martes, 31 de octubre de 2023

 

Algunas reflexiones sobre las elecciones territoriales en Colombia

Olga Consuelo Vélez

El pasado domingo, 29 de octubre, se realizaron las elecciones territoriales en Colombia. Se eligieron concejales, ediles, alcaldes y gobernadores. No tengo una formación política como para hacer un análisis profundo de lo que sucedió. Por eso mi comentario es muy subjetivo y solo responde a mis propias interpretaciones.

Siguiendo el sentir general, los resultados se han leído como una derrota del partido de gobierno, comenzando porque no ganó la alcaldía de Bogotá y tampoco tuvo una representación muy significativa en las demás regiones. Efectivamente así fue. Y, por supuesto ha sido la gran ocasión para que los medios de comunicación -casi todos contrarios al gobierno- y todos los que no han podido asumir el triunfo de Petro en las pasados elecciones, se regocijen en afirmarlo una y otra vez. No pueden estar más felices porque es la ocasión perfecta para sacarse esa “espina” que se les clavó hace más de un año.

Soy consciente de que gobernar no es nada fácil y menos en esta realidad colombiana tan compleja y tan llena de problemas. Esta realidad no es de ahora, la hemos arrastrado prácticamente a lo largo de nuestra historia, pero con más fuerza en las últimas décadas por el conflicto armado interno y por la dificultad inmensa de construir la paz. Pero, para mí, desde que Petro asumió la presidencia ha buscado trabajar por la paz y concretar las propuestas de reformas que había prometido en su campaña. Nada de eso está siendo fácil porque ha encontrado una oposición totalmente enfilada a obstaculizar todo lo que provenga del gobierno. Y es normal esa oposición porque cualquier cambio que desinstale, que implique estrenar nuevas comprensiones, causan miedo y, aunque la evidencia de los hechos pida que haya cambios, se prefiere seguir en lo “que siempre fue así”. Pero además de esto y, es lo más decisivo, todos aquellos que están beneficiados con las estructuras actuales, no están dispuestos a perder sus privilegios y los defienden con todas sus fuerzas. Nunca vi un gobierno anterior que desde el primer día buscara llevar adelante sus promesas de campaña, sino que fueron gobernando manteniendo lo que estaba e introduciendo algunas reformas de las que ni íbamos siendo conscientes porque tenían toda la maquinaria a su favor para hacer los cambios que querían, casi siempre buscando mantener los privilegios de los mismos. Pero todas estas décadas de gobiernos incapaces de transformar la realidad no son criticados en la mayoría de los estamentos y parece que muy pocos recuerdan su inoperancia.

Hay momentos en que se logran levantar las voces y exigir cambios y eso lo vivimos en la historia reciente con todas las protestas, especialmente de los jóvenes, contra el gobierno de Duque, preparando la posibilidad de elegir, por primera vez en la historia de Colombia, un gobierno que rompía la hegemonía de los clanes políticos colombianos y sembraba la esperanza de que se podría gobernar de otra forma.

Pero estos cambios no son fáciles. Ya hablé de la oposición férrea de las clases dirigentes de siempre. También cada gobernante tiene sus limitaciones personales y sociales con las que hay que contar. Y a Petro no le faltan como a ninguno de todos los demás gobernantes. Junto a esto, hay que contar con la condición humana de todos los que acompañan cualquier gobierno. Esa condición humana que podría llegar a ser honesta y comprometida hasta el fondo con lo que se le ha encomendado, es también capaz de las mayores traiciones y de caer en las mismas contradicciones que se han criticado. Hay que asumir que varios de los cercanos a Petro, incluido su propio hijo, dejan mucho que desear.

Ahora bien, es bueno preocuparnos porque se ha perdido la oportunidad de gobernar en muchos espacios, pero de igual forma debería preocuparnos que los clanes de siempre hayan vuelto a ganar esos espacios. Si los hubieran ganado personas que siguen proponiendo cambios, sería buenísimo. Pero muchos de los que llegaron son los mismos de antes. Muestran que supieron mover muy bien sus fuerzas para recobrar el poder perdido y también invitan a las fuerzas de gobierno a revisar tanto su gestión como las fuerzas que se oponen que son inmensas.

De todas maneras, me parece bien que se haya dado esta posible derrota. Invita a seguir redoblando esfuerzos y revisar lo hecho hasta ahora. Pero también conviene ver qué tanto logran los ganadores con su gestión. Todos han llegado diciendo que van arreglar el desastre en lo que Petro ha convertido a Colombia. Pues ojalá cumplan con lo prometido. Si lo consiguen, eso es lo que queremos, venga de las fuerzas que vengan. Pero si las cosas no cambian ojalá, reconozcamos, que estas elecciones no fueron un triunfo sobre el gobierno, sino una vuelta atrás, a lo mismo que siempre hemos tenido.

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