jueves, 13 de julio de 2017


DIFERENCIAS SOCIALES





Hace poco leí una historia que me permito reproducir aquí a grandes rasgos. La escena ocurría en un avión en que sentaron a un pobre al lado de una señora muy rica. Ella indignada llamó a la azafata y le hizo el reclamo. Se quejaba sin parar de que se hubieran atrevido a sentar a su lado a una persona de otra clase social. La azafata muy respetuosa la escuchó pacientemente y después le dijo: Tranquila señora que voy a solucionar su problema inmediatamente. Al poco tiempo volvió y dirigiéndose al pobre le dijo: Señor disculpe que lo incomode, si es tan amable, coja sus cosas que lo vamos a cambiar de silla. Siéntese por favor en primera clase. Bonito final el de esta historia! Sin embargo que lejos de la realidad. Desgraciadamente las cosas normalmente no suceden así. Parece que nos empeñamos en ¡marcar diferencias entre los seres humanos!


¿Cómo es posible que haya primera clase y segunda clase en los pasajes aéreos que de por sí ya son bien costosos? Diferencias que se compran con el dinero. Pagas más y tienes derecho a sentarte en una silla más grande y más cómoda, a recibir una atención más continua, a estar situado en un recinto "privado" porque cierran las cortinas de los pasillos para que se note más la diferencia entre unos y otros. Pero esto no sólo ocurre en los aviones. Hablemos de los bancos. Todos depositando allí el dinero y sin embargo también hay clases. El cliente preferencial y los otros. Dime cuanto dinero puedes ahorrar y te diré cuanto tiempo tienes que esperar en la fila! 

Y no hablemos de la salud. Cómo si todos no necesitáramos de médico! Pero sin duda cada día se hace más urgente tener salud prepagada porque si te atienes a la seguridad social que en su idea original pretende ser solidaria (todos aportan según sus capacidades y todos tienen derecho al mismo servicio) es muy posible que te mueras antes de conseguir ser atendido. Y los ejemplos en esta línea se podrían multiplicar infinitamente. Sólo quiero describir otro ejemplo que es muy inquietante porque la diferencia marcada por el dinero tiene una connotación moral. ¿Quién no se ha expresado muchas veces de la siguiente manera: "esa persona vive en un barrio bueno" o "esa persona es de una buena familia"? y ¿quién no entiende que esas expresiones significan que esa persona vive en un barrio de clase media o alta y que su familia tiene dinero? O de manera contraria: "esa persona es muy sencilla" o "esa persona tiene apariencia humilde" y lo que se entiende es que esa persona no tiene dinero, que su ropa revela que es pobre.


¿Cómo es posible que algo externo como el dinero, sea el que de la pauta para el respeto, para la atención al otro, para recibir los servicios que todos necesitamos y, aún más grave, que de la valoración moral de las cosas y de las personas? ¿Dónde queda la dignidad fundamental de todo ser humano por el solo hecho de ser persona? Y más aún, desde la fe cristiana, ¿Qué pasa con la realidad fundamental de todos los seres humanos, su ser hermanos o hermanas, todos en igualdad de condiciones, por ser hijos o hijas del mismo Padre-Madre?


No podemos cambiar fácilmente estas diferencias sociales que se han construido con base en el dinero a lo largo de los tiempos. Es verdad también que el lenguaje es limitado y a veces las palabras se acuñan de una manera que invierte su sentido más propio. Pero vale la pena tomar conciencia de las diferencias que marcan nuestro mundo y del lenguaje que empleamos. Es  urgente y necesario purificar nuestra manera de diferenciarnos, de valorar, de expresarnos. La persona es lo fundamental. El dinero es una mediación que según el uso que le demos puede alejarnos de los otros o hacernos hermanos. ¿Por qué no apostarle a esta segunda posibilidad que nos llevaría a construir un mundo realmente fraterno? Reflexionemos sobre lo cotidiano y cuestionémoslo para que vaya cambiando nuestro corazón, nuestra praxis, nuestro mundo.

Foto tomada de:
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