lunes, 16 de diciembre de 2024

 

La esperanza no defrauda (Rom 5,5). A propósito del Jubileo de la esperanza

Olga Consuelo Vélez

Con esta cita bíblica, el papa Francisco convocó el “Jubileo de la esperanza” que comenzará el próximo 24 de diciembre y terminará el 6 de enero de 2026. Un año jubilar es un tiempo especial que se vive en la Iglesia, llamando a acoger la misericordia de Dios, es decir, tiempo de perdón y reconciliación, para fortalecer la vida cristiana. Se inspira en la tradición judía del jubileo que se proponía cada 50 años, como una oportunidad de que todo judío que hubiera perdido su tierra pudiera recuperarla. También los esclavos podían recuperar su libertad. De esa manera se garantizaba la oportunidad de tener un nuevo comienzo.

El primer jubileo de la Iglesia católica fue declarado por el Papa Bonifacio VIII el 22 de febrero de 1300 quien propuso celebrarlos cada cien años. Con el paso del tiempo se fue acortando el tiempo entre cada jubileo hasta llegar a realizarlo cada 25 años. En el año 2000, convocado por Juan Pablo II, se celebró el jubileo conmemorando los dos mil años del nacimiento de Jesucristo y ahora Francisco, propone este jubileo continuando la tradición. Cabe anotar que en 2015 había convocado un jubileo “extraordinario” para celebrar el 50 aniversario del fin del Concilio Vaticano II y lo dedicó a la misericordia, tema tan central del evangelio y también de su pontificado.

En tiempos donde parece que la esperanza se pierde y se vive en el inmediatismo, con más señales de pesimismo y decepción que de esperanza en el futuro, la propuesta de este jubileo es la de ser “testigos de la esperanza”, revitalizando así esta virtud teologal -don de Dios, al igual que la fe y el amor- para dar testimonio, como dice la carta de Pablo a los Romanos, de que la esperanza cristiana no defrauda porque se cree en el Dios vivo revelado en Jesucristo que lejos de irse de la historia, está aquí, acompañando nuestro caminar, llenándonos de su gracia para no decaer en la construcción de un mundo más justo y en paz.

La Bula de convocación a este jubileo afirma que la esperanza cristiana no defrauda porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino (Rm 8, 35-39). Por eso, esta esperanza no cede ante las dificultades: se fundamenta en la fe y se nutre en la caridad y de este modo podemos seguir adelante en la vida. Invita a reconocer los signos de esperanza de nuestro mundo hoy, ver todo lo bueno que hay en él para no caer en la tentación de considerarnos superados por el mal y la violencia. Es así como este jubileo nos convoca a reconocer algunos signos de esperanza tales como la paz para nuestro mundo que contrarreste tantas guerras en la actualidad.

Mirando la realidad de los pobres, el año jubilar nos pide ser signos de esperanza para tantos hermanos y hermanas con rostros tan diferentes de pobreza: las personas privadas de la libertad, los enfermos, los afectados por alguna discapacidad, los jóvenes que tantas veces temen que sus sueños se derrumben; los migrantes, exiliados, desplazados y refugiados tan necesitados de una efectiva solidaridad internacional para seguir adelante con sus vidas. En otras palabras, es sembrar la esperanza defendiendo la vida y los derechos de los más débiles. No podemos acostumbrarnos o resignarnos a las situaciones de pobreza. Por el contrario, debemos ser testigos de esperanza para tantos millares de pobres que carecen con frecuencia de lo necesario para vivir.

El papa Francisco haciendo eco a la palabra de los profetas recuerda que los bienes de la tierra no están destinados a unos pocos privilegiados, sino a todos. De ahí que en este año jubilar el papa llama a que el dinero usado para la guerra se emplee para erradicar el hambre en el mundo. De igual manera hace un llamado a las naciones más ricas para que condonen la deuda de los países que nunca podrán pagarla. Además, recuerda que desde los tiempos apostólicos los pastores se han reunido en concilios o sínodos para tratar diversos temas doctrinales y disciplinares. Precisamente en este año jubilar se celebrarán 1700 años del primer Concilio de Nicea y se acaba de realizar el sínodo de la sinodalidad. Por este motivo, Francisco señala que el año jubilar puede ser la oportunidad de concretar una Iglesia sinodal que hoy se advierte como expresión cada vez más necesaria para una evangelización eficaz.

El Papa abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 24 de diciembre. El siguiente domingo abrirá la Puerta Santa de la Catedral de San Juan de Letrán y el 1 de enero de 2025 abrirá la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor. Por último, el domingo 5 de enero abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo extramuros. Los peregrinos que vayan a Roma durante este año jubilar tendrán la oportunidad de vivir esta gracia ofrecida, cruzando simbólicamente esas Puertas Santas. Para los que no pueden viajar -la mayoría- el 29 de diciembre en todas las catedrales, los obispos diocesanos celebrarán la apertura del año jubilar y los creyentes de cada lugar podrán vivir el jubileo desde sus respectivas catedrales u otros lugares que los obispos designen en sus diócesis. Junto a las visitas a estos lugares designados se espera que los fieles realicen obras de misericordia y de penitencia.

Dispongámonos a vivir este año jubilar, como señaló el papa Francisco, manteniendo la esperanza que no declina porque es la esperanza de Dios. Que recuperemos la confianza necesaria, tanto en la sociedad como en la Iglesia, en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto a la creación. Hemos de ser testigos de la esperanza para construir un mundo donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, con la confianza puesta en el Dios que siempre cumple sus promesas.

 

 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

 

¿Qué debemos hacer en este tiempo de adviento?

Comentario al evangelio del III domingo de adviento 15-12-2024

 

Olga Consuelo Vélez

 

 

La Palabra del Señor, se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Juan recorrió toda la región del río Jordán, predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados. La gente le preguntaba: Pues ¿qué debemos hacer? Y él les respondía: El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo. Vinieron también publicanos a bautizarse y le dijeron: maestro, ¿qué debemos hacer? Él les dijo: No exijan más de lo que les está fijado. Le preguntaron también unos soldados: y nosotros ¿qué debemos hacer? Él les dijo: No hagan extorsión a nadie, no hagan denuncias falsas y conténtense con su pago. Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: Yo les bautizo con agua, pero viene él que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El los bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. Y con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva (Lc 3, 2b-3.10-18)

 

Continuamos en las lecturas de estos domingos de adviento con el evangelio de Lucas y con la figura de Juan el Bautista. El domingo pasado nos lo habían presentado predicando en el desierto. Hoy está entablando un diálogo con tres grupos de personas distintas las cuales se sienten interpeladas por su predicación y le preguntan ¿qué debemos hacer? Juan Bautista responde a cada grupo de manera distinta. A los primeros, un grupo de personas sin más especificación, les dice que si tienen dos túnicas han de dar una y si tienen para comer han de compartir con los que tienen. En otras palabras, el cambio de vida en este caso, viene por la solidaridad, el compartir, el ayudar a todo necesitado que se encuentre en el camino. En el segundo caso, quienes le pregunta qué han de hacer son los publicanos. Estos tenían el oficio de recoger los impuestos para el Imperio, pero tal vez podían cobrar más para quedarse con la diferencia. Juan Bautista les dice que no deben cobrar más de lo que está fijado. Finalmente, un grupo de soldados también le hacen la misma pregunta y Juan les contesta que no extorsionen a nadie, ni los acusen mentirosamente y se contenten con su salario. Como podemos ver, a cada grupo les responde según sus circunstancias.

Nosotros también, como preparación en este tiempo de adviento, podríamos hacerle la misma pregunta ¿qué debemos hacer para estar dispuestos a recibir al Niño que viene? La repuesta hemos de encontrarla cada uno en aquello que hacemos diariamente, en nuestras circunstancias concretas donde siempre podemos optar por el mayor bien, la verdad profunda y la bondad para con todos.

En la segunda parte del relato vemos que la gente, ante el actuar de Juan el Bautista se pregunta si él es el Mesías o han de esperar a otro. Juan les responde a partir del bautismo que él realiza -con agua- y el que realizará el Mesías -en espíritu santo y fuego-. Y les especifica algo de ese bautismo en el espíritu: viene a separar el trigo de la paja, quemará todo lo que no sirve. Es decir, si Juan predica la conversión, con Jesús saldrá a la luz la verdad de cada uno y todo aquello que no responda a ese llamado será rechazado.

Termina el evangelio diciendo que Juan exhortaba de muchas maneras, anunciando al pueblo la Buena Noticia que llega. Nosotros ya próximos a navidad hemos de seguir está misma dinámica del anuncio gozoso del Niño que viene, pero al mismo tiempo, poniendo en práctica lo que implica acogerlo, recibirlo, reconocerlo en la historia que vivimos.

jueves, 5 de diciembre de 2024

 

Ya viene la salvación de Dios

Comentario al evangelio del II domingo de adviento 08-12-2024

 

Olga Consuelo Vélez

 

El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida y Lisanio tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la Palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarias, en el desierto. Juan recorrió toda la región del río Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en el desierto, Preparen el camino al Señor, enderecen sus senderos. Todo barranco se rellenará, montes y colinas se aplanarán, lo torcido se enderezará y lo disparejo será nivelado y todo mortal verá la salvación de Dios (Lc 3, 1-6). 

 

En este segundo domingo de adviento, el evangelio de Lucas nos presenta la figura de Juan el Bautista a quien conocemos como el profeta que cierra el ciclo de profetas del Antiguo Testamento para dar paso al profeta Jesús en el Nuevo Testamento. En primer lugar, el texto sitúa el tiempo en el que vive Juan Bautista señalando las autoridades políticas y religiosas. Es tiempo del emperador Tiberio, de Poncio Pilato, de Herodes en cuanto el ámbito civil y con Anás y Caifás en lo religioso. De alguna manera estos datos de la historia muestran a los profetas respondiendo a cada momento histórico, haciendo de su palabra una lectura sobre el presente que viven, percibiendo lo que los demás no ven y ayudando a sus contemporáneos a interpretar lo que está sucediendo.

El texto continúa diciéndonos quien es Juan, lo cual ya lo sabemos por los primeros capítulos del evangelio. Es hijo de Zacarías y añade donde está realizando su misión: en el desierto, lugar que representa el encuentro con Dios, reafirmando así que su palabra viene de Dios. Juan está predicando el bautismo de conversión de los pecados y, como el texto lo explicita, está cumpliendo la palabra del profeta Isaías el cual ya hablaba de un profeta cuya misión era preparar el camino del Señor con quien llegaría la salvación.

Esa palabra de Juan hoy se dirige también a nosotros y adviento es el tiempo propicio para ello. La salvación llega con Jesús y los cambios serán evidentes y radicales: los senderos se enderezan, los barrancos se rellenan, los montes y colinas se aplanan, pero todo esto exige nuestra preparación para conseguir su realización. Hemos de entender la realidad que vivimos para propiciar los cambios que urgen. La salvación no es meramente en sentido espiritual sino en sentido integral. Porque los corazones cambian, la realidad se transforma para el bien y, en la medida que esta se transforma, más corazones o más personas podrán vivir el bien y la bondad. Escuchemos, entonces, la predicación de Juan y pidamos esta conversión sincera y la apertura necesaria para reconocer en el Niño Jesús que viene al Salvador del mundo.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Comentario al I Domingo de Adviento 01 12 2024

 

Tengan ánimo, se acerca su liberación

Comentario al evangelio del I domingo de adviento 01-12-2024

 

Olga Consuelo Vélez

 

 

 

Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. Las personas desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán. Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria. Cuando comience a suceder todo esto, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación. Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que aquel día no los sorprenda de repente, poque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén despiertos y oren incesantemente, pidiendo poder escapar de cuánto va a suceder, así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre (Lc 21, 25-28.34-36)

 

Comenzamos el tiempo de adviento, es decir, de espera gozosa del Niño que viene, del Jesús que nacerá entre nosotros. Pero el texto que nos ofrece Lucas este domingo tiene un lenguaje apocalíptico que nos habla más de miedo y confrontación que de alegría y gozo. Ahora bien, la alegría cristiana no brota de algo casual o insignificante. Esta viene del triunfo de la vida sobre la muerte, de la alegría sobre la tristeza, del triunfo del Señor Jesús sobre todas las fuerzas del anti reino como celebrábamos la semana pasada en la conmemoración de Cristo Rey. Por tanto, aunque nos iremos acercando a la alegría que viene de reconocer en un pequeño niño al Hijo de Dios entre nosotros, hoy se nos invita a la preparación efectiva para ese momento, reconociendo que la fidelidad es inherente al seguimiento de Jesús y, por tanto, cuando las situaciones se tornan difíciles y pareciera que la buena noticia que trae Jesús no es escuchada por nadie, en ese momento, el mantenerse en pie, es el camino para reconocer la liberación que se acerca y llegar a ser destinatarios de la misma.

No es fácil mantener la fidelidad. Son muchos los esfuerzos que se hacen para vivir el amor y la verdad, la paz y la reconciliación, la solidaridad y le entrega y, cuando se mira a nuestra sociedad y a nuestra iglesia, pareciera que nada cambia e incluso, algunas veces, empeora. Las guerras de nuestro mundo, el hambre, la injusticia social nos hacen sentir que las fuerzas del universo se tambalean y que más vale vivir el momento presente sin trabajar por los cambios necesarios. Todo esto es la realidad que experimentamos muchas veces. Pero aquí viene la palabra de esperanza y fortaleza: enderécense y levanten la cabeza, no se contenten con poco, sigan trabajando por los valores del reino que la promesa del Señor no quedará defraudada y la liberación se hace real en muchas circunstancias y se seguirá concretando, una y otra vez, en la historia que tenemos por delante. Esa esperanza confiada a la que nos invita el texto se personifica en la figura del Hijo del Hombre que representa un personaje mesiánico que vendrá a realizar su juicio en el último día, donde quedará evidente la liberación que el Señor trae, venciendo todas las fuerzas del anti reino que no quieren que llegue.

Orar incesantemente, como dice el texto, no significa refugiarse en una capilla pidiendo que Dios intervenga mágicamente. Por el contrario, la oración que Dios quiere es aquella que se traduce en compromiso, en constancia, en insistencia, en fidelidad, como ya lo dijimos. Comencemos este tiempo de adviento renovando la esperanza, manteniendo la fe, practicando insistentemente el amor en todas nuestras palabras y obras.

 

 

 

 

domingo, 24 de noviembre de 2024

 

“No callarás” las violencias que siguen sufriendo las mujeres

Olga Consuelo Vélez

Cada 25 de noviembre, día en que internacionalmente se insiste en la urgencia de “Eliminar la Violencia contra las mujeres”, se realizan marchas, se lanzan consignas, se busca crecer en la conciencia sobre esta realidad para que no acontezca nunca más. Sin embargo, no es fácil mantener el ímpetu, ni la voluntad de cambio porque los seres humanos buscamos estabilidad y, en cuento encontramos una manera de estar en el mundo que no nos traiga demasiados problemas, dejamos la lucha, la militancia, la constancia, e incluso los ideales de hacer de nuestra realidad algo distinto.

Una de las violencias más fuertes y evidentes contra las mujeres, es la violencia física que llega incluso al asesinato, tipificado por la ley como feminicidio. Cada vez que hay noticias sobre algún feminicidio algunas voces se levantan, pero también a esas noticias nos vamos acostumbrando. Incluso se niega o se justifican con la típica frase de más de una persona -y lamentablemente muchas veces mujeres- de que los varones también sufren violencia y que cuando van a los tribunales no les creen sobre esa violencia y que, en realidad, ellos son más víctimas que las mujeres. Por supuesto que hay varones que también sufren violencia por parte de las mujeres y pueden tener muchos tropiezos en las acciones legales. Pero la proporción de la violencia ejercida contra cada uno de los sexos, no tiene comparación, ni históricamente, ni en la actualidad. Además, hay un hecho que hace más dura le violencia contra las mujeres: se les ataca por muchas razones, pero también por ser mujeres. El sexo femenino tiene una connotación subordinada, inferior, cosificada que hace tan fácil que se ataque a las mujeres por serlo y de ahí viene la tipificación del feminicidio. A los varones se les ataca también, pero no por ser varón, sino por odio, venganza, etc. No se niega lo horroroso de esta violencia, pero es muy grave la violencia por razón de pertenecer al sexo femenino.

La violencia más sutil, menos visible, que es fácil pasarla de largo es esa violencia de palabras, actitudes, chistes, ironías, gestos, etc., que suceden cotidianamente entre amigos, entre marido y mujer, entre conocidos, en las relaciones diarias con la gente con la que se interactúa. Nadie duda de la buena voluntad de las personas y de que algunos se sienten atacados -cuando se les hace caer en cuenta en su actitud o expresión machista- y también de la ignorancia o poca conciencia que se tiene sobre esta realidad. Entender y develar el machismo exige atención, estudio, reflexión y conversión efectiva de la persona, reconociendo lo que tiene introyectado de la mentalidad patriarcal en la que se ha crecido y tomar la decisión de aprender a vivir las relaciones humanas sin machismo. Esto es tarea de varones y mujeres. Porque una vez más, hay que reconocer que son muchas las mujeres que mantienen la mentalidad machista, la fomentan y la dejan estar en sus maridos y sus hijos y hasta se enfadan cuando se habla del tema. Apelan a qué ellas nunca se han sentido maltratadas y que tanta queja desdice de las mujeres.

Podríamos detallar más tipos de violencias, pero terminemos refiriéndonos a una de las violencias que la comisión de mujeres del CELAM ha destacado este año, para la conmemoración de este 25 de noviembre. Nos referimos a la violencia espiritual que supone “utilizar la fe como herramienta de control, distorsionando el mensaje de amor y justicia para manipular o silenciar a las mujeres”. Muy importante este tipo de violencia. No hay un lugar más difícil de hablar de feminismo, de derechos de mujeres, de violencia contra ellas que las instituciones eclesiales. Si por muchas razones a la mujer se les silencia en las iglesias o se les exige actitudes o uso de velos, faldas largas, blusas cerradas, etc., con más razón, si se ponen estos temas para la discusión se considera que falta fe o no se tiene la capacidad de sacrificio y resignación que tuvo la virgen María (cosa que tampoco es una afirmación acertada con respecto a lo que los evangelios dicen de María), o se está atentando contra la familia, etc. Es decir, fuera de sufrir por la violencia que las mujeres viven en la sociedad no se cuenta, decididamente, con la institución eclesial para apoyar, denunciar y liberar a las mujeres de tanta violencia. Es muy peligroso apelar a la fe para mantener el silencio, la sumisión, el aguante bajo la pseudo razón de salvar a la familia por la capacidad de sacrificio de las mujeres. Por el contrario, es necesario juntar fe y vida, compromiso de fe contra la violencia de las mujeres, fuerza para levantar la voz y que tanta violencia no se admita más.

El lema señalado por la comisión de mujeres del CELAM es muy importante: “No callarás”. Efectivamente es tiempo de no callar ningún tipo de violencia que sufran las mujeres, seguir tomando conciencia de ellas y denunciarlas para transformarlas. Que este 25 de noviembre, mucho más desde una postura creyente, no decaigamos en el esfuerzo por transformar los ambientes para una vida segura para las mujeres.

Y, por supuesto, “no callarás” ad intra de la institución eclesial porque la Iglesia continúa negando la participación plena de las mujeres en la Iglesia, justificándolo con razones que bíblica, ni teológicamente, son válidas.