domingo, 29 de octubre de 2023

 

Documento final del sínodo: una reforma eclesial que no llega …

Olga Consuelo Vélez

No es mucho lo que se puede comentar frente al Documento Síntesis de la Asamblea Sinodal, pero ya que he comentado varios momentos del sínodo, parece coherente decir una palabra sobre este documento. En una primera mirada se puede ver que en la iglesia existen posiciones contrarias y no son menores. El hecho de que hayan podido hablar los padres y madres sinodales, expresando esas divergencias, no significa que no haya visiones muy distintas y el camino se ve demasiado largo para llegar a construir consensos.

El documento se estructura en tres partes: (1) El rostro de la Iglesia sinodal (2) Todos discípulos, todos misioneros y (3) Tejer lazos, construir comunidad. Cada parte tiene subdivisiones y en cada una de ellas el contenido se estructura en tres partes: (a) Convergencias (b) Cuestiones que deben abordarse y (3) Propuestas. No es una redacción ágil. Resulta pesada y repetitiva. En las convergencias se expresan realidades bastante obvias sobre los temas que se abordan; en las cuestiones que deben abordarse se ven las dificultades de aceptar cualquier modificación sobre esas temáticas y las propuestas consisten en seguir pensando, con comisiones, o revisando los principios teológicos, canónicos y litúrgicos sobre las dificultades que se ven en estos temas.

Se dice que el documento fue aprobado por dos tercios. Esto daría la impresión de que la asamblea estaba bastante de acuerdo, pero como dije al inicio, estaba bastante de acuerdo en que hay visiones distintas en la Iglesia. Si hubieran sido pocos los que expresaban temores sobre una temática y para aprobarlo se exigía los dos tercios, esos apartados no hubieran pasado. Pero si están, es porque hay una amplia mayoría que ve la dificultad.

Después de leerlo lo que vino a mi mente fue la cita de la Evangelii Gaudium donde el papa Francisco dice: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada por una maraña de obsesiones y procedimientos” (n. 49). Lamentablemente me parece que el documento refleja una Iglesia más preocupada por no dejar sus seguridades que por enterarse seriamente por donde el Espíritu sopla en los signos de los tiempos actuales. Y esto se ve desde el inicio con el mismo tema de la sinodalidad. El documento dice que este término “causa confusión y preocupación entre algunos. Entre los temores está el de que se cambie la enseñanza de la Iglesia, alejándose de la fe apostólica de nuestros padres y traicionando las expectativas de quienes aún tienen hambre y sed de Dios”. Por supuesto se afirma también que muchos están convencidos de que este término es “una expresión de la Tradición viva”. Pero al final del documento vuelven a presentarse dudas de si los sínodos de obispos deben tener presencia de otros miembros no obispos porque podría poner en riesgo el papel especifico de los obispos.

Los temas que señala el documento son importantes y podríamos decir que es un paso adelante el que se afirme que han de considerarse. Se refiere a la opción por los pobres, el ecumenismo, la identidad misionera de la Iglesia, el abrir espacios a las mujeres en la Iglesia, el discernimiento, la comunión eclesial, la importancia de la escucha y el acompañamiento a los jóvenes, las voces de las víctimas y supervivientes de abusos sexuales, espirituales, económicos, instituciónelas, de poder y de conciencia por parte de miembros del clero o de personas con nombramientos eclesiales. También habla de escuchar y acompañar a los marginados o excluidos de la iglesia por su situación matrimonial, su identidad y su sexualidad, sin dejar de lado a los pobres, los presos, los ancianos, los enfermos, etc.

Además de los cuestionamientos a la sinodalidad -centro y base de todo este proceso- también resulta llamativo los temores a hablar de una Iglesia totalmente ministerial -dicen que se puede prestar a malentendidos-. Pero nada más llamativo que las reflexiones que la iglesia hace sobre las mujeres. Está muy clara en la urgencia de darle más participación, pero hablar del acceso al ministerio ordenado está totalmente borrado del documento -y eso salió en los documentos de las etapas previas a este encuentro- y al hablar del diaconado sigue la división o polarización que parece insuperable. Ya se han propuesto dos comisiones y no se ha encontrado una salida y, tal vez hay que esperar a esta tercera vez, aunque el documento dice que “algunos expresan el temor de que esta petición sea expresión de una peligrosa confusión antropológica que es fruto más de una iglesia que cede “al espíritu de los tiempos actuales” y no a la fidelidad a la tradición. Además, según algunos informes, los numerales que se referían al diaconado femenino fueron los que contaron con más votos en contra. Realmente las mujeres somos un tema no resuelto en la Iglesia y no parece que el clero -y también parte del laicado, incluidas mujeres- estén dispuestos a dar un paso al frente.

Valioso resulta del documento preocuparse de la formación del clero y de seguir denunciando el clericalismo. También proponer estructuras dedicadas a la prevención de abusos. Pide que haya una consulta más amplia para la elección de obispos y se promueva una cultura de rendición de cuentas. Recuerda que la curia romana ha de estar al servicio de las iglesias locales y no convertirse en un obstáculo entre ellas y el pontífice. Llama la atención la insistencia en reflexionar sobre la relación entre el amor y la verdad por el impacto que tiene en muchas cuestiones controvertidas. Lo que yo alcanzo a entender es que la Iglesia está tan acostumbrada a afirmar “verdades” que está muy asustada con este mundo actual que las hace tambalear y con motivos más serios de lo que creemos.

En conclusión, en este encuentro sinodal no se tomó ninguna decisión y este documento síntesis lo confirma. Habrá que esperar un año para ver si algo se avanza. Personalmente no lo veo probable. Pero como otras veces he dicho, ojalá me equivoque en absolutamente todo lo que he dicho porque, en verdad, quiero una reforma de la Iglesia que la haga creíble para el mundo de hoy. Sólo que, remitiéndome a los hechos concretos, me parece que está bastante difícil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.