domingo, 10 de diciembre de 2023

 

¡Qué susto vivir en Argentina!

Olga Consuelo Vélez

No soy argentina, no conozco la situación de primera mano, no soy política, no sé hacer análisis políticos con la rigurosidad que se requiere, solo me refiero al discurso de posesión del presidente Javier Milei, según mi interpretación desde el sentido común.

Me parece que un presidente no puede pensar solo en lo económico sino en todo un proyecto de país. El discurso de Milei solo habló de lo económico, pero según logro entender, una economía basada en el individualismo, en la libre competencia, en el sálvese quien pueda. Y sin anestesia ya anunció que se vienen tiempos difíciles, la pobreza aumentará y ese “sacrificio” es totalmente necesario. Eso sí, se salvará la inversión privada porque los recortes no caerán sobre ellos sino sobre el Estado, este quien debe velar por el bien común y, especialmente por los más pobres. Y el público “aplaudiendo”. ¿Cuántos pobres estarían aplaudiendo? Posiblemente muchos porque las votaciones así lo mostraron. Casi siempre los que son sacrificados aplauden su suerte, están tan convencidos de lo que les han dicho que parece se alegran de la suerte que van a correr.

Otra cosa que me llamó la atención: anunció que los que salgan a protestar perderán los auxilios sociales. ¿No es esa la maquinaria de los llamados “populismos” para tener en su redil al pueblo? Al menos podría ser coherente de no usar los medios que critica. Pero tranquilamente lo dijo con todas las letras. Y el público aplaudiendo. Pero esto no es lo más grave: total represión a quien no acepte lo que propone. ¿dónde queda la libertad de expresión y la lucha legítima por los derechos humanos?

Cuando escribo esto todavía no se ha dado la oración interreligiosa que parece se va a dar en la catedral. No sé que Dios les estará escuchando. Por lo menos el Dios de Jesús pone en el centro a los pobres, los defiende, reivindica sus derechos, son el principal y preferencial sujeto de atención. Milei los desprecia. Son aquellos que roban al Estado con los auxilios sociales. No son la “gente de bien” que, para él, son los que tienen capital y acumulan sus grandes fortunas.

Y los políticos presentes en la posesión, comenzando por Macri, apoyando a este que les dice en la cara que todo lo que pasa ahora es culpa de todos los políticos anteriores. Pero ¿ningún político se siente afectado con esa manera de humillar a todos los que no son él? Inconcebible, pero Macri alabó el discurso y dijo que estaba 100% de acuerdo.

De verdad, me duele desde mi ser creyente que un país haya elegido a un presidente que solo piensa en lo económico, pero de esa forma individualista y egoísta, donde estorban todos los que no producen algo. Muchos dirán que justo lo económico es la solución para beneficiar a los pobres. Ojalá así fuera. Pero no creo que el Dios de Jesús vaya por esos caminos, ni que la economía vista de esa manera unilateral pueda salvaguardar el bien común, la dignidad humana, la justicia social, los derechos humanos, en fin, todo aquello que constituye lo humano.

Ese discurso libertario si que desfigura la libertad cristiana, esa que se basa en el bien común, en el amor a todos, comenzando por los más pobres. Tan cercanos a la Navidad, donde nuestro Dios se encarna entre los últimos, muestra la distancia de lo que es capaz de gestarse en esas personas, aplaudido por tantos, votado por tantos, alabado por tantos. Una vez más, aquel Niño del pesebre, solo es reconocido por los pobres y pequeños, no por estos grandes y poderosos que, lamentablemente, son bendecidos por tantos que se dicen creyentes.

Que me perdonen los argentinos por opinar sobre su país, pero me ha resultado una mañana de domingo, dolorosa, incomprensible, infinitamente alejada de mis más profundas convicciones.

 

 

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