miércoles, 1 de abril de 2026

Vivir el servicio y el amor al estilo de Jesús

Jueves Santo

(1-04-2026)

Olga Consuelo Vélez

 




Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dice: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?». Jesús le replicó: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dice: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». Simón Pedro le dice: «Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dice: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos están limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “el Maestro” y “el Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros: yo les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan» (Jn 13, 1-15).

El jueves santo se celebra como el día del amor fraterno/sororal, el día de la eucaristía, el día del sacerdocio. El orden en que estoy escribiendo estas celebraciones ya dice mucho del significado y relación entre ellas. Lo primero, correspondiente al texto de Juan que hoy leemos en la celebración habla de cómo ha de ser el amor entre nosotros. Y, en este sentido, Jesús no da una teoría sino realiza una acción: el lavar los pies a los suyos. Recordemos que el acto de lavar los pies era tarea de los esclavos, cuando se llegaba a una casa, como símbolo de acogida, el esclavo lavaba los pies de los invitados, no los dueños de la casa. Esto nos permite ver el gesto “contracultural” que Jesús realiza y la radicalidad con la que nos habla del amor fraterno/sororal. No es a modo de amar a los que nos aman, es amar a todos, aunque no nos amen, aunque nos incomoden, incluso aunque nos hagan daño. Recordemos que en otros textos Jesús pone ejemplos concretos sobre todas estas posibilidades. Esto es porque la propuesta del amor cristiano es amar con el mismo amor de Dios y este amor es de misericordia infinita, de entrega hasta el hacerse siervo de los otros.

Sin embargo, conviene aclarar dos cosas. La primera que el amor no es patrimonio exclusivo del cristianismo. Todas las religiones y todas las personas sin religión aman y son amadas. Lo distintivo es lo que dije antes: llegar a amar con el mismo amor infinito del Dios de Jesús que se hace esclavo de los que ama. La segunda es aclarar que no hemos de entender ese “hacerse esclavo” como sumisión, como menoscabar la propia dignidad por amar a los otros. Eso le ha sucedido mucho a las mujeres porque al interpretar así el amor cristiano las ha hecho sumisas hasta el punto de perder la propia dignidad en aras de la familia -esposo e hijos- o en los puestos de trabajo -aguantar abusos sexuales para mantener el trabajo-. El amor cristiano que se hace esclavo es en aras de la defensa del prójimo, del luchar por la justicia, por la igualdad, por la vida digna para todos. En ningún caso es el sacrificio por el sacrificio o la humillación por la humillación.

Todo esto le da el contenido más propio a las otras realidades que celebramos hoy. La eucaristía es signo sacramental de ese amor de nuestro Dios, haciéndose alimento para sostener nuestra vida, para transformarnos en el mismo amor que es Él. Por eso hay que repensar la participación eucarística, la cual no puede estar ajena al compromiso comunitario, como tampoco la adoración de la eucaristía sin referencia a la justicia social. Jesús reparte su cuerpo a la comunidad para mostrarles cómo deben amarse unos a otros, no para pedirles adoraciones o sacrificios que muchas veces desvirtúan la concepción de Dios y el bien común por el que debemos velar.

Finalmente, el sacerdocio, entendido como sacramento de mediación entre Dios y los seres humanos, es un sacerdocio de servicio no de honor, de hacerse esclavo de todos y no del clericalismo recalcitrante en el que tanto insistió el papa Francisco al dirigirse a los ministros ordenados que no tiene nada que ver con el ministerio que deben realizar. No olvidemos también el sacerdocio común de todos los fieles en la iglesia, por el bautismo que recibimos, para alegrarnos por ser llamados a ser estos mediadores del mismo Dios a todos los que nos rodean.

Celebremos entonces este Jueves Santo viviendo el amor y el servicio al estilo de Jesús, mostrando que la eucaristía que recibimos es efectiva en nuestra vida, transformándonos en Aquel a quien recibimos.


martes, 24 de marzo de 2026

 

Jesús entra a Jerusalén como rey humilde

Domingo de Ramos

(29-03-2026)

Olga Consuelo Vélez

 



(En la liturgia de hoy se lee todo el relato de la pasión. Pero al inicio se lee el texto de la entrada a Jerusalén. Solo transcribo este pasaje).

Al llegar cerca de Jerusalén, entraron en Betfagé, junto al monte de los Olivos. Entonces Jesús envió a dos discípulos diciéndoles: Vayan al pueblo de enfrente y enseguida encontrarán una burra atada y su cría junto a ella. Desátenla y tráiganla. Si alguien les dice algo, ustedes le dirán que el Señor la necesita. Y enseguida los devolverá. Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta: Digan a la ciudad de Sión: mira a tu rey que está llegando: humilde, cabalgando un burrito, hijo de asna. Fueron los discípulos y, siguiendo las instrucciones de Jesús, le llevaron la burra y su cría. Echaron los mantos sobre ellos y el Señor se montó. Una gran muchedumbre alfombraba con sus mantos el camino. Otros cortaban ramas de árbol y cubrían con ellas el camino.  La multitud, delante y detrás de él, aclamaba: ¡Hosana al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosana en las alturas! Cuando entró en Jerusalén, toda la población conmovida preguntaba: ¿Quién es éste? Y la multitud contestaba: Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea (Mateo 21, 1-11)

Comenzamos la Semana Mayor o triduo pascual y el texto de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén da inicio a estas celebraciones. Como es costumbre en el evangelio de Mateo, lo que Jesús está viviendo es el cumplimiento de las Escrituras. Por eso el evangelista hace referencia al texto de Zacarías (9,9) donde ya se anunciaba a la ciudad de Sion (se refiere a Jerusalén) que llegaría su rey, pero es un rey humilde, cabalgando en un burrito, hijo de asna. Es decir, todo lo contrario del reinado que esperaba el pueblo de Israel.

La escena es muy positiva porque la multitud recibe a Jesús y le reconocen como Hijo de David. Baten palmas y ante la pregunta que hacía la gente de quién es Él, la multitud lo reconoce como un profeta. Todo parece indicar que la misión de Jesús está en su mejor momento y sus frutos son evidentes.

Pero, como lo celebraremos en los días que siguen, este recibimiento no coincide con lo que están pensando las autoridades de Israel y muchos del pueblo. Ese Jesús triunfante en la entrada de Jerusalén, será perseguido, prendido y crucificado. La lectura del evangelio correspondiente a toda la pasión, mostrará toda la trama. Los poderosos ganarán terreno y conseguirán que hasta los suyos lo abandonen. Pero la fidelidad de Jesús se mantendrá y esta será la posibilidad de llegar a la resurrección. Hubiera sido fácil retractarse, responder a las expectativas de los que le alabaron, ceder a las presiones de las autoridades judías. Pero ese rey humilde seguirá cumpliendo lo dicho por las escrituras.

Preparémonos para la vivencia de esta semana mayor y, nosotros que estamos acompañando a Jesús en su entrada a Jerusalén, busquemos permanecer con él en su pasión para participar también de su resurrección. De nuestra fidelidad dependerá que el evangelio sea anunciado como lo hizo Jesús: desde la humildad, del lado de los pobres, con amor incondicional para toda la humanidad.

martes, 17 de marzo de 2026

 

Confesar a Jesús, el Cristo, dador de vida eterna

V Domingo de Cuaresma

(22-03-2026)

Olga Consuelo Vélez



En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: Señor, el que tú amas está enfermo. Jesús, al oírlo, dijo: Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección el último día. Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: ¿Dónde lo han enterrado? Le contestaron: Señor, ven a verlo. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo le quería! Pero algunos dijeron: Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podría haber impedido que este muriera? Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: Quiten la losa. Marta, la hermana del muerto, le dijo: Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días. Jesús le replicó: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: Lázaro, sal afuera. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: Desátenlo y déjenlo andar. Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él (Jn 11, 3-7-17.20-27.33-45).

En todos estos domingos de cuaresma el evangelista Juan nos presenta a Jesús en relación con diferentes personajes, estableciendo diálogos que ayudan a profundizar en quién es Jesús. Con la samaritana Jesús se presenta con el que quita la sed, con el ciego de nacimiento como el que devuelve la vista y en el texto de hoy, la resurrección de Lázaro, como quien da la vida y una vida para siempre.

Este texto es bastante conocido, pero conviene recordar algunos detalles. El evangelista muestra el profundo amor que viven estos hermanos con Jesús. Cuando le anuncian a Jesús de la enfermedad de Lázaro le dicen: “el que amas está enfermo”. Posteriormente el texto dice: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” y ante la muerte el texto dice “Jesús se conmovió, se estremeció y se echó a llorar”. Jesús realmente establece relaciones de amor sincero y leal con sus contemporáneos.

El diálogo que Jesús establece con Marta es fundamental en el texto. Porque ella, en cierto sentido, le reprocha que no hubiera estado allí antes, para que su hermano no muriera. Pero seguidamente profesa su fe judía en la resurrección al final de los días. Es entonces cuando Jesús le ayuda a cambiar la perspectiva afirmando que él es la resurrección y la vida y si ella cree esto, su hermano resucitará. Entonces Marta hace una confesión de fe, de igual talante que aquella que hace Pedro cuando Jesús le pregunta a sus discípulos ¿Quién dicen los hombres que es él? Y Pedro contesta: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 13-16). En este pasaje Marta dice lo mismo: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”. La confrontación de estos dos pasajes nos permite reafirmar que la confesión de fe en Jesús como el Cristo, es hecha por un varón y una mujer, mostrando esa igualdad fundamental de los que estuvieron con Jesús y que, durante siglos se ha invisibilizado en lo que respecta a las mujeres.

El texto continúa profundizando el signo que constituye este hecho de la muerte y resurrección de Lázaro. Jesús, contra todo pronóstico, ya que Lázaro llevaba cuatro días muerto, como dice Marta, pronuncia las palabras de “Lázaro, sal fuera” y así sucedió. El énfasis no está en lo milagroso del acontecimiento sino en el signo que se descubre con la presencia de Jesús en este hecho. El texto termina diciendo que muchos judíos que estaban allí presentes creyeron en Jesús.

Sin embargo, aunque esto no se lee en el texto de hoy, la decisión que toman otros judíos es la de darle muerte. En otras palabras, los signos que Jesús realizó en su vida pública permitieron que muchos creyeran y le siguieran, pero también desataron controversia y muchos otros decidieron matarle. Normalmente el bien y la bondad encuentran oposición férrea de quienes no están dispuestos a aceptar ese amor de Dios incondicional y sin medida y deciden matarle.

Esa es la interpelación para nosotros también hoy: ¿creeremos en Jesús y su mensaje o tergiversamos, distorsionamos o negamos dicho mensaje? Nuestras obras serán las que den respuesta a estas preguntas.

 

viernes, 13 de marzo de 2026

 

Pensando en el presente y en el futuro de la política colombiana

 

Olga Consuelo Vélez




 

Una vez realizadas las elecciones para senado y cámara y las diversas consultas, el pasado 8 de marzo, quiero dar mi punto de vista sobre lo que se vislumbra en la próxima jornada electoral para presidente de la nación.

Antes de decir algo para el futuro, diré una palabra sobre el presente. Considero que la presidencia de Gustavo Petro ha sido, en líneas generales, buena. La alta aprobación que muestra al final de su mandato, lo corrobora. Me disgustan ciertos aspectos de su personalidad, pero me parece muy buena la idea de país que tiene y las propuestas que ha querido llevar a cabo en nuestro país, pensando siempre en una sociedad más justa en la que los derechos, especialmente, para los más desfavorecidos, están en primera línea.

Sabemos que el congreso ha sido el mayor obstáculo para llevar a cabo su plan de gobierno. Un congreso que no debate las reformas, sino que se alía para obstaculizarlas, no merece ocupar ese espacio de gobierno. Los resultados de las elecciones del pasado 8 de marzo, dejan ver que hay una porción de pueblo colombiano que, con mucha razón, ha dejado de votar por tanto congresista que se sitúa en la oposición, sin criterio, ni argumentos, solamente con el deseo de hacerle mal al gobierno actual. Hubiera sido de desear una renovación mayor y no elegir a más de uno de los que repiten curul, pero los cambios son muy lentos y la oposición no solo está situada en los congresistas sino en esa otra porción del pueblo colombiano que más que razones y argumentos, actúa desde un “odio visceral” a todo lo que venga de Gustavo Petro. En efecto, su pasado guerrillero y su voz contundente y directa contra los males que afectan a este país, se rechazan sin ser capaces de valorar al ser humano que desde joven estuvo comprometido con el devenir de Colombia y fue capaz de firmar un acuerdo de paz con su grupo guerrillero y cumplirlo. Además, se ha dedicado a la política con honestidad, tesón, empeño, esfuerzo, sin decaer, hasta el día de hoy, en trabajar por una Colombia distinta, aunque sus opositores sean tantos y las consignas repetidas por los medios de comunicación, casi siempre, sin fundamento, tengan tanto peso en la mentalidad de muchos colombianos. 

Termina su gobierno y deja para la historia una manera de situarse desde los últimos, trabajando por sus derechos, aunque haya tenido una oposición tan férrea e irracional. Deja para la historia una capacidad de comprender el mundo de hoy y proponer líneas de acción, tantas veces, como una voz en el desierto, en cuestiones ecológicas, de paz, de diálogo, de respeto por los derechos humanos. No dudo de que le ha debido ser muy dolorosa, la deshonestidad de tantos en los que creyó y les confío responsabilidades pero que cayeron en la lógica del engaño, el enriquecimiento ilícito, el seguir favoreciendo las maquinarias de siempre y no supieron tener la honestidad que debería tener todo ser humano en las responsabilidades que se le confían. En conjunto, creo que han sido cuatro años de trabajo y esfuerzo y eso ha hecho camino en una porción de la sociedad colombiana, camino que se ha manifestado en las urnas.

Y viene pensar en el futuro. Por supuesto apoyo a Iván Cepeda porque tiene una visión de país en concordancia con lo que he dicho anteriormente y porque ha sido un defensor de los derechos humanos y un trabajador por la paz. Ha participado en los esfuerzos por construir la paz con los grupos armados y tiene en su historia el dolor del asesinato de su padre por agentes del Estado en complicidad con los paramilitares. Su defensa de las víctimas ha sido clara y decidida. Se ha destacado como congresista y el plan de gobierno que está presentando en su campaña tiene coherencia, fundamento y muestra el compromiso con las víctimas, con la justicia social y la búsqueda incansable por la paz.  

Escoger a Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial es un esfuerzo sincero por la inclusión de los pueblos indígenas, durante siglos relegados y aún hoy despreciados por muchos sectores de Colombia. Ella como una lideresa comprometida con su pueblo, en la defensa de sus territorios, sus culturas y sus derechos colectivos, nos interpela y devela nuestra mentalidad colonial tan arraigada en nuestra realidad donde el color de piel, la etnia, las tradiciones culturales se han convertido en desigualdades y exclusiones sociales. Pero seguimos apostando por romper todas esas barreras, como hace cuatro años se hizo con Francia Márquez.

No tenemos fácil el futuro porque todas las fuerzas opositoras se van a aliar para ir en contra del gobierno progresista, más por el odio visceral del que hablé antes que por razones fundamentadas y verídicas. No creo que ningún candidato sea “excepcional” y todo su programa sea “excelente”. Como toda realidad humana ni los programas y, menos los candidatos, son perfectos. Pero apuesto por los que me parecen más honestos, más comprometidos, con valores más cercanos a la fe que profeso.

Y para finalizar, ver a los hijos de Galán alineados con la derecha, duele por lo que significó su padre en el momento que fue asesinado, y, me pregunto ¿qué hará ahora esa porción de colombianos, muchos de ellos que se llaman creyentes, que siempre se han opuesto a la diversidad sexual, con la figura de Oviedo como vicepresidente? ¿Preferirán votar por esa dupla con tal de que no gane el progresismo? No sería raro, porque si fueron capaces de votar por Rodolfo Hernández en el pasado, no es de extrañar que voten por la dupla uribista o por la derecha similar de Abelardo. El odio visceral es capaz de callar sus conciencias y se prefiere matar al niño que es reclamado por las dos madres antes que reconocer los logros del progresismo y la integridad personal de los candidatos actuales del Pacto Histórico (me refiero a la historia del juicio de Salomón frente a dos madres que reclaman al niño que ha quedado vivo, aduciendo que es suyo y la verdadera madre es quien es capaz de ceder sus derechos para salvar al niño, mientras que la impostora quiere que lo maten con tal de que no se lo entreguen a la otra mujer. Ver: 1 Re 3, 16-28).

Sigue la campaña hacia la presidencia y vicepresidencia y con ello el compromiso de seguir despertando conciencias para que nuestra elección se ponga del lado de la justicia social, la paz, la ecología, etc., y no de los programas que siguen anclados en la “economía que mata” o en la lógica de la guerra y la muerte, que tanto denunció el Papa Francisco. ¡Ojalá que se gané en primera en vuelta y el deseo de una Colombia más justa y en paz pueda seguir siendo el objetivo a alcanzar!

(Foto tomada de: Iván Cepeda confirma que Aida Quilcué será su fórmula vicepresidencial | La Voz del Cinaruco)

 

lunes, 9 de marzo de 2026

 

Creer en Jesús rompiendo nuestras cegueras

IV Domingo de Cuaresma

(15-03-2026)

Olga Consuelo Vélez

 

Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? Jesús contestó: Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios (…) Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.  Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé. Fue, se lavó y al regresar ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban: ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna? Unos decían: Es él. Otros decían: No es, sino que se le parece. Él respondía: Soy yo. Así que le preguntaron: ¿Cómo [pues] se te abrieron los ojos? Contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista. Le preguntaron: ¿Dónde está él? Responde: No sé. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista. Les respondió: Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo. Algunos fariseos le dijeron: Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un pecador hacer tales milagros? Y estaban divididos. Preguntaron de nuevo al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? Contestó: Que es profeta (…) Le contestaron: Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones? Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo: ¿Crees en el Hijo del Hombre? Contestó: Quién es, Señor, ¿para que crea en él? Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo. Respondió: Creo, Señor. Y se postró ante él. Jesús dijo: He venido a este mundo para un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos. Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron: Y nosotros, ¿estamos ciegos? Les respondió Jesús: Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen que ven, su pecado permanece (Jn 9, 1-17.34-41).




Este cuarto domingo de cuaresma la liturgia nos ofrece otro encuentro de Jesús con una persona, en este caso, un ciego de nacimiento. El texto tiene varios detalles a tener en cuenta. Parte de la creencia de los discípulos en la ley de la retribución en la que el mal que le afecta a una persona tiene alguna casa personal o de sus padres. Jesús no acepta dicha ley y así se lo expresa a sus discípulos. El hecho ocurre en sábado y la curación se realiza con la arcilla que Jesús pone en los ojos del ciego. Trabajar la arcilla en día sábado es inaceptable para el descanso sabático, lo mismo que curar ese día. Con esto ya vemos la postura de Jesús ante la Ley: está ha de estar al servicio de la vida y no al contrario.

Pero lo central del texto se desprende de la afirmación que hace Jesús sobre sí mismo: “yo soy la luz del mundo” y, precisamente porque es luz, puede devolver la vista al ciego. Así lo hace, pero el ciego no sabe todavía quién es Jesús. Una vez que el ciego regresa ya curado a la sinagoga, es interrogado por los fariseos sobre quién lo curó. El ciego les cuenta cómo sucedieron las cosas, pero todavía ve en Jesús, solo a un hombre que le devolvió la vista. Los fariseos, por su parte, no aceptan tal curación -aunque algunos parecen ceder ante el hecho al afirmar que cómo podría hacer tales milagros si Jesús fuera pecador. Sin embargo, se resisten a creer y expulsan al hombre curado de la sinagoga.

Cuando Jesús se entera de la expulsión vuelve a encontrarse con este hombre y le hace la pregunta directa si cree en el Hijo del hombre. El ciego le pregunta quién es para poder creer y Jesús le revela que es él. Efectivamente, el ciego cree y no solo lo afirma, sino que se postra ante él. Pero los fariseos no creen y le preguntan si ellos están ciegos. Jesús les responde que, si estuvieran ciegos, no tendrían pecado, pero ellos dicen ver y se niegan a reconocer en Jesús la luz que ha de venir al mundo. Por eso, el pecado permanece en ellos.

Como en tantos pasajes en que Jesús confronta a los fariseos, se ve el contraste entre ellos que dicen cumplir la ley y los que no la cumplen y si son capaces de escuchar y creer. Por eso pueden ver y reconocer a Jesús como el Hijo del hombre. El texto nos invita a preguntarnos si también nosotros creemos o, como los fariseos, permanecemos en el pecado. Cuaresma, tiempo de conversión, nos invita a creer en Jesús, rompiendo todas nuestras cegueras.

 

 


viernes, 6 de marzo de 2026

 

8 de marzo, conmemoración del día de la mujer: tiempo de no bajar la guardia

Olga Consuelo Vélez



Cada año seguimos conmemorando el Día Internacional de la mujer y según la ONU, ningún país ha logrado cerrar las brechas legales entre hombres y mujeres. Sólo el 64% de los logros legales que tienen los hombres, alcanza a las mujeres. En materias de trabajo, dinero, seguridad, familia, propiedad, movilidad, negocios y jubilación la ley es desfavorable para las mujeres. Las mujeres siguen enfrentándose a leyes desfavorables y a obstáculos arraigados, e incluso retrocesos para alcanzar la igualdad ante la justicia. Si sigue ese ritmo, se tardarán 286 años en cerrar las brechas de protección legal. Por este motivo, el lema de la ONU para este año 2026 es “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas” porque “nos negamos a dar un paso atrás o a abandonar nuestro mandato. En cambio, avanzamos juntas, por los derechos y el empoderamiento de todas las mujeres y niños”.

Sin embargo, una mirada menos comprometida está arraigada en muchas personas del común de la sociedad. Mujeres y varones opinan que no hay discriminaciones contra las mujeres e, incluso, muchas mujeres afirman que ahora los varones son las “víctimas” porque las mujeres los golpean o en los tribunales fácilmente los condenan por feminicidio y también existe el discurso de que las cosas ya están bien y los reclamos de las mujeres incomodan, crean mal ambiente y no debemos ser, justamente las mujeres, las que propiciemos ese clima.

Así es nuestra realidad en tantas situaciones. Gente con agudeza intelectual y moral para luchar por los cambios y transformaciones necesarias y muchas personas acomodadas a su entorno pequeño, sin muchos juicios críticos sobre los problemas de nuestra realidad, viviendo el día a día en su pequeño mundo.

No podemos negar que algunos actos violentos que surgen en protestas de activistas feministas, han sido ocasión propicia para seguir reforzando esa mirada en contra de cualquier reclamo de las mujeres. Y tampoco podemos negar que la condición humana, de varones y mujeres, hace que los dos sexos cometamos actos y acciones violentas que no nos exentan de la culpa. Pero siempre hay que mantener la capacidad crítica para no desacreditar todo el movimiento feminista por los actos reprochables que se han dado y que hubiera sido deseable no se dieran. Ahora bien, no todos los actos son violentos, pero si son actos que incomodan y desinstalan. Para no ir muy lejos, ya en España, el movimiento “La revuelta de las mujeres en la Iglesia”, se adelantó a este 8 de marzo, haciendo plantones en la puerta de varias catedrales a lo largo de España, con el lema “Este es mi cuerpo” y no tardaron mucho en tildarlas de “sacrílegas” por utilizar esta expresión, considerada “eucarística” (por gente de iglesia), en su activismo social. Pero lo que pretendieron fue muy legítimo y válido: el cuerpo de las mujeres es sagrado, como el de todos los seres humanos y, por eso, no puede ser objeto de discriminación de ningún tipo y menos en el ámbito eclesial.

Contando con todo lo anterior, sería bueno preguntarnos a fondo, de qué lado queremos estar. Y si somos personas creyentes, preguntarnos si nuestra fe nos desinstala y nos permite el juicio crítico que tuvo el mismo Jesús sobre la sociedad de su tiempo y que tantas otras personas a lo largo de la historia han sabido mantener e incluso dar la vida por esta causa, luchando por su transformación. Porque no lo olvidemos: Jesús en la sociedad patriarcal de su tiempo, se relacionó con las mujeres de igual a igual (mujer samaritana), las ayudó a superar las exclusiones que las mantenían en un segundo lugar (hemorroísa, mujer encorvada, siriofenicia, etc.) y las llamó a integrar su comunidad como verdaderas discípulas, haciendo a una de ellas -María Magdalena- la primera testiga de su resurrección.

Por todo esto, es tiempo de no bajar la guardia, empujando la transformación de la sociedad patriarcal porque todos -mujeres y varones- tenemos derecho a vivir en una sociedad sin exclusiones de ningún tipo y, mucho menos en razón del sexo. Y, por supuesto, seguir luchando porque también en la Iglesia esa igualdad sea una realidad. Se han dado pasos y son de celebrar, pero mientras persistan lugares, funciones y ministerios, negados a las mujeres, no es real la igualdad fundamental y el testimonio eclesial no puede ser creíble.

Agradezcamos en este día a tantas mujeres valientes que nos abrieron camino, para hoy gozar de las oportunidades que muchas mujeres tenemos, oportunidades de las que no gozan todas. Y sigamos denunciando esa mentalidad “patriarcal” tan arraigada en varones y mujeres que nos hace acomodarnos a la sociedad, tal y como ella es, y donde nos dicen que ya todo está bien y que nos vemos “más femeninas” si no seguimos incomodando a nadie. Ojalá no nos cohíba ese contexto social, sino que “no bajemos la guardia” hasta que nuestro mundo sea, en verdad, como Dios lo quiere: varón y mujer a imagen suya (Gn 1, 27), sin ninguna discriminación.

 


miércoles, 4 de marzo de 2026

 

Una mujer y samaritana, anunciando a Jesús, el Cristo

III Domingo de cuaresma

(08-03-2026)

Olga Consuelo Vélez

Llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: Dame de beber. Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. Le responde la samaritana: ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. Le dice [la mujer]: Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños? Le contestó Jesús: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna. Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla. (…) Le dice la mujer: Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto. Le dice Jesús: Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Ustedes dan culto a lo que no conocen, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad. Le dice la mujer: Sé que vendrá el Mesías, es decir, Cristo. Cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dice: Yo soy, el que habla contigo. (…) En aquel pueblo muchos creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo lo que hice. Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra; y le decían a la mujer: Ya no creemos por lo que nos has contado, porque nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo (Juan 4, 5-15. 19-26.39-42) (Por la extensión del evangelio de hoy, asumimos la versión corta, permitida en la liturgia)



El evangelio de este tercer domingo de cuaresma es el conocido pasaje del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Este texto lo podemos dividir en cuatro partes: Jesús llega a un lugar y se sienta junto a un pozo, allí llega la samaritana y Jesús dialoga con ella, una vez se ha ido la mujer Jesús dialoga con sus discípulos y, finalmente, los habitantes de la región van a encontrarse con Jesús. Como el texto es muy largo, normalmente en la liturgia se omite los datos de la vida de la mujer sobre sus maridos y el diálogo con los discípulos.

Lo sorprendente del texto es que Jesús sea el que inicie conversación con una mujer y, más extraño aún, que ella sea samaritana. El mismo evangelista recuerda la enemistad entre judíos y samaritanos. Con la petición que le hace Jesús de que le de beber se posibilita toda una secuencia en la mujer de comprensión de quién es Jesús. En un primer momento la mujer le dice “cómo tú siendo judío” (v. 9), después lo llama “Señor, no tienes con qué sacarla” (v. 11), más adelante, cuando Jesús le muestra que conoce su vida, ella le dice “veo que eres un profeta” (v. 19) y cuando va a contarte a los suyos de su encuentro con Jesús, se pregunta ¿no será el Cristo? (v. 29).

Por parte de Jesús, la petición que le hace a la mujer le permite a ella ir profundizando en su propia sed, para pasar del agua física al agua de la vida eterna que Jesús le está ofreciendo. El texto dice que la mujer dejó el cántaro para ir a anunciarle a los suyos lo que había vivido. Es decir, ella encontró esa agua que en verdad calma la sed.

El diálogo con los discípulos no se refiere al agua sino a la comida que ellos le han traído, pero en este caso también Jesús les hace pasar del alimento material al alimento de hacer la voluntad del Padre. Ese es el verdadero alimento de Jesús.

El texto concluye con los samaritanos que ya no creen solamente por lo que la mujer les ha dicho sino porque ellos mismos han oído a Jesús y reconocen en él al Salvador del mundo. Como es típico del evangelio de Juan, el primer paso es escuchar para luego creer. Eso es lo que ha sucedido con los samaritanos.

Este pasaje nos invita también a reconocer el protagonismo de las mujeres en la obra evangelizadora. La samaritana anuncia la buena noticia que recibe y da frutos porque los samaritanos que la escucharon también comienzan a creer en Jesús.

El pasaje nos lleva, entonces, a la confesión de fe cristológica más allá de las fronteras de Israel, adquiriendo una dimensión más universal. Para nosotros, este evangelio también puede ser una llamada a ir más allá de las propias fronteras. Descubrir la sed que hoy sienten nuestros contemporáneos y testimoniar que Jesús también calma su sed porque él llega a todos, sin ningún tipo de exclusión, ni discriminación.

domingo, 1 de marzo de 2026

 

En cuaresma, redoblar en oración, ayuno y limosna

Olga Consuelo Vélez

 

Cuaresma es el tiempo litúrgico de cuarenta días de preparación para la Pascua, misterio central de nuestra fe. Este año, la cuaresma comenzó el 18 de febrero con el miércoles de ceniza y se prolongará hasta el jueves santo. Por tanto, este mes de marzo se nos ofrece como una posibilidad honda de vivir esta experiencia, buscando los mejores frutos. Para la vivencia de este tiempo cuaresmal se nos recomienda la oración, el ayuno y la limosna. Digamos una palabra sobre cada una de estas mediaciones.

Sobre la oración, en la actualidad encontramos, en algunos círculos, un interés por ella, buscando medios, modos, talleres, etc., que ayuden a la concentración y, por tanto, al encuentro con Dios. Por supuesto, el silencio facilitado por la respiración, la postura corporal o el ambiente, ayudan a tomar conciencia de sí mismo y de la presencia de Dios en nuestro interior. Pero esto no es suficiente si hablamos de oración cristiana. Los evangelios nos dicen que Jesús se retiraba a orar, pero siempre en relación con la vida que llevaba. Por ejemplo, Lucas nos dice que “su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades, pero él se retiraba a los lugares solitarios donde oraba” (5, 15-16) o después de la multiplicación de los panes, una vez que despide a la gente “subió al monte a solas para orar” (Mt 14, 23). También se nos habla de la oración de Jesús en momentos muy importantes de su vida: al inicio de su ministerio en Galilea (Mc 1, 35); antes de elegir a los doce (Lc 6, 12) y en Getsemaní, antes de su pasión (Mc 14, 32; Mt 26, 36-39; Lc 22,41). Estas referencias bíblicas, a la oración del mismo Jesús, nos invitan a ser personas de oración, pero velando siempre porque la oración integre la vida y no nos aleje de ella. Como también enseñó Santa Teresa de Jesús, reconocida maestra de oración, la oración es un diálogo de amistad, de amor, un diálogo para hablar de la vida, un diálogo para conocer mejor a Jesús, a ese que vivió en la historia, teniendo amigos, sintiendo miedo, comiendo con pecadores y publicanos, ayudando a los necesitados de su tiempo, dando buenas noticias a los suyos. Revisemos, por tanto, nuestra vida de oración. Que sea ese encuentro de amor con Jesús el que nos lance al servicio, a la generosidad, a la preocupación por los más necesitados. Todas las demás prácticas que hagamos serán buenas, en tanto en cuanto, den esos frutos.

Sobre el ayuno, en estos tiempos hay muy diferentes posturas. Algunos lo cumplen estrictamente, otros lo entienden más como un compartir que como un privarse de alimentos y hay muchos que no lo practican. Lo que interesa es encontrar su sentido para que también de frutos de solidaridad en nuestro mundo tan necesitado de ella. El ayuno significa privación de algo vital -el alimento es algo vital- pero no por autoinfligirse sacrificio o porque Dios quiera que suframos de alguna manera. Esas ideas surgieron de una concepción dualista que ha acompañado la tradición cristiana, donde el cuerpo se consideraba malo y por eso convenía castigarlo. No es esa la concepción bíblica, la cual entiende al ser humano de manera unitaria, “un cuerpo animado por el espíritu, un espíritu encarnado en este mundo”, de manera que el ayuno es más de toda la persona (no solo del cuerpo) hacia actitudes o actos que no estén construyendo reino de Dios. El ayuno se podría entender como actos de generosidad, servicio y amor hacia los demás, expresado en las realidades materiales que mejor nos ayuden a ello.

Sobre la limosna, tema difícil en nuestro mundo actual, tan marcado por la injusticia social, donde estructuralmente tantos no tienen condiciones para vivir y no logran romper las barreras que les hacen, prácticamente imposible, salir de la pobreza. La ayuda inmediata siempre será necesaria porque lo urgente no da espera, pero trabajar por la justicia social es una tarea impostergable. Como decía el papa Francisco, no podemos seguir apoyando una economía que “mata”, ni seguir creyendo ingenuamente que el mercado, por si mismo, derramará su ganancia sobre los pobres. Eso nunca ha pasado y no pasará (Evangelli Gaudium n. 53). El creyente, por tanto, ha de apoyar las políticas sociales que más ayuden a construir equidad y posibilidades de vida para todos. Más haríamos conociendo a fondo -para poner en práctica- la Doctrina social de la Iglesia- que tranquilizar la propia conciencia, dando limosna.

Redoblar en oración, ayuno y limosna, en este tiempo de cuaresma, puede ser un buen propósito para vivir seriamente este tiempo. Pero hacerlo en el espíritu de lo que se ha dicho en los párrafos anteriores y no simplemente en repetir ritos vacíos o prácticas que no cambian nada. Como bien lo señala el evangelio de Mateo, la oración, el ayuno y la limosna no son para vanagloriarse y que los demás nos aplaudan (Mt 6, 1-18). Son para vivirlos en la autenticidad del corazón que se dispone a amar como el mismo Dios ama, mostrándolo con obras concretas que transformen la realidad que vivimos.

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Webinar sobre Diaconado femenino

https://www.youtube.com/live/h_Lor4P1_7c




lunes, 23 de febrero de 2026

 

Jesús se transfigura también ante nosotros para sostenernos en las dificultades

II Domingo de Cuaresma (1-03-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 

Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo. Al oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo. Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levántense, no tengan miedo! Cuando levantaron la vista, sólo vieron a Jesús. Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos (Mateo 17, 1-9)

 




Este texto de la transfiguración viene después de que Jesús ha hecho el primer anuncio de la pasión a sus discípulos (Mt 16, 21). Pedro lo reprende por decir esas cosas y Jesús lo increpa fuertemente, llamándole “Satanás” ya que no parece entenderle y, más aún, quiere impedir que esa sea la suerte que corra Jesús. En este contexto, el texto de la transfiguración va a adelantar, de alguna manera, que la muerte no tiene la última palabra porque llegará la gloria que alcanzará a Jesús y a los que estén con él. Para esto, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y suben al monte donde acontecerá la transfiguración.

En el evangelio de Mateo la figura del monte se utiliza varias veces. Aparece en las tentaciones cuando el diablo lo lleva a un monte muy alto (Mt 4, 8-10) y también es en un monte donde Jesús pronuncia su sermón inaugural (Cap 5-7). Será también en el monte donde se despedirá de sus discípulos (Mt 28, 18-20). Para Mateo el monte es el lugar donde Dios se manifiesta, así como lo hizo con Moisés dándole las tablas de la Ley (Ex 31, 18) o con Elías, cuando el profeta está en crisis y sube al monte Horeb buscando a Dios (1Re 19, 1-18). En este pasaje Jesús va con sus discípulos al monte y allí sucede el misterio de la transfiguración donde los apóstoles pueden ver a Jesús resplandeciendo como el sol y con sus ropas blancas; además conversando con Moisés y Elias. Ante esto Pedro toma la palabra y propone hacer tres tiendas. Sin duda, todos queremos quedarnos en los momentos de gloria y huir de las dificultades. Pero la experiencia continua y se oye una voz del cielo que confirma que Jesús es el Hijo amado, el predilecto a quién hay que escuchar. Es entonces cuando los discípulos sienten miedo. Este miedo es más un “temor reverencial” frente a lo divino, es decir, el reconocimiento de esa realidad trascendente que logran percibir. Jesús les dice que no tengan miedo y les advierte que no le cuenten a los demás hasta que haya sucedido la resurrección.

Si tomamos al pie de la letra este pasaje, podríamos pensar que ya los discípulos tienen claro todo lo que va a acontecer con Jesús: su muerte y su futura resurrección. Por lo tanto, no se entendería por qué Pedro lo va a negar más adelante y todos los discípulos huyen en el momento de la muerte. Por esto, es necesario recordar que todos los evangelios están escritos a la luz de la Pascua, es decir, ya han sucedido todos los acontecimientos y es, entonces, cuando las diferentes comunidades comienzan a poner por escrito la experiencia vivida. En ese sentido, lo que tal vez en la vida histórica de los discípulos era una intuición, una cierta certeza y por eso estaban siguiendo a Jesús, en la redacción del evangelio ya aparece como un hecho dado, como un momento en el que, contrario a la persecución que pronto sufrirá Jesús, se va teniendo la convicción de que ese camino es el que Dios quiere porque, en verdad, Jesús, es el Hijo amado de Dios.

En nuestra vida también tenemos ciertos momentos de certeza en que nuestras opciones se hacen fuertes y nos impulsan a más compromiso y radicalidad. Hemos de mantenerlas en la memoria para que nos sostengan en los momentos de duda e incertidumbre. Jesús es el Hijo de Dios y su programa del reino es la voluntad de Dios sobre la humanidad. Creamos en su propuesta, a pesar de las dificultades, con la esperanza cierta en que Dios tiene la última palabra y esta es de vida y salvación.


martes, 17 de febrero de 2026

No traicionar la misión que se nos confía

I Domingo de cuaresma (22-02-2026)

Olga Consuelo Vélez



Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo. Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches ya al final sintió hambre. Se acercó el Tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan. Él contestó: está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Luego el Diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles sobre ti; te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. Jesús respondió: también está escrito: no pondrás a prueba al señor, tu Dios. De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor y le dijo: todo esto te lo daré si te postras para adorarme. Entonces, Jesús le replicó: Aléjate, Satanás, que está escrito: Al -Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto. De inmediato le dijo el Diablo y unos ángeles vinieron a servirle (Mateo 4, 1-11)



Comenzamos el tiempo de cuaresma, tiempo de preparación para la celebración del misterio pascual, centro de nuestra fe. El evangelio que nos presenta la liturgia es el conocido texto de las tentaciones de Jesús. La referencia al desierto, a los cuarenta días, a las tentaciones, nos remiten a la experiencia de Israel en sus 40 años en el desierto, con la diferencia de que Israel no venció las tentaciones y Jesús si lo hará.

Este texto Marcos lo señala de manera muy breve, diciendo solo que Jesús fue tentado, pero Lucas y Mateo si lo describen detalladamente. Sin embargo, están invertidas la segunda y la tercera tentación, posiblemente porque Lucas que, presenta a Jesús en camino a Jerusalén, prefiere señalar como tercera tentación la que se refiere a la ciudad santa. Siguiendo a Mateo, la primera tentación es la de convertir las piedras en pan, la segunda la de tentar a Dios arrojándose desde lo alto del templo y la tercera la de adorar al diablo para que le dé todos los reinos. En las tres ocasiones Jesús supera la tentación haciendo referencia a textos bíblicos del Deuteronomio, introduciendo el pasaje con la expresión “está escrito”.

Estas tentaciones son tentaciones mesiánicas porque se refieren a la misión que Jesús está llevando a cabo. En los dos primeros casos el diablo introduce la tentación con la frase “si eres Hijo de Dios”. Si así es, no le faltará la comida y lo protegerá de las piedras al caer de lo alto de la montaña. La respuesta de Jesús es contundente porque conoce bien que su misión no es para su protagonismo o fama sino para el servicio del reino en el mundo en el que vive. La tercera tentación es la propuesta de darle todos los reinos si Jesús adora al diablo. Y Jesús contesta con las mismas palabras que luego dirigirá a Pedro cuando este no quiere acoger sus palabras sobre la pasión que, intuye, le sucederá. Podríamos traducir esas palabras como una forma de no apoyarse en la prudencia o la concesión gloriosa del mesianismo, porque bien sabe que su misión no busca la gloria sino el servicio.

Jesús supera la tentación y el texto termina diciendo que el Diablo y los ángeles se ponen a servirle. Su fidelidad a la misión permite que el orden se restablezca para el bien de la humanidad. Puede entonces Jesús comenzar su misión, confiado en el Dios que no lo dejará de su mano, aunque la situación sea difícil y su misión levante tanto rechazo y conflicto.

La cuaresma nos ha de interpelar sobre la fe que vivimos y la concepción mesiánica que tenemos. En tiempos donde las religiones se manipulan con intereses políticos o se invoca a Dios para matar a otros o proponer una sociedad de escogidos, las tentaciones de Jesús nos invitan a discernir sobre la misión que se nos ha confiado y a no traicionarla acomodando los valores del reino a privilegios propios o intereses privados. (Foto tomada de: https://es.wikivoyage.org/wiki/Desierto_de_la_Tatacoa)

 


domingo, 15 de febrero de 2026

 

En Cuaresma: convertirnos “a la escucha del clamor de los pobres”

Olga Consuelo Vélez

 



El próximo 18 de febrero damos inicio a la cuaresma con la imposición de la ceniza. Cuaresma significa cuarenta días antes de la Pascua, recordando los cuarenta días de Jesús en el desierto. Es tiempo de conversión, es decir, tiempo de tomar el pulso a nuestra vida de fe para recrearla, avivarla, reorientarla.

La imposición de la ceniza es un sacramental que nos permite manifestar públicamente nuestro sincero deseo de conversión. De hecho, el que impone la ceniza dice las palabras “conviértete y cree en el evangelio”. Antiguamente se decía “polvo eres y en polvo te convertirás” porque se ponía más el énfasis en el sacrificio, la flaqueza humana, el pecado. Con Vaticano II y otros desarrollos actuales, el énfasis está más puesto en la disponibilidad para vivir el evangelio, respondiendo así a la gracia divina que no deja de alcanzarnos día tras día, aunque tantas veces no tengamos conciencia de ello.

Las cinco semanas de cuaresma nos van ayudando a preparar la celebración central de nuestra fe: el misterio pascual, es decir, la muerte y resurrección de Jesucristo. Precisamente para esta vivencia, el Papa León XIV nos ofreció un mensaje muy interpelante. Quisiera destacar algunos aspectos.

León XIV nos invita a “escuchar”, pero no cualquier escucha, sino la del “clamor de los oprimidos”, ese mismo clamor que Dios escuchó y respondió mandando a Moisés a liberar a su pueblo (Ex 3, 7-10). Continua el Papa diciendo que la “escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”. Una vez más, conecta la experiencia de escucha a Dios con la realidad que vivimos. Y más aún, afirma que “las Sagradas Escrituras, nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como él, hasta reconocer que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos y especialmente a la Iglesia” (Dilexi te n.9).

Al menos en Colombia, este tiempo de cuaresma coincide con elecciones parlamentarias y preparación a las presidenciales. El mensaje de León XIV nos da claves para este compromiso sociopolítico que como cristianos estamos llamados a vivir. Lo que está en juego es la vida de los pobres y, su situación, ha de condicionar nuestras decisiones políticas. Es muy difícil ser capaces de romper con las corrientes neoliberales que invitan a sacrificar al pobre para alcanzar la justicia. Como bien lo dijo el papa Francisco, en su Exhortación Evangelli Gaudium, “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales (…). Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres” (n. 202.204). Y podríamos seguir leyendo esta Exhortación tan supremamente orientadora para nuestras decisiones socio políticas. Pero basta aquí esta referencia para recordar y reafirmar que la cuaresma no está ajena a lo que vivimos cada día y, en cada contexto, habrá que seguir escuchando la voz de los pobres para responderles. No solo con oración y buenos deseos sino con opciones éticas en todas las dimensiones de nuestra vida.

El mensaje de León XIV continúa hablando del ayuno, haciendo referencia al ayuno de palabra para no hablar mal de nadie, cosa muy legítima y necesaria. Aunque bien valdría que los creyentes tuviéramos una voz más profética para seguir insistiendo en esa voz de Dios que nos habla en la realidad, en los pobres, en la injusticia social. Con bastante certeza, muchos de los sermones de este tiempo de cuaresma se van a reducir a la dimensión personal, casi rayando en intimismo, y no en la conversión a la buena noticia del Reino que supone la dimensión social y cósmica. Tal vez, por esto, León XIV nos invita a vivir juntos y al compromiso ecológico, como otros aspectos claves para la vivencia de esta cuaresma. Así lo expresa el Papa: “En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”.

Iniciemos esta cuaresma pidiendo la conversión a la escucha del clamor de los pobres, mostrándolo en nuestro compromiso efectivo hacia ellos, con decisiones personales, comunitarias, sociales, políticas, económicas y eclesiales, donde ellos sean los primeros favorecidos.

(Foto tomada de: https://www.portafolio.co/economia/finanzas/pobreza-en-colombia-y-america-latina-cinco-datos-mas-relevantes-563917)



lunes, 9 de febrero de 2026

Vivir a plenitud el programa del reino

VI Domingo TO (15-02-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 

No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una “i” ni una coma de la ley dejará de realizarse. Por lo tanto, quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. Porque les digo que, si el modo de obrar de ustedes no supera, al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego. Si mientas llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo. Ustedes han oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Mas te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Mas te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno. Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. Pero yo les digo que quien repudia a su mujer -salvo en caso de concubinato. La induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio. Ustedes, también han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. Pero yo les digo que no juren en absoluto; ni por cielo, que es trono de Dios; ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno (Mateo 5, 17-37).



El evangelio de hoy continúa con el llamado sermón del monte dado por Jesús, según el evangelio de Mateo, que comenzó con las bienaventuranzas -que comentamos el domingo pasado- y hoy sigue con una idea fundamental: el cumplimiento de la Ley en plenitud y, de alguna manera, “excediendo” ese cumplimiento.

Tenemos que aclarar que cumplimiento no se refiere a algo que se dijo antes y ahora va a suceder. O al cumplimiento de normas o preceptos. En este caso el cumplimiento se refiere a plenitud, como ya lo dijimos, es decir, a la realización de aquello que se está afirmando.

Mateo les escribe a judíos para los cuales el cumplimiento de la ley es fundamental y, tal vez, se estaban sintiendo inquietos con la praxis de Jesús que podría parecer la relativizaba. Lo que Mateo pretende es mostrarles que no la está relativizando sino cumpliendo a plenitud. Y pone de referencia a los fariseos y escribas los cuales para el pueblo judío son los que cumplen la ley, diciéndoles que han de superar a los que cumplen la ley. La expresión “la ley y los profetas” resume el contenido del texto sagrado para los judíos. Es decir, todo lo escrito en el Antiguo Testamento mantiene su vigencia, solo que, con Jesús, alcanza una mayor plenitud.

Los ejemplos que Jesús va dando en el sermón del monte, muestran como ir superando el mero cumplimiento de la ley. Frente al “no matarás”, Jesús propone no cometer ningún ataque contra el hermano, sea llamándole, “imbécil” o “renegado”. Con nuestros términos diríamos ningún ser humano ha de ser violentado en su dignidad ni en palabras y, mucho menos con obras. Continua el discurso haciendo referencia a cualquier ruptura con un hermano la cual ha de ser solucionada antes de ir a llevar la ofrenda. En nuestros términos no es posible realizar un culto sin la coherencia de vida. Y si hay algún pleito es mejor solucionarlo cuanto antes. No hacerlo es exponerse a qué crezca tanto que se llegue al juez que te mete en la cárcel. En efecto, hay pleitos con familiares y amigos que rompen las relaciones para siempre, las transmiten de generación en generación y llegan a convertirse en insalvables cuando, muchas veces, las causas que lo originaron, no tenían tal importancia.

Sobre el adulterio, Jesús no ofrece una alternativa que lo supere, pero sí invita a revisar los sentimientos que comienzan mucho antes de que se dé el hecho definitivo. Y continua con palabras fuertes y radicales: cortar el miembro del cuerpo que nos lleve al pecado. Por supuesto, esto no admite una lectura literal, pero si invita a la plenitud del cumplimiento de la ley que supone a toda la persona optando por el bien y la verdad. Finaliza esta parte del discurso con la llamada a no jurar por Dios sino responsabilizarse de la palabra dicha en un si o en un no, por autenticidad propia y no por referencia a juramentos.

El evangelio de hoy no llega hasta el final del sermón del monte que concluirá todo con el “ser perfectos como el Padre celestial es perfecto” (Mt, 5, 82), pero todos los ejemplos aquí dados llevan a esa conclusión.

No olvidemos entonces que estas palabras de Jesús no nos invitan a mirar la ley o la doctrina o los mandamientos (como queramos llamarlos) y tomarlas al pie de la letra o a caer en mero cumplimiento por temor al castigo. Son palabras en que muestran la intencionalidad del evangelio y la novedad que trae Jesús frente a toda ley. Él nos invita a que el amor y la misericordia sean el horizonte de interpretación de cualquier ley y desde allí respondamos a cada situación concreta. Siempre habrá que preguntarse cómo nuestras actitudes han de responder a los valores del reino, con autenticidad y “exceso” de amor misericordioso, como lo supo hacer Jesús. Es esto lo que nos hará sus testigos, capaces de apostar por la vivencia del amor del mismo Dios en nuestra historia presente.

 

lunes, 2 de febrero de 2026

2. Que la visibilidad de nuestras obras convoque a todos a soñar con un ...

Que la visibilidad de nuestras obras convoque a todos a soñar con un mundo mejor

V Domingo Tiempo Ordinario (8-02-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 

Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte. No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa. Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo (Mateo 5, 13-16).



Después del sermón de la montaña, o Bienaventuranzas, Jesús se dirige directamente a los suyos y, valiéndose de dos metáforas, les invita a que sus obras sean visibles para los demás, de manera que las personas puedan conocer a Dios a través del testimonio que dan y lo glorifiquen.

Las metáforas son sencillas y entendibles. Que la sal dé sabor es una experiencia humana que todos entienden. Y algo desabrido no sirve para nada. Esto nos invita a preguntarnos si nuestra vida de fe tiene este “sabor” que atraiga a los demás. O si, por el contrario, es una vida desabrida que solo causa rechazo. ¿A qué le sabe nuestra vida a los demás? ¿a qué sabe la vida de la Iglesia para nuestro presente?  Nos es más fácil decir que la gente ya no cree o que se aleja de la Iglesia, o nuestro mundo es secular, etc., poniendo la responsabilidad en los otros y, tal vez, sin ser capaces de preguntar por el sentido de vida que ofrecemos, si realmente este puede decir algo a los demás.

La segunda metáfora tiene dos partes. La primera es una ciudad que se ve por todas partes porque está construida sobre un monte. No hay necesidad de anunciar nada porque es evidente que la ciudad queda visible para todos. Y en el mismo sentido el ejemplo de la lámpara que ha de ser puesta en lo alto para que alumbre a todos los de la casa, nos habla de esa visibilidad que todos pueden tener cuando cuentan con la luz suficiente.

Nuestra fe es para compartirla, para hacerla visible, para que la gente pueda decir de nosotros lo que decían de los primeros cristianos: “miren, cómo se aman”. Efectivamente, el testimonio que estamos llamados a dar va en la línea de amor, de justicia, de discernimiento, de verdad. Todo lo contrario de nuestra realidad actual tan llena de egoísmo, de injusticia, de postverdad, de narrativas cargadas de prejuicios y afirmaciones falsas.

Pero esta visibilidad no ha de confundirse con la llamada “sociedad de cristiandad”, que tuvimos en siglos pasados donde la fe cristiana dominaba la sociedad e imponía sus principios. Esos tiempos tuvieron aspectos muy valiosos, pero ya pasaron porque nuestra humanidad es más plural, más diversa y las experiencias de fe se expresan de muchas formas. Son tiempos de testimoniar la defensa de la dignidad humana y la construcción de un mundo justo y en paz, aspectos que pueden unir a creyentes y no creyentes. Que el evangelio de hoy nos comprometa a dar sabor de reino de Dios a todo lo que hacemos y la visibilidad de nuestras obras convoquen a muchos a soñar con una humanidad plena, donde nadie quede descartado, donde la guerra nunca sea una opción posible.

martes, 27 de enero de 2026

1. Vivir con intensidad el programa del Reino (1-02-2026)

Vivir con intensidad el programa del Reino

IV Domingo TO (1-02-2026)

 

Olga Consuelo Vélez

 


En aquel tiempo, al ver Jesús a la multitud, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos. Tomó la palabra y comenzó a enseñarles lo siguiente: «Felices los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Felices los que lloran, porque ellos serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante» (Mateo 5, 1-12ª)

Hemos meditado en la liturgia de los domingos anteriores, la vida pública de Jesús que comienza a desplegarse entre los suyos. En este evangelio, Jesús se dirige a la multitud que le sigue y va a decirles qué son felices (o bienaventurados) aquellos que están viviendo los valores del reino. El texto comienza afirmando que, de los pobres en el espíritu, es el reino de los cielos y finaliza, diciendo también, que el reino de los cielos es de los perseguidos por la justicia. Precisamente estas dos afirmaciones enmarcan el discurso y nos permiten hablar de las actitudes del reino de Dios anunciado por Jesús. Sobre estas dos afirmaciones, recordemos que el evangelista Mateo se dirige a los judíos y por eso evita referirse directamente a Dios, usando mejor la expresión “reino de los cielos”, sin que esto signifique que nos habla de un reino que no tiene nada que ver con el mundo. También se ha interpretado, algunas veces, la primera bienaventuranza como algo “espiritual” al hablar de los “pobres de espíritu”. Sin embargo, una vez más, Jesús no nos habla del reino de Dios alejado del mundo, sino que el evangelista se refiere a esa pobreza radical de quien pone toda su confianza en Dios mismo, lo que no deja por fuera la pobreza material, a la que se refiere, tan directamente, el evangelio de Lucas, al escribir este mismo pasaje.

Precisamente, porque no es un reino alejado del mundo, la última bienaventuranza habla de los perseguidos por la justicia y, más aún, parece desplegar esa última bienaventuranza en más concreciones de la persecución: “los insulten, los persigan, los calumnien por mi causa”. El reino se anuncia para este mundo, pretende transformarlo y es acogido por algunos, pero, rechazado por otros.

Las seis bienaventuranzas que están en medio de estas dos a las que nos hemos referido, muestran actitudes que van en esa misma línea de reconocer ante Dios la realidad que se vive y de compromiso con la justicia: felices los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. Todos ellos son “felices”, porque trabajan por transformar aquello que no corresponde al querer de Dios y su compromiso no quedará defraudado.

Es bueno leer este pasaje de Mateo en contraste con el de Lucas (6, 20-26) quien se refiere más directamente a cómo las situaciones son efectivamente transformadas con la llegada del reino y, como, hay “ayes” o “malventuranzas” para los que viven todo lo contrario: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que se vanaglorian. Estos no han sido capaces de entrar en la dinámica del reino y viven para sí mismos y no para los demás.

En definitiva, el evangelio de hoy nos invita a entender el programa del reino y a sentirnos involucrados en su realización. Este programa no es de ritos o de normas o de alcanzar estados de ánimo positivos. Es un programa para vivir en la realidad de cada tiempo, trabajando por hacerla mejor, sabiendo que la felicidad es el fruto de esta constancia, sin que eso ahorre el afrontar las dificultades y resistencias. Si en este texto Jesús comienza hablando a la multitud, la última bienaventuranza se dirige explícitamente a los suyos que hoy, somos nosotros. Por lo tanto, no temamos vivir con intensidad esta propuesta del reino, testimoniando así su concreción en nuestra historia presente.