sábado, 3 de marzo de 2018


8 de Marzo: Día Internacional de la mujer

Muchos se molestan cuando se vuelve a hablar del Día internacional de la mujer. Algunas mujeres dicen que no se sienten identificadas porque “no son feministas” y algunos varones dicen que ellos “no tienen la culpa de lo que le pasa a las mujeres” y que se sienten atacados por ellas. Como en todo lo humano que vivimos, la pluralidad de posturas es inevitable, unas con más conocimiento de causa pero muchas otras, fruto de una gran ignorancia. Lo cierto es que respetando algunas apreciaciones que tal vez con razón pueden hacerse, crece en el mundo la conciencia de la opresión sufrida por las mujeres por siglos, alimentada por la mentalidad patriarcal y también por las religiones y, aunque a lo largo de la historia podemos encontrar bastantes mujeres que exigieron la igualdad de derechos y lo consiguieron, todavía hoy sigue siendo una deuda pendiente a la que le falta mucho para ser saldada.

En 2017, con el lema “ni una menos, vivas nos queremos” las feministas argentinas llevaron a cabo la primera huelga global de mujeres, que se llevó a cabo en más de 70 países. Para este 2018 se ha propuesto una huelga más amplia para seguir “cambiando este mundo” porque cada vez hay más conciencia de que “nadie puede mirar al otro lado” frente a lo que falta para que a las mujeres se les concedan todos sus derechos –por eso todavía tiene que existir la reivindicación (que molestan a tantos como si no fuera evidente todo lo que falta)- y para que se acabe esa mirada sexista sobre las mujeres que ha permitido que “por el hecho de ser mujer” se les golpee, se les viole y se les mate.

Muchos aspectos podrían tratarse pero quiero decir una pequeña palabra sobre el papel que han jugado las religiones. Estoy en Jerusalén, ciudad donde confluyen las tres grandes religiones monoteístas y desde la ignorancia de una mirada externa, no puedo menos que decir, que falta “muchísimo” para que las mujeres sean más libres y, precisamente, las religiones lo promuevan. Hay demasiadas mujeres aquí con la cabeza y el cuerpo cubiertos por razones religiosas. No importa el clima que haga: lo religioso prima y ellas han de ocultar sus atributos femeninos. Con un velo y abrigos largos las musulmanas (sin olvidar a las que llevan Burka), con una peluca o un sombrero y ropas de color oscuro, las judías. Además, los lugares también siguen siendo excluyentes. El sitio preferencial para los varones y uno secundario para las mujeres. Es verdad que existen cambios y podemos encontrar Rabinas en algunas sinagogas y también algunas mujeres entran a las mezquitas y se ponen del lado de los varones. Pero son demasiado pocas todavía. Y las procesiones que se hacen en los lugares santos reflejan la preeminencia de los varones y la ausencia de las mujeres. Todas las religiones tienen sus celebraciones con inmensas filas de varones que hacen todo en el altar y son los protagonistas de absolutamente todo. Por esto me parece que todas las religiones aquí, custodias de los lugares santos, parecen ser de varones para varones. La mujer puede estar a los lados, atrás, en sala separada, bien cubierta, pero no hace falta su presencia para absolutamente nada. Tal vez mis palabras son pura impresión de primera mano y me disculpo de antemano por la ignorancia que muestro frente a lo que estas mujeres deben vivir. Pero, definitivamente, un mundo así para las mujeres no me gusta, como dicen las promotoras de la huelga para este 8 de marzo.

En fin, no creo que haga falta volver a nombrar todas las situaciones que afectan a las mujeres. Tal vez, decirles una vez más a las que dicen “no ser feministas” que hay muchos tipos de feminismo y se puede no estar de acuerdo con todas las reivindicaciones pero que no olviden que el hecho de ser tratadas con igual dignidad y tener derechos se debe a la lucha feminista. Sin ese movimiento hoy no podríamos tener esa otra visión sobre nosotras mismas. Y, a los varones, que hablar de las mujeres no es atacarlos a ellos sino caer en cuenta que este mundo hay que cambiarlo porque tanto ellos como nosotras necesitamos liberarnos de un mundo conformado solo desde la primacía de lo masculino. Por eso nuestra lucha les implica también a ellos. Y a las religiones que den pasos más fuertes en dirección a la liberación de tantos fundamentalismos que hacen permanecer a las mujeres en segundo plano y cuidando de aspectos que, con certeza, Dios jamás lo quiso porque no sería Dios si para El no fuera verdad que “a imagen suya nos creó, varón y mujer” (Gn 1, 27).

Conmemoremos este día, crezcamos en la conciencia feminista, valoremos el camino recorrido y empeñémonos por seguir abriendo muchos más para que lleguen a todas las mujeres de todas partes y de todas las religiones.

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