Mt 13,33) con los valores del reino: misericordia, perdón,
reconciliación, paz, diálogo, discernimiento, denuncia y anuncio, etc., sin
dejarse llevar por la lectura acrítica o ingenua o mentirosa (fake news), tan
presente en estos tiempos.
Y ante la pregunta ¿en qué evangelio creer? No puedo menos
que tener presente el Carnaval de Río de Janeiro que acaba de pasar, en el que
una de las escuelas de samba “Mangueira” presentó en su desfile una canción
titulada “la verdad te hará libre”, con una letra que, en verdad, “sabe” a
evangelio. En la canción se identifica a
Jesús con “rostro negro, sangre indígena, cuerpo de mujer, joven de favela”, “hijo
de un carpintero desempleado y de María de los dolores de Brasil”, denuncia la
situación que viven y sigue apostando por el compartir, por el desarme, por la
esperanza en medio de las situaciones tan duras que atraviesan, donde Cristo es
crucificado nuevamente “por los profetas de la intolerancia”. Es imposible
describir el significado completo de esa canción sin meterse en el corazón del
carnaval y en el sentimiento de las, tal vez 4.000 personas que componen ese grupo,
cantándola durante una hora en su desfile por el Sambodromo, acompañados de la
majestuosidad de las carrozas y disfraces de los integrantes. Lógicamente, el evangelio no es una
presentación de carnaval, pero allí se dijo con más claridad, más vida, más
encarnación, lo que muchas predicaciones no saben decir. Con seguridad algunos habrán
quedado escandalizados de que se hablara y se personificara a Jesús en el
carnaval. Pero seguro que Jesús no se escandaliza. Él vive en el corazón de los
pueblos y sabe reconocer en sus expresiones una fe sincera, viva, con todo lo
que son y sienten.
En fin, el objetivo no es discutir sobre el carnaval sino preguntarse,
una vez más, sobre lo esencial del evangelio y sí es eso lo que vivimos y
anunciamos. Cuaresma es tiempo de conversión al evangelio de Jesús, pero al de
los orígenes, al del anuncio del reino, a aquel que no se acomoda al status quo
establecido. Que este tiempo de preparación, reflexión, interiorización,
compromiso para vivir la Pascua este lleno de la vida concreta, identificando
las cruces actuales de manera que no ahorremos esfuerzos para hacer posible que
la resurrección de Jesús las venza definitivamente.
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