En este espacio se consignan reflexiones sobre los hechos que suceden vistos desde la fe y con el ánimo de suscitar conciencia crítica, reflexión y compromiso cristiano.
sábado, 23 de noviembre de 2024
jueves, 21 de noviembre de 2024
Celebrar a Cristo Rey es vivir el reinado del servicio a
los últimos
Comentario al evangelio del domingo Cristo Rey del Universo
24-11-2024
Olga Consuelo Vélez
Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le
dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿dices eso por tu cuenta,
o es que otros te lo han dicho de mí? Pilatos respondió: ¿Es que yo soy judío?
Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?
Respondió Jesús: Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo,
mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos. Pero mi
Reino no es de aquí. Entonces Pilato le dijo: ¿Luego tú eres rey? Respondió
Jesús: Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al
mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha
mi voz (Jn 18, 33-37).
Este domingo se concluye el ciclo litúrgico con la festividad de Cristo
Rey. Siguiendo el evangelio de Juan -muy distinto de los evangelios sinópticos-
va a quedar en evidencia quién es Jesús, por qué se le juzga y porque será
crucificado. Conocemos que Pilatos les dijo a las autoridades religiosas judías,
cuando le entregaron a Jesús, que lo juzgaran según su Ley, pero ellos adujeron
que no podían aplicar la pena de muerte y Jesús era un malhechor (Jn 18, 29-32).
Entonces Pilatos entra nuevamente a interrogar a Jesús y el diálogo gira en
torno al “reinado”, causa civil que podría juzgar Pilato. Pero es ahí donde se
devela la diferencia de planos en los que se sitúan. Pilatos habla de los reyes
de este mundo y Jesús deja claro que su reinado es distinto. Explícitamente
dice que su reino es de paz, de lo contrario hubieran combatido para que no lo
apresaran. También dice que su reino es un reino de verdad. En este punto es
importante entender que en la Biblia la verdad no es una palabra que se
conforma con la realidad sino con la alianza. En ese sentido, la verdad es
fidelidad, lealtad, amor. Por lo tanto, lo que revela este interrogatorio es lo
que ha estado presente en el evangelio de Juan desde el inicio: creer o no
creer en Jesús es el verdadero juicio. Y aquí Jesús se afirma como aquel que
esta testimoniando la verdad frente a la cual algunos la aceptan -escuchan su
voz- y otros la rechazan.
Es importante entender que al hablar de dos reinos no se está
refiriendo al mundo de lo sagrado y de lo profano, o de lo religioso y de lo
secular. Jesús no habla de otro mundo distinto al único mundo en que vivimos,
sino a la actitud que se toma en ese mundo: la de creer en los valores del
reino, la de creer en Él o la de rechazarlo. El mundo de la luz es el reinado
de Dios que se comienza a vivir en la historia concreta. El mundo de las
tinieblas son los antivalores al reino que también se viven en el aquí y ahora.
Jesús contrasta, entonces, el mundo del creer y del no creer, del reino y del
anti reino, del discipulado o del rechazo a la llamada.
La fiesta de Cristo Rey, por lo tanto, no significa celebrar a Jesús al
estilo de los reyes del mundo, con sus valores, estilos, poder y majestuosidad.
El Cristo Rey es el que realiza la plenitud del servicio, de la misericordia,
de la inclusión, en otras palabras, de las bienaventuranzas donde los primeros
son los pobres y no está lejana la persecución por parte de tantos que no
aceptan este actuar de Dios. Lamentable que las imágenes que tenemos de Cristo
Rey revelan más la majestuosidad de los reyes de este mundo que el reinado que
testimonio Jesús con sus palabras y obras. Es tarea de nosotros, como
discípulos, testimoniar el verdadero reinado con nuestras palabras y
obras.
viernes, 15 de noviembre de 2024
jueves, 14 de noviembre de 2024
Jesús nos invita a saber Interpretar los signos del
reino en el hoy de nuestra historia
Comentario al evangelio del domingo XXXIII del Tiempo
Ordinario 17-11-2024
Olga Consuelo Vélez
Mas por estos días, después de aquella tribulación, el sol se
oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo
y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo
del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a
los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de
la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprendan esta parábola:
cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sepan que el verano está
cerca. Así también ustedes, cuando vean que sucede esto, sepan que Él está
cerca, a las puertas. Yo les aseguro que no parará esta generación hasta que
todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el
Hijo, sino solo el Padre (Mc 13, 24-32).
El ciclo litúrgico está llegando a su fin y las lecturas ponen énfasis
en la venida de Jesús como consumador de todo lo creado, realización plena de
la historia de la salvación. El lenguaje utilizado es el apocalíptico el cual
se sirve de figuras contrastantes para mostrar lo nuevo que va a suceder. En
este caso, todo lo que el texto relata de los acontecimientos cósmicos que
parece se darán ante la venida del hijo del hombre, tienen la finalidad de
mostrar la novedad absoluta de lo esperado y no, el de revelar acontecimientos
futuros que sucederán, así como se narran. Lamentablemente por un desconocimiento
de los géneros literarios de la Biblia y de interpretaciones que se han hecho de
estos textos en el pasado, todavía hoy se predican de manera literal,
aprovechando ese lenguaje para causar miedo en los oyentes o para interpretar,
por ejemplo, la crisis climática como el cumplimento de estos relatos, haciendo
aparecer a Dios como castigador de la creación y del ser humano, cuando, Dios
es cuidador de todo lo creado y es nuestra responsabilidad velar por su preservación.
Este texto lo que pretende, con este lenguaje apocalíptico, es mostrar
la novedad absoluta que llegó con Jesús -al que se le aplica el título de hijo
de Hombre (Dan 7, 13)-, novedad que se está cumpliendo con la puesta en
práctica de los valores del reino.
El pasaje bíblico continúa con la figura de la higuera con la cual
Jesús invita, haciendo la comparación entre el conocimiento del florecer de la
higuera anunciando el verano lo que ellos deben hacer con el tiempo presente:
interpretar lo que está sucediendo, la novedad que Jesús ha traído, de manera
que se pueda llevar a feliz término la salvación anunciada por Él. Con los
términos de hoy, podríamos decir, saber interpretar los signos de los tiempos,
en una actitud vigilante que nunca ha de faltar para identificar lo que es del
reino y lo que lo contradice.
Por lo tanto, el tiempo presente es una llamada a mantener la esperanza
en el cumplimiento de las promesas hechas por Dios que ya se están realizando
en nuestra historia, manteniéndose vigilante y actuando coherentemente porque,
aunque no sabemos -ni debemos pretender saberlo porque ni los ángeles, ni el
Hijo lo saben- cuando se dará la consumación definitiva de todo en Dios, ya
están aconteciendo los valores del reino y confiamos que llegarán a la plenitud en el
tiempo propicio de Dios que solo Él conoce.
jueves, 7 de noviembre de 2024
Una viuda pobre como ejemplo de discipulado
Comentario al
evangelio del domingo XXXII del Tiempo Ordinario 10-11-2024
Olga Consuelo Vélez
Decía también en su instrucción: Guárdense de los escribas, que
gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los
primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y
que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán
una sentencia más rigurosa. Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba
cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro; muchos ricos echaban mucho.
Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del
as. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: les digo de verdad que esta viuda
pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos
han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio ha echado de lo que
necesitaba, todo cuando poseía, todo lo que tenía para vivir. (Macos 12,
38-44)
Jesús enseña los valores del reino y lo hace con ejemplos fáciles de
entender y que se evidencian en su entorno. En el caso del evangelio de hoy,
Jesús presenta el contraste entre dos personajes: los escribas y una viuda
pobre. De los primeros, hace una crítica fuerte: se pasean con amplio ropaje,
quieren ser saludados en las plazas y ocupar los primeros puestos. Todas estas
actitudes son las que garantizan el honor en la sociedad del tiempo de Jesús y,
salvadas las distancias del contexto, siguen siendo actitudes que garantizan la
importancia de las personas en la sociedad actual. Jesús mira todo eso con
recelo. El “honor”, tan importante para la sociedad judía, no cabe entre los
valores del reino. El valor importante es el de “servir” como Jesús se lo ha
dicho a sus discípulos de tantas maneras. Además, Jesús hace una denuncia del
comportamiento de los escribas: devoran los bienes de las viudas so capa de
largas oraciones. No es ajena esta actitud tampoco en el tiempo de hoy frente a
tantas estafas que, en nombre de Dios, hacen algunos predicadores y
negociadores de la fe.
Pero volvamos al texto. Jesús después de reprochar esa conducta de los
escribas, se sienta frente al arca del Tesoro del templo y hace un juicio
crítico sobre lo que pasa allí: ciertamente, muchos ricos van y echan mucho
dinero. Pero la viuda pobre (podría pensarse que es una de estas viudas
estafadas por los escribas o las mujeres viudas que quedaban totalmente
indefensas al morir su marido) echa todo lo que tiene para vivir. Jesús se
refiere a la moneda de menor valor en aquella época y es esta la que mujer
deposita en el arca. Con este contraste Jesús muestra el verdadero significado
del compartir de bienes que en nuestro contexto podríamos interpretar cómo dar
de lo que sobra o dar de lo poco que se tiene. En el primer caso, no hay una
solidaridad efectiva. Si le sobraba es porque estaba acaparando algo que no le
pertenecía o viviendo la dependencia del acumular y del tener, convencido que
en ello está la felicidad. La verdadera solidaridad es la de la viuda que saber
dar y darse, repartir y compartir. La solidaridad no se mide por el exceso de
bienes dados sino por la capacidad de sentir con el otro su situación y hacerse
solidario con ella.
Ahora bien, estos ejemplos no se refieren a temas a considerar sino a
actitudes que han de vivir los discípulos de Jesús. A ellos se dirige al final
del texto y les muestra con hechos reales en que consiste el verdadero
discipulado. Ni honores, ni prestigio, sino servicio, en el caso de los
escribas. Ni vanagloria por las muchas riquezas valiéndose, también de ellas,
para ser alabado, en el caso de los ricos. El discipulado va en la línea de
aquella viuda pobre que da lo que tiene para vivir porque su amor es efectivo,
su solidaridad entrañable.
Si el domingo pasado el evangelio nos mostró que el escriba que dialoga
con Jesús sabía que el primer mandamiento era amar a Dios y al prójimo, en este
nos muestra que es la viuda la que no “sabe”, sino que “hace” y, en esto,
consiste el verdadero discipulado. Las obras son las que dan testimonio de lo
que somos, las que muestran que nuestro seguimiento sí está guiado por los
valores del reino.