Hacer creíble nuestra fe en Dios Trinidad
Trinidad
(31-05-2026)
Olga Consuelo Vélez
Tanto amó
Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera,
sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es
juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios (Juan 3, 16-18).
Venimos de
celebrar la Pascua, la ascensión, pentecostés y hoy nos encontramos con la
fiesta de la Santísima Trinidad. De alguna manera, cada domingo vamos conmemorando
los misterios de nuestra fe y así mantenemos la vitalidad de nuestra
experiencia cristiana.
No hay textos
bíblicos que usen la expresión “Trinidad”. Lo que encontramos son confesiones
de fe en un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre nos entrega al Hijo y
el Hijo nos deja su Espíritu. Por lo tanto, la formulación del dogma de la
Santísima Trinidad responde a poner en palabras lo que ha sido experiencia,
pero no con el ánimo de probar sino de comunicar. Los primeros cristianos
experimentaron que Jesús actuaba en fidelidad al Padre y que los invitaba a vivir
también como hijos e hijas de ese mismo Padre y a dejarse guiar por su mismo
Espíritu. Esa manera de expresar la experiencia de Dios se asemeja a lo que el
término Trinidad quiere decir. Creemos en un Dios amor, comunidad, relación,
que saliendo de sí mismo se entrega a los suyos para que todos puedan entrar en
esa misma dinámica de donación y entrega mutua, de fraternidad y sororidad, de
comunión con todo lo creado.
De ese amor del
Padre para con el mundo, en la entrega de su Hijo, trata el evangelio de hoy. Dios
ha amado inmensamente a este mundo, al punto de darle a su Hijo único. Pero se precisa
de la fe para aceptar al Hijo y, en la medida que se acepte, tener vida eterna.
Dios solo tiene la propuesta de salvación y por eso no juzga al mundo. Seremos
nosotros los que nos juzguemos si no creemos en el Hijo de Dios.
Será la segunda
lectura de hoy, tomada de la segunda carta de Pablo a los Corintios (13,13) la
que nos hable, más explícitamente, de la fiesta de la Trinidad que hoy
celebramos. Pablo se despide de la comunidad de Corinto, nombrando al Padre, al
Hijo y al Espíritu y atribuyéndole al Padre el amor, a Jesús la gracia y al
Espíritu Santo la comunión.
Que la apuesta
por la paz, la justicia, la reconciliación, hagan creíble nuestra fe en Dios
Trinidad, porque lejos de ser un misterio incomprensible, es la vivencia del
mismo amor trinitario en nuestra realidad con sus desafíos actuales.
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