Entrar por la “Puerta” que nos da la vida en
abundancia
IV Domingo de Pascua
(26-04-2026)
Olga Consuelo Vélez
El cuarto domingo de Pascua se conoce como el
domingo del Buen Pastor. Por eso la lectura propuesta es la del evangelio de
Juan capítulo 10, que se refiere al Pastor y las ovejas. Pero el texto se
reparte en los tres ciclos litúrgicos, correspondiendo en este ciclo, los
primeros versículos del capítulo 10, en el que todavía Jesús no se declara
“Buen Pastor” (Jn 10, 11), sino solamente, “la puerta de las ovejas”.
Este texto hay que verlo en relación con los hechos
que se han narrado antes. En concreto ante la curación del ciego de nacimiento,
los fariseos se ponen en contra de Jesús por sus curaciones en sábado. Por eso
ahora Jesús va a hablar de los que son ladrones y asaltantes mientras que Él es
la puerta por donde entra el rebaño. Mientras los ladrones y asaltantes solo
vienen a matar y destrozar -recordemos como los fariseos increpan al ciego de
nacimiento, reprochándole que crea en Jesús y llegan a expulsarlo de la
sinagoga- Jesús es la puerta de las ovejas y todos los que entran por ella,
gozarán de los pastos de la salvación que él ofrece.
El énfasis de esta primera parte del texto de Juan
10, está puesto en las ovejas que si reconocen la voz del Pastor y le siguen.
De hecho, el ciego de nacimiento cree que Jesús es el Hijo del hombre, por lo
tanto, es ejemplo claro de aquellos que si creen en Jesús y reciben la vida en
abundancia que él trae.
Jesús insiste en este texto en que, quienes
deberían cuidar del rebaño hacen todo lo contrario. Por eso él se presenta cómo
la puerta por donde puede entrar el rebaño ya que él no se la cierra a nadie.
Los fariseos en cambio no entran por la puerta -Jesús mismo- sino que se quedan
al margen criticándolo y planeando su muerte. El cuidador de las ovejas llama a
cada una por su nombre y camina delante de ellas. En ese sentido, las ovejas no
tienen nada que temer porque reconocen su voz, no así las voces de las
autoridades judías de su tiempo que solo vienen a excluir, rechazar e increpar
a todos los que comienzan a seguir a Jesús.
Conviene, entonces, reconocer la puerta -que es el
mismo Jesús- para entrar por ella sin hacerle caso a tantos que desvirtúan su
mensaje y que acomodan la radicalidad del evangelio. Es necesario estar atentos
para escuchar su voz y seguirla. Por parte de Jesús está garantizada la
invitación y la acogida, dependerá de nosotros entrar por la puerta con
confianza, generosidad y decisión de manera que la vida en abundancia no nos
falte y podamos anunciarla a todos los que nos rodean.
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