lunes, 20 de agosto de 2018


Todas y todos llamados a transparentar el rostro materno de Dios

En las últimas décadas se tomó conciencia de que la realidad familiar de tantos padres ausentes o de su figura machista y autoritaria hacía muy difícil hablar de la figura de Dios Padre en la catequesis. Los destinatarios no podían reconocer en la figura paternal que tenían, los rasgos de un Dios Padre amoroso que salía al encuentro de sus hijos. Se comenzó entonces a explicitar más la figura materna de Dios. Pero esta no fue la única razón. También la conciencia que se ha adquirido últimamente de la visión patriarcal del mundo –donde lo masculino se erigió como patrón de organización y valoración-, ha permitido prestar más atención a esos rasgos femeninos de Dios y, más aún, replantearse los roles atribuidos tradicionalmente a cada uno de los sexos. Hemos tomado conciencia de las consecuencias del sistema patriarcal: una sociedad asimétrica en la que los rasgos femeninos se quedan reducidos al ámbito privado y con una cierta connotación de debilidad y los masculinos se viven en el ámbito público como muestra de superioridad y fuerza. Además, cada sexo siente una cierta “prohibición” de pretender vivir los roles del otro. Es así como, por ejemplo, en algunas ocasiones, a  los hombres “tiernos” se les considera débiles o se duda de la “capacidad intelectual” de las mujeres. (Afortunadamente, todo esto va cambiando, aunque lentamente).

Si acudimos a la tradición bíblica vemos que la metáfora materna de Dios no es desconocida. Pero se ha necesitado el trabajo teológico, propiciado en gran parte por las mujeres, para que la explicitación del rostro materno de Dios influyera más en la vida cristiana. También vale la pena hacer memoria del corto pontificado de Juan Pablo I al que se le recuerda, entre otras cosas, por su afirmación: “Dios es Padre, pero sobre todo es Madre”.

Hablar de Dios como Padre y Madre no significa atribuir a cada sexo unos rasgos y mantener la diferencia de roles. El texto del Génesis nos señala que toda la humanidad –varón y mujer- ha sido creada a imagen y semejanza de Dios (Gén 1, 27) y, por lo tanto, hombres y mujeres estamos llamados a ser presencia de Dios en nuestra historia. Significa que Dios tiene en sí mismo todos esos rasgos y, al mismo tiempo, los supera. Dios no es ni hombre, ni mujer pero uno y otro son imagen suya. 

Explicitar hoy los rasgos femeninos es una tarea actual. Propiciar que sean vividos por hombres y mujeres. No limitarlos al espacio íntimo y privado. Llevarlos también al ámbito público. Textos de Óseas como “Con gestos de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer” (11, 3-4) o de Isaías "¿Acaso olvida una mujer a su hijo, y no se apiada del fruto de sus entrañas? Pues aunque se encontrara alguna que lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti" (Is 49, 14-15) nos invitan a hacer presente en lo social la ternura de Dios y su capacidad de sentir compasión y misericordia por todos aquellos que ven amenazada su suerte y que no encuentran salida para su situación. Establecer relaciones que pasen por el encuentro, por el cariño, el cuidado, el perdón, la atención particular a cada uno, podrán hacer posible un ámbito público más humano, más cristiano. Hasta ahora las mujeres han vehiculado con más fuerza esos rasgos femeninos. Deben seguir haciéndolo. Pero también los varones están llamados a vivirlos. Así nuestras familias y nuestra sociedad podrán aproximarse más a lo que Dios es y lograremos una manera de ser hombres y mujeres más acordes con el querer de Dios.

martes, 14 de agosto de 2018


 María -la  del evangelio- y las advocaciones marianas

Las diferentes advocaciones o nombres de la Virgen María confunden a veces al Pueblo de Dios. Aunque tienen la riqueza de manifestar la particularidad de cada cultura y es una manera de apropiarse de la presencia mariana en una realidad concreta, muchas personas piensan que se habla de “diferentes” vírgenes o que una es más “milagrosa” que la otra. Ante esto, se hace necesario rescatar la figura de María, la mujer sencilla y pobre de Nazaret, la que acompañó a su Hijo Jesús en su misión y la que hoy, realmente, puede ser modelo de seguimiento.

Antes de hablar de María de los Evangelios, señalemos dos aspectos de las advocaciones. El  primero, muy positivo, se refiere a algunos de estos rostros de María, tan proféticos y llenos de sentido. Es el caso, por ejemplo, de la “Virgen de Guadalupe” -patrona de América Latina-.  Con su rostro indígena, nos interpela sobre la incorporación real y efectiva de estos pueblos en la comunidad cristiana y en la sociedad, incorporación que fue negada al inicio del cristianismo en este continente y que aún hoy no es plena en algunos estamentos. De una realidad similar nos habla el rostro negro de “Nuestra Señora Aparecida” –patrona de Brasil-. La esclavitud siempre será un pecado histórico del que no se salvó nuestra experiencia de fe y que exige todavía hoy, la restitución de la dignidad del pueblo negro y el compromiso con el reconocimiento de todos sus derechos.

Un segundo aspecto, menos positivo, es que algunas de las advocaciones marianas ofrecen una María blanca, cabello rubio, ojos azules, llena de joyas y adornos que hacen difícil reconocer en ella  la imagen de la mujer mestiza de nuestro Continente y mucho menos la de la mujer judía que sin duda fue María de Nazaret. Hay que entender que estas advocaciones también tienen contextos y realidades históricas que las hacen válidas y no niegan su profundo significado de fe. Pero también es bueno  acercarnos más a la María de los Evangelios, a la mujer libre y fuerte, primera discípula y misionera, modelo de seguimiento y compromiso cristiano (Documento de Aparecida 266.269).

María -la de los Evangelios- nos habla de justicia y solidaridad. Nos habla de escucha y compromiso. Nos habla de anuncio y fidelidad. El Magnificat –cantico puesto en labios de María al visitar a su prima Isabel (Lc 1,46-55)- anuncia el plan de salvación querido por Dios: derribar el sistema que hace que unos sean poderosos y otros oprimidos, repletar a los hambrientos de todo lo que es bueno,  despojar de todo a los que ponen su fuerza en las riquezas. Esa misma María capaz de anunciar proféticamente ese “otro mundo posible”, es la que también pregunta cómo ha de colaborar en el plan de salvación (Texto de la anunciación Lc 1,26-38) y se empeña en solucionar las necesidades de los otros cuando su Hijo parece rehusarse (Las bodas de caná, Jn  2, 1-10). Es también la que se mantiene firme al pie de la cruz (Jn 19,25) -no por el sufrimiento abnegado al que parecen estar destinadas las mujeres según el estereotipo patriarcal- sino por fidelidad al seguimiento y por compromiso con los valores del Reino.

Este 15 de agosto celebramos la Asunción de María, es decir, esa mujer como una de nosotros que supo vivir su vida plenamente y el pueblo de Dios así lo reconoce. No se proclama que fue subida a los cielos por méritos extraordinarios sino por la vida real y comprometida que tuvo. Por su fe vivida día a día. Es por tanto ocasión de querer vivir como ella para alcanzar y alcanzar así esa plenitud definitiva.

martes, 7 de agosto de 2018


LA NUEVA ERA EN COLOMBIA: MÁS DE “URIBE”

Hoy en Colombia se posesionó el presidente Iván Duque, candidato del partido Centro Democrático, partido del expresidente Uribe. Es decir, de nuevo tendremos un gobierno al estilo Uribe por otros cuatro años. ¡Qué susto! Ya lo expresé así en otra ocasión. Increíble que un país con más de 50 años de conflicto armado que logró hacer un proceso de paz con uno de los grupos armados más fuertes, no siga para adelante buscando hacer realidad la paz sino que se atrinchere en poner “palos a la rueda” y vuelva a proponer la “mano dura” (de Uribe) con una nueva expresión “el que la hace la paga”. Sin duda gobernará para los empresarios quienes tienen asegurado la baja de impuestos, al servicio de los Estados Unidos como lo reconoció repetidamente, con las Fuerzas Armadas en primera línea para que la actitud guerrerista no se pierda y con un maquillaje de justicia social, “la de Él” que no es “populismo” porque la derecha puede ofrecer lo que sea y eso sí es viable.

Las palabras del presidente del senado, Ernesto Macías, de terror. Alabanzas al presidente Uribe, ataque frontal al gobierno de Santos –logró asustarnos con este país de terror que dejó Santos –nada, absolutamente nada positivo-, y quitándole protagonismo al que debería tenerlo: el nuevo presidente. En minutos los tweets le dieron nombre a ese discurso: “#ErnestoMacíasVerguenzaNacional”.

El discurso de Duque bastante populista: con él se acaban todas las divisiones y se abren todas las posibilidades. Qué país más maravilloso vamos a tener con sus políticas. Contradecía al presidente del Senado porque sí reconoció que seguirá lo bueno –o sea que si había cosas buenas- y mejorará todo lo malo. Está bien esto, es lo que se espera de todo el que asume un gobierno. Pero en medio de tanta palabra aparentemente positiva, si se analiza bien, se destaca lo que ya señalamos antes.

Es interesante ver la cara de satisfacción de todos los amigos de Duque y como se peleaban por darle el abrazo. Sí, como dice el adagio popular, lo malo es no estar en la rosca. Pero sí uno está dentro, procurará estar más dentro para que le llegue alguna prebenda. Y, en un país como el nuestro donde las “palancas” siguen funcionando, conviene hacerse ver.

Valioso que llegue una mujer a la vicepresidencia, aunque la mentalidad que conocemos de Martha Lucía Ramírez, no augura muchos apoyos al cambio de la mentalidad patriarcal porque no olvidemos, el sistema patriarcal también mantiene a las mujeres en sus filas, las valora y les da responsabilidades, pero sabe mantener el orden masculino que ha imperado en nuestra historia.

La Tv solo nos transmitió la posesión presidencial –como es de esperar- pero no hay que olvidar que hubo concentraciones en varias ciudades del país para seguir afirmando que “otra Colombia es posible” y aunque no se gane el poder, se puede seguir pensando distinto y buscando distintas alternativas. Gracias a Dios la vida se construye desde muchas orillas y no todo viene del poder establecido aunque este tenga tanta fuerza.

La posesión estuvo acompañada de mal tiempo y sobre todo de un viento fuerte. Debe ser presagio de los vientos fuertes que nos esperan. En fin, comienza un nuevo gobierno, con mucho de Uribe, pero esperemos que la realidad sea más fuerte y esta obligue, conduzca, oriente al nuevo presidente y sea capaz de abrir caminos distintos. Confiemos con atención y sigamos acompañando sus decisiones para, como él mismo dijo, apoyar todo lo bueno y alertar sobre todo lo malo y, especialmente, estar atentos a todo lo que afecte a los más pobres, no sólo por nuestra responsabilidad ciudadana sino también por nuestra opción cristiana. Lástima que ésta, a veces no se nota en algunos sectores, que parece se alinean más con el orden establecido que con la suerte de los más pobres, los preferidos de nuestro Dios. Pero así es la vida política y la vida de la Iglesia. Mucha pluralidad, muchas oposiciones y en ellas, tejiéndose la historia, con muchos momentos de trigo y otros de cizaña. Eso sí, sin perder la confianza en que nuestro Dios tiene la última palabra y en ella nos apoyamos para seguir trabajando día a día por un país mejor.

viernes, 3 de agosto de 2018


Gustavo Gutiérrez y la liberación integral



Ya anotamos en una edición pasada que estamos celebrando los 50 años de la Conferencia de Medellín. Esta reunión de Obispos latinoamericanos y caribeños en 1968 constituyó la puesta en marcha del Vaticano II en estas tierras y marcó un rumbo para esta iglesia que hoy se siente muy en sintonía con el pontificado de Francisco. Si hace 50 años la iglesia latinoamericana privilegió la realidad de pobreza e hizo la opción por los pobres, hoy el Papa Francisco no cesa de hablar de la “Iglesia pobre y para los pobres”. Debe ser que el Espíritu nuevamente aletea con fuerza y nos permite escuchar su voz con más claridad.


La Conferencia de Medellín fue fruto, en parte, del quehacer teológico y, a su vez, este se enriqueció y desplegó con las conclusiones de Medellín. Así se da siempre la mutua fecundación entre teología y magisterio. La teología está al servicio del magisterio para contribuir a su comprensión y suscitar preguntas que ayuden al magisterio a dar respuestas adecuadas a los signos de los tiempos de cada momento histórico. Pero no siempre esta colaboración se ha vivido pacíficamente y, por supuesto, no han faltado las tensiones. Esto ha sido evidente con la llamada teología de la liberación que al unísono con Medellín buscó reflexionar ese momento de puesta en marcha del Vaticano II en el Continente. Las tensiones se hicieron mayores y se llegó a una persecución muy fuerte de esta teología y a un cuestionamiento de algunos de sus representantes. Ahora bien, nunca se “condenó” explícitamente esta teología y, por el contrario, Juan Pablo II afirmó que “no solo era oportuna sino útil y necesaria”.


Lamentablemente a muchos sacerdotes y otros miembros del pueblo de Dios se les ha formado en contra de la teología de la liberación y se les prohibió leer la teología que se ha producido en esta línea. Tal vez por eso también les resulta difícil entender al Papa Francisco. Pero lo cierto -y es lo que queremos recordar hoy-es que uno de los grandes de esta teología, el peruano, Gustavo Gutiérrez cumplió 90 años y el pasado 28 de mayo, el Papa Francisco le felicitó con una carta en la que hacía afirmaciones fundamentales sobre su trabajo teológico. Cabe anotar que a Gustavo Gutiérrez se le reconoce como uno de los “padres” de la teología de la liberación pero, precisamente por esto, se le ha perseguido y, personalmente he sido testiga de tener que acudir a otros lugares fuera de Lima para escuchar sus charlas porque no se le permitía hablar allí (parece que se cumple el dicho de que nadie es profeta en su tierra y es allí donde más se le persigue). 


El Papa en su carta se une a su acción de gracias por la vida que Dios le ha regalado y le agradece su fidelidad y compromiso teológico: “te agradezco por cuanto has contribuido a la iglesia y a la humanidad a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad. Gracias por todos tus esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno, para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión”.


Leyendo ese párrafo se entiende porqué se le persiguió. Cuando se anuncia el evangelio en lo más central que tiene “su amor preferencial por los pobres” y se interpela la conciencia de la gente sobre esta realidad, esa voz profética despierta rechazo e indignación en todos aquellos que quieren quedarse cómodos en su situación y seguros en una religión hecha a su medida, donde la justicia social no tiene cabida. 


Pero Francisco con este gesto y otros que ha tenido en esta línea, está fortaleciendo nuevamente la teología de la liberación o latinoamericana y por consiguiente sus frutos –que no han dejado de darse sino que se les perseguía- comienzan a ser reconocidos.


Recordemos brevemente una de las contribuciones iniciales de la teología de la liberación que ofreció Gustavo Gutiérrez en su libro “Teología de la liberación” (1972) precisamente sobre el término “liberación”:

“El término liberación expresa, en primer lugar, las aspiraciones de  las clases sociales y pueblos oprimidos y subraya el aspecto conflictual del proceso económico, social y político que los opone a las mayorías pobres con los que ostentan su riqueza. En segundo lugar, liberación se refiere a todas las dimensiones del ser humano que necesitan una auténtica liberación para constituirse como persona nueva en una sociedad cualitativamente diferente. En tercer lugar, liberación se refiere, a la salvación que Cristo nos ofrece del pecado, raíz última de toda ruptura de amistad, de toda injusticia y opresión, y lo hace auténticamente libre, es decir vivir en comunión con él, fundamento de toda fraternidad humana. No se trata de tres procesos paralelos o que se suceden cronológicamente; estamos ante tres niveles de significación de un proceso único y complejo que encuentra su sentido profundo y su plena realización en la obra salvadora de Cristo”.


Creo que se comprende plenamente que al hablar de liberación no se está negando la liberación fundamental: la del pecado del que nos libera Cristo. Pero se encarna en la realidad personal y social sin la cual cae, como afirmaba Gustavo Gutiérrez en ese mismo texto, en un “idealismo o espiritualismo” o con palabras de la carta de Santiago, “La fe sin obras es muerta” (St 2,17). Necesitamos una liberación integral y ese es el corazón de la Teología de liberación (no se niegan desviaciones o excesos como en TODA teología), de ahí que las palabras del Papa a Gustavo son de gran valor para él por ese reconocimiento a toda su labor teológica pero también para todos porque se nos invita a vivir una fe y una teología comprometida con la realidad, con la liberación en todas sus dimensiones, desde los pobres, con ellos y para ellos.

martes, 17 de julio de 2018


En Colombia: Momentos difíciles para los pobres y para la paz

Colombia se aproxima a tener nuevo congreso, nuevo presidente, nueva vicepresidenta. Claro que lo de “nuevo” es verdad solo en parte. Muchos de los mismos continúan con sus curules. La renovación no es muy clara ni en personas, ni en políticas. Los cambios son muy difíciles y tardan muchos años en producirse. A veces se logran pero son duramente perseguidos. Así ha pasado en Argentina, Brasil y Ecuador. Otras veces se logran y la condición humana -frágil y llena de intereses personales y egoísmos- hace que se degenere. Así parece estar pasando en Venezuela y en Nicaragua. En Colombia no conseguimos un cambio de horizontes (sabiendo de la limitación de lo que podríamos llamar cambio) sino un recrudecimiento de lo que siempre fue así y con más fuerza. Y esto lo representa el actual gobierno del que me preocupan muchas cosas pero quiero detenerme en tres de distinta categoría: el neoliberalismo, la paz y la mujer.

Sobre el sistema económico que nos espera para los próximos años parece encarnarse en el nombramiento del ministro de hacienda, Alberto Carrasquilla, quien ya había sido ministro en el primer período del gobierno de Uribe y de quien ya conocemos algunas de sus frases desafortunadas: “el salario mínimo es muy alto”, “los pensionados reciben más de lo que aportaron”, o “Chocó es una carga para el país”. Pero no es cuestión de poner el énfasis sólo en las frases que dijo en el pasado sino en la orientación económica de su gestión. La prioridad está en la ganancia y no en los pobres y ese es el problema.

Esto es lo que el Papa Francisco dijo con claridad en la Evangelii Gaudium refiriéndose a ese tipo de proyecto económico: “No a una economía de la exclusión” (…) “esa economía mata (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al débil. Como consecuencia de esa situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas” (…) “En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando (,,,). Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia”. (EG 53-54)  ¿Cuándo nos dejaremos tocar por esas palabras y buscar otros caminos que no sean los del libre mercado y la libre competencia que solo favorece a unos pocos?

Y, sobre la paz, está siendo muy difícil construirla. Este año han sido asesinados 124 líderes sociales, hay disidencias de la FARC que están presentes en distintos lugares del territorio, se están poniendo muchos tropiezos a la Justicia Especial para la Paz (JEP), se levantan calumnias contra el P. Francisco de Roux, presidente de la comisión de la verdad para demeritar el trabajo de esa comisión y este nuevo gobierno aspira a “modificar” los acuerdos después de haber dedicado tantos años a conseguirlos y sabiendo que si no se cumple con la palabra dada no hay cómo confiar para seguir adelante y menos construir otro acuerdo de paz con el ELN. Sin olvidar, que la paz se construye desde la justicia social y lo que acabamos de anotar antes, no permite una economía que apoye esta urgencia.

Otro comentario que puede hacerse, es sobre el tener una vicepresidenta mujer. Esto sigue ayudando a cambiar el imaginario masculino que rodea la política. Lamentablemente ella no se caracteriza por incluir temas de igualdad para la mujer. Fue la primera mujer ministra de Defensa, candidata a la presidencia, senadora, es decir, ha ocupado puestos tradicionalmente reservados a los varones y eso es un buen paso. Pero no basta con una presencia femenina para garantizar todos los cambios que todavía se necesitan en la sociedad patriarcal en la que vivimos. No se pueden esperar, por tanto, muchas propuestas en este campo.

Es decir, no son tiempos fáciles y la Colombia que todos merecemos avanza en algunos aspectos pero está estancada en muchos otros. Por eso el trabajo continúa. Los políticos se posesionarán en su tarea, nuestra vida parece que sigue igual pero nos afectará todo lo que se vaya decidiendo. Por eso, no podemos bajar la guardia sino seguir trabajando porque algunos cambios se vayan logrando y, sin perder la esperanza, de que cambios profundos algún día serán posibles.



martes, 10 de julio de 2018


¡América en misión, el evangelio es alegría!

Este lema del V Congreso Americano (CAM) a realizarse en Santa Cruz (Bolivia) del 10 al 14 de julio, nos conecta inmediatamente con la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco publicada en 2013. Con esta Encíclica volvió a ponerse en primer lugar “la alegría” que conlleva la Buena Noticia del reino, dejando en segundo lugar lo que ha de desprenderse de ella: el compromiso y la responsabilidad de vivirla a fondo y con todas las consecuencias. Por tanto, el congreso es una oportunidad de seguir asimilando la propuesta de este pontificado -o, mejor aún, del evangelio de Jesús- y encarnarla con mucha más radicalidad.

Como todos los congresos, contará con la participación de los Delegados de cada país y se estructurará desde la metodología ver-juzgar-actuar, re-asumida desde la Conferencia de Aparecida (2007) como una metodología que ha hecho mucho bien al caminar teológico pastoral de América Latina: Muchas voces venidas de todo el Continente ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral, y en general ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente. Este método nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo” (Documento de Aparecida, 19).

Según se propuso en el Intrumentum laboris preparado por la Comisión Teológica del Congreso, los temas centrales que se abordarán serán: el Evangelio, la alegría, la comunión y reconciliación, la misión y el profetismo. Todo esto para desarrollar el objetivo del congreso: “Fortalecer la identidad y el compromiso misionero Ad Gentes de la Iglesia en América, para anunciar la alegría del Evangelio a todos los pueblos, con particular atención a las periferias del mundo de hoy y al servicio de una sociedad más justa, solidaria y fraterna”. No todos podremos participar del V CAM pero todos podemos orar para que logren los objetivos propuestos. Y, en cierto sentido, podemos desde ya profundizar en los temas que allí se tratarán para sentirnos en camino y abiertos a apoyar las conclusiones e iniciativas que salgan del congreso.

Los temas señalados son apasionantes. El “evangelio de la alegría”, como bien lo expresa el Papa Francisco, nos hace mirar hacia la “buena noticia”. En efecto, evangelio es precisamente la buena noticia que Jesús nos anunció y por la que dio su vida. Y la misión ha de perfilarse en esa línea: anuncio de una Buena Noticia que sorprende, desinstala y transforma la vida. La misión consiste en anunciar al amor de Dios por toda la humanidad y la invitación inquebrantable a hacernos partícipes de su vida. Sólo así la misión tendrá ese carácter profético que nunca debe perderse. A veces el evangelio se “domestica”, es decir, se acomoda a lo que quieren oír los oyentes o a la medida del que lo predica para no comprometer su propia vida. Pero no es esto lo propio del evangelio y de su anuncio misionero. Por el contrario, la profecía ha de ser característica indispensable de este anuncio, sin temor a encontrar opositores y a sentir que se levantan obstáculos para no dejar que esa palabra viva, cuestione la realidad en la que se vive. En América esta realidad tiene grandes desafíos: la injusticia social sigue afectando a inmensas mayorías. El fenómeno de la migración para encontrar la sobrevivencia aumenta. La corrupción ha permeado muchos estamentos en la mayoría de los países. Hay giros políticos que preocupan y no siempre favorecen a los más pobres. La situación de violencia contra la mujer continúa. El compromiso con el cuidado de la casa común no es aún una prioridad. La búsqueda de la paz, la reconciliación, la verdad y la reparación son metas pendientes en varios lugares, especialmente, en Colombia, con su camino hacia la paz que no deja de encontrar opositores. Estos y muchos otros desafíos de cada realidad particular de nuestra América son el campo de misión al que las conclusiones de este congreso tienen que llegar.

El congreso además quiere hacer presente a la Beata Nazaria Ignacia quien fundó la congregación “Misioneras Cruzadas de la Iglesia” en Bolivia, ya que se destacó por su ser misionera incansable sabiendo llegar a las periferias de su tiempo desde su compromiso eclesial a toda prueba. A ella se le pide en esta ocasión interceda por los logros del Congreso en esa tierra boliviana que vio los frutos de su celo misionero.

Finalmente, el símbolo de la cruz que acompañará el Congreso, recuerda la evangelización en el oriente boliviano, lugar de las misiones jesuíticas, mostrando los dos lados de la misión: la pasión y muerte que implica pero también la resurrección que engendra un verdadero compromiso misionero. Por eso es una cruz con flores –como se ha diseñado este símbolo- expresando ese doble movimiento.

Acompañemos, por tanto, el V CAM, renovando la dimensión misionera de nuestra vocación y animando a muchos a que la vivan en todo lo que hacen, especialmente, en su compromiso con los más pobres de cada momento, aquellos destinatarios privilegiados de la “Iglesia en salida” tal y como no se cansa de predicar Francisco, Obispo de Roma.


lunes, 2 de julio de 2018


El Papa a la Iglesia de Chile: “Que El crezca y yo disminuya”

Los acontecimientos vividos por la Iglesia de Chile no nos pueden ser ajenos. El sufrimiento que se ha vivido allí es sufrimiento de toda la Iglesia. Y la conversión necesaria que se necesita en la iglesia chilena, es conversión para toda la iglesia.

Recordemos brevemente los hechos que sucedieron. Cuando el Papa viajo a Chile en enero de este año le preguntaron sobre el obispo Juan Barros a quien lo acusan de encubrir los abusos sexuales contra menores cometidos por el sacerdote Fernando Karadima. El Papa respondió que eso eran “calumnias” y que hasta que no le llevaran pruebas no haría nada. Las víctimas quedaron muy dolidas por esas declaraciones del Papa porque previamente en uno de sus discursos había expresado que sentía dolor y vergüenza por lo sucedido en ese aspecto pero, con esas palabras, parecía que no iba a hacer nada y así su pedido de perdón no guardaba ninguna coherencia.

Pero el papa no se hizo sordo a este reclamo de las víctimas y reconoció haber cometido “graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. Pidió perdón a las víctimas y decidió mandar al arzobispo Charles Scicluna a Chile para que se entrevistara con las víctimas y escuchara las denuncias contra el obispo Barros. Una vez se terminó esa visita y el Papa recibió los resultados, convocó a todo el Episcopado Chileno a reunirse con Él en Roma.  Esa reunión tuvo lugar el pasado 15 de mayo y allí el Papa les leyó un documento que les pidió meditar durante su estadía en Roma para, a la luz de esas reflexiones, tomar las medidas pertinentes. En el momento de escribir esta reflexión lo que sabemos es que todos los obispos presentaron su renuncia al Papa para que, con libertad, tomara las decisiones más adecuadas de aceptar la renuncia o ratificarlos en su cargo en el esfuerzo de reparar todo el daño causado y devolver el vigor y autenticidad que la iglesia chilena nunca debió perder en la persona de sus ministros. (Tal vez cuando esto se publique ya se hayan tomado decisiones).

Pero lo que interesa reflexionar aquí son algunos apartes de ese documento porque a todos nos conviene meditarlos y vivirlos. El papa sitúa sus palabras en la cita de Jn 3,30 en la que Juan el Bautista dice “Es necesario que Él crezca y yo disminuya”.  La iglesia de Chile y la Iglesia universal ha de reconocer que por su organización institucional, el poder adquirido socialmente y su influencia en muchos espacios, puede olvidarse de que ella no ha de vivir para sí misma sino para anunciar a Jesucristo. Él es quien tiene que ser el centro, la razón y fin de toda la actividad de la Iglesia. Solo entonces, cuando no tema perder su prestigio puede sentirse libre para tener una voz profética que anuncie a Jesucristo y lo testimonie verdaderamente.

Francisco les invitó a ser una Iglesia profética que sabe poner a Jesús en el centro y por eso es capaz de “promover una acción evangelizadora que mira al Maestro”, “de hacer fiesta por la alegría que el evangelio provoca”, “de engendrar en la santidad a un hombre que supo proclamar con su vida que a Dios se le encuentra en los más pobres (refiriéndose al chileno San Alberto Hurtado)”,  “de generar espacios que acompañen y defiendan la vida de los diferentes pueblos, reconociendo la riqueza multicultural y étnica”, “de confesar que en nuestra historia ha habido injusticia, mentira, odio, culpa, indiferencia y por eso se ha de ser sincero, humilde y decir al Señor ¡Hemos pecado contra ti! (recogía las palabras del Cardenal Silva Henriquez en su homilía al terminar el año santo en Chile, 1974). Sintetizaba estos rasgos de una iglesia profética con lo que él mismo escribió en su Exhortación Gaudete et Exultate 6-9, recordando a Edith Stein de que la invitación más grande y fecundamente vital nace de la confianza y convicción de que “en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos” que cambian la historia aunque permanezcan invisibles muchas veces.

La segunda parte de la carta se centró en el “que yo disminuya” de la cita de Juan porque el Papa lo afirmó con todas las letras: la iglesia “dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma. Concentró en sí la atención y perdió la memoria de su origen y misión”. Una de estas consecuencias ha sido la realidad de los abusos sexuales pero podríamos decir que todas las otras realidades negativas que enfrenta la iglesia, son fruto de lo mismo. Allí donde no está Cristo la iglesia se aferra al poder, al honor o al tener y deja su misión verdadera.

El Papa concluye su carta señalando la urgencia de generar dinámicas eclesiales en consonancia con el Evangelio, evitar todo tipo de mesianismo que la haga creer que es la única intérprete de la voluntad de Dios olvidando que “la conciencia es el núcleo más secreto y sagrario del ser humano”. El Papa remarca una y otra vez la centralidad del bautismo que nos hace a todos miembros del Pueblo de Dios donde no pueden darse elitismos ni clericalismos. Lo único importante es el servicio al Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo, en el abusado…”. Esta Iglesia servidora es la que puede dar testimonio de que su centro es el Señor y su misericordia su inaplazable tarea.

Pidamos por la Iglesia chilena pero también por la nuestra y por toda la iglesia universal. Toda ella necesita conversión para avivar su carácter profético y cumplir su verdadera misión en el mundo.