miércoles, 20 de septiembre de 2023

 

Se acerca la fase universal del Sínodo de la Sinodalidad

Olga Consuelo Vélez

Estamos a puertas del inicio de la fase universal del Sínodo de la sinodalidad. Las fechas previstas son del 4 al 29 de octubre. En los días previos, los participantes, tendrán un retiro de preparación al evento. Sabemos que esta será la primera reunión porque habrá otra en octubre del próximo año. De ahí que no se pueden esperar conclusiones definitivas al final de este encuentro, pero esperamos que se avance en algunos aspectos y esto vaya afirmándose en la vida de la Iglesia. Veremos sí así es.

Ya conocemos el número de participantes: 364, de los cuales 70 miembros no serán obispos (serán religiosos/as, presbíteros y laicado) y, dentro de estos últimos, un 50% serán mujeres. Fuera de esta novedad de la participación de no obispos en el sínodo de obispos, será que estos invitados tendrán voz y voto. También conocemos el Instrumentum laboris, estructurado en dos partes, la primera sobre las notas de una Iglesia sinodal y la segunda sobre los tres temas prioritarios para la Iglesia sinodal: comunión, misión y participación. Estas tres partes se desarrollan a manera de preguntas que serán abordadas en el sínodo. El método de trabajo se ha presentado como la “conversación en el espíritu” que consta de una dinámica donde en ambiente de oración se propone el tema, se escucha a los participantes, se comparte alguna resonancia sobre lo que los demás dijeron y se intenta sintetizar las coincidencias y divergencias, buscando que pasos dar para caminar juntos. Como todo método, tiene sus aspectos positivos y sus límites. Personalmente me hace falta la parte del debate, de la fundamentación, de la reflexión. El Espíritu es el protagonista, sin duda, pero no suple la responsabilidad humana de hacer juicios críticos y válidos para avanzar en cualquier dimensión humana, incluida la eclesial.

Creo que la experiencia de los participantes será positiva tanto por la responsabilidad que deben sentir de estar allí y tratar temas actuales para el futuro de la Iglesia como por el enriquecimiento mutuo frente a la universalidad allí presente con sus distintas visiones y prioridades. Seguramente algunos participantes tendrán una postura más crítica y una voz más profética, otros serán más receptores sin demasiada audacia para dar su contribución o sin demasiado pensamiento crítico para plantear temas cruciales. No faltarán los que estarán atentos a que no salgan demasiadas divergencias para evitar debates. Al final del mes sabremos algo de lo vivido allí o de las conclusiones que se ofrezcan después de ese primer encuentro.

Ahora bien, la esperanza no está puesta en el evento en sí porque conocemos que mover estructuras es una tarea tan difícil que necesitaremos demasiado tiempo para ver algún efecto práctico. Por otra parte, aunque el sínodo ha intentado ser una propuesta para movilizar a la Iglesia universal, el alcance no ha sido demasiado significativo. Hay una inmensa parte del pueblo de Dios que no ha acompañado en lo más mínimo todo este proceso, ni está interesado en lo que se está viviendo. Además, aunque hay muchas preguntas muy válidas para retomarlas en este proceso, algunas temáticas son muy generales o muy matizadas o incluso bastante invisibilizadas. En lo que respecta a las mujeres, por ejemplo, el tema de los ministerios ordenados no aparece explícitamente. Hay un apartado del que podría inferirse, pero es tan general que no creo que se piense en ello al leerlo: “Todas las Asambleas continentales piden que se aborde la cuestión de la participación de las mujeres en el gobierno, la toma de decisiones, la misión y los ministerios a todos los niveles de la Iglesia, con el apoyo de las estructuras adecuadas para que esto no se quede en una mera aspiración general”. También se nombra el diaconado femenino frente al cual se pregunta, si es posible plantearlo y de qué modo. En realidad, el diaconado femenino ya se ha planteado y no existen razones teológicas o históricas para no concederlo. Falta la voluntad de hacerlo. Daría la impresión al leer estas breves referencias sobre estos temas en relación con las mujeres o que, efectivamente no se pidió en las consultas al pueblo de Dios, o se fue diluyendo en las sucesivas síntesis de los aportes. Sea lo que sea, lo cierto es que todo este esfuerzo por una iglesia sinodal va posicionando estos y muchos otros desafíos eclesiales y llegará el tiempo de no poder retrasar más las respuestas necesarias.

Pero lo que más me interesa comentar es que junto al proceso sinodal, muchas mujeres de todo el mundo han liderado iniciativas para responder a preguntas fundamentales de su participación eclesial. Una de estas iniciativas está siendo liderada por el Consejo de Mujeres Católicas (Catholic Women Council, CWC), quienes desde el inicio del sínodo iniciaron una “peregrinación mundial”, articulando diversas redes y grupos de mujeres para numerosas conversaciones, debates, reuniones virtuales, etc., sobre cinco ejes temáticos: (1) La situación de las mujeres en la Iglesia; (2) Poder, participación y representación; (3) Estructuras y rendición de cuentas (4) La vida sacramental y (5) Resistencia y esperanza. Los resultados de esos trabajos se llevaron al Sínodo, terminada la etapa de consulta (o sea, más aportes llegaron de los que parecen reflejarse en el Instrumentum laboris). El trabajo de esta red continúa. Por eso un grupo representativo de estas mujeres llevará a cabo en Roma, los días 10 y 11 de octubre diversas actividades de reflexión, diálogo y celebraciones litúrgicas para seguir mostrando la urgencia de reconocer la plena dignidad e igualdad de las mujeres en la Iglesia y su plena participación en todos los niveles.

Otra iniciativa similar está liderada por otra red de mujeres, Spririt Unbonded, red global de reforma católica y de otros grupos cristianos ecuménicos que trabaja para incluir a los grupos marginados por la Iglesia católica, buscando hacer plenos los “Derechos Humanos en la Iglesia Católica”. Esta red también realizará diversos eventos del 8 al 14 de octubre de manera online pero también de forma presencial el 13 y 14 de octubre en Roma (Italia) y Bristol (Reino Unido).

En conclusión, hay una porción de Iglesia muy ajena a todo este proceso, pero también hay otra porción de Iglesia muy comprometida con este camino sinodal. Por una parte, los convocados directamente por el proceso sinodal y, por otra, todas estas redes que en su compromiso de fe y de amor a la Iglesia trabajan incansablemente por una reforma eclesial que abarque tantos aspectos urgentes, entre ellos, la inaplazable participación plena de las mujeres en ella. Sería muy importante que estas voces extra oficiales fueran más escuchadas por el sínodo “oficial” porque sin duda, el Espíritu también habla fuerte en las márgenes, en los bordes, en las periferias, allí donde se gestan tantas verdades que no quieren ser escuchadas para no desestabilizar los centros de poder que, muchas veces, se sienten poseedores únicos de la verdad. Esperemos que este próximo mes de octubre, con tanto movimiento eclesial, de los frutos esperados. La reforma eclesial no es opcional, es indispensable para que la Iglesia pueda ser significativa para este momento presente.

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