Como Tomás, reconocer en Jesús al Hijo de Dios
II Domingo de Pascua
(12-04-2026)
Olga Consuelo Vélez
El mismo día en que María
Magdalena, Pedro y el otro discípulo van y encuentran la tumba vacía y,
posteriormente, Jesús se le aparece a María Magdalena confiándole que anuncie a
los discípulos lo que él le ha dicho (Jn 20, 17-18); Jesús se aparece a sus
discípulos que están reunidos “con las puertas bien cerradas” -según dice el
texto que leemos hoy- por miedo a los judíos, completando así una serie de
apariciones en el domingo de resurrección. Notemos que el hecho de Jesús puede entrar
en un recinto bien cerrado, nos habla del cuerpo resucitado de Jesús. Pero, al
mismo tiempo, al mostrarle a sus discípulos sus manos y el costado, les está
haciendo ver que él es el mismo crucificado que ahora ha resucitado.
Jesús les da los dones
escatológicos propios de la resurrección: la paz, la alegría, en otras
palabras, el Espíritu Santo -dador de todos los dones- y les confía la misión
que él había realizado hasta entonces: “como él Padre lo envío, ahora él los
envía” y les da la gracia de perdonar los pecados, como Jesús mismo lo hacía en
su vida histórica. Como podemos ver, el resucitado ahora se hará presente entre
nosotros a través de sus discípulos que serán los encargados de dar testimonio
de ese hecho.
El texto continúa con el
relato de Tomás que no estaba con ellos esa tarde y cuando se entera dice que
hasta no ver la marca de los clavos en su mano y no meter el dedo en el lugar
de los clavos y en el costado, no creerá. Tomás quiere estar seguro de que el
resucitado es el mismo crucificado. Precisamente por eso, a los ocho días
cuando Jesús vuelve a presentarse ante ellos, se dirige a Tomás y le invita a
que compruebe su identidad. El texto no dice si Tomás metió su dedo en el lugar
de los clavos, pero si se nos relata su confesión de fe: “Señor mío y Dios
mío”. Tomás cree en la resurrección de Jesús y así la confiesa. Es entonces
cuando Jesús dice: “felices los que creen sin haber visto”. Con estas palabras
Jesús está pensando en nosotros que no estuvimos en su vida histórica y no
vimos los acontecimientos, pero hemos sido invitados a creer sin haber visto. El
texto termina diciendo que Jesús hizo muchas otras señales en medio de sus
discípulos, invitándolos a creer que él es el Mesías, el Hijo de Dios y,
precisamente porque creen tengan vida en él y sean sus testigos para todas las
generaciones.
La llamada para nosotros hoy
es a creer sin ver para que el testimonio de la resurrección de Jesús alcance a
todas las generaciones. Es bueno aclarar que creer sin ver no quiere decir una
fe ciega y sin preguntas. Es una fe adulta que reconoce los signos de la
resurrección y cree en ellos dando testimonio con las palabras y las obras.
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