sábado, 19 de marzo de 2016

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario domingo de Ramos C

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario domingo de Ramos C:  Domingo de Ramos, ciclo C  [20 de marzo] Eduardo de la Serna Todos los años, para el domingo de Ramos se lee completo un ...

domingo, 13 de marzo de 2016

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario cuaresma 5C

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario cuaresma 5C: La misericordia como camino Domingo 5º de cuaresma “C” [13 de marzo] Eduardo de la Serna Lectura del profeta Isaías     43...

domingo, 6 de marzo de 2016


¿SOY FEMINISTA?

A propósito del Día internacional de la mujer



Esta conmemoración se remonta a 1911 cuando en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza más de un millón de personas exigieron para las mujeres el derecho al voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, la formación y la no discriminación laboral. Una semana después más de 140 jóvenes trabajadoras murieron en un trágico incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de New York convirtiéndose, este hecho, en un referente para impulsar esta conmemoración, exigiendo condiciones laborales adecuadas. La feminista Alexandra Kollontai consiguió en 1965 que el 8 de marzo se considerara fiesta oficial en la Unión Soviética. En 1975 la ONU comenzó a celebrar este día como Día Internacional de la Mujer y en 1977 lo proclamó como “Día internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz internacional”. Para este 2016, el lema es “Por un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género”. Esto se enmarca en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, donde la iniciativa “Demos el paso” se refiere a la igualdad de género, el empoderamiento definitivo de las mujeres y los derechos humanos para ellas.

Este breve recorrido es para contestar la pregunta inicial a la cuál muchas mujeres responden, todavía hoy, negativamente. Se piensa que declararse no feminista ayuda a separarse de este movimiento que en la cultura patriarcal se le considera opuesto al machismo o ligado exclusivamente al aborto o al lesbianismo. Pero estas mujeres no se dan cuenta que los derechos de los que hoy gozan son fruto del feminismo como movimiento social y que si este no hubiera existido, nuestra suerte estaría confinada al espacio doméstico y a ningún goce de derechos civiles, políticos, sociales y culturales.

Muy bien puede decirse, “yo no milito en el movimiento feminista” –como en tantos otros movimientos en los que no participamos aunque luego nos beneficiemos con sus logros-. Pero afirmar que no se goza de los frutos de este movimiento, ya supone una gran miopía que es necesario corregir. Por tanto, conmemorar este día supone, en primer lugar, “hacer memoria” de la historia de subordinación, opresión, invisibilidad que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia -para que no se repita ¡nunca más!-, como también de todas las mujeres osadas, libres, auténticas, luchadoras que no se contentaron con que las cosas fueran así sino que buscaron cambiarlas. Y, en segundo lugar, seguir trabajando por construir un mundo donde la dignidad plena de todas las mujeres sea una realidad.

Y es interesante notar que muchas de estas mujeres “adelantadas a su tiempo” fueron creyentes (lo cual debería ayudar a las mujeres de Iglesia que a veces tienen más temor, por motivos religiosos, de reconocer las bondades del feminismo), tal vez porque liberadas del destino exclusivo de “madre y esposa” que la sociedad patriarcal impone a las mujeres, pudieron pensar y buscar nuevas posibilidades. Figuras tan relevantes como santa Teresa de Jesús –santa, mística, fundadora y doctora de la Iglesia- fue capaz de expresarse así de las ataduras que las mujeres tenían en su tiempo: “¿no basta, Señor, que nos tenga el mundo acorraladas e incapaces para que no hagamos cosa que valga nada por vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto, sino que no nos habéis de oír petición tan justa?  No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que como son hijos de Adán y, en fin, todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa. (Camino de Perfección 4,1 –primera redacción)”. Lógicamente Santa Teresa no se auto llamaría feminista porque no era un movimiento de su tiempo pero, precisamente por esa visión adelantada, la llamaron: "...femina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados, enseñando como maestra, contra lo que San Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen” (Palabras atribuidas al nuncio del Papa).

En fin, podrían ponerse muchos ejemplos de mujeres que han abierto caminos pero lo interesante del Día internacional de la mujer es reconocer todos los avances que se han dado y todo lo que aún falta. Ser feminista no es cuestión de gusto. Es cuestión de conciencia, de ética, de querer que la plena dignidad no se le niegue a ninguna mujer y de trabajar por hacerlo realidad. Por eso las flores o los chocolates en este día van en contravía de lo que se conmemora. Tal vez el mejor regalo es afirmar con convicción “Soy feminista”, sin miedo, sin prejuicios sino con libertad y compromiso. Ah, y una nota ulterior: no sólo las mujeres han de proclamarse feministas sino todos los varones que reconocen lo absurdo de la sociedad patriarcal y se comprometen a cambiarla.

martes, 1 de marzo de 2016


La paz una apuesta irrenunciable desde nuestra fe
Esperamos que en este año si podamos conseguir la paz en Colombia. Por lo menos que se celebren los acuerdos y se pueda comenzar un nuevo momento. Bien sabemos que no será fácil. Lograr que los desmovilizados retomen su vida y logren hacer de ella lo mejor, además de necesidad de recursos, precisa la voluntad humana que no siempre se dispone a hacer aquello que ve bueno y valioso. Y si a eso le añadimos la capacidad de toda la sociedad colombiana para asumir ese momento, se hace más difícil aún. Pero no es algo imposible y confiamos que, contando con todas las limitaciones, esta vez se haga realidad un paso adelante en esta búsqueda de la paz. Lástima que hay tantos puntos de vista que se contraponen y el mismo tema en vez de traer consensos, trae enfrentamientos encendidos. Sin duda, por parte del gobierno no hay sólo buena voluntad sino intereses políticos que le rinden ganancias para provecho propio. Por parte de los afectados directamente en el conflicto, hay muchos que han perdonado, lo cual es admirable y refleja la bondad que existe en el corazón humano. Pero también están los que no han podido hacerlo y esta actitud es muy comprensible porque no hay palabras para exigir tal actitud a quienes les truncaron la vida con minas antipersonales, los despojaron de todo, les cegaron un futuro que ya nunca podrá ser como lo hubieran deseado.
Y los que hemos sido más ‘espectadores’ del conflicto –porque no hemos tenido directamente una afectación, aunque prácticamente casi nadie puede estar totalmente ajeno porque la realidad de ser un país con semejante conflicto y por tanto tiempo, de alguna manera permea todos los estamentos y estamos marcados por esta guerra interna-, hemos de contribuir decisivamente, poniendo todo lo que está de nuestra parte para que avance y se consolide el proceso de paz. Mucho más si nos decimos creyentes. Ojala nos convenciéramos de una vez por todas: la guerra no engendra sino más guerra, el odio no trae sino más odio, la venganza no deja ninguna salida. Es verdad que no queremos una paz con “perdón y olvido” –como se ha realizado en algunos lugares o se pide por algunos estamentos-. El olvido no permite sanar. Es sólo la capacidad de nombrar de nuevo y de que no quede en el olvido la memoria de las víctimas lo que puede abrir caminos de futuro. En el país se ha avanzado en ese sentido y por eso la verdad, justicia y reparación se impone y los centros de memoria son mediaciones indispensables para que la historia vivida forme parte de lo que somos y permita soñar con un futuro que sabe de dónde parte y tiene certeza de lo que no debe permitir que pase ¡nunca más!
El anuncio del reinado de Dios que hizo Jesús, nos muestra esa apuesta por la paz de todas las formas. Él no callo su palabra profética. Supo denunciar a los victimarios de su tiempo. Incomodó, interpeló, y se “ganó la muerte” –como se dice hoy en la reflexión teológica sobre la cruz de Jesús-. Pero creyó en el corazón humano, en la capacidad de conversión y en la posibilidad de un nuevo comienzo. Sus milagros son signos de que se puede incorporar a los excluidos de la sociedad –por la causa que sea- y que se puede ser casa que acoja y posibilite la vida de los que –en muchos casos- por el sistema injusto se vieron abocados a tomar las armas o simplemente se fueron metiendo en el espiral del mal que envuelve y parece no dejar salida.
¿Cómo desmontar este aparato de guerra construido durante tantos años para ventaja de unos y de otros? Y ¿cómo desmontar nuestros corazones que tantas veces sólo ven la realidad de un lado y no quiere o no puede acoger y escuchar la verdad del otro? La cuota del cristianismo es indispensable en este momento. El Dios que ama a todos y a nadie le niega la vida. El Dios que interpela pero que perdona. El Dios que exige verdad y conversión y no se desdice de su promesa de salvación. Ese Dios quiere hacerse presente a través nuestro y la apuesta por la paz es una ocasión única y definitiva.  

domingo, 28 de febrero de 2016

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario cuaresma 3C

Blog de Eduardo de la Serna: Comentario cuaresma 3C: “Dar frutos para el Reino” Tercer domingo de Cuaresma [28 de febrero] Eduardo de la Serna Lectura del libro del Éxodo ...

lunes, 13 de julio de 2015


Terminó la visita del Papa a Sudamérica dejando ese grato sabor a “Evangelio”

Desde el comienzo del Pontificado de Francisco se percibió un nuevo momento eclesial que sigue y se reafirma con las cartas encíclicas que ha publicado como también con sus gestos, palabras y actitudes. El viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay (5-12 de Julio), así lo sigue mostrando. Cabe anotar que los medios de comunicación más acostumbrados a otro estilo papal, hicieron malabarismos para justificar, modificar o domesticar lo que fue diciendo y haciendo el Papa. Acudieron a pronunciamientos de los círculos vaticanos para que explicaran que el Papa no dijo esto, no hizo aquello, no estuvo de acuerdo con aquello otro, etc. Centrados como estaban en un mensaje más castigador que misericordioso, en unos gestos más rígidos que espontáneos y en unas afirmaciones doctrinales más centradas en la norma que en el Evangelio, ahora no saben cómo llenar sus páginas con los mensajes del Papa que hablan de vida, de realidad, de lo social, de la política, de lo económico y, por supuesto, de los pobres. Además Francisco utiliza un lenguaje espontáneo, popular, cotidiano, rompiendo así el imaginario eclesial que asemeja santidad al uso de un lenguaje clásico que no se permite modismos o dichos populares. Lo que interesa es no dejar perder su mensaje y buscar que se conozca más para ver si este cambio que nos alegra, se incorpora verdaderamente en nuestro cotidiano eclesial y no se queda sólo en un estilo papal sin que logre permear los demás estamentos eclesiales.

Es imposible relatar paso a paso el recorrido del Papa y referirse a todas sus intervenciones. Pero es grato constatar que tanto los países elegidos para su visita como los encuentros que tuvo, mostraron de qué lado el Papa se sitúa en su pontificado, “desde dónde” habla e interpela y a “quienes” privilegia en sus encuentros.

En la Pontificia Universidad del Ecuador, dirigiéndose al mundo de la Enseñanza, centró su discurso en el cuidado de la creación –en consonancia con su reciente encíclica Laudato Si- interpelando a los docentes sobre su responsabilidad de ayudar a que sus estudiantes desarrollen un espíritu crítico, libre, capaz de cuidar el mundo de hoy, de no desentenderse de la realidad en que viven. Y señaló una pregunta interpelante: ¿cómo es posible que sea noticia y hasta un gran escándalo mundial que las bolsas de las principales capitales del mundo bajen dos o tres puntos y no sea noticia que un pobre muera de frio? Ante esto la pregunta de Dios a Caín sigue vigente: ¿dónde está tu hermano? Dirigiéndose a los estudiantes, los invitó a hacer lío y les recordó que su posibilidad de estudiar no es sinónimo de mayor dinero o prestigio social sino un compromiso con la transformación social, especialmente, respondiendo a las urgencias de los más pobres y del ambiente.

En el encuentro con la sociedad civil en Quito, partiendo del ejemplo de las relaciones familiares, invitó a que la sociedad civil sea capaz de mirarse como una gran familia en la que prime la gratuidad, la solidaridad y la subsidiariedad. La gratuidad porque todo lo hemos recibido gratis y hemos de velar porque fructifique en obras de bien. Recuerda que toda propiedad tiene sobre sí una hipoteca social y que la gratuidad es requisito indispensable para la justicia. La solidaridad que no es sólo dar al necesitado sino ser responsables unos con otros. Ver a los otros como hermanos nos lleva a no dejar a nadie excluido, ni apartado. Y la subsidiariedad, capaz de respetar el valor de cada uno y reconocer la unidad en medio de la diversidad. En el respeto a la libertad, la sociedad está llamada a promover a cada persona y agente social para que pueda asumir su propio papel y contribuir desde su especificidad al bien común. Refiriéndose a la tarea de la Iglesia en la sociedad civil, llama a la colaboración con la búsqueda del bien común, promoviendo valores éticos y espirituales, siendo signo profético, llevando luz y esperanza a los más necesitados. Además el Papa aclara una pregunta que él percibe muchos le quieren hacer: ¿Por qué habla tanto de los necesitados, de las personas necesitadas, de las personas excluidas, de las personas al margen del camino? y responde: simplemente porque esta realidad y la respuesta a esta realdad es el corazón del Evangelio (Mateo 25).

En el encuentro con el clero, religiosos/as y seminaristas en el Santuario mariano El Quinche (Ecuador), como es propio de su espontaneidad, no leyó el discurso que tenía preparado, sino que prefirió hablar directamente con los presentes (y con su lenguaje cotidiano –argentino- “mirá vos”, “che”, “mocosito”). Se centró en la gratuidad, recordándoles que un discípulo verdadero es gratuito, a semejanza de la Virgen, primera discípula de su Hijo, y la vocación es una gracia recibida. Les pidió que no caigan en al Alzheimer espiritual, es decir, en olvidar de donde el Señor los ha sacado, advirtiéndoles que la gratuidad no convive con la promoción carrerista que a veces se ve en los clérigos y religiosos/as. En este mismo horizonte de gratuidad pide que no cobren la gracia, que su pastoral sea gratuita.

Llegando a Bolivia, en la ceremonia de Bienvenida, el Papa Francisco reconoce los esfuerzos del gobierno de Evo por un cambio social: “Bolivia está dando pasos importantes para incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política del país; cuenta con una Constitución que reconoce los derechos de los individuos, de las minorías, del medio ambiente y con unas instituciones sensibles a estas realidades”. Y les recuerda a los Pastores que su voz tiene que ser profética hablando a la sociedad desde la opción preferencial y evangélica por los últimos, por los descartados, por los excluidos porque esa es la opción preferencial de la Iglesia. Y sin duda, fue muy significativo que se detuviera en la tumba del P. Luis Espinal, al que denomino “víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia quien predicó el Evangelio y ese evangelio molestó y por eso lo eliminaron”.

En el encuentro con las autoridades civiles bolivianas el Papa invitó a seguir caminando por la integración de la riqueza plural que tiene ese país a todo nivel y a que la fe se traduzca en obras sociales que promuevan el bien común. Afirmó que la política no debe dejarse dominar por la especulación financiera o la economía, ni regirse únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista, sino que tome en cuenta la integralidad de la cultura y la necesidad de trabajar todos sus aspectos. Dedicó una especial atención a la familia tan afectada por la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, etc., e invitó al diálogo entre los pueblos para superar los conflictos, concretamente, la salida al mar que Bolivia demanda. El diálogo franco y abierto es el camino para solucionar todos los problemas.

El Papa Francisco también se encontró con los obispos, seminaristas, religiosos/as de Bolivia y el mensaje fue muy gráfico. Con base en el texto del ciego Bartimeo los confrontó frente a la respuesta que dan a las necesidades de la realidad: “pasar de largo”, “mandar callar los reclamos” o detenerse para dar “ánimo y ayudar a levantar al enfermo”. Invitó a ser testigos de esta última actitud porque el discípulo ha de ser testigo de lo que él mismo ha vivido.

El discurso a los movimientos populares, tal vez fue el discurso que más trascendió a la prensa internacional, por su carácter social y sus afirmaciones contundentes de cara a la realidad política y económica que vivimos. De alguna manera fue la puesta en práctica de la Doctrina Social de la Iglesia que tiene valiosos documentos pero que no se conocen suficientemente o que no se pronuncian con tono profético, como esta vez, lo hizo Francisco.  El reconocimiento del valor que tienen estos movimientos fue el inicio del discurso: “me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos de todo el mundo”. Además dice que al estar con ellos siente “fraternidad, garra, entrega, sed de justicia” y que se alegra que muchos cristianos articulen esfuerzos con ellos. Sólo estas afirmaciones ya abren un horizonte muy distinto al que se predica en algunas otras instancias para quienes toda preocupación social parece traición al evangelio y desvío de la misión de la Iglesia. Por el contrario, Francisco siguió insistiendo en una iglesia de puertas abiertas capaz de una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Continuo reforzando los tres derechos sagrados de todas las personas: tierra, techo y trabajo y señaló que vale la pena luchar por ellos.

Aclarando que su mensaje es global, para que no se sienta que habla por una realidad particular, hizo caer en la cuenta, que se necesita un cambio. Y se refirió a la necesidad de un cambio de estructuras. En primer lugar lo revela el cambio climático que muestra la urgencia de trabajar por una ecología integral. Pero también invita a reconocer que detrás de tanta miseria que hay en el mundo está el “estiércol del diablo” que puede interpretarse como esa ambición desenfrenada de dinero que gobierna al mundo. A toda esta realidad no se puede responder más que comprometiéndose con ser gestores de ese cambio. Vivirlo como proceso, cambiando la mente y el corazón, porque el cambio que se requiere supone todas las dimensiones humanas. Y, buscando concretar su mensaje les propuso tres tareas: (1) Poner la economía al servicio de los pueblos y no al servicio del dinero que solo propicia exclusión e inequidad. Por el contrario la economía está llamada a propiciar ese “vivir bien” de los pueblos indígenas; (2) Unir a los pueblos en el camino de la paz y la justicia y se refirió a los esfuerzos latinoamericanos por la construcción de la “Patria Grande” que ayudan a liberarse de los nuevos colonialismos que vienen del ídolo dinero con sus corporaciones, prestamistas, tratados de libre comercio, imposición de medidas de austeridad, etc., o que bajo el ropaje de lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo se imponen medidas a los Estados que poco tienen que ver con una verdadera solución de estos problemas. La concentración monopólica de los medios de comunicación social, imponen un colonialismo ideológico, con sus pautas de consumo y uniformidad cultural. Con relación al colonialismo, el Papa pidió perdón por loa abusos cometidos con los pueblos originarios de América en tiempos de la colonia por parte de la Iglesia;  (3) Defender la Madre Tierra. Terminó su discurso señalando que los cambios no vienen solamente de los grandes dirigentes sino de los propios pueblos, de su capacidad de organizarse y trabajar para no haya ningún pueblo sin soberanía, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Como ya lo ha hecho en otras intervenciones, se despidió con un lenguaje coloquial pidiéndoles “que me piensen bien y me manden buena onda”.

Con los presos del centro de Rehabilitación en Santa Cruz su discurso fue sencillo, poniéndose delante de ellos como el primero que ha sido perdonado y salvado de sus muchos pecados. Los alentó a que crean que se puede volver a comenzar y a los encargados del centro les invitó a darse cuenta de la responsabilidad que tienen en ese proceso de inserción de los presos a la sociedad, buscando que sus acciones ayuden a dignificar y no humillar, a animar y no a afligir.

En Paraguay, en el saludo a las autoridades, recordó la cruel y difícil historia que ese pueblo ha tenido, entre otras causas por las guerras y otras violaciones a los derechos humanos, y destacó el papel de la mujer paraguaya en la reconstrucción de ese país y en la capacidad de sembrar esperanza. En estos esfuerzos de reconstrucción del país, no se deben olvidar que los pobres y necesitados han de ocupar un lugar prioritario.

En la visita a los niños del hospital pediátrico, de nuevo con su lenguaje coloquial les habló de la vez que Jesús se enojó o le dio “bronca” y fue cuando no dejaban que los niños se acercarán a Él. Así les alabo diciendo que los mayores tendrían que aprender de los niños la confianza, alegría y ternura y su capacidad de ser “luchadores” frente a su enfermedad.

En el discurso a los representantes de la sociedad civil en el estadio León Condou, refiriéndose a los jóvenes y con un lenguaje del mundo futbolístico les invitó “a jugársela por algo, a jugársela por alguien, no tengan miedo de dejar todo en la cancha. Jueguen limpio, jueguen con todo. No tengan miedo de entregar lo mejor de sí. No busquen el arreglo previo para evitar el cansancio y la lucha. No coimeen al réferi”. También fue respondiendo varias preguntas que le habían hecho, invitando al diálogo sincero y franco y a tener un objetivo común: el amor a la Patria, sin ahogar la riqueza que da la diversidad pero sabiendo escucharse y buscando articular fuerzas. Con respecto a los pobres hizo una llamada a incluirlos pero sin usarlos desde una mirada ideológica. Se puede caer en decir que se están haciendo cosas por el pueblo pero sin contar con él. Por el contrario, a los pobres hay que valorarlos en su bondad propia y estar dispuestos a aprender de ellos en humanidad, en bondad, en sacrificio, en solidaridad. Y esto es más claro para los cristianos porque nuestra fe nos dice que en los pobres vemos el rostro y la carne de Cristo. Ante la necesidad de generar crecimiento económico no se debe olvidar que este siempre ha de tener rostro humano. La economía no puede sacrificar vidas humanas en el altar del dinero y la rentabilidad. Siempre ha de buscarse el bien de las personas y, especialmente, de los más pobres.

La misa en el Campo Grande de Un Guasú habló de las actitudes que Jesús pide para sus discípulos que algunos consideran exageradas o absurdas pero que, por el contrario, son la cédula de identidad del cristiano. Basándose en la cita de Mc 6, 8-11 invita a no llevar para el camino más que un bastón; no hace falta llevar pan, ni alforja, ni dinero. Pero además de esto hay una actitud que debe caracterizar a todo cristiano: la hospitalidad. Ser capaces de hospedar, de alojar. El discipulado no es para sentirse poderoso, dueño, jefe, cargado de leyes y normas. El discípulo ha de transformar comenzando por su propio corazón y el de los demás. La misión no consiste en miles de programas y estrategias sino en seguir la lógica del evangelio que va por la línea del alojar, del hospedar.  Y ¿a quienes? Al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al preso, al leproso, al paralitico. Hospedar a los que no piensan como nosotros, a los que han perdido la fe. Hospitalidad con el desempleado, el perseguido, el de culturas diferentes.

En el encuentro con los jóvenes en la costanera, dejo el discurso que tenía preparado y respondió con espontaneidad las preguntas que le habían hecho. Se refirió a la libertad. Y a que los jóvenes puedan conocer a Jesús para que tengan esperanza y fortaleza capaces de vivir las Bienaventuranzas que son el plan de Jesús para nosotros. Finalizó diciendo que un sacerdote le dice que él manda a los jóvenes a hacer lío y luego los sacerdotes son los que tienen que arreglar el lío. Pero el Papa les volvió a decir: hagan lío pero arreglen después el lío que hacen. Un lío que les dé un corazón libre, solidario, con esperanza.

Muchos otros aspectos podrían relatarse y, seguramente, otras síntesis pueden ser más completas. Pero a lo largo de estas palabras se percibe “sabor a evangelio”, “a los preferidos del reino”, desde este estilo latinoamericano acostumbrado a la calidez, la sencillez, la espontaneidad y la conciencia de ser pueblos con ansias de libertad y de transformación, desde una fe profunda, que por gracia del Espíritu, el Papa Francisco está testimoniando desde su voz profética y audaz y su actuar coherente con la misión que Jesús nos encomienda.

viernes, 12 de junio de 2015


Que los sacramentos nos conecten con la realidad social

La vida sacramental constituye la posibilidad de manifestar y realizar la experiencia de encuentro con el Señor, su presencia real entre nosotros. Sin embargo, la vivencia de los sacramentos se ha quedado, muchas veces, en una experiencia de cumplimiento, en un evento social o en un rito vacío que casi no dice nada a los que en él participan.

Y no debería ser así porque los sacramentos tienen una riqueza inagotable que la vida cristiana tendría que saber vivir. Por una parte, todo lo concerniente a lo simbólico y estético, conecta perfectamente con esas dimensiones tan propias del ser humano. De hecho, hoy en día, se ve la proliferación de almacenes donde venden velas, inciensos y otros símbolos que la gente adquiere, bien para llenar de paz y armonía sus viviendas o lugares de trabajo o para realizar rituales que buscan paz, relajación, tranquilidad, conexión con la creación, liberación de energías negativas, etc.

Pero cinco siglos de evangelización en América parecen no haber servido para conectar lo religioso con lo antropológico y cuando la gente participa de un bautismo o una confirmación o cualquier sacramento, los símbolos allí usados, parecen cosas externas que dicen muy poco a los que lo están celebrando.

Pero más cuestionador aún es la dimensión profunda del encuentro con el Señor que se realiza en cada sacramento. Ahí se hace presente el mismo Cristo. Su gracia se hace efectiva porque lo divino irrumpe en lo humano, llenándolo de esa presencia del Dios encarnado en nuestra historia. Los sacramentos son para transformar nuestra humanidad, nuestra vida. No son para sacarnos de la historia humana sino para hacer presente a Dios en ella. Sin embargo, hay mucho culto vacío, mucha liturgia alejada de la realidad, mucha distancia entre esa presencia divina y el compromiso transformador en la historia.

Una pregunta interpelante es, por ejemplo, con respecto a la celebración eucarística a la que los católicos practicantes acuden cada domingo: ¿Esta celebración ha incorporado de algún modo, el drama del conflicto armado que ha vivido Colombia, los más de 5 millones de desplazados y todos los esfuerzos por construir la paz que se vienen haciendo? Después de este encuentro dominical ¿los cristianos salen con el compromiso de seguir trabajando por la paz?

No parece alentadora la respuesta porque las eucaristías colombianas podrían celebrase en cualquier otro lugar y nadie notaría la diferencia. Son tan poco impregnadas de realidad social que en lugar de alentar el compromiso parece que alejan de este. Claro que no es de extrañar si, por ejemplo, los cantos que acompañan la liturgia hablan de “ángeles” y no de los “seres humanos que sufren a nuestro alrededor”, si dicen que las “almas se elevan” y el “infierno se asusta”, cantos alegres sí y con música fácil de seguir, pero con letras que no nos recuerdan el drama de millones de colombianos por causa del conflicto armado y otras realidades que agobian a nuestro pueblo.

Es verdad que no se puede generalizar y siempre hay presencia comprometida en ciertos lugares y liturgias capaces de encarnarse en la realidad que vivimos. Pero abunda también el miedo de lo que llaman “politizar la religión”. La Eucaristía no es una reunión de análisis social, es verdad, pero la eucaristía sin estar tocada por la vida, se queda en un rito vacío. Y en Colombia lo que vivimos desde hace más de cinco décadas, no puede dejar de estar presente en la eucaristía ni en ningún otro aspecto de la vida cristiana. De cada celebración eucarística tendría que salir ese ánimo renovado porque la paz sí es posible, porque la reconciliación se puede lograr, porque la esperanza no decaiga. Tendría que alimentar ese amor capaz de perdonar y construir un nuevo comienzo. En una nación polarizada por las diferentes formas de alcanzar la paz, los cristianos tendrían que poner esa cuota de misericordia y reconciliación que todo proceso de paz requiere. Revisemos nuestra vida sacramental y preguntémonos si la falta de conexión con la vida real no es lo que aleja a tantos comprometidos socialmente con la paz de nuestras iglesias porque no encuentran en ellas el gesto profético y la acción transformadora.