En este espacio se consignan reflexiones sobre los hechos que suceden vistos desde la fe y con el ánimo de suscitar conciencia crítica, reflexión y compromiso cristiano.
sábado, 1 de febrero de 2025
miércoles, 29 de enero de 2025
Un Jesús que sigue las costumbres de su tiempo,
pero desde la novedad del Espíritu
Comentario al evangelio de la Fiesta de la
Presentación del Señor
02-02-2025
Olga Consuelo Vélez
Y, cuando llegó el día de su
purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para
presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón
será consagrado al Señor; además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del
Señor: un par de tórtolas o dos pichones. Había en Jerusalén un hombre llamado
Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se
guiaba por el Espíritu Santo. Le había comunicado el Espíritu Santo que no
moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Conducido, por el mismo
Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús
para cumplir con él lo mandado en la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a
Dios diciendo: Ahora, Señor, según tu
palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz porque mis ojos han visto a
tu salvación, que has dispuesto ante todos los pueblos como luz para iluminar a
los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. El padre y la madre estaban
admirados de lo que decía acerca del niño. Simeón los bendijo y dijo a María,
la madre: Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o
se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los
pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.
Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad
avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, desde
entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba
del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. Se presentó en aquel
momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la
liberación de Jerusalén. Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se
volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño
crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo
acompañaba. (Lucas 2, 22-40)
El texto de hoy nos presenta a los padres de
Jesús cumpliendo con los ritos religiosos de su tiempo al llevar al niño Jesús al
templo para el rito de purificación. En realidad, no era obligación hacerlo,
sin embargo, Lucas nos presenta el relato, buscando tal vez, mostrar la
encarnación de Jesús en su cultura con todas las consecuencias. Pero lo
interesante del relato es que no nos transmite el rito en sí, ni la presencia
de los sacerdotes -autoridades oficiales del Templo., sino lo que pasa con dos
personajes, un varón y una mujer -como acostumbra presentar el evangelista
Lucas muchas veces en su evangelio-, los dos hablando sobre el Niño,
inaugurando así el nuevo momento que significa la presencia de Jesús para la
humanidad.
El primer personaje es Simeón al cual lo
describe Lucas como un hombre honrado y piadoso que espera la liberación de
Israel y es guiado por el Espíritu Santo. Simeón está encarnando esos tiempos
nuevos del Espíritu que llegan con Jesús. Se convierte en un actor protagonista
que no solo toma al Niño en sus brazos, sino que lo bendice afirmando que con Él
ha llegado la salvación esperada. Por eso dice que Jesús es “Luz para iluminar
a las gentes y gloria del pueblo de Israel”. Las palabras que luego le dirige a
María dan la idea del camino de contradicción que supone creer en Jesús,
interpelando a los suyos, develando la verdad del corazón humano donde en lugar
de misericordia y compasión -como lo proclamará Jesús- habita el cumplimiento
legalista y externo. Finaliza diciéndole a María que una espada le atravesará su
corazón, palabras que hay que entender bien para no asimilarlas a la capacidad
de aguante y sufrimiento de las mujeres -lo que ha llevado a tanto silencio y
sacrificio por parte ellas, favoreciendo así una violencia resignada frente a
la realidad que viven. Por el contrario, son palabras dirigidas a todo el
discipulado, del que María, como hemos dicho otras veces, es la primera
discípula, porque el seguimiento de Jesús implica enfrentar las fuerzas del
anti reino y eso supone valentía y coraje para transformarlas.
El segundo personaje es la profetisa Ana quien no habla directamente a
los padres de Jesús y Lucas la describe con rasgos que, siendo muy valiosos,
-oración y ayuno- pueden prestarse a favorecer esa actitud callada y entregada
de las mujeres, como lo dijimos antes. Pero lo interesante es fijarnos en la
segunda parte donde dice que hablaba del niño a los que esperaban la salvación.
Por eso se le considera profetisa y este rasgo conviene destacarlo más. Las
mujeres tienen toda la capacidad y, de hecho, la realizan, de hablar de Dios,
de predicar, de enseñar, de comunicar la buena noticia del reino, aunque
canónicamente continúen existiendo restricciones para ello, por el hecho de ser
mujeres.
El texto termina refiriéndose al crecimiento natural de Jesús,
explicitando la sabiduría que va fortaleciéndose al vivir en la presencia de
Dios.
Por esa proclamación de Jesús como luz de las gentes, la iglesia celebra
también la fiesta de la Virgen de la Candelaria y desde 1997, instituida por
Juan Pablo II, la Jornada Mundial de la vida consagrada para pedir por esta
vocación específica. Hoy más que nunca, se necesita pedir para la vida
consagrada la capacidad de renovarse “a fondo”, no simplemente cambiando
estructuras organizativas sino pidiéndole al espíritu audacia y creatividad
para dar testimonio de un seguimiento “significativo” en estos tiempos actuales.
miércoles, 22 de enero de 2025
Jesús
evangelizador de los pobres
Comentario al
evangelio del III Domingo del TO 26-01-2025
Olga Consuelo Vélez
Ya que muchos
emprendieron la tarea de relatar los sucesos que nos han acontecido, tal como
nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales y servidores de la
palabra, también yo he pensado, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y
exactamente, comenzando desde el principio; así comprenderás con certeza las
enseñanzas que has recibido. (…) Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a
Galilea, y su fama se extendió por toda la región. Enseñaba en sus sinagogas, y era respetado
por todos. Fue a Nazaret, donde se había
criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie
para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y
dio con el texto que dice: El Espíritu
del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a
los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a
los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de
gracia del Señor. Lo cerró, se lo entregó al empleado y se sentó. Toda la
sinagoga tenía los ojos fijos en él. Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia
vuestra, se ha cumplido este pasaje de la Escritura. (Lc 1, 1-4; 4, 14-21).
El evangelio de
hoy consta de dos partes que corresponden a capítulos diferentes del evangelio
de Lucas. La primera parte se refiere a la intencionalidad de Lucas al escribir
su evangelio: “relatar todos los sucesos que han acontecido”. La segunda parte
se referirá al inicio del ministerio público de Jesús según el relato de este
evangelista.
No hemos de
pensar que el evangelio de Lucas -como ningún otro texto bíblico- es un texto
histórico sino un texto teológico. Es decir, con base en los hechos del Jesús
de la historia que se han ido transmitiendo, el evangelista construye su
evangelio para mostrar al Jesús en el que cree la comunidad cristiana. Por eso,
aunque en la introducción Lucas diga que escribirá con orden y comenzando desde
el principio, no podemos compararlo a un relato histórico con exactitud de
datos, fechas, nombres, etc. Como ya dijimos, la sagrada escritura es, ante
todo, un texto teológico. Lucas le dirige su evangelio a Teófilo, nombre que significa
“amigo de Dios”, con lo cual, algunos afirman que Lucas se está dirigiendo a
los creyentes como amigos de Dios.
Pero será la
segunda parte que constituya el mensaje más importante de este evangelio. Lucas
presenta un texto programático del ministerio de Jesús, introduciéndolo con un
breve sumario de la actividad de Jesús: “enseñaba en la sinagoga y era
respetado por todos”. Todo esto “impulsado por el Espíritu”. El tema de un
Jesús guiado por el Espíritu será fundamental en la obra lucana. De ahí que no
es de extrañar que, en la sinagoga de Nazaret, en la que realiza la lectura que
era habitual, el texto escogido sea el del profeta Isaías el cual comienza
mostrando la centralidad del Espíritu: “El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres”. El texto de Isaías
es prácticamente el que se lee en este texto, pero se omite “el día de venganza
y recompensa” (Is 61,2), porque la buena noticia anunciada por Jesús es solo de
misericordia y gracia para todos.
Con este texto se
explícita la misión de Jesús como evangelizador de los pobres. No son los
pobres espirituales u otro tipo de pobrezas que podrían ocultar la primera y
fundamental que niega la dignidad a las personas: la pobreza real, aquella que
impide a las personas tener casa, comida, dignidad. Jesús anuncia que su
mensaje transformara las situaciones: “la libertad a los cautivos, la vista a
los ciegos, la libertad a los oprimidos”. Y, como resumen de todo esto, se
proclama el año de gracia del Señor. En realidad, la misericordia de Dios es
gratis y no exige de los destinatarios ningún mérito de su parte.
El evangelio
termina con las palabras de Jesús sobre la escritura que se cumple hoy. En
otras palabras, la transformación de la realidad no es para después de esta
vida sino para el presente y en las situaciones concretas. Como bien ha
señalado el papa Francisco, la evangelización tiene una dimensión social
inherente que no podemos dejar de lado. La vida en abundancia que el Señor nos
promete es para vivirla aquí y ahora. Todos los de la sinagoga tenían los ojos
fijos en Jesús por la radicalidad de sus palabras. Posiblemente a los
discípulos de hoy nos falta esa misma contundencia para atraer a muchos a
seguir este camino porque una fe que transforma la vida si es significativa
para el mundo de hoy. Por tanto, que el mismo Espíritu que guio a Jesús, anime
nuestra evangelización posibilitando que la gracia de Dios se cumpla hoy, en la
realidad concreta que vivimos.
miércoles, 15 de enero de 2025
En
Caná, comienzan los signos del reino rebosando de abundancia
Comentario al evangelio del II Domingo del TO 19-01-2025
Olga Consuelo Vélez
Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la
madre de Jesús. También Jesús y sus
discípulos estaban invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús
le dice: –No tienen vino. Jesús le
responde: –¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora. La madre dice
a los que servían: –Hagan lo que él les diga.
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación
de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una. Jesús les
dice: –Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde. Les dice:
–Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe.
Se lo llevaron. Cuando el encargado del banquete probó el agua convertida en
vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el
agua lo sabían, se dirige al novio y le dice: –Todo el mundo sirve primero el
mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en
cambio has guardado hasta ahora el vino mejor. En Caná de Galilea hizo Jesús
esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos. (Jn 2, 1-11)
El evangelio de
Juan solamente tiene el texto que consideramos el domingo pasado sobre “el
verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, para hacer alguna mención de los
orígenes de Jesús. Inmediatamente entra a considerar su ministerio. Después de
llamar a los primeros discípulos, nos encontramos con este texto de las bodas
de Caná que servirá para hablar de los “signos” que realiza Jesús, a partir de
los cuales quien le escucha creerá en él -o no creerá- y de “su hora” que en
este texto queda claro que aún no ha llegado, pero que llegará en Jn 12, 23
cuando está terminando su ministerio público y comience su persecución.
Por tanto, este
relato de unas bodas sirve para mostrar los “signos” realizados por Jesús. En
este caso, la que provoca que se realice este primer signo es María. Notemos el
trato que tiene Jesús con su madre: la llama “mujer”, dando a entender que la
relación que se manifiesta en este texto con ella, es la de discípula, antes
que de madre. Lo que María constata es la carencia de vino que están teniendo
en la boda y las palabras que dirige a los que servían de “hacer lo que Él les
diga” muestra la confianza absoluta de ella como discípula frente a Jesús, al
cual ha reconocido como Mesías.
Este primer signo
nos habla de los tiempos mesiánicos que llegan con Jesús y la abundancia que
ellos significan. De ahí, las tinajas “llenas hasta el borde” y el vino mejor
guardado para el final de la fiesta. El hecho de ser una boda también nos
remite al signo del banquete mesiánico, signo de los tiempos definitivos. El
texto termina afirmando que los discípulos reconocieron la gloria manifestada
en Jesús y creyeron en él. La segunda parte del evangelio de Juan ya no hablará
tanto de signos sino de Jesús mismo hecho signo, con la entrega de su vida,
gesto en el que sus discípulos podrán reconocer la manifestación de Dios en
Jesús.
Por tanto, el
evangelio de hoy nos invita a ponernos en camino de discipulado, reconociendo
los signos de Dios en nuestra vida, en la historia que vivimos, y creyendo en
Jesús y en su predicación como la buena noticia de los tiempos de abundancia
que Él nos trae. Es verdad que muchas realidades presentes de injusticia y
dolor nos hacen difícil ver los signos del reino, pero al mismo tiempo,
precisamente allí, donde hay tanta dificultad, no deja de brotar la esperanza,
la solidaridad, la misericordia, haciendo real la presencia de Jesús en medio
de su pueblo. Nuestro discipulado se concreta en reconocer en esos signos la
presencia actuante de Dios en la historia y con nuestra fidelidad hacer posible
que la gracia sea abundante y muchas tinajas de agua se conviertan en vino y,
no cualquier vino, sino el mejor: el de la gracia de Dios hecha historia entre
nosotros.
jueves, 9 de enero de 2025
Abrirnos a la acción del Espíritu para ser reconocidos
también como predilectos del Padre
Bautismo de Jesús 12-01-2025
Olga Consuelo Vélez
La fiesta del
bautismo de Jesús señala el comienzo de su vida pública. La primera parte del
texto corresponde a la presentación de Juan el Bautista y la diferencia radical
entre el bautismo que él practica y el de Jesús. El de Juan es con agua, el de
Jesús con Espíritu Santo y fuego. Esta aclaración resultaba necesaria porque el
pueblo se preguntaba si el Mesías no era Juan. Pero este conoce su lugar y no
se atribuye lo que no le corresponde. Él es solamente el precursor y no es digno
de desatarle las sandalias a Jesús. El desafío estará en que la gente entienda
el mesianismo de Jesús y sea capaz de acoger su novedad o se quede, en cierto
sentido, “atrapado” en el bautismo de conversión predicado por Juan. Esto nos
ayudaría a pensar en la praxis cristiana de muchos cristianos hoy que parece se
quedan “atrapados” también de las formas externas, de los tradicionalismos, de
las normas, del pecado y no logran entender la Buena Noticia de salvación que
trae Jesús con la libertad que ella implica: una ley, una liturgia, una norma,
una espiritualidad al servicio de la vida y no la vida al servicio de estas.
Conviene discernir para entrar en la dinámica del reino de Dios anunciado por
Jesús, abriéndonos a la novedad que Él nos trae.
Notemos que la
segunda parte del texto que hoy consideramos, no dice que Juan bautice a Jesús,
sino que él se bautiza con todo el pueblo -por supuesto se puede sobreentender
que es Juan el bautizador- pero es interesante notar la diferencia entre los
evangelistas y los énfasis que cada uno señala. Marcos y Mateo explícitamente
dicen que Juan lo bautiza, mientras que Juan no habla del bautismo de Jesús. Esto
tal vez se deba a que el bautizo de Jesús causó problemas en los primeros
siglos del cristianismo porque surgía la pregunta de si era necesario que Jesús
se bautizara, sabiendo que él no tenía pecado. En realidad, hay que ver este
bautismo en solidaridad con el pecado del pueblo y, como ya dijimos, como
inicio de su misión, más que en el sentido de conversión de pecados que
claramente Jesús no tenía.
Otro dato
interesante de Lucas es que presenta a Jesús en actitud de oración y es,
precisamente estando en oración, que se abre el cielo, baja el Espíritu Santo y
se oye la voz que confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios. El
evangelio de Lucas nos invita en muchos momentos a esta actitud de oración o,
en otras palabras, de apertura a la presencia del Espíritu Santo entre
nosotros. La paloma significa la forma corporal de lo que está aconteciendo,
la encarnación real del Hijo de Dios entre nosotros y la misión que comienza a
realizar Jesús entre los suyos.
Estamos, entonces, llamados a acoger
la misión de Jesús y a abrirnos a la acción del Espíritu, para ser
continuadores de su misma misión, esperando que el Padre pueda decir también de
cada uno de nosotros que somos sus hijos e hijas, predilectos de su corazón.
martes, 7 de enero de 2025
Definitivamente, ¡sí es una buena noticia! el que
haya más mujeres en la Curia Romana
Olga Consuelo Vélez
Los titulares de algunos diarios celebraron que el papa Francisco hubiera
nombrado a la Hna. Simona Brambilla como Prefecta del Dicasterio para la Vida
Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y lo consideraron un “regalo en
la fiesta de Reyes”. Conocemos que la Hna. Simona ya era Secretaria de dicho
Dicasterio desde el 7 de octubre de 2023. Junto a ella hay otras mujeres en los
Dicasterios y en otras instancias del Vaticano, pero ninguna con el mismo rango
de Prefecta de un Dicasterio. Inclusive, un Cardenal -Fernández Artime-, estará
bajo su coordinación, al ocupar el puesto de Pro-Prefecto de ese mismo
Dicasterio.
Entre otras mujeres que están en altos cargos, podemos recordar a la Hna.
Alessandra Smerilli, Secretaria del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo
humano integral; Bárbara Jatta, Directora de los Museos Vaticanos; Hna
Raffaella Petrini, secretaria de la Gobernación; Hna. Carmen Ros Nortes,
subsecretaria del Dicasterio para la Vida Consagrada; Gabriella Gambino y Linda
Ghisoni, subsecretarias del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la vida;
Emilce Cuda, secretaria de la Comisión Pontificia para América Latina; María
Lía Zervino, miembro del Dicasterio para los obispos, por recordar a algunas.
Con los nombramientos que ha hecho el papa, se estima que ya hay un 23.4% de
porcentaje femenino en la Curia Vaticana.
Es buena noticia que se sigan dando pasos en esta dirección porque la
Iglesia no puede ser una de las pocas instituciones con esa disparidad de
género en los puestos de decisión. Es verdad que, en otras instancias
políticas, económicas, etc., también la presencia femenina sigue siendo muy
baja. Pero la diferencia es que en estos lugares no se invoca el hecho de ser
mujer o de no tener un título eclesiástico para ocupar esos puestos. En la Iglesia
todavía está muy metido en los imaginarios, sentimientos, percepciones y, por
supuesto, en el Derecho Canónico, el rechazo a que las mujeres ejerzan muchas
funciones. Basta ver la poca aceptación que tienen las “ministras de comunión”
a la hora de distribuirla en los templos -esto en el ámbito cotidiano- o la
poca invitación que reciben las mujeres para participar en congresos,
seminarios, talleres, retiros, instituciones teológicas, etc., como ponentes
principales de dichos eventos.
Necesitamos con urgencia que nuestros ojos se acostumbren a ver mujeres en
los espacios de decisión, en los altares, en los lugares de importancia
eclesial. Necesitamos con urgencia que nuestros oídos se acostumbren a las
voces femeninas y creamos que esas voces tienen la misma autoridad que la de
los varones. Necesitamos no extrañarnos de que se piense en paridad de género
en todos los espacios eclesiales y también a que, en algunas ocasiones, haya
más presencia femenina que masculina, como durante siglos hemos tenido de mayoría
masculina -por no decir “solo” masculina- en la mayoría de espacios eclesiales.
No podemos olvidar que las mujeres ocupan muchos de los espacios de la “base”
en la Iglesia y que son ellas las que realizan el trabajo arduo, continuo,
difícil, en la mayoría de pastorales e Iglesias. Esto hace que para muchas personas
no sea relevante el ocupar puestos de decisión y hasta dicen que mejor no
ocuparlos para no caer en el “clericalismo” y seguir con ese trabajo generoso
que hace tanto bien. Por supuesto siempre se pueden desvirtuar los cambios que
se promueven. Pero esto no es excusa para no empujar la igualdad fundamental de
todos en la Iglesia -como tanto se ha dicho en la experiencia sinodal-,
especialmente de las mujeres que, hasta el día de hoy, siguen ocupando un lugar
secundario en la Iglesia.
Es verdad que no es suficiente que se nombren mujeres en puestos de
decisión para que la iglesia patriarcal y clerical se transforme. Cuando estos
puestos se reciben como una “excepción” que rompe la regla de lo que siempre se
había hecho, hay mucho temor de no hacerlo bien, de perder la oportunidad, de
crear más recelo del que ya de hecho despierta el nombramiento y resulta muy
fácil acomodarse al modo de actuar de esos espacios y no levantar demasiado la
voz para seguir reclamando la participación plena de las mujeres en la Iglesia.
No resulta fácil mantener una voz profética si se quiere permanecer en los
espacios conquistados. Confiemos que haya más de una mujer que, desde la
oportunidad recibida, siga trabajando porque de la excepción se pase a la
normalización de esa práctica.
Finalmente, no sé si hay que agradecer tanto al Papa por estos
nombramientos. El hacer posible una iglesia sinodal no puede depender de la
voluntad de una persona, de cuando le parezca bien hacerlo. Es una deuda con
las mujeres, muy retrasada, por cierto, de cumplirse. Por tanto, alegrémonos de
que el Papa comience una praxis distinta, pero sigámosle diciendo que se dé
prisa, porque el tiempo corre y si nuestra Iglesia no camina con decisión y
empeño en su conversión sinodal, seguirá rezagada en muchos aspectos, viendo
cómo los fieles se alejan más y más.
Definitivamente, sí hay que alegrarse por el nombramiento de la primera Prefecta
de un Dicasterio, es un paso inmenso que se ha dado y una puesta en práctica de
la Constitución Predicate Evangelium sobre la reforma de la Curia Romana
publicada en 2022. Al mismo tiempo, sigamos presionando, sigamos pidiendo,
sigamos exigiendo la plena participación de las mujeres para responder a “la
Iglesia sinodal que Dios quiere para este tercer milenio”.