lunes, 23 de mayo de 2022

 

Hagamos posible “el cambio por la vida”

Olga Consuelo Vélez

Es bien difícil escribir sobre las elecciones para presidente que tendremos en Colombia el próximo 29 de mayo. Cada cuatro años debemos asumir la responsabilidad de elegir a quien conducirá al país y, es válido afirmar que tenemos muy poca cultura política para hacerlo a conciencia. Esto no solo pasa en Colombia. Es un problema que se percibe en muchos lugares y responde a la inmediatez e individualismo con el que mucha gente vive, sin tomarse en serio el compromiso de construir el bien común que, en otras palabras, es lo propio de la política.

Tampoco tenemos una formación sólida en lo que supone la Democracia. Ni los elegidos responden a lo que prometieron -y por lo que fueron elegidos-, ni los que los elegimos sabemos exigir democráticamente que cumplan cabalmente aquello que prometieron. Pero tampoco podemos exigir esa “madurez” política porque son muchas las circunstancias que no ayudan, entre ellas, que el voto es optativo y, por lo tanto, la abstención es grande. Sin embargo, así como se dice que “cada pueblo tiene el dirigente que se merece” -haciendo alusión a lo que acabamos de decir-, también podemos constatar que hay momentos de avance, de cambios, de logros. Algunas cosas se consiguen -con todas las limitaciones inherentes a lo humano- como, por ejemplo, la constitución de 1991 y el Proceso de paz firmado en 2016, que han sido logros recientes en Colombia. Pero sigue siendo un desafío inmenso lo que Juan Pablo II decía en 1979: “entre nosotros hay ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”

Estas elecciones son una nueva oportunidad de soñar con un país mejor en el que los más pobres puedan tener un futuro distinto. Y hay signos de esperanza muy fuertes. Esta campaña presidencial está mostrando que hay más gente entusiasmada por un cambio. Colombia ha sido un país gobernado siempre por la derecha. En la época del Frente Nacional, cambiábamos de color de partido -rojo o azul- pero no de propuestas políticas, continuando -unos y otros- profundizando las desigualdades sociales. Y con la larga permanencia del uribismo en el poder, esa lógica se ha perpetuado acrecentando, además, la lógica de la guerra, de la corrupción, y encarnando todo aquello que dicen, es propio de los de las izquierdas: “populismo, polarización y posverdad”, pero que, para nuestro caso, lo han encarnado las derechas que han gobernado este país desde siempre. No es difícil concluir que “si estamos como estamos” es porque así nos han gobernado los de siempre, y es más que sensato cambiar.

Ahora bien, en las elecciones del próximo domingo nos jugamos la capacidad de romper con el continuismo -que nos tiene como nos tiene- y apostar por posibles cambios. Muchas invocan que atrevernos a cambiar será avocarnos a acabar con la democracia. Pero, ante esto, no se muestran razones válidas, sino slogans sin sustento en la realidad, mostrando la incapacidad de discutir con fundamentos y no con imaginarios falsos o montados por la llamada posverdad, tan en boga en nuestros días. De ahí que no sobre contar el por qué, personalmente elijo votar por los candidatos del Pacto Histórico, ya que en la medida que se exponen nuestras comprensiones, podemos contribuir al discernimiento propio y al de los demás.

Votaré por estos candidatos porque su programa me parece coherente, claro, esperanzador, fundamentado, audaz. Veo cambios y es lo que espero que los candidatos ofrezcan. Los slogans de que la libre competencia mejorará las condiciones de los pobres o de que no podemos salirnos de lo establecido por los países más ricos, sí benefician a unos pocos -los mismos de siempre- pero muy poco, por no decir nada, a las grandes mayorías. Sé muy bien que no es fácil enfrentar este sistema neoliberal que impera en el mundo y que controlan las grandes potencias, sé que los intentos que se han hecho en Latinoamérica para buscar otros caminos han sido demonizados, pero no me resigno a que no podamos seguir soñando que otras maneras posibles de organizar la economía, es posible.

Votaré por el Pacto Histórico porque creo que Gustavo Petro es una persona coherente con una visión de país y su vida lo sostiene. El que haya sido guerrillero y se haya reinsertado -en lugar de ser un impedimento como muchos invocan- para mí es garantía de alguien que ha tenido ideales, convicciones, errores y capacidad de rectificar el camino; además, otros países como Brasil y Uruguay han tenido presidentes que fueron guerrilleros y sus gobiernos tuvieron logros considerables (aunque también persecución y desprestigio por aquellos que, de ninguna manera, quieren un cambio). Creo, además, que Francia Márquez es una mujer comprometida con la realidad, una líderesa social, defensora del medio ambiente, de los derechos humanos y de los pueblos y comunidades históricamente discriminados en la historia colombiana. Además, en nuestra sociedad racista, clasista y patriarcal, que una mujer como ella llegue a la vicepresidencia, es una posibilidad real de comenzar a transformarla.

Por supuesto no espero que el país se transforme en cuatro años. Si gana el Pacto Histórico -ojalá así suceda- la oposición será férrea -y con frecuencia insensata- como se ve ha ocurrido en tantos países de nuestra América Latina. Cualquier intento por cambiar contará con la resistencia de aquellos que hoy se benefician de las cosas como están, pero también de tantas otras personas que, sin tener sus derechos cubiertos, tienen la mente colonizada por la sociedad clasista y defienden a aquellos que solo les tiran algunas dádivas para que sobrevivan. Personalmente quiero apostar por un horizonte distinto donde se intente hacer florecer el agro, comenzar a trabajar por las energías limpias, seguir luchando por los derechos humanos y por la consolidación de la paz y todo esto desde una clara y firme opción por los pobres, coherente con la opción cristiana que profeso.

Ninguno de los otros candidatos apunta tan alto. Medianamente tienen algunas políticas similares porque hay cosas que son tan evidentes que imposible no hablar de ello. Pero es fácil saber quién representa el continuismo. También quien puede decir algunas verdades, pero no tiene al país en su cabeza. Y alguno que tal vez hubiera podido ser mejor candidato, pero que ha mostrado que, al final, se inclina también por el continuismo.

Ahora bien, aunque en teoría cada persona puede votar por quien quiera, en la realidad, si nos tomamos en serio la responsabilidad social, esto no es posible. Y menos si decimos tener fe en el Dios de Jesús. Pero, lamentablemente, muchos cristianos representan la defensa del status quo y están afincados en votar por los candidatos que solo defienden la vida de los no nacidos, pero matan a todos los nacidos con sus políticas de hambre, de guerra, de venganza, de incapacidad de perdonar y de construir la paz. Pero, afortunadamente, no todas las personas y, entre ellas, no todos los creyentes, se conforman con lo que hay, sino que creen que otra Colombia es posible. “Vivir sabroso” nos lo merecemos y “quien quita” -como decimos en Colombia- que esta vez lo consigamos.

Nota: El cierre de campaña de Petro y Francia en la Plaza de Bolívar ayer domingo 22 de mayo, expresa mucho mejor porque vale la pena votar por esta visión de país. Si ese horizonte no está en sintonía con lo que predicamos los cristianos, no sé que evangelio vivimos. Muchas veces los que nos decimos Iglesia hemos estado en la acera equivocada. Ojalá está vez, estemos en el lugar correcto.

 

 

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