lunes, 27 de junio de 2022

 

Cristianos ¿de Izquierda o de derecha?

 

Olga Consuelo Vélez

 

Ya pasó una semana desde las elecciones presidenciales en Colombia y parece que la hecatombe profetizada por algunos no se ha dado. Curiosamente, más de un partido que podría ser de oposición, está acercándose al Pacto Histórico para sumar fuerzas. Ojalá que todo esto sirva para llevar a cabo el programa propuesto y, verdaderamente, se puedan abrir caminos para construir una Colombia con justicia social y en paz. No faltarán las dificultades y, muy seguramente, estaremos escribiendo en estas páginas, sobre las incoherencias que encontremos. Veremos que sigue pasando.

Pero, a propósito de todo lo vivido, surge la pregunta por la línea que deben tener los cristianos en política. Algunos afirman que lo importante es Dios y por eso ellos no se meten en política y se limitan a rezar por el país. Incluso lo fundamentan en la cita en que a Jesús le presentan una moneda que tenía la imagen del César, preguntándole si hay que pagar impuestos. Él responde: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Con esta cita fundamentan que religión y política no se relacionan. Esto es un error. En realidad, la cita se refiere a que Jesús afirma que el único que merece adoración es Dios y no el César y por eso al ver la imagen del César en la moneda, denuncia la usurpación que este ha hecho del lugar que solo corresponde a Dios. Por tanto, ese argumento esta desenfocado, solo que a la Biblia se le hace decir lo que no dice, por falta de una interpretación adecuada con los avances actuales de la hermenéutica bíblica.

Lo que sí podemos afirmar que es los cristianos han de participar en política como parte de la dimensión social de su fe. No pueden ser neutrales -porque la neutralidad no existe- y porque todos, como ciudadanos, hemos de tomar alguna decisión para ejercer el derecho al voto. No hacerlo es falta de compromiso con el destino de nuestros pueblos. Más aún, como bien lo expresó el papa Francisco en su última encíclica Fratelli Tutti (n. 180), la política “es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”. Por supuesto esto no quiere decir que toda persona ha de militar en un partido, pero no puede ser ajena a discernir a quien elegir en cada contienda electoral.

Pero aquí viene la pregunta que encabeza esta reflexión: los cristianos han de ser ¿de derecha o de izquierda? La respuesta es que cada persona escogerá la postura que crea adecuada, incluidas todas las demás opciones, pero haciéndolo con los fundamentos válidos para ello. Ahora bien, lo que quiero remarcar y que, parece siguió vigente en estas elecciones, es que muchos creen que la única opción para el cristiano es ser de derecha. A la izquierda la identifican con el demonio. Así lo expresaron, insistentemente, bastantes clérigos y laicos en sus charlas, predicaciones e intervenciones en las redes sociales. Y lo ambiguo es que, en ciertos imaginarios eclesiásticos, estas intervenciones no parecen ser negativas, no se critican, no se consideran violentas, agresivas e incluso falsas. Y aquí es donde viene el cuestionamiento profundo sobre la mentalidad tan condicionada y fundamentalista que, a veces, se alimenta en ciertos sectores de Iglesia.

Escuché a varios clérigos afirmar una y otra vez que Gustavo Petro era guerrillero y por eso no se podía votar por él. Petro fue guerrillero y se reinsertó sin violar ni una sola vez esa opción. ¿Dónde queda la misericordia que proclama el evangelio? ¿qué apertura a garantizar una nueva oportunidad? ¿Cómo superar desde el diálogo las divisiones que arrastramos desde hace tantas décadas?

Ni que decir de las posturas frente a Francia Márquez. Eso de amor a los pobres, del compromiso hacia ellos, del cuidado de la casa común, no parece que fuera la agenda de la vida cristiana. Mucho clasismo, racismo, y aporofobia (desprecio a los pobres) fue lo que escuché y leí de gente que se precia de ser de Iglesia.

Pero lo que más me sorprendió fue todo lo que se tejió alrededor de las bendiciones y rituales que tanto Petro como Francia recibieron de los pueblos indígenas. Se consideraron brujería, maleficio, prácticas demoniacas, etc. Y así lo afirmaron en programas radiales y televisivos “muy católicos”. Pareciera que no conocen nada del respeto a las diferentes culturas y menos del valor y sentido de sus tradiciones ancestrales. Parece que no saben tampoco de la exigencia del diálogo interreligioso y de que un signo de los tiempos es la necesidad de aceptar, acoger y respetar la pluralidad.

Esta campaña se caracterizó como de muchos odios y actitudes violentas frente a los contrincantes. Pero de eso no se escaparon los cristianos. La violencia contra la izquierda fue demasiado grande. La benevolencia con la derecha fue también demasiado grande. Fue tanta que, por ejemplo, aunque Rodolfo Hernández dijo que apoyaba todas las políticas para favorecer las poblaciones de diversidad sexual, parece que eso ni se consideró a la hora de valorar las propuestas de la derecha, aunque siempre ese aspecto moral es el que se esgrime para no votar por las izquierdas.

Todo lo dicho es de algunos sectores y, afortunadamente muchos otros no son así. Pero si conviene tomar conciencia que aunque hay que respetar la opción política de cada persona, es necesario quitar tantos prejuicios alimentados sobre la izquierda -que casi siempre parece con más valores cercanos al evangelio, aunque haya errores y contradicciones, como en todo lo humano-, y desmitificar la bondad de la derecha que no es tan cierta como se quiere hacer ver, porque si hay un sistema económico que ha llevado a tanta pobreza, ha sido el mantenido por las derechas, no solo en Colombia sino en tantos países latinoamericanos.

En fin, los cristianos no necesariamente han de ser de derecha o de izquierda, mejor aún, han de evolucionar porque las izquierdas no son, en la actualidad, comunismo, ni el comunismo es el diablo en persona, ni la derecha es garantía de los valores cristianos, ni la ultra derecha es la postura cristiana válida. Convendría que muchos cristianos se liberaran de esa mentalidad tan cerrada, tan fundamentalista, tan conservadora, tan moralista, que tanto se alimenta y se ha visto en esta campaña, para contribuir a la construcción de un mejor país. Me parece que la gente no se aleja de la Iglesia, sino que la Iglesia se aleja de la gente y por eso no me extraña que jóvenes, intelectuales, mujeres y, especialmente, el pueblo que lucha por sus derechos, no encuentre en la Iglesia un interlocutor válido con quien puedan “caminar juntos”. La sinodalidad no es cosa de llevarnos mejor los que participamos de espacios eclesiales, es una Iglesia que sabe vivir su fe en medio del mundo y no clasifica el mundo en izquierdas trasnochadas o derechas católicas, sino que entiende el sentir del pueblo de Dios en cada momento histórico y se dispone a acompañar su caminar. Ojalá también aprendamos de estas elecciones que la política evoluciona para salir de esos prejuicios preestablecidos sobre derechas e izquierdas y, en este caso concreto, sepamos acompañar este gobierno progresista (no de izquierda, no comunista, no guerrillero, etc.), deseando que le vaya bien para que nos vaya bien a todos.

 

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