domingo, 5 de junio de 2022

 

Elecciones presidenciales ¿hacia cuál cambio?

 

Olga Consuelo Vélez

 

La segunda vuelta en las elecciones presidenciales en Colombia, han mostrado que el sentimiento de cambio frente al actual gobierno se ha manifestado. Sin embargo, esto nos lleva a un momento crucial: ¿hacia cuál cambio? Sería maravilloso que pudiéramos construir ese cambio entre todos, pero así no funciona la democracia. Tenemos que escoger entre las dos opciones que ganaron, nos guste o no nos guste. Ninguna es completa, pero sinceramente, no creo que sean dos opciones de igual peso y, por eso, invocar razones y ayudar a un buen discernimiento es nuestra tarea en estos días.

Afirmo que no son dos opciones del mismo peso porque la del Pacto Histórico es una propuesta pensada y con una articulación de todas sus partes a partir de un horizonte distinto al que tenemos hoy. Y, precisamente, esto es lo que causa resistencias. No porque no sea válida, coherente y posible, sino porque nos obliga a mirar desde otra orilla y, lamentablemente, cuesta demasiado “salir de lo que siempre fue así”. Y, para completar, tenemos la mente tan colonizada que tantas personas que viven con lo mínimo y luchan día a día por sobrevivir, son los primeros en temer al cambio y defender el sistema neoliberal que los mantiene sumidos en sus condiciones precarias. No salgo de mi asombro al escuchar a personas a las que las EPS no les cumplen con la salud a la que tienen derecho y temen que las reformen; a personas que teniendo estudios universitarios no logran conseguir trabajo y llaman de vagos a los que piden oportunidades laborales; otros han fracasado en sus pequeños emprendimientos porque el sistema neoliberal les hizo imposible competir con los grandes empresarios y siguen defendiendo este sistema; a los que han pagado abogados para pasar de los sistemas de pensión privados a Colpensiones porque saben que aquellos fondos no les darán sino lo mínimo, pero defienden a los fondos privados; en fin, los ejemplos son infinitos y estas mismas personas llaman de vándalos o vagos a estas personas, especialmente jóvenes, que están empeñados en conseguir cambios y, gracias a su conciencia política, su generosidad y su lucha, van abriendo caminos distintos (nadie niega que haya algunos grupos que se exceden pero con estas ambigüedades se han hecho todas las luchas y son inevitables).

La opción de Hernández no es un cambio. Son consignas atractivas sin ningún horizonte que las sostenga porque la respuesta casi mayoritaria que él da cuando le preguntan “cómo va a hacer eso”, es que acabará con los corruptos. O sea, para él parece que todos los problemas sociales derivan de que los corruptos se apropian del dinero y cuando se les quite se acabará el problema. Por supuesto que hay que ir contra la corrupción, pero esta no es la única causa y no se soluciona de esa manera. Sin nombrar que él forma parte de la clase corrupta que aprovechándose de circunstancias que se le presentan, se queda con la mejor parte a costa de los demás. Abundan los videos en este sentido.

Finalmente, conozco gente muy sincera que votó por Fajardo porque les parecía que era la opción más “honesta”. En verdad me da pena que, según parece por sus acciones, tanto Fajardo como Robledo y Amaya serán capaces de quedarse en sus odios y resentimientos, antes que optar por el bien común. Y no salgo de mi asombro como todos los llamados “antipetristas”, defienden lo “indefendible” al referirse a Hernández. Minimizan, justifican y hasta alaban a Hernández, aunque se les muestre las evidencias de lo contrario, con tal de no reconocer que, en este momento, la opción real, concreta y posible es Gustavo Petro.

Ojalá gane el Pacto Histórico. Será una señal de que lo razonable se impuso ante lo irracional, que el bien común triunfo sobre la visión individualista, pero sobre todo que la política seria, reflexionada y planificada triunfó sobre el populismo y la insensatez que parece que tantos, en este momento histórico, enarbolan sin darse cuenta del daño real que harán a Colombia por seguir anclados en sus odios infundados y razonamientos mentirosos.

 

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