En este espacio se consignan reflexiones sobre los hechos que suceden vistos desde la fe y con el ánimo de suscitar conciencia crítica, reflexión y compromiso cristiano.
viernes, 18 de octubre de 2024
jueves, 17 de octubre de 2024
Un
seguimiento en la lógica del servicio y no del poder
Comentario al
evangelio del domingo XXIX del Tiempo Ordinario 20-10-2024
Olga Consuelo Vélez
Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de
Zebedeo y le dicen: Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos. Él les
dijo: ¿Qué quieren que les conceda? Ellos le respondieron: Concédenos que nos
sentemos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Jesús les dijo:
No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo voy a beber o ser
bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Ellos le dijeron:
Sí, podemos. Jesús les dijo: La copa que yo voy a beber, si la beberán y
también serán bautizados en el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero,
sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que
es para quienes está preparado. Al oír esto los otros diez, empezaron a
indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: Saben que los
que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos
y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes, sino
que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que
quiera ser el primero entre ustedes, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo
del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate
por muchos. (Mc 10, 35-45)
La segunda parte del evangelio de Marcos se estructura
en base a los tres anuncios de la pasión, anuncios que no son comprendidos por
los suyos. El evangelio de hoy, está precedido por el tercer anuncio que Jesús
hace, a los suyos, subiendo a Jerusalén en el que les dice que el Hijo del
hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a
muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán
y lo matarán y a los tres días resucitará (Mc 10, 33-34). Y en ese contexto
Santiago y Juan se acercan a Jesús para pedirle que les conceda el estar a su
derecha y a su izquierda. Situados en todo el contexto se entiende con más
fuerza la incomprensión de los discípulos del camino de Jesús y la diferencia
de valores que tienen en su horizonte de seguimiento. Una vez más Jesús les
explica por dónde va la lógica del discipulado y para eso se sirve de los
símbolos de la copa y del bautismo para explicarles, de nuevo, que él va morir
en rescate por muchos, como se dirá al final de este evangelio. Es decir, una
muerte vicaria en el que Jesús se entrega por los suyos. Cabe anotar que el
término “muchos”, en la cosmovisión de ese tiempo se entiende como “todos”, es
decir, realmente Jesús se entrega por toda la humanidad.
Pero visto que los discípulos no logran entender la
lógica del reinado de Dios anunciado por Jesús y las consecuencias que Jesús va
a vivir por dicho anuncio, Jesús llama a sus discípulos -los cuales ya estaban
indignados por la postura de Santiago y Juan- y les vuelve a explicar en qué
consiste su mesianismo: no es igual al de los señores del mundo que solo saben
de poder y de oprimir a los otros, sino de servicio al mismo estilo de Jesús.
La lógica del reino no va por el camino de los ascensos, del prestigio, del
honor, del poder. Va por la lógica del servicio y en eso consiste la grandeza
de la comunidad del reino. El que quiera ser el primero ha de ser el servidor
de todos.
No es difícil entender el mensaje del evangelio de
hoy, pero sigue siendo difícil vivirlo en la iglesia actual. Justamente la
experiencia del sínodo de la sinodalidad invita a caminar juntos, a ser una
comunidad donde la única dignidad sea la del bautismo y en la que todos los
ministerios se entiendan en clave de servicio. Pero no está siendo fácil
practicar esa otra manera de ser iglesia porque son demasiados siglos de
clericalismo, de estructura piramidal, de honor eclesial, de dignidad
sacerdotal o episcopal, de títulos honoríficos para quienes están en los
niveles de decisión, de ejercicio del poder entendido como superioridad y no
como servicio. El papa Francisco desde el inicio de su pontificado ha criticado
el clericalismo -que no solo es vivido por los clérigos sino también por los
laicos que apoyan con sus actitudes esa manera piramidal de ser Iglesia.
También Francisco se refirió a los pastores con olor a oveja y a cómo deben
caminar no solo delante sino en medio y detrás de la porción del pueblo de Dios
que se les ha encomendado.
Conviene, entonces, revisar el tipo de seguimiento que
vivimos para verificar si se inscribe en la lógica del servicio y, un servicio
que comience por los más pobres.
lunes, 14 de octubre de 2024
Santa
Teresa de Jesús: inquieta, andariega, desobediente … muy distinto sería el
sínodo con ella …
Olga Consuelo Vélez
El 15 de octubre se celebra la fiesta de
Santa Teresa de Jesús. Su vida y su obra mantienen actualidad porque ella fue
una mujer que supo vivir en “su tiempo” y “adelantada a este”. Vivió en su
tiempo y afrontó las circunstancias que su momento le deparaban, con
naturalidad, confianza, intrepidez. Pero también vivió adelantada a su tiempo
porque rompió moldes y estereotipos de su época, ganándose así enemigos y
contradictores. Muchas cosas podríamos decir de ella para mostrar la actualidad
de su legado. Recordemos algunas para celebrarla en su fiesta.
Fue una mujer a la que le importaba lo que
pasaba y sentía la necesidad de implicarse en ello para dar alguna respuesta.
Así lo expresa: “Está
ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le
levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de
gastar tiempo en cosas que, por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un
alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios
de poca importancia”. O, como también lo expresó: “Veo los tiempos de manera
que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”.
Por supuesto esta expresión refleja la comprensión sobre las mujeres de aquella
época -y de aún hoy en ciertos sectores-. Pero para ella, aquellas que tildan
de “débiles”, en realidad tienen “ánimos virtuosos y fuertes”.
Su mayor
legado fue la experiencia de oración que supo vivir y enseñar, especialmente, a
sus monjas. En tiempos donde no estaba permitida la oración mental para las
mujeres, ella no duda en instar a sus hermanas que emprendan el camino de
oración y que ante las críticas que puedan recibir de parte de los clérigos por
tener la osadía de seguir ese camino, no les hagan caso porque, según ella,
esas críticas –“son opiniones del vulgo”-; y también les recomienda que cuando
les digan que dejen la oración, apelen a la regla que “manda a orar sin cesar”.
Dos
cosas son centrales para ella en la oración: (1) la importancia del amor y (2)
la humanidad de Cristo. Lo primero es muy significativo porque no es la oración
por la oración, no la propone como una técnica, un ascetismo -como a veces se
enseña hoy- porque lo que interesa es el amor: “no está la cosa en pensar
mucho, sino en amar mucho, y así lo que más os despertare a amar, eso haced”.
Lo segundo es definitivo: la humanidad de Cristo es el medio para la más subida
contemplación, aunque sus contemporáneos lo negaban: “Y veo yo claro (…)
para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de
esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita (…) He visto
claro que por esta puerta hemos de entrar (…) Así que vuestra merced, señor (el
P. García de Toledo) no quiera otro camino, aunque esté en la cumbre de la
contemplación, por aquí va seguro (…) y en tiempo de sequedades, es muy buen
amigo Cristo, porque le miramos Hombre y lo vemos con flaquezas y trabajos y es
compañía”. Busca orientaciones sobre su propio proceso de oración, pero lo hace
con personas “letradas” -porque sabe lo fácil que es caer en cualquier tipo de
explicaciones falsas- pero, al mismo tiempo, para ella la oración es fuente de sabiduría
porque “la verdad de Dios se nos entrega en la oración, en el trato amistoso
con Él”. Por eso puede contradecir a quienes le dicen que no tiene razón.
Algo sorprendente son las fundaciones que hace. No hay dificultad humana
que se lo impida porque su confianza es absoluta en Dios y sabe que, si ella
pone todo de su parte, Dios no dejará la obra inconclusa. Sabemos que no solo
funda conventos de mujeres sino también de varones. Y parece que no le tema a
nada. Es capaz de enfrentarlo todo y no cesa de buscar soluciones a las
dificultades que se le presentan. Actúa con astucia para conseguir lo que
persigue y sabe ocultar sus intenciones para no ser reprobada por los
superiores hasta que se realiza la obra: “Y así me determiné de hablar al
gobernador, y me fui a una iglesia que está junto con su casa y le envié a
suplicar que tuviese por bien de hablarme. Había ya más de dos meses que se
andaba en procurarlo y cada día era peor. Como me vi con él, le dije que era
recia cosa que hubiese mujeres que querían vivir en tanto rigor y perfección y
encerramiento, y que los que no pasaban nada de esto, sino que se estaban en
regalos, quisiesen estorbar obras de tanto servicio de nuestro Señor. Estas y
otras hartas cosas le dije con una determinación grande que me daba el Señor;
de manera le movió el corazón, que antes de que me quitase de con él, me dio la
licencia.”
Gracias a sus escritos podemos hoy seguir profundizando en su legado. Una y
otra vez se estudian, se meditan, se oran, se reflexionan sus obras y siempre
se saca mucho provecho de ellas. En sus escritos también muestra su osadía y su
estar adelantada a su tiempo. Más de una obra fue cuestionada y retirada, pero
la fuerza de su experiencia permitió que se recuperaran y podamos seguir
aprendiendo hoy de su inmensa hondura espiritual.
Pero lo que más me encanta de Teresa es lo que un nuncio del Papa, afirmó
de ella: "...femina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a
título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura,
contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra,
contra lo que San Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen”.
Precisamente esas palabras muestran todo lo que ella fue en su tiempo,
saliéndose de los moldes establecidos porque en realidad amaba a la Iglesia y
no se resignaba a que en ella no se viviera la radicalidad del evangelio.
Personas como Teresa son las que necesitamos en este tiempo en que se está
realizando el sínodo de la sinodalidad como una concreción de la “reforma” de
la Iglesia que Francisco propuso al inicio de su pontificado. Lamentablemente el
coraje y audacia de Teresa no parecen presentes en los padres y madres
sinodales que, atrapados en la estructura pesada y casi inmóvil de la Iglesia, van
desarrollando lo estipulado en el proceso, pero dejando de lado muchos de los
aspectos que salieron en la etapa de escucha. Se invocan muchas razones: no es
el momento, no está suficientemente maduro, hay que tener paciencia, mejor
lograr poco que no lograr nada, etc. Ojalá Teresa inspirara otra manera de
actuar en la Iglesia: la del profetismo y la valentía para empujar caminos que
rompen moldes y estrenan horizontes distintos e inéditos, aquellos que en verdad
vienen del Espíritu, aquél de quien afirmamos que “hace nuevas todas las cosas”
(Ap 21,5)
jueves, 10 de octubre de 2024
Vivir un seguimiento fiel a los valores
del reino
Comentario al
evangelio del domingo XXVIII del Tiempo Ordinario 13-10-2024
Olga Consuelo Vélez
Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su
encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de
hacer para tener en herencia vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas
bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no
cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto,
honra a tu padre y a tu madre. Él, entonces, le dijo: Maestro, todo eso lo he
guardado desde mi juventud. Jesús fijando en él su mirada, le amó y le dijo:
Una cosa te falta: anda, cuando tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás
un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme. Pero él, abatido por estas
palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús mirando a
su alrededor, dice a sus discípulos: ¡Qué difícil es que los que tienen
riquezas entren en el Reino de Dios! Los discípulos quedaron sorprendidos al
oír estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: Hijos,
¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase
por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios. Pero
ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: y, ¿quién se podrá
salvar? Jesús, mirándolos fijamente dice: Para los hombres, imposible; pero no
para Dios, porque todo es posible para Dios. Pedro se puso a decirle: Ya lo
ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: Yo les
aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o
hacienda por mí y por el evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno;
ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con
persecuciones y en el mundo venidero, vida eterna. (Mc
10, 17-30)
El evangelio de hoy es bastante conocido. Se refiere
al hombre rico que se acerca a Jesús para preguntarle qué ha de hacer para
tener en herencia la vida eterna y a los discípulos que, efectivamente, están
siguiendo a Jesús, es decir, en contraste con este hombre. Anotemos algunos
detalles de cada parte del texto.
Esta parábola se le conoce como la del joven rico,
pero, en realidad, los textos no hablan de un joven sino de un hombre que ha
cumplido desde su juventud los mandamientos. Es interesante que el diálogo
ocurre en el camino. El seguimiento es caminar con Jesús, es seguirlo por su
misma senda. El hombre se arrodilla y le llama maestro bueno. Estos signos
manifiestan el reconocimiento que este personaje hace de Jesús. Pero no basta
reconocer a Jesús, lo importante será asumir su mismo camino. Y precisamente esto
es lo que no hará el hombre rico. Según la conversación, él cumple los
mandamientos, pero ante la propuesta de Jesús de vender sus bienes para
dárselos a los pobres, la buena disposición que manifestaba al inicio del
encuentro, termina porque, como dice el texto, tenía muchos bienes.
Es importante caer en cuenta de que la propuesta de
Jesús es totalmente contracultural. Para el pueblo judío, tener bienes era
señal de bendición de Dios. Y, justamente, Jesús le propone ir en contra de esa
bendición. La motivación de Jesús es clara: el reino de Dios que anuncia no
admite ninguna exclusión y por eso, entrar al reino, implica entrar con los
otros, comenzando con los más pobres. El hombre rico no logro hacer este
cambio. La propuesta contradecía lo que él, como buen judío, había vivido siempre.
La mirada afectuosa de Jesús no logra tampoco cambiar la actitud del rico y,
como dice el texto, se va abatido o entristecido. Y Jesús afirma la dificultad
para entrar al reino de Dios cuando se tienen muchos bienes.
No está lejos esta historia de la de tantos que
queriendo ser buenos cristianos, preguntando cómo ser mejores cristianos quedan
decepcionados por las respuestas que reciben que no van en la lógica que ellos
han construido y no logran dar el paso por mucho que se les explique. Hay
cristianos apegados al cumplimiento de los mandamientos, pero incapaces de
entender la novedad del reino que siempre pone al ser humano por encima de la
norma y trabaja por la inclusión de todos con lo que eso supone de desprendimiento
y compartir de bienes.
Después de este relato se da el diálogo entre Jesús y
sus discípulos quienes han sido testigos de lo que sucedió. Según el texto,
Jesús miró al hombre rico. Ahora mira a su alrededor donde están sus discípulos
y afirma la dificultad para que los ricos entren al reino. No es de extrañar
que los discípulos queden sorprendidos y Jesús les continúa explicando con el
ejemplo de la dificultad de un camello para pasar por el ojo de una aguja.
Sobre este tema se dan diversas interpretaciones de si el camello es una soga
gruesa y la aguja una puerta. Eso no es lo importante. Lo que Jesús expresa es
la propuesta contracultural que significa el reinado de Dios. Ya no son
bendición los muchos bienes sino la solidaridad y la preocupación efectiva por
los pobres. Y aunque esto parezca imposible que se entienda por aquellos que
han vivido en otro horizonte, Jesús afirma que es posible porque Dios es quien
propone este reino y con él, todo es posible.
El texto termina mostrando que los discípulos si han
dejado los bienes y están siguiendo a Jesús. Por eso el mismo Jesús reconoce
que quien ha dejado todo, recibirá el ciento por uno -es decir mucho más de lo
que ha dejado- y, sin duda, la vida eterna que el rico deseaba tanto alcanzar.
Pero dos detalles se pueden señalar en esas palabras de Jesús. Si ellos han
dejado padre, madre, bienes, recibirán madre y bienes. El texto no habla de
padres porque en la familia del reino el único padre es Dios y todos los demás
son hermanos y hermanas. En un contexto patriarcal, en un modelo de familia
donde la primacía la tiene el padre, la familia del reino no tiene padres, no
se establece por jerarquías. No es de extrañar que sea difícil el seguimiento
de Jesús porque supone otros valores que contradicen lo que cultural y
religiosamente establecido.
El segundo aspecto es que Jesús les advierte de las
persecuciones que también implica el seguimiento. Recordemos que Marcos le
escribe a una comunidad que está siendo perseguida y la figura de Jesús que
resalta es la del Mesías crucificado. Quien sigue a este Mesías no está lejos
de ser perseguido como lo fue Jesús.
Este evangelio, por tanto, nos invita a vivir el
seguimiento en fidelidad a los valores del reino, sin pretender domesticarlos o
acomodarlos a lo establecido. Nos advierte de la dificultad, pero nos invita a
la confianza porque quien lo hace posible es Dios mismo para quien todo es
posible.
martes, 8 de octubre de 2024
¿Cómo va el sínodo de la sinodalidad?
Olga Consuelo Vélez
El Sínodo ha iniciado la segunda semana de
realización. Comenzó con un retiro espiritual y una vigilia penitencial en la
que, después de escuchar tres testimonios -de un sobreviviente de abusos
sexuales, de una voluntaria que acoge a migrantes y de una religiosa testiga de
la guerra en Siria-, siete cardenales pidieron perdón por pecados de la Iglesia
que han socavado la confianza en ella. El mismo Papa redactó esas peticiones de
perdón contra los abusos sexuales de menores, contra la paz, la creación, los
pueblos indígenas, los migrantes, el pecado contra la mujer, la familia, los jóvenes;
el pecado contra la pobreza, contra la sinodalidad, contra la falta de escucha,
y contra la doctrina utilizada como piedra para ser arrojada. Personalmente me
impactaron las palabras con las que se introducía cada petición de perdón:
“sintiendo vergüenza”. Efectivamente, solo desde una vergüenza sincera y honda
se puede recomenzar de nuevo. Muchos han tapado los pecados de la Iglesia.
Otros los han relativizado aduciendo que ellos suceden mucho más en otros
espacios no eclesiales y otros los han calificado como ataques contra la
institución eclesial. Esa vigilia permitió mostrar un deseo sincero de
honestidad, de reparación de las víctimas, de hacer lo posible porque eso nunca
más suceda. Todo esto solo será posible en la medida que todos los miembros del
Pueblo de Dios “sintamos vergüenza” por la Iglesia que amamos, reconociendo que
le falta tanto para testimoniar la Iglesia querida por Jesús.
Los trabajos sinodales se están centrando en el
Instrumentum Laboris. Ya se trabajó la parte correspondiente a los “Fundamentos
de la sinodalidad” y estos días se está trabajando la Primera Parte, titulada “Relaciones”.
La metodología, a grandes rasgos, consiste en la intervención de los participantes
en la mesa que les corresponde, diciendo lo positivo del documento y lo que
necesita ser revisado. La persona que hace el papel de relatadora organiza los
aportes y la síntesis de cada mesa será llevada a las plenarias o congregaciones
generales. Así se hará con cada una de las tres partes del documento, hasta
llegar al día 21 de octubre en el que se presentará el borrador del documento
final, el cual será discutido del 22 al 26, de forma que el 27, se clausure el
sínodo.
De lo que se puede saber por las ruedas de
prensa, una petición importante que salió desde el inicio fue sobre el trabajo
de los diez grupos de estudio, nombrados por Francisco, pidiendo que sus resultados
sean devueltos a los sinodales, antes de ser ratificados por el Papa. De esa
manera, no quedan como aportes independientes del sínodo, sino que permanecen
en la dinámica sinodal. También se preguntó sobre la conformación del grupo 5 -sobre
ministerios eclesiales- que está bajo la coordinación del Dicasterio para la fe
y del que no se conocen sus integrantes. No sé cómo lo concretarán, pero se
nota el esfuerzo de algunos sinodales para mantener la dinámica prevista. Sin
embargo, quedan varias dudas en el ambiente ya que todos los grupos están
formados por demasiados miembros de los respectivos dicasterios y no se nota
una participación más plural de expertos. Muchos menos, participación del
laicado -varones y mujeres- y de procedencia geográfica más variada.
Otro aspecto a destacar es la insistencia en la
realidad de las mujeres. Se sabe de los esfuerzos por no tratar el tema en el
sínodo y la justificación de no ser algo tan importante para que centre la
dinámica del sínodo o de no considerar que sea el momento adecuado para hablar
de ministerios ordenados para las mujeres, especialmente, del diaconado. Sin
embargo, no dejan de aparecer las preguntas, las insistencias, las búsquedas,
la conciencia cada vez más creciente de que sin resolver con acciones y no con
justificaciones, la plena participación de las mujeres en la Iglesia, se
hablará de sinodalidad pero no se realizará plenamente, se pedirá perdón pero
no se restituirá la confianza.
Vale la pena saber que al inicio del sínodo
diversas organizaciones de mujeres, especialmente las que han pedido
explícitamente los ministerios ordenados, pretendieron recordar sus peticiones
con pancartas en los alrededores de la Plaza de San Pedro y fueron
interceptadas, desde antes de llegar a la plaza, por guardias de seguridad,
impidiéndoles la entrada. Estas acciones se divulgan poco, pero conviene
saberlas para entender las resistencias eclesiales, pero al mismo tiempo, la
firmeza de tantas mujeres en sus demandas ya que crece la conciencia de
realizarlas no porque sean un grupo pequeño de mujeres -revoltosas, feministas
o desadaptadas de la Iglesia (como invocarían algunos)-, sino por responder a una
vocación que proviene del Espíritu y desde hace mucho tiempo (por no decir
desde los orígenes), se ha manifestado y no dejará de hacerlo. Podrán
acallarlo, pero no extinguirlo. He ahí la responsabilidad histórica de este
momento actual. Sin embargo, pareciera que no está fácil conseguirlo. Queda el
desafío de no bajar la guardia porque la sinodalidad no será efectiva sin dar
pasos en este sentido.
El sínodo continúa y desde la Fundación
Amerindia -red de teólogos/as latinoamericanos-, auspiciadores del “Observatorio
Latinoamericano de sinodalidad”, se ha establecido una “tienda de la
sinodalidad” a partir de la cual se están ofreciendo reflexiones teológicas a las
madres y padres sinodales que lo desean. Así mismo se están realizando mesas
temáticas sobre muchos de los temas que exigen la vivencia sinodal: pastoral
hispana en Estados Unidos, afrodescendientes, pueblos originarios, horizonte
liberador latinoamericano, opción por los pobres, vida religiosa, movimientos
populares, misión evangelizadora de la Iglesia, laicado, mujeres, ministerios
ordenados, estructuras sinodales, migrantes, etc. De esta manera se está
acompañando el proceso sinodal y se espera contribuir, posteriormente, en la
recepción de este acontecimiento eclesial. Aquí estamos en esta tarea, con
dedicación y entusiasmo. Esperemos que el Espíritu supere todas las
resistencias y los frutos sean abundantes.
viernes, 4 de octubre de 2024
miércoles, 2 de octubre de 2024
Mujeres, niños
y tantos excluidos: principales destinatarios del Reino
Comentario al
evangelio del domingo XXVII del Tiempo Ordinario 6-10-2024
Olga Consuelo Vélez
Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban:
¿Puede el marido repudiar a la mujer? Él les respondió: ¿Qué les prescribió
Moisés? Ellos le dijeron: Moisés permitió escribir el acta de divorcio y
repudiarla. Jesús les dijo: Teniendo en cuanta la dureza de su corazón escribió
para ustedes este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo
varón y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y los dos se
harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues
bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre. Y ya en casa, los discípulos le
volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: quien repudie a su mujer y se case
con otra, comete adulterio contra aquélla y si ella repudia a su marido y se
casa con otro, comete adulterio. Le presentaban unos niños para que los tocara:
pero los discípulos les reñían. Más Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo:
Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impida, porque de los que son como
éstos es el Reino de Dios. Yo les aseguro: el que no reciba el Reino de Dios
como niño, no entrará en él. Y abrazaba a los niños y los bendecía poniendo las
manos sobre ellos. (Mc 10, 2-16)
El evangelio de Marcos nos trae este domingo dos escenas que nos van a
recordar quiénes están en el centro del Reino de Dios. En este caso se va a
referir a las mujeres y a los niños. Pero veamos, en cada caso, cuáles son las
connotaciones propias.
Sobre las mujeres, el contexto es de poner a prueba a Jesús con las
preguntas que le hacen. Los fariseos conocen perfectamente la Ley, pero al
hacerle ese tipo de preguntas a Jesús muestran la intencionalidad de ver qué
dice para poder acusarlo. Es una actitud que está presente en algunos sectores
de Iglesia. Aferrados a leyes y normas hacen preguntas que no siempre se pueden
responder con un sí o con un no, pero precisamente así quieren acusar al
interrogado de estar del lado de la norma o de no estar. Vale la pena recordar
que los asuntos humanos son mucho más complejos y por eso no se resuelven con
una respuesta afirmativa o negativa. En estos casos no podemos olvidar que ha
de intervenir siempre el discernimiento, la atención a las situaciones
concretas que rodean cada caso y, en último término, al recinto sagrado de la
conciencia de cada uno -por supuesto una conciencia moral bien formada- que
toma la última decisión.
Pero volvamos al caso que nos ocupa. Los fariseos le preguntan a Jesús
si el marido puede repudiar a la mujer. Jesús responde apelando a lo dicho por
Moisés y aclarando que ese precepto se debe a la dureza del corazón de las
personas. Continúa diciendo que, desde el principio, Dios creó al varón y a la
mujer y la pareja humana está llamada a ser una sola carne. Por eso, aquello
que es contrario al plan original de Dios, resulta inaceptable. Precisamente,
la figura esponsal remite al amor de Dios a su pueblo, amar fiel para siempre.
Conviene advertir que Jesús está hablando desde otro contexto, otra
cultura y por eso, el énfasis de este texto no está puesto en si Jesús condena
el divorcio sino en la postura de Jesús frente a las mujeres. En esa cultura ellas
no pueden tomar la decisión de separarse y, por el contrario, el varón puede
hacerlo por casi cualquier motivo. El firmar el acta de repudio pareciera que
liberaría a la mujer para casarse de nuevo, pero en la práctica, era muy
difícil que eso ocurriera. La mujer repudiada corría la suerte de las viudas,
totalmente desamparada. El apelo, entonces, a que la separación no debería
ocurrir porque no es la voluntad de Dios, responde más a salvaguardar la vida y
dignidad de las mujeres. Si lo miramos desde la actualidad hemos de recordar
que ninguna violencia contra las mujeres ha de ser tolerada, así eso suponga la
ruptura del vínculo matrimonial.
Marcos en su evangelio señala la casa como aquel lugar de intimidad,
donde se reúne la familia del reino y dónde se puede instruir sobre dichos
valores. Por eso el evangelio se refiere a la pregunta que nuevamente los
discípulos le hacen a Jesús, estando ya en casa, sobre el mismo tema. Jesús
sigue insistiendo en la llamada a la vivencia de ese amor que es capaz de hacer
de dos un proyecto común, pero sin que eso signifique que Jesús está
respondiendo a problemas actuales de manera literal.
Continua el evangelio tomando como centro de la conversación a los
niños y, en este contexto, ellos son símbolo de la gratuidad del reino. No hay
que hacer ningún mérito para recibir el don del reino. En efecto, los niños no
son apreciados en esa cultura hasta que se hagan mayores de edad y por eso, más
que símbolo de inocencia o de pureza, son signo de exclusión que Jesús corrige al
bendecirlos poniendo las manos sobre ellos. Y, precisamente, el reino se da a
todos aquellos que la sociedad excluye, juzgando que no merecen nada. Jesús
pide esa actitud de saberse nada para entender, por contraste, la gratuidad del
reino que se nos regala.
Busquemos, entonces, entender los valores del reino de Dios que siempre
pone de primeras a los excluidos, no porque sean mejores, sino porque el reino
es gratuidad real y verdadera.