En este espacio se consignan reflexiones sobre los hechos que suceden vistos desde la fe y con el ánimo de suscitar conciencia crítica, reflexión y compromiso cristiano.
jueves, 27 de marzo de 2025
Entender el amor misericordioso de nuestro Dios y dar
testimonio de ese mismo amor
Comentario
al evangelio del IV domingo de cuaresma (30-03-2025)
Olga Consuelo Vélez
Todos los
recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar. Los fariseos
y los doctores murmuraban: Éste recibe a pecadores y come con ellos. Él les
contestó con la siguiente parábola: Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al
padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió
los bienes. A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país
lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. Cuando gastó
todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue
y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a
cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los
cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó: A cuántos
jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me
pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he
ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus
jornaleros. Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando
su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó.
El hijo le dijo: Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco
llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus sirvientes: Enseguida, traigan el
mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los
pies. Traigan el ternero engordado y
mátenlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha
revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. El hijo
mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y
llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba. Le contestó: Es que ha regresado tu hermano y
tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.
Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él le
respondió: Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya,
y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha
llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado
para él el ternero engordado. Le contestó: Hijo, tú estás siempre conmigo y
todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba
muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado (Lc 15, 1-3.11-32)
Esta parábola tiene un marco que nos
permitirá entender mejor su mensaje. Jesús acoge a los recaudadores de
impuestos y pecadores y come con ellos, acción que para los fariseos y doctores
de la ley es contraria a lo que ha de hacer un buen judío. Por eso las dos
parábolas que preceden a esta, la del buen pastor y la de la mujer que
encuentra la moneda tienen la intención de mostrar la alegría de encontrar
aquello que se ha perdido. Cuando Jesús se sienta con los pecadores, está
abriéndoles la posibilidad de ser incluidos en la mesa del reino y ellos están
volviendo a casa. Por eso merece que se convoque a los “amigos y vecinos” -en
el caso del buen pastor, y a las “amigas y vecinas” en el caso de la mujer para
celebrar una alegría tan grande.
Pero en esta parábola llamada del
“Hijo pródigo” o del “Padre misericordioso” o del “Hijo mayor”, Jesús se pude
explayar mejor para mostrar no solo esa vuelta de los que no están en casa sino
para interpelar a aquellos que no se alegran por tal acontecimiento. En este
caso el hijo mayor que encarna, perfectamente, a los fariseos y doctores de la
ley que le critican.
Desglosando un poco la parábola, vemos
como el hijo menor ha deseado, prácticamente, la muerte de su padre. Le pidió
la herencia, se fue de casa, la malgastó y regresa, no tanto porque reconozca
sus errores sino porque no tiene que comer. En realidad, es la necesidad la que
lo hace volver.
Por su parte el padre se comporta muy
distinto a la imagen de “padre” que se tenía en ese tiempo, no tan lejana a la
que todavía se tiene. No es el padre autoritario, implacable y castigador de
los malos hijos. Por el contrario, es el padre que lo divisa a lo lejos
-pareciera que lo estuviera esperando- y se llena de compasión, es decir, lo
acoge desde las entrañas. Por eso, no escatima en devolverle todo lo que el
hijo había despreciado y pide a sus siervos lo vistan y adornen para el
banquete que ofrecerá en su honor. El motivo ya lo conocemos desde las
anteriores parábolas: estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha
sido hallado.
La actitud del hijo mayor contrasta,
como ya dijimos, con la del padre. Escucha la música de la fiesta a lo lejos y,
cuando sabe el motivo, le reprocha a su padre por el recibimiento que ha hecho
a su hermano -a quien no llama así sino ese “hijo tuyo”, mostrando la distancia
que quiere poner de él-, y por no tener en cuenta que él nunca ha hecho algo
semejante. El padre no desmiente lo que el hijo mayor dice de su hermano porque
tiene razón frente al comportamiento del hijo menor, pero quiere mostrarle cuál
es el amor del mismo Dios -que este padre de la parábola representa- que excede
la lógica del deber, antecediendo la compasión y la misericordia para con
todos, especialmente por los últimos.
Que, en esta cuaresma, tiempo de
conversión y cambio, entendamos el amor compasivo de nuestro Dios para vivirlo
y anunciarlo. De esa manera se abrirán caminos de alegría y fiesta porque a
todos se les acoge y se les da una nueva oportunidad, haciendo real entre
nosotros, la “alegre” mesa del reino, que siempre sienta de primeras a más
necesitados de cada tiempo.
viernes, 21 de marzo de 2025
jueves, 20 de marzo de 2025
En
cuaresma: no dejemos pasar la ocasión de una verdadera conversión
Comentario
al evangelio del III domingo de cuaresma (23-03-2025)
Olga Consuelo Vélez
En aquella
ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre
había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Él contestó: ¿Piensan que
aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás
galileos? Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos. ¿O creen que aquellos dieciocho sobre los
cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que el
resto de los habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y si ustedes no se
arrepienten acabarán como ellos. Y les propuso la siguiente parábola: Un hombre
tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo
encontró. Dijo al viñador: Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta
higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima está malgastando la tierra.
Él le contestó: Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré,
a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás (Lc 13, 1-9)
Este texto, propio de Lucas, presenta
a algunos que se acercan a Jesús a preguntarle sobre la suerte de los galileos
asesinados por Pilatos en el santuario, lo cual daría a entender que por algún
comportamiento negativo sufrieron esa muerte. Seguramente esa lectura proviene
de la teoría de la retribución en la que se afirma que Dios hace bien a los
buenos y castiga a los malos. En este caso, queda la inquietud si esa fue la
razón de dicho asesinato. Pero Jesús no pretende rebatir dicha teoría sino
mostrar, añadiendo otro ejemplo, el de la torre de Siloé que se derrumbo
matando a 18 personas, que en ningún caso esos acontecimientos sucedieron
porque ellos eran más pecadores. Lo que importa es entender la llamada a la
conversión que es para todos y nadie puede considerarse mejor que los demás. La
conversión es un tema frecuente en Lucas y, en este pasaje, así se muestra.
Para seguir profundizando en esas situaciones,
Jesús ofrece la parábola de la higuera estéril que bien podría aludir a Israel
que no acoge la palabra salvadora. El planteamiento de la parábola es lógico:
si no da fruto, será mejor cortarla para no malgastar la tierra. Pero el
viñador que cuida aquel campo, intercede por la higuera y le pide plazo en el
cual intentará fortalecerla para que de fruto. El dueño de la tierra le da un
año más, tiempo en el cual, si no da fruto, merecerá ser cortada. En
continuidad con los dos ejemplos anteriores, el fruto que se espera es el de la
conversión. Pero cuando llegue el tiempo, ya no podrá darse más espera.
Por lo tanto, el evangelio de hoy
resulta bastante interpelante para los cristianos de hoy. ¿Dan los frutos
esperados? ¿no han tenido el suficiente plazo para ello? Por parte de Dios
siempre existe la generosidad de cavar alrededor y abonar a los suyos. Pero los
plazos llegan y si los frutos no se recogen, no queda más que la esterilidad.
Ojalá que no dejemos pasar las oportunidades que el Señor nos regala para una
conversión que de frutos al mundo en que vivimos. Son urgentes los frutos de la
paz, la justicia social, la compasión, la solidaridad y tantas otras
transformaciones que vendrían de una sincera conversión a los valores del
Reino. En esta cuaresma, no dejemos pasar la oportunidad de una verdadera
conversión a este Dios que no se cansa de esperarnos.
lunes, 17 de marzo de 2025
Mi postura ante el gobierno del cambio … de ese
“cambio” al que se oponen férreamente
Olga Consuelo Vélez
Ya casi van a ser tres años del gobierno de Gustavo Petro y las opiniones
siguen igual de divididas que antes de su elección. Personalmente apoyé su
candidatura y he ido acompañando su gobierno, pero no tengo la formación
política suficiente como para entender tantos intereses necesarios para este
juego político, ni acompaño cada paso dado por el gobierno para tener todos los
elementos de juicio. Pero desde mi percepción, nunca pensé que el “cambio”
fuera a llegar en tres o cuatro años. Y, por eso, no me extraña que no veamos
cambios súbitos, como tantos esperarían, porque es imposible. No dependen de la
voluntad de un presidente sino de toda la estructura de gobierno que no es nada
fácil.
Por esto opino que Petro ha buscado hacer “cambios” en la salud, lo
laboral, lo educativo, lo pensional, la reforma agraria, etc., y lo ha hecho pasando
por las estructuras gubernamentales quienes, en definitiva, aceptan o rechazan.
Pero, el problema es que solo se encuentran obstáculos por parte de la
oposición. Algunos quisieran que el gobierno cediera a todo lo que dice la
oposición, pero, si cede ¿cuál cambio se estaría propiciando? Y ya conocemos
los resultados de todas las reformas presentadas: no aprobarla, demandarla,
archivarla sin discutirla, etc.
Todo cambio desestabiliza, en cierto sentido, genera “caos”. Además, todos
somos bastante apegados a las cosas como siempre han funcionado, aunque sepamos
que no funcionan bien. Y, en todo cambio, algunos pueden salir afectados. Todos
quisiéramos que no fuera así pero así es.
Para mí, Petro tiene un proyecto de país que me gusta, me parece muy
solidario, muy justo con los más pobres, con ese horizonte ecológico tan
urgente en la actualidad, con una sed de paz que deberíamos tener todos, etc.
Algunos dicen que no sabe pasar todo eso a la realidad, pero lo que yo he
visto, como ya dije, ha sido proponer reformas por los cauces adecuados, pero
todo lo frenan, lo distorsionan, lo manipulan. En este sentido, los medios de
comunicación hacen una labor muy eficiente: presentan absolutamente todas las
noticias de manera negativa. Cada vez que escucho a los y las periodistas no
logro entender por qué modelan de esa manera la conciencia de los oyentes y,
desafortunadamente, lo logran. Después uno oye a la gente repitiendo
exactamente lo que dijeron los medios de comunicación, con la misma
perspectiva, sin ningún criterio, totalmente convencidos de lo que allí se
dice. ¿Podrán decir algo diferente estos periodistas pagados por los ricos del
país que no están dispuestos a ceder ni un mínimo de privilegios?
Durante estos casi tres años he seguido “las noticias del cambio” -todo
aquello que no se publica en los medios hegemónicos y yo veo muchas cosas que
se han hecho en las regiones y en muchos aspectos. Todo puede tener su critica
y nada es suficiente, pero que ha habido cambios los ha habido. Para mí no ha
sido un gobierno perdido sino luchado, no es un gobierno que ha defraudado sino
que ha develado la férrea oposición de los que manejan este país, no es un
gobierno sin ideas, planes, proyectos para hacer de Colombia un país mejor sino
un gobierno al que se le quiere acabar porque no se le perdona a Petro su
pasado guerrillero -como si eso no hubiera sido su forma de comprometerse
socialmente según se entendía en su momento-, no se le perdona que no sea de la
clase dirigente que siempre ha manejado el país, no se le perdona que conozca
tanto el país y pueda explicar las causas de nuestra situación con nombres
propios y hechos verdaderos.
A mi no me extraña esta férrea oposición al gobierno del cambio porque
¿dónde se ha visto que la gente quiera un cambio que favorezca a los más
necesitados? ¿dónde se ha visto que a la gente le importe el bien común y no
sus propios intereses? ¿dónde se ha visto que las personas estén dispuestas a
desinstalarse para comenzar a generar un cambio?
En fin, seguro que algunos de mis lectores tendrán objeciones ante todo
esto y, muy posiblemente podrán mostrar la otra cara de la moneda y hasta
tendrán mucha razón. Pero a lo que yo no me resigno y, en verdad me duele, es
constatar que muchos de los que se oponen al cambio se digan creyentes. Desde
la fe, cómo no poner la suerte de los pobres, en primer lugar, en lugar de la
riqueza de los empresarios; cómo no poner en primer lugar el cuidado de la
creación que las ganancias por la explotación de los recursos minerales; cómo
no poner en primer lugar los esfuerzos por la paz que la lucha armada que
durante 60 años de conflicto armado en Colombia no ha logrado sino acrecentar
la muerte y así, podría seguir enumerando muchas cosas que jamás había
escuchado de todos los gobiernos neoliberales que hemos tenido en las décadas
pasadas.
La movilización ciudadana es necesaria para conseguir cambios porque,
definitivamente, esa mayoría del congreso asentada en sus privilegios, no
dejará que nada cambie y tantos consumidores de los medios hegemónicos tampoco
dejarán que nada cambie. Espero que el siguiente gobierno continue la línea de
este gobierno porque yo prefiero alimentar todos esos valores humanos propuestos
por este gobierno, sabiendo que hay que lucharlos ahora y después y más
adelante, que seguir la lógica del mercado, de la ganancia, del individualismo,
de la ley del más fuerte, que tan bien se vende y cautiva a tantos fácilmente.
jueves, 13 de marzo de 2025
Escuchar a
Jesús, verdadero profeta de Dios
Comentario
al evangelio del II domingo de Cuaresma (16-03-2025)
Olga Consuelo Vélez
Ocho días después
de estos discursos, tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar.
Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura.
De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron gloriosos
y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y
sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos
hombres que estaban con él. Cuando éstos
se retiraron, dijo Pedro a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a
armar tres chozas: una para ti, una para Moisés y una para Elías -no sabía lo
que decía-. Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la
nube, se asustaron. Y se escuchó una voz que decía desde la nube: Éste es mi
Hijo elegido. Escúchenlo. Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos
guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto (Lc 9, 28b-36).
En este evangelio Jesús toma consigo a
Pedro, Juan y Santiago y sube a una montaña a orar. Sabemos que Lucas le da
mucha importancia a la oración de Jesús: en el bautismo (Lc 3, 21); antes de
elegir a los Doce (Lc 6, 12); al preguntar quién dice la gente que es (Lc 9,
18); antes de enseñar el Padre nuestro (Lc 11, 1); en el huerto (Lc 22, 41),
etc. No es una oración sin contenido sino un ponerse a la escucha de la
voluntad de Dios, como los profetas. Lucas presenta a Jesús como “el” profeta
y, en ese sentido, la oración juega ese papel fundamental de escuchar a Dios
para después hablar al pueblo en su nombre.
El texto continúa diciendo que el
rostro de Jesús cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura. Está
hablando con Moisés y Elias comentando la partida (el éxodo) de Jesús a
Jerusalén. El lenguaje utilizado nos sitúa en el ámbito de lo divino con rasgos
apocalípticos que nos encaminan a hablar del misterio pascual que está próximo
a acontecer en Jerusalén. Mientras tanto, los discípulos duermen, pero cuando
despiertan, ven la manifestación de Jesús y Pedro le dice a Jesús que allí se
encuentran muy bien pidiendo hacer tres tiendas, tal vez, rememorando la fiesta
de las tiendas o también el tiempo de Israel en el desierto. Lo cierto es que
esa gloria que alcanzan a vislumbrar se opaca con la nube y quedan asustados.
En realidad, en este pasaje de la transfiguración se está revelando que Jesús
es el “Hijo elegido” a quien hemos de escuchar. El texto corresponde a una
unidad donde se dice quién es Jesús: Herodes dice que es el Bautista (Lc 9,9);
la gente dice que es Juan el Bautista o Elías o un profeta (Lc 9, 19); Pedro
afirma que es el “Cristo de Dios” (Lc 9, 20).
Revelar a Jesús como el Hijo Elegido a
quien hay que escuchar, es una invitación de Lucas a dejar de escuchar a los
profetas del Antiguo Testamento y escuchar al “profeta” de Dios, a su propio
Hijo. El pasaje finaliza con el silencio que guardan los discípulos.
La invitación hoy es también para
nosotros que ya sabemos la identidad de Jesús, profeta de todos los tiempos,
cuya palabra revela el querer de Dios sobre la humanidad. De nuestra apertura a
esa escucha dependerá que el reino de Dios siga haciéndose presente con más
radicalidad en el aquí y ahora de nuestra historia.